Siente angustia cuando piensa como persona en Michelle Bachelet, pero tiene claro que es oposición y que hay que hacer la pega. Parte de eso es mostrar que Ricardo Lagos no fue el presidente que “nos quiso hacer creer”. Ve a la UDI en un momento clave: institucionalizándose y generando liderazgos que sobresalgan. Piensa que su partido debe llevar candidato propio y siente que hay tiempo para alcanzar a Sebastián Piñera, a quien ella misma le está saliendo al camino.Por Cony Stipicic H.; fotos, Enrique Stindt.

  • 27 julio, 2007

 

Siente angustia cuando piensa como persona en Michelle Bachelet, pero tiene claro que es oposición y que hay que hacer la pega. Parte de eso es mostrar que Ricardo Lagos no fue el presidente que “nos quiso hacer creer”. Ve a la UDI en un momento clave: institucionalizándose y generando liderazgos que sobresalgan. Piensa que su partido debe llevar candidato propio y siente que hay tiempo para alcanzar a Sebastián Piñera, a quien ella misma le está saliendo al camino.Por Cony Stipicic H.; fotos, Enrique Stindt.

 

Los escépticos que apostaban a que la unidad de la Alianza era apenas circunstancial han tenido en estos días argumentos de sobra para corroborar su tesis. La reacción mayoritaria de la UDI ante la sanción de la SVS contra Sebastián Piñera, por su compra de acciones de Lan, devolvió a la memoria viejas historias que claramente están más frescas que olvidadas. Y validó la decisión del gremialismo de llevar un candidato presidencial sí o sí en 2009, aunque sea su “socio” el que lleve la ventaja.

 

Luego de que Pablo Longueira se “bajara” de la carrera a la que él mismo se había lanzado, la UDI parecía tener un problema. Acostumbrada a llevar el pandero presidencial en la Alianza, tras años con candidato propio y fuerte, comenzó a evidenciar la ausencia de liderazgos capaces de instalarse competitivamente en la escena. El caso Piñera se presentó entonces como una oportunidad y dos nuevos nombres saltaron con fuerza: el del presidente de la colectividad, Hernán Larraín, y el de Evelyn Matthei.

 

La historia de la senadora está estrechamente cruzada con la de RN y también con el camino de confl ictos y desconfi anzas que parecen no desaparecer. Cuando se conoció el fallo contra Piñera, los micrófonos de la prensa buscaron su reacción en primer lugar. Y ella fue todo lo dura que se esperaba: esto le pasaba por no haber separado aún los negocios de la política. Pero ese es apenas uno de los cuestionamientos y apenas el capítulo más reciente de los muchos que permiten explicar el actual estado de cosas en la UDI.

 

Nada parece haber tenido más efectos en la historia de la UDI –y por consiguiente en la de la Alianza– que el caso Spiniak. Siguen convencidos, y Matthei lo está, de que se trató de un complot diseñado para destruir a Jovino Novoa, a la UDI y también la carrera presidencial de Joaquín Lavín. “El daño fue gravísimo, gravísimo… Fue de los tiempos más duros que nos ha tocado enfrentar. Primero, porque aun cuando Gema Bueno dijo que era todo mentira, a la larga algo queda. Segundo, porque durante más de un año, la UDI solamente se dedicó a ver cómo defendía la honra de Jovino. Y porque, además, afectó muy fuertemente las relaciones con RN. Muchos pensamos que la actitud de Sebastián Piñera fue muy poco feliz, por decirlo suavemente”, recuerda.

 

 

-¿Qué responsabilidad le atribuye específicamente a Piñera?

-Le dio cuerda a Pía Guzmán. Le dio el soporte político, dijo muchas veces que él le creía y ante la opinión pública dio sustento a acusaciones feroces.

 

 

-¿Deterioró todavía más la irrupción presidencial de Piñera la relación entre los dos partidos?

-No, no. Si RN quería llevar un candidato tenía derecho. No había por qué obligarlos a apoyar a Lavín. Además, había que ser muy ciego para creer que Piñera no iba a irrumpir. No porque unas pocas figuras de RN hubiesen dado garantías de apoyo a Lavín las cosas no iban a cambiar. Creer eso era una ingenuidad. Fue un hecho político, razonable y legítimo; no quebró confianzas. La lógica política no tiene por qué tomarse en términos personales. En relación al caso Spiniak, son cosas totalmente distintas.

 

 

-¿Toda la gente de la UDI hace esa distinción?

-Puede que algunos hayan quedado más heridos. Pero quienes nos dedicamos realmente a la política, lo comprendemos. Qué te pasó Pablo

 

 

-Sumemos un tercer episodio traumático para la UDI: el debate interno sobre el amiguismo y la necesidad de institucionalizarse. Públicamente lo lideró Francisco de la Maza, quien en un comienzo salió medio derrotado, pero a la larga sus planteamientos parecen haber primado.

-No, De la Maza no tenía la razón. Porque él no fue el primero en tocar el tema. El primero en plantearlo fue Jovino, que era el presidente. Y De la Maza usó un argumento que estaba siendo debatido dentro de la UDI para posicionarse en los medios. Me molesta que se atribuya todo esto a De la Maza, porque él lo único que hizo fue vocear, y de muy mala manera. Afortunadamente, su estilo fue derrotado. Y me alegro porque no es la forma de discutir las cosas.

 

 

-¿O sea, el conflicto no existía?

-No existía. Todo el mundo tenía claro que el modelo de conducción de la UDI, que era razonable cuando tenías pocos diputados y senadores, no resultaba aplicable si sumas más de 30 diputados, nueve senadores y decenas de alcaldes y concejales. No había ni una sola persona que disputara el punto.

 

 

-Pero producto del proceso de cambio de directiva, quedaron heridos en el camino, específicamente Juan Antonio Coloma.

-Sí, efectivamente, quedaron heridos. Pero es muy raro que cuando tú eliges a uno, el que queda fuera se declare feliz. Son heridas que duran algún tiempo y que tienen que ver con sentimientos personales. Pero son cosas normales y las heridas se han restañado. Hay un clima de realmente espectacular dentro del partido.

 

 

-¿Y Hernán Larraín está representando el cambio que debía venir?

-Hernán ha hecho dos trabajos espectaculares. Uno, adentro de la Alianza, con Carlos Larraín, que nadie discute. Y dentro del partido, hay un esfuerzo permanente suyo por estar con las distintas estructuras del partido. Ha viajado desde Arica a Punta Arenas tratando de hacer un trabajo de institucionalización. En función de las razones por las que fue electo, está cumpliendo en forma impecable.

 

 

-¿Por qué en este nuevo contexto Pablo Longueira depone su candidatura?

-Dentro de la mesa había dos posiciones. Una, nombrarlo ya como candidato, de la que él mismo participaba, tal vez porque sentía que tenía que ser validado para no aparecer como en una aventura voluntarista. Otros, creíamos que no tenía sentido nombrar un candidato oficial, ya fuera Pablo u otro, porque no tenemos una figura que destaque y porque faltaban –a comienzos de año– tres años para la elección. Cuando tú ves a la gente sufriendo por el Transantiago y la delincuencia, priorizar en la UDI el tema presidencial es como una bofetada al sentido común. Pero hay más: cuando tú eres candidato por tanto tiempo, te expones a todo tipo de ataques. Además, la gente no está pensando en este momento en una candidatura. El nombre de Pablo estaba demasiado lejano y, por lo tanto, nacía muerto. ¿Y qué hace la UDI si después tiene que bajar a Pablo? ¿A quién pone después de él, que es un símbolo? Entonces, yo por lo menos, sentía que había puros riesgos y desventajas y ninguna buena razón para nombrarlo candidato en ese momento.

 

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-Pero esa no era la postura mayoritaria…

-No era entre los diputados, que estaban por nombrar ya a Pablo.

 

 

-¿Cree posible una vuelta de Longueira como precandidato en la UDI?

-Una cosa es lo que yo quisiera y otra cosa es lo que creo. Yo quisiera que él fuera precandidato: me encantaría verlo recorriendo el país, porque tiene fuerza y un mensaje de mucha esperanza, sobre todo para sectores medios y de bajos recursos. Pero yo creo que cuando Pablo dice una cosa la mantiene, y si él dijo que no va a ser candidato, efectivamente no lo será en esta vuelta.

 

 

-¿Y sería su candidato?

-Nuevamente, una cosa es lo que a mí me gusta y otra lo que es razonable. A mí me encanta Pablo como líder, aunque no siempre coincido con él en todo. Dicho esto, creo que cuando uno nombra candidatos tiene que ser muy frío. Esto no se trata de gustos personales.

 

 

-Sino de viabilidad…

-Se trata de viabilidad. No estoy diciendo que Pablo no la tenga, sino que no lo sabemos en este minuto. Tampoco sabíamos dos años y medio antes de las últimas elecciones que Piñera y Michelle Bachelet iban a ser candidatos. Por lo mismo, lo prudente es esperar y dejar que distintos nombres se vayan posicionando en la opinión pública.

 

 

 

El solitario Lavín

 

 

-La UDI estuvo años creciendo electoralmente gracias a que tenía una figura presidencial fuerte, como fue Joaquín Lavín. Visto así, no tener candidato es un problema.

-No me preocupa no tener candidato hoy. Sí me preocupa que, en general, la UDI tiene menos figuras descollantes que otros partidos. La fortaleza principal de este partido es que sus líderes nunca jugaron para sí mismos. Pablo pudo haber sido candidato a senador hace seis años por donde hubiese querido, y en vez de eso se fue a un distrito donde estábamos doblados. Lo mismo pasó con Carlos Bombal e incluso con Jaime Guzmán y Jovino Novoa. Pablo, además, tuvo que liderar por mucho tiempo las a veces traumáticas negociaciones con RN, lo que le significó costos feroces.

 

 

-O sea, la UDI ahora está en un proceso de formación de figuras.

-Yo creo que la UDI, en este minuto, lo que necesita es formar personas que puedan ejercer roles de liderazgo.

 

 

-Eso puede ser contraproducente para el espíritu unitario de la UDI. Puede llevar a un choque de lealtades personales internas.

-Obviamente. Estos procesos son complejos. Primero hay que tener muchísimo cuidado de que los liderazgos que surjan sean vistos como algo necesario y positivo y no como una aventura personal motivada por orgullo o ambición.

 

 

-Y no del modo en que se supo de su perfil presidencial o el de Hernán Larraín.

-Me preocupó muchísimo cuando, producto de dos descuidos, de repente aparecimos tanto Hernán como yo en una carrera presidencial desatada, que no era tal. Ambos hemos tenido mucho cuidado de bajar los decibeles, porque estamos súper conscientes de que hay mucho tiempo y no tiene ningún sentido desatar nada ahora. También porque cualquier cosa que se haga dentro de la UDI, tiene que ser entendida, apoyada y acompañada. Porque si esto no viene de la base, yo prefiero tener una candidatura simbólica, aunque no pudiese ganar en primera vuelta, pero que efectivamente logre aglutinar a la UDI. Entre una candidatura que surja de forma asistémica y rupturista aunque con posibilidades, y una que no las tenga pero que sea institucional, prefiero la segunda. Así de claro. Y eso solamente puede surgir sobre la base de una conversación larga y profunda.

 

 

-Aparte de “criar” a sus líderes, ¿siente que la UDI esté enfrentada al desafío de administrar el legado de Lavín o eso ya pasó al olvido? De hecho, a él se lo ve bastante solitario.

-Lo que pasa es que Joaquín siempre fue eso. El nunca fue un candidato institucional de la UDI. Y esa fue su gran fortaleza, pero al mismo tiempo su gran debilidad. El entendió que había un espacio para crecer apartándose de los partidos. Y lo hizo. Y la UDI lo aceptó y lo apoyó. Nosotros muchas veces silenciamos opiniones a lo mejor contrarias a las suyas porque creíamos que podía llegar a La Moneda y respetábamos su libertad para mandar mensajes propios. Era indudable que, en ese minuto, Joaquín era muchísimo más que la UDI. Ahora, cuando fuiste solitario y figura principal, no puedes extrañarte de que sigas siendo solitario cuando ya no eres la figura principal. Esa fue su característica y seguirá siéndolo.

 

 

-Eso es bien paradojal, porque Lavín permitió el crecimiento de la UDI.

-Las instituciones van enfrentando distintas realidades, distintos liderazgos, y tú tienes que ir acomodándote a las circunstancias. Y, efectivamente, después de Joaquín, nos quedamos con un partido grande, pero que nuevamente tiene que hacer escuchar su voz. En ese sentido, yo también entiendo que muchos diputados quieran a otro líder como Longueira.

 


-Lavín llevó la UDI más hacia el centro, espacio que hoy copa Piñera. ¿No le preocupa que vuelva a ser arrinconada a la derecha?

-No, en absoluto. La UDI está básicamente en poblaciones, en distritos donde hay pobreza. La aspiración del partido popular sigue absolutamente vigente. Ahora bien, cuidando el mensaje al mundo popular, hay que ir adecuándolo para incorporar a la clase media, que es la que está creciendo hoy día.

 

 

 

Camino propio

 

 

-¿Por qué no les gusta Sebastián Piñera en la UDI?

-No es un problema de que te guste o no. Nosotros decidimos llevar un candidato presidencial, porque vamos a enfrentar una competencia parlamentaria y creemos que ésta tiene que ir acompañada de un abanderado propio. En esto no hay gustitos personales. Además, creemos que Piñera es totalmente ganable. No en este minuto, porque hoy ninguna encuesta te lo va a decir, pero perfectamente podemos levantar un candidato que logre transmitir un sueño y que le gane.

 

 

-¿Cuándo sintió Evelyn Matthei el llamado de las urnas?

-Yo no ando buscando nada, pero no soy tonta y me doy cuenta de que soy una de las figuras que está mejor posicionada. No es que uno sienta el llamado, sino que son realidades obvias. Ahora, ojalá sea otra persona. Ojalá fuese Hernán, ojalá volviera Pablo. A mí, realmente, me gusta la vida que tengo ahora y, probablemente, más que a todos ellos, me ha tocado vivir cerca del poder, conozco la dureza, los efectos que tiene sobre la familia, sé cómo se te alejan los amigos de verdad, cómo se te acercan los que no son amigos… No me cuentan cuentos con el poder y, por lo tanto, no es algo que yo esté buscando.

 

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-¿Qué tiene usted que cree que le puede ganar a Sebastián Piñera, por ejemplo? También creyó que le podía ganar a Andrés Allamand en la senatorial.

-No tengo duda: le hubiera ganado.

 

 

-¿Por qué? La realidad mostró que a usted le costó ganar en su región.

-A mí me dejaron en la IV porque, si yo no iba, nos doblaban. Así que digamos las cosas al revés: yo era la única que salvaba la región. Yo te diría que nadie enfrentó una elección más difícil, a excepción de Bombal en Concepción. Hecha la aclaración, es súper complicado hablar de mí misma. La única razón por la cual me tengo mucha confianza en las elecciones es porque digo exactamente lo que pienso. Y porque la gente, a pesar de que yo les pueda caer mal, porque a veces soy insolente o demasiado crítica, al final sabe que estoy diciendo lo que creo. No me ven como al típico político que habla por subir en las encuestas.

 

 

-¿Guarda algún resentimiento con los personajes de la patrulla juvenil?

-Ninguno.

 

 

-Pareciera que siempre quisiera interponerse en el camino de ellos.

-Nunca ha sido mi propósito. Lo mismo puedo colaborar que competir con ellos.

 

 

 

 

Todos contra Lagos

 

-¿Qué nota le pondría al resultado que ha tenido el nuevo rol opositor de la Alianza? En las encuestas, la gente evalúa su desempeño como deficiente.


-Nosotros teníamos que dar a conocer que Ricardo Lagos no fue ese maravilloso presidente que nos quiso hacer creer. Era necesario mostrarle a la opinión pública problemas como el puente del Chacao, EFE, el Transantiago, Chiledeportes, los programas de empleo…



-¿Por una cuestión de transparencia o porque Lagos es la principal amenaza en términos electorales a futuro?


-Por las dos razones. Un presidente que se retira con un 70% de apoyo obviamente es una amenaza. Ese respaldo no era merecido. Si hubiera sido un gran presidente, uno dice “mala pata, lo vamos a tener de vuelta”. Pero cuando te das cuenta que su aprobación se basa en hechos falsos, en anuncios que se hacían para las elecciones, por cierto nuestro deber es dar a conocer eso.

 

-¿Y está resultando?


-Es cosa de mirar cómo ha bajado en las encuestas.

 

-Pero la Alianza también ha bajado.


-Cuando tienes que prepararte para una competencia atlética y te quedan dos años y medio, no trabajas en pura velocidad durante ese tiempo. Hoy no estamos frente a una elección. Y porque nuestro comportamiento no necesariamente sería el mismo si las elecciones fueran en tres semanas. Hay que manejar los tiempos.

 

-La encuesta del CEP dice que la gente valora mucho más una actitud colaboracionista o la búsqueda de consensos entre la Alianza y el gobierno. ¿Eso quiere decir que cuando se acerquen las elecciones su actitud va a cambiar?


-Pongámoslo al revés. Si hubiésemos sido tan encantadores y colaboracionistas como todo el mundo quiere, ¿estaría Lagos con las encuestas como está ahora? A veces hay que hacer la pega, y ésta no siempre es agradable. Denunciar nunca lo es, pero hay un deber. Si no lo hacemos, no vamos a llegar nunca a La Moneda. Sería una tontera que nos dedicáramos a ser encantadores y dejáramos pasar a Lagos y al actual gobierno todos sus errores.

 

-¿No le da un poco de angustia ver a Michelle Bachelet en La Moneda?


-La pregunta tiene dos respuestas. Una, como ser humano y otra como política. Como persona, siento su soledad, la angustia de que ella llegó en un momento en que la Concertación está llena de rencillas internas y egos increíbles, porque cada uno hace lo que quiere. Naturalmente, me produce angustia y pena saber que ella lo está pasando pésimo. Como política, yo soy oposición, así de claro. El gobierno, en este minuto, quiere colaboración porque es lo que necesita. Pero cuando se acerquen las elecciones volverá a mandar una reforma laboral o una ley de subcontratación con urgencia. Va a volver a hacer lo que ha hecho siempre.