Sus años de gloria se remontan a los 70 y 80, pero un reciente disco de la afamada soprano catalana confirma que aún conserva lo esencial: el encanto y belleza de su voz inconfundible y generosa.

  • 24 marzo, 2008

 

Sus años de gloria se remontan a los 70 y 80, pero un reciente disco de la afamada soprano catalana confirma que aún conserva lo esencial: el encanto y belleza de su voz inconfundible y generosa. Por Joel Poblete.

A sus 74 años, cuando la mayoría de sus contemporáneas ya hace mucho que están retiradas a los cuarteles de invierno o sólo se dedican a la enseñanza y las clases magistrales, la legendaria soprano catalana Montserrat Caballé aún tiene sorpresas que ofrecer a los fanáticos de su emblemática voz. Todavía cuando puede se luce en escena, como demostró el año pasado en la Opera de Viena, con una divertida interpretación del rol hablado de la duquesa de Crakenthorp de La hija del regimiento de Donizetti; y se mantiene activa en discos, como La canción romántica española, ganadora de un Grammy Latino el año pasado; un álbum originalmente editado a fines de 2006 que ahora el sello chileno Oveja Negra está difundiendo en disquerías locales en virtud de un convenio entre la SCD y su par hispana, la SGAE.

A diferencia de los afamados “Tres Tenores”, es probable que fuera de Europa, a nivel masivo, el público menos familiarizado con la ópera sólo recuerde a la Caballé por su popular dúo con Freddy Mercury, Barcelona (himno de los Juegos Olímpicos Barcelona 1992); en el ámbito “docto”, la intérprete siempre fue cuestionada por quienes veían en su voluminosa figura un obstáculo para hacer más creíbles sus personajes líricos, y en el pasado no estuvo ajena a las polémicas en su ciudad natal por parte de quienes la acusaban de tener una suerte de “mafia” musical integrada por amigos y parientes, quienes manejaban a su gusto el emblemático Liceu de Barcelona. Pero más allá de eso, y si hablamos estrictamente de su voz y estilo de canto, nadie puede discutir el lugar de privilegio que ocupa esta artista en el panteón operístico del siglo XX, que brilló especialmente en las décadas de los 70 y 80: dueña de un material de enorme belleza, irrepetible en su extensión, matices y musicalidad, la soprano pudo suplir sus carencias escénicas dejando que su voz e interpretación desplegaran toda la intensidad y el dramatismo que exigía su repertorio, en el que, junto con especializarse en el belcanto, supo incursionar además en la ópera francesa, el verismo italiano e incluso en Wagner y Richard Strauss.

La canción romántica española es un apacible recorrido por bonitas melodías de autores de los siglo XVIII y XIX –14 canciones,entre las cuales se incluye una del mismísimo Ramón Carnicer, y la popular habanera La paloma– que exudan encanto, dulzura, algo de picardía, humor y cierta melancolía; pero, por sobre todo, el disco permite reencantarse con la voz de la Caballé, que pese a ciertos sonidos opacos o velados que delatan el paso del tiempo, aún mantiene la belleza y particular sonido de su característico timbre. En conjunto sus evocadoras versiones para estas sencillas pero entrañables canciones cautivan por su sutileza y calidez. Sí, puede que su época de oro ya haya pasado, pero a juzgar por este registro, la soprano todavía parece tener mucho que ofrecer a su público.