El principal producto de exportación chileno, el cobre, está en el ojo del huracán. En los últimos años las leyes del mineral han disminuido considerablemente y no se han encontrado grandes yacimientos para mantener el posicionamiento del país. Se habla del fin de una etapa en la geología chilena y surge la inquietud de si es posible que mantengamos el liderazgo mundial en este campo. Puede que sí, dicen algunos expertos, pero a costos mucho más altos de los que se han visto hasta ahora, pues habrá que remover más y más tierra para sacar lo mismo que antes.

  • 14 diciembre, 2010

 

El principal producto de exportación chileno, el cobre, está en el ojo del huracán. En los últimos años las leyes del mineral han disminuido considerablemente y no se han encontrado grandes yacimientos para mantener el posicionamiento del país. Se habla del fin de una etapa en la geología chilena y surge la inquietud de si es posible que mantengamos el liderazgo mundial en este campo. Puede que sí, dicen algunos expertos, pero a costos mucho más altos de los que se han visto hasta ahora, pues habrá que remover más y más tierra para sacar lo mismo que antes. Por Cristian Rivas.

 

El 5 de abril de 2000 es una fecha muy recordada al interior del grupo Luksic. Ese día, el patriarca del clan, Andrónico Luksic Abaroa, puso en marcha la mina Los Pelambres, depósito de cobre que había adquirido junto a otros activos a una empresa en Nueva York, justo en la Navidad de 1985. En ese entonces, ni se imaginaba que 15 años después el proyecto se transformaría en la quinta mina más grande del país, sólo detrás de Escondida, Chuquicamata, Collahuasi y El Teniente, con una producción en torno a las 350 mil toneladas de cobre al año y una de las rentabilidades más altas de la industria.

La fecha también es particularmente recordada entre los expertos en minería. Era que no, si se trató de la puesta en marcha del último de los grandes yacimientos descubiertos en suelo nacional. De hecho, los siguientes diez años son descritos como “la década seca”, porque no se registraron nuevos hallazgos similares a los del boom de los 80 y 90, cuando Chile pasó de un 10% de participación mundial en la producción de cobre al 35% a fines de los 90 (una cifra que, en todo caso, ahora tiende a disminuir).

La década perdida a la que se refiere, por ejemplo, el director ejecutivo del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco), Juan Carlos Guajardo, apunta también a otros factores que comenzaron a tomar relevancia en los últimos años. El más notorio es la baja en la calidad de las reservas, lo que se conoce en la jerga minera como la ley de mineral. En otras palabras, la cantidad de mineral existente en las minas comenzó a disminuir y hubo que remover más piedras para poder mantener una producción más o menos estable, con el consiguiente mayor costo. Hasta 2005, el promedio de la industria mostraba leyes de mineral en torno a 0,90% y 0,95%, mientras que hoy se sitúa en torno a 0,75%. Lo peor es que los análisis apuestan a que en la próxima década este porcentaje siga bajando, hasta llegar al 0,60% en 2020.

Por eso, en la industria cuprífera se habla soterradamente de un agotamiento del país en términos geológicos. Ojo, que no es una visión catastrofista, ni anuncio de que el “sueldo de Chile” llegó a su fin. No. Se trata más bien de describir un escenario en que los yacimientos han dado lo mejor de sí, y ahora viene una etapa nueva en que habrá más competencia mundial y mayores costos para poder mantener el sitial al que nos acostumbramos, con la incertidumbre de no saber si en el largo plazo se encontrarán depósitos nuevos que hagan crecer o mantener el liderazgo de las últimas décadas.

“Chile atraviesa hoy hacia una etapa de madurez, que es diferente a la que vivimos en las últimas dos décadas, cuando el país vivió un boom, con muchas cosas por hacer, pues no se habían desarrollado suficientemente bien las exploraciones ni los yacimientos conocidos. Esa fase, la de crecimiento rápido, se está agotando y estamos entrando en una etapa de madurez, en la que hay otro tipo de desafíos y otro tipo de oportunidades”, describe Guajardo.

Las empresas ya han comenzado a sentir este bajón. Pese a que el precio del cobre en los últimos meses se ha movido en niveles impensables, los resultados de las principales mineras del país –Codelco y BHP Billiton– aparecen por debajo de lo que registraron cuando el cobre alcanzó precios similares en 2006. Efecto tipo de cambio, mayores costos y menor producción conforman el cóctel mortal.


Más por menos

Lo que viene hacia adelante es un tiempo de trabajo duro, en que las empresas tratarán de mantener acotado lo más posible los mayores costos que ha significado una menor riqueza geológica. Esto ya es muy evidente. El gerente de estudios de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), Alvaro Merino, explica que la menor ley de mineral ha dejado sentir sus efectos. Así, para producir una tonelada de cobre entre 1985 y 2005 era necesario invertir unos 5.000 dólares. Para hacerlo en la actualidad, se requiere de un gasto no inferior a los 9.000 dólares; o sea, prácticamente el doble. “Eso está directamente relacionado con la ley del mineral”, sostiene.

El análisis coincide con el de otros organismos como el Consejo Minero, que evidencian que los costos de producir la misma cantidad de cobre se han duplicado en apenas cuatro años. Mientras en 2005 Chile produjo 5,32 millones de toneladas con un costo aproximado de 11.300 millones de dólares, cuatro años más tarde, al cierre de 2008, produjo los mismos 5,32 millones de toneladas utilizando unos 20.800 millones de dólares.

Ello explica la inversión que está pronosticada por distintos organismos para esta década que comienza. Se espera que se utilicen unos 50 mil millones de dólares para llevar la producción nacional desde los actuales 5,5 millones de toneladas a 8 millones hacia 2020.

A simple vista, cualquiera podría decir que se trata de un gran salto. Que con este monto el país conseguirá mantener su tercio de participación en la producción mundial de cobre. Pero también es posible cuestionar un poco esa cifra si se tienen a la vista otros datos. Primero, la mayor parte de esos recursos será para que los yacimientos que ya existen sigan operando; es decir, irá a lo que se conoce como reposición o reemplazo de producción que va decreciendo por problemas de calidad. Segundo, la cifra de inversión es alta, pero menos eficiente. Tenga en cuenta que en los últimos 30 años se invirtió esa misma cantidad, pero la producción se elevó en 4 millones de toneladas. Ahora sólo se crecerá en 2,5 millones de toneladas.

El caso de Codelco es todavía más llamativo. La cuprífera estatal ha visto disminuir las leyes progresivamente en todos sus yacimientos, por lo que los 15 mil millones de dólares –cifra record– que espera invertir en la década que viene apenas le permitirán mantener en forma estable su 1,7 millón de toneladas anuales de producción.

El propio presidente ejecutivo de la compañía, Diego Hernández, reconoció hace poco que si la compañía no desplegara esas cifras, la producción conjunta de sus divisiones caería significativamente a partir de 2012, situándose apenas por sobre las 900 mil toneladas al terminar 2020. La inversión que pronostica la estatal en los próximos once años es igual a todo lo invertido en los últimos 33 años.

Cobre, ¿dónde estás?

Escondida, el yacimiento de la angloaustraliana BHP Billiton –que hoy por hoy ostenta la mayor producción a nivel mundial– tiene consigo una historia que bien podría repetirse en las siguientes décadas. No nos referimos a encontrar un mineral de su magnitud… cuestión que ahora sí que es más difícil, considerando lo explorado que ya está el país. Es más bien a la forma en que se encontró.

La mina fue mirada, estudiada y repasada por varios expertos que no dieron con un resultado atractivo para decidirse a explotarla. Pasaron los años, hasta que recién en 1981 se descubrieron sus riquezas reales. De ahí el nombre con el que fue bautizada la operación, por lo oculta que estaba y lo que costó dar con ella.

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Algo de eso, sin duda, se repetirá en la historia que viene en el país. Como la fase de descubrir yacimientos superficiales ya pasó, los nuevos que se encuentren en el futuro demandarán mucho más trabajo, porque estarán más escondidos. “Para dar con una mina nueva en Chile habrá que hacerlo con tecnologías más de punta, porque es posible que muchas estén situadas muy profundamente, en zonas más remotas de la cordillera, por ejemplo”, dice Guajardo.

El ministro de Minería, Laurence Golborne, es más optimista y considera que todavía hay posibilidades de encontrar yacimientos importantes en el norte del país, particularmente en zonas donde no hay operaciones relevantes, como es el caso de áreas entre la II Región y el límite con Perú.

Pero más allá de eso, lo relevante para que Chile pueda mantener su atractivo hacia los inversionistas, pese a estas menores leyes, es que exista una alta inversión en exploración de nuevos recursos. La información disponible da cuenta de reservas en torno a un 30% de todo lo que está cuantificado en el mundo. Pero esos números varían muy rápidamente, dependiendo de qué tanto se explore en cada nación. Nuestro país, por ejemplo, vivió varios años sin ser destino seductor para la exploración. Recién en los últimos ejercicios ha remontado en términos de la inversión que se realiza para dar con nuevos recursos, aunque en Latinoamérica está por debajo de lo que se está gastando en México y Perú. El año pasado la cifra de inversión en exploración en suelo local alcanzó los 366 millones de dólares.

Batalla contra los costos

Aunque parte importante del incremento generalizado de costos tiene relación con la necesidad de adaptarse a las menores leyes, con maquinarias y más tecnología, hay otras áreas de gastos en las que el país tiene que poner atención para no perder su posicionamiento minero.

La principal, por lejos, dice relación con el valor de la energía. Chile tiene un precio por megawatts/hora que supera ampliamente al de todos sus vecinos. La diferencia es particularmente mayor con Perú, un país con el cual competimos en producción minera y cuyas empresas pagan casi la mitad por la energía. “Este año Chile tiene costos mineros alrededor de un tercio mayores que los de Perú, por dos motivos: porque la energía en Perú es por lo menos la mitad de precio que la del SING y segundo, los salarios allá son mucho más bajos”, describe Gustavo Lagos, director del Centro de Minería de la Universidad Católica.

Por eso diagnostica que el mayor esfuerzo debe estar en el control el precio de la electricidad, ya que con eso se eliminarán de inmediato otras trabas, como la escasez de agua, ya que será más barato desalar agua marina y transportarla a los grandes yacimientos emplazados lejos de la costa.

El presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals (AMSA), Marcelo Awad, añade varios otros factores a los que hay que poner atención para asegurar la viabilidad de la minería chilena en el futuro. Por un lado, dar dinamismo al tema de la propiedad, como lo están haciendo ellos al licitar varios de sus derechos que no están en línea con sus planes. A lo cual se suma asegurar la estabilidad en las condiciones de inversión y, sobre todo, aplicar la innovación en cada uno de los ámbitos de la actividad. Como se ve, trabajo hay por montones.

La nueva competencia
Aunque Chile todavía mantiene su posición mundial como líder en producción de cobre, lo cierto es que hay varias otras naciones que están comenzando a ser miradas con mayor atención por las grandes corporaciones mundiales.

El ejemplo más cercano es Perú. El país vecino está empezando a desarrollar toda una nueva industria minera, aprovechando que hasta ahora no había sido muy explotada. Por eso es que se suele escuchar de nuevos yacimientos muy a menudo. Además el país tiene varios otros factores a favor de la inversión, como bajos niveles de precios en la energía y mano de obra más barata, aunque todavía es alta la conflictividad con las comunidades.

Hay otras zonas en el mundo con potencial geológico que no han sido explotadas. En Africa, por ejemplo, existe una zona llamada “el cinturón de cobre africano”, ubicada entre Zambia y Congo, donde se describen potenciales gigantescos, pero con problemas geopolíticos para su desarrollo.

Algo parecido sucede con Pakistán, lugar en que hasta ahora no se han desarrollado proyectos mineros, pero donde están comenzando a aflorar algunas oportunidades, como las del propio grupo Luksic, que tiene en carpeta el desarrollo de un proyecto por 3.000 millones de dólares.

Colombia también se describe como un país con potencial minero y de hecho el mismo grupo chileno está rastreando oportunidades en esos suelos.

Una buena parte de las reservas mundiales de cobre de mina se encuentra también en México, Indonesia, Estados Unidos y China.

El gran peligro: la sustitución
Hace pocos días el reconocido banco de inversiones Crédit Suisse publicó un informe en el que se advierte sobre una escalada mayor de precios del cobre en 2011, cuando los inventarios tiendan a caer y las nuevas producciones que se esperan en el mundo aún no entren a competir. Por supuesto, esto llevó de inmediato asociado un anuncio de sustitución del metal por otros insumos, como el aluminio o los plásticos.

“La sustitución está en marcha, la investigación y desarrollo están abriendo nuevas vías para reducir el consumo intensivo de cobre en cables para automóviles, sistemas de aire acondicionado y cableado eléctrico para edificios comerciales”, indicó la entidad.

Estas alertas se han hecho constantes en el último tiempo, cada vez que el metal ha visto escaladas muy bruscas en su valor. Aunque en la práctica, sostiene el gerente de estudios de Sonami, Alvaro Merino, hasta ahora no se ha traducido en disminución real del consumo. Esto se debe fundamentalmente a que no ha aparecido ningún elemento que tenga mejores propiedades para transmitir energía.

En todo caso, las empresas dedicadas a la producción de cobre han estado trabajando intensamente en buscar nuevos usos para el mineral, con el objetivo de mantener en alto su consumo, y han resultado novedosas sus propiedades bactericidas, que han abierto un horizonte nuevo de posibilidades, con la fabricación de utensilios médicos o, lo más cercano, redes para el cultivo de peces.

Cables de aluminio. A pesar de que el cobre sigue siendo el mejor transmisor de electricidad, hay ciertas áreas en que puede ser sustituido por el aluminio, sobre todo en las que se requiere transportar cantidades más bajas de energía, ya que de lo contrario necesitarían ser cables demasiado gruesos

Tuberías de plástico. El PVC es uno de los grandes sustitutos, principalmente en cañerías para el transporte de agua, aunque su mayor uso depende mucho del precio en que se mueva la materia prima, el petróleo.

Radiadores de aluminio. En cierto tipo de vehículos también se está buscando sustituir el uso intensivo de cobre. Ya se utilizan ciertos radiadores construidos en aluminio y material de plástico reforzado. El aluminio es muy liviano y disipa mucho mejor el calor que el latón (aleación de cobre y zinc).

Laurence Golborne, ministro de Minería:
“Necesitamos tomar conciencia de la posición que tiene Chile como productor de minerales”
-¿Cómo ve la situación que vive la minería del cobre chilena, con yacimientos cada vez más agotados?

-Para analizar eso, primero hay que ver lo que está sucediendo en el mercado mundial del cobre, donde la demanda se ve muy activa, con China, India y Asia en general creciendo muy fuerte. Por otra parte se ve esto otro: que los principales yacimientos ya tienen menores leyes o costos de operación mayores, porque tienen que ir mucho más en profundidad buscando minerales o removiendo estériles. Estos dos elementos son los que han hecho que los precios se mantengan relativamente altos. En Chile viene una segunda ola de inversión muy grande. En la década del 90 hubo un proceso relevante que dio origen a una serie de proyectos grandes, como Pelambres y Collahuasi. Ahora se está previendo una segunda ola de inversión en la siguiente década, del orden de 50 mil millones de dólares.

-Pero básicamente se trata de mantener proyectos ya existentes…

-Sí, en su mayoría son proyectos que van a permitir a varias mineras antiguas mantener sus niveles de productividad. Como es el caso de las faenas de Codelco, que está invirtiendo más de 15 mil millones para, básicamente, mantener su capacidad de producción en los próximos 10 años. Pero también hay otros nuevos proyectos a nivel nacional y, todo sumado, va a permitir que de aquí al fin de la década pasemos de los 5 millones y medio de toneladas a 7 millones y medio o un poco más.

-Algunos analistas hablan del atractivo peruano, con leyes de mineral mucho mejores que las chilenas. ¿Es preocupante esa mayor competencia, considerando que algunos inversiones podrían optar por irse a hacer proyectos a ese país?

-Claro. Pero hay una serie de elementos a tomar en consideración cuando se decide invertir. Una ley de mineral es una variable muy importante, de tipo geológico, que no es manejable. Pero también hay otros elementos, como infraestructura, capacidad de gestión, capital humano, disponibilidad de energía… que son aquellos en los que el país tiene que trabajar para mejorar su competitividad. Por ejemplo, el tema energético es preocupante, porque en Chile la energía es relativamente cara y se está haciendo cada vez más escasa. Necesitamos proveer de energía a los proyectos mineros del futuro. Como gobierno, es una materia que estamos abordando de manera muy decidida. Siempre es un riesgo que otros países se transformen en atractivos, y hay que trabajar en ello. Hay que preocuparse del asunto. Necesitamos tomar conciencia de la posición que tiene Chile como productor de minerales, lo que no es algo que no tenga desafíos o contrapesos.

-¿Qué visión tienen los privados de esta situación?

-Hay elementos de infraestructura que pueden llegar a compensar los incrementos de costos. Para poder tener un mineral necesitas carreteras, puertos, energía, una serie de elementos para poder funcionar. Es la combinación de todas estas cosas lo que genera el atractivo. Una buena parte de los proyectos que están mirando hacia adelante tiene que ver con expansiones de capacidad existente, que no tienen que hacer una serie de inversiones en campamentos o infraestructura.

-¿Este crecimiento productivo en la siguiente década lleva consigo una mantención de la participación de 34% que tiene Chile en el mercado de cobre?

-Si, Chile va a mantener su participación, o tal vez la incremente en uno o dos puntos.

-¿Chile puede encontrar un nuevo yacimiento tipo Los Pelambres o Escondida?

-Siempre hay posibilidades. Si vemos la situación entre la II Región y el límite con Perú, en esa zona existe un pequeño vacío respecto a grandes pórfidos cupríferos. La pregunta es ¿por qué? ¿Acaso la geología hizo que en esa zona no hubiesen yacimientos importantes? ¿O la exploración no ha sido suficiente para determinar si -considerando que la inversión en exploración ha venido subiendo en los últimos años —es un buen augurio para el futuro? Por supuesto, es positivo siempre que la exploración crezca. Ahora, si nos fijamos más en profundidad, la gran parte de las exploraciones las hacen las grandes compañías mineras y lo que nos gustaría es fomentar que la pudieran hacer pequeñas compañías, como ocurre en Canadá con las empresas junior.

-¿Están haciendo algo para incentivarlo?

-Estamos trabajando en el proyecto que hemos denominado MKM, mercado de capitales mineros, que queremos coordinar adecuadamente con Hacienda dentro de la Agenda Bicentenario del mercado de capitales, para poder incorporar incentivos a la minería, a la exploración de empresas junior y la apertura de estas empresas en bolsa.