La psicóloga española y experta en envejecimiento activo, Rocío Fernández Ballesteros, participó del primer Congreso Internacional de Gerontología y Geriatría, patrocinado por la Fundación Oportunidad Mayor. En su visita a Chile, Revista Capital conversó con ella sobre la visión que hay en el mundo sobre la vejez. La experta comenta su preocupación por el interés […]

  • 17 diciembre, 2018

La psicóloga española y experta en envejecimiento activo, Rocío Fernández Ballesteros, participó del primer Congreso Internacional de Gerontología y Geriatría, patrocinado por la Fundación Oportunidad Mayor.

En su visita a Chile, Revista Capital conversó con ella sobre la visión que hay en el mundo sobre la vejez. La experta comenta su preocupación por el interés en la vejez y la poca preparación anticipada a este período de la vida, que es cada vez más largo. “No sabemos cuál es el tope de vida humana, no ha llegado ningún momento en el que ha bajado la pendiente de la línea de crecimiento de la esperanza de vida del ser humano. La cifra empezó a incrementar en la época higienista, el momento en el cual se descubren las fiebres puerporales“, señala Fernández, agregando que “un gran error es creer que el envejecimiento es una enfermedad”.

Una de las críticas que Fernández realiza al cómo vivimos la vejez hoy, es la edad de jubilación. Más allá de un estilo de vida saludable, que en sí es clave para tener una buena vejez, la compañía y el trabajo son fundamentales. “Los adultos mayores que deseen trabajar deberían poder hacerlo, siendo la jubilación una opción y no una obligación”, señala Fernández, comentando que hoy una persona de 65 años que este capacitada y abandone sus trabajo solo por una imposición, podría adelantar su deterioro.  “No contratan a gente mayor porque no existe esa cultura, pero necesitamos de experiencia al igual que innovación en los profesionales”, dice.

Fernández está convencida de que el envejecimiento se ha retrasado y que hoy una persona de 70 años hoy presenta un perfil biológico y psicosocial similar al de una persona de 60 hace veinte años. Además, señala que los hábitos de la juventud y adultez tienen mayor incidencia en la calidad de la vejez, que el componente genético. “Es un 75 por ciento de uno mismo y solo un 25 por ciento de la genética”, dice.