A tres años de su retiro de las canchas, Marcelo Salas está convertido en empresario. Campos agrícolas y ganaderos, una productora de eventos, recintos deportivos y dos equipos de fútbol contiene su portafolio. Con un estilo reservado, directo y siempre trabajando junto a su familia, Deportes Valdivia parece ser, hasta ahora, su único tropiezo.

  • 1 diciembre, 2011

A tres años de su retiro de las canchas, Marcelo Salas está convertido en empresario. Campos agrícolas y ganaderos, una productora de eventos, recintos deportivos y dos equipos de fútbol contiene su portafolio. Con un estilo reservado, directo y siempre trabajando junto a su familia, Deportes Valdivia parece ser, hasta ahora, su único tropiezo. Por Fernando Vega.

Despojado de la pelota, Marcelo Salas se dedicó a los negocios. Impulsado por su imagen de máximo goleador chileno, El matador seha convertido en una empresa por sí mismo. Hombre de 37 años, 1,73 metros de estatura, macizo y de hablar pausado, sus intereses económicos componen una singular geografía que une el deporte, la actividad agropecuaria y los eventos.

El futbolista, que se retiró de la actividad en enero de 2009, no se ha conformado con vivir de homenajes y recuerdos. Disciplinado, extremadamente reservado y directo, maneja sus negocios como una auténtica empresa personal que mueve varios millones de dólares al año, principalmente en el sur del país.

El delantero, que vistió las camisetas de la Universidad de Chile, del argentino River Plate y los italianos Lazio y Juventud, opera en forma muy personalista. Con un estilo similar al de sus exitosas jugadas, es él quien define sus inversiones, supervisa los negocios y planea sus próximas apuestas, pese a que tiene más de 20 empleados repartidos entre Temuco, Viña del Mar y Santiago.

Los quince años que Salas pasó jugando le sirvieron para conocer a fondo el negocio del fútbol y conseguir los contactos necesarios para iniciar sus propias actividades empresariales. Fue seleccionado nacional y uno de los deportistas chilenos por los que más caro pagaron los grandes equipos extranjeros.

Por eso, quienes han negociado con él destacan su preparación y rigurosidad. Y también, el valor que da a la palabra. Quizá por ello –aventuran en algunos clubes de fútbol– fue que su nombre sonó tanto como reemplazante de Harold Mayne-Nicholls tras la guerra por el control de la ANFP, el año pasado. Su candidatura fue levantada como la carta de consenso, pero él nunca recibió una oferta del todo concreta, firme y clara.

Y es que Salas es enemigo de los saltos al vacío. Aunque trabaja sobre todo con acuerdos verbales, se inclina principalmente por apuestas seguras, aunque ofrezcan poco margen.

A diferencia de otros jugadores que se han retirado, nunca le atrajo, por ejemplo, la inversión en restaurantes, o dedicarse a vivir de los intereses generados por sus ahorros, o quizás participar en negocios cuyo éxito sólo estaba garantizado por el aporte de su nombre y fama.

Lo suyo siempre ha sido el fútbol, y antes de transformarse en un inversionista del sector hizo un diplomado en organizaciones deportivas de la Universidad Gabriela Mistral; el mismo que tomaron otros deportistas como Leonardo Véliz, Sebastián Keitel, Felipe Núñez, Sebastián Miranda y el presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales de Chile (Sifup), Carlos Soto.

En 2008 creó el equipo de tercera división Unión Temuco, su gran pasión. Invirtió unos cien millones de pesos en echarlo a andar y hasta 2010 había desembolsado cerca de un millón de dólares.

Claro que en todo esto su familia resulta clave. La historia del jugador no se comprende sin sus parientes. Desde que El matador era un cabro-bueno-pa-la-pelota que corría por las canchas de barro del Club Santos de Temuco, su madre, Alicia Melinao; su padre, Rosemberg Salas y su hermana Claudia han estado acompañándolo siempre. Tanto, que hoy los tres trabajan con él.

Cierran su círculo más estrecho su abogado desde hace más de diez años, Raúl Jélvez, y su ex compañero de cadetes y actual publicista, Juan Silva.

Los rojos de Temuco

Cuando anotaba, Salas se llevaba todo tipo de adjetivos. Desde fenómeno hasta Dios, le decían. Gracias a sus goles llegó a ser uno de los jugadores chilenos mejor pagados de la historia: en la Juventus obtenía 3,8 millones de dólares anuales y casi todo lo ahorraba.

En 2008 creó, junto a su padre y Jélvez, el equipo de tercera división Unión Temuco, que hoy es su gran pasión. Invirtió unos cien millones de pesos en echarlo a andar y hasta 2010 había desembolsado cerca de un millón de dólares. Actualmente, el club está cada vez más cerca de entrar a las grandes ligas: terminó séptimo en segunda división y financieramente ya es una operación en equilibrio, que no pierde plata.

El club, popularmente llamado rojo de Temuco, tiene además una escuela de fútbol, divisiones inferiores y varios sponsors. Sólo le falta más público que llene estadios, pague entradas y compre merchandising: al equipo de Salas le ha costado insertarse en el corazón futbolero de la capital de la Novena Región, que está fuertemente identificada con el histórico Deportes Temuco.

Salas piensa que la cotización de un club responde a dos factores: la marca –que asegura hinchada– y la calidad del espectáculo. Como en Unión Temuco no tiene lo primero, se ha enfocado en llevar gente al estadio a ver jugar buenos partidos.

Sus principales negocios se agrupan bajo el paraguas de Salas Producciones, que desarrolla desde centros deportivos hasta escuelas de fútbol, venta de merchandising y programas en las radios locales del sur.

En el club, su papá se encarga de la administración y parte de la logística de los jugadores, mientras que él se preocupa personalmente de buscar nuevos contratos y formas de rentabilizar la operación. Su hermana Claudia cumple ahí labores administrativas.

Fue el mismo Salas quien negoció con CCU el auspicio por parte de Pepsi y el acuerdo con Penalty para los zapatos y las pelotas. También la indumentaria con Mitre, entre otros contratos.

En todas esas conversaciones, constantemente, el ex futbolista ha recordado a sus contrapartes que para rendir deportivamente un jugador necesita tener uniforme, comida y sueldo digno. Normalmente destaca como una preocupación personal que las cotizaciones previsionales de toda la plantilla se encuentren al día.

Su fuerte involucramiento en el negocio, sumado a que su nombre atrae visibilidad, ha despertado el interés de varios inversionistas por tenerlo como socio. A su oficina en Vitacura han llegado varias ofertas de clubes de regiones con problemas económicos o nuevos proyectos. También lo han invitado a invertir como accionista de Azul Azul, varias veces. Salas debutó y se retiró vistiendo la camiseta de la U. Fue su casa, de la que se fue y a la cual volvió.Estuvo allí durante seis años, fue capitán del equipo y una de sus grandes figuras.

Un traspié en el Calle-Calle

Pero a fines de 2010 Salas se entusiasmó con una oferta de la dirigencia de Deportes Valdivia, que le proponía entrar al club y sacarlo del pantano en que encontraba: la bancarrota y la Tercera División B. Valdivia, en su escala, prometía ser un buen negocio: había sinergias con Unión Temuco por todos lados. Y eso fue lo que vio El matador.

Así, en diciembre del año pasado comisionó a su padre para que iniciara las exploraciones con miras a cerrar el acuerdo. Don Rosemberg, se trasladó a Valdivia a conocer las instalaciones del club y comenzó a pensar en qué jugadores de Unión Temuco podrían ser destinados en préstamo al nuevo club.

A mediados de enero se cerró el acuerdo. El zurdo tomó el 65% de la propiedad de la institución a cambio de unos 150 millones de pesos.Y como primera muestra de su arribo presentó a Lotto como principal auspiciador del equipo. La marca de indumentaria deportiva aportaba de golpe 15 millones de pesos.

A eso sumó, dos meses después, un convenio con la Universidad Austral para que la casa de estudios valdiviana apoyara a la institución deportiva local y además regalara dos becas de estudios a los jugadores del equipo que quisieran superarse.

El plan Salas consideraba tener al equipo jugando en Primera División, junto a los clubes profesionales de Chile, a más tardar en 2014. El propio Jorge Salazar, presidente del equipo sureño, destaca que se asociaron con el ex seleccionado nacional debido a que su know how y su red de contactos podrían devolverle el brillo que alguna vez tuvo el club del Calle-Calle.

En octubre de este año, la participación de Salas en Deportes Valdivia creció al 75% y el club consiguió su anhelado ascenso a Tercera A. Pero el lunes 21 de noviembre, el ex futbolista dijo que ya no iba más. Las relaciones con sus socios del Calle- Calle estaban completamente deterioradas.

Tal como estaba previsto, en octubre de este año la participación de Salas creció al 75% y Deportes Valdivia consiguió su anhelado ascenso a Tercera A, tras un sufrido empate ante Ferroviarios, hace dos semanas. Hubo euforia y carnaval en la ciudad y el comentario general, dicen en la zona, fue que Salas estaba tirando para arriba al equipo. El éxito deportivo además era completo: por primera vez en varios años se jugaba a estadio lleno por varias semanas seguidas.

Pero al interior de la tienda no había ánimo para celebrar nada. Las relaciones entre los socios estaban completamente deterioradas. Días antes, los jugadores habían amenazado con parar debido a que no se les habían pagado sus sueldos. Salas afirmaba que, en lo que concernía a su participación societaria, la plata había sido entregada. Pero sus socios –los antiguos dirigentes del club– insistieron en que eso no era efectivo. Así, el lunes 21 de noviembre el hombre que se hizo famoso celebrando los goles hincado y con el dedo índice apuntando hacia el cielo, dijo que ya no iba más. Y rompió la sociedad.

Rosemberg Salas asegura desde Temuco que se hizo todo lo posible porque ello no sucediera, pero que en Valdivia “se portaron mal”. No quiso detallar en qué, pero explicó en forma general que los planes no se cumplieron y que tampoco se respetaron los acuerdos.

Sin embargo, según Joel Asenjo Ramírez, tesorero de Deportes Valdivia y socio de Salas en este proyecto, el caso no está del todo cerrado. Dice que la sociedad todavía sigue existiendo, y hasta el cierre de esta edición tenía previsto reunirse en los próximos días con Salas para convencerlo de que cambie de opinión.

Messi y las pulseras del poder

En las frecuentes conversaciones entre compañeros de equipo, Salas solía bromear con que a su retiro tendría tiempo para poder iniciar los negocios que tenía en mente. Pero según ha confesado a sus cercanos, su agenda está hoy más ocupada de lo que imaginó.

Una de las actividades a la que más concentración ha dedicado es a sus campos. En distintos sectores en las afueras de Temuco posee plantaciones de arándanos ycría ganadera.

Sin embargo, el corazón del negocio está en los centros deportivos. Opera tres en regiones y piensa desarrollar un cuarto en Santiago. En esta área ya ha invertido unos seis millones de dólares.

Partió con el de Viña del Mar, en 2008, invirtiendo dos millones de dólares. Luego construyó uno en Temuco por un monto levemente cercano. En este caso, el terreno, con cuatro canchas de futbolito, fue entregado por la municipalidad local mediante un comodato a 25 años.

A ello se suma un nuevo centro en la salida sur de la ciudad, que el viernes 28 de octubre pasado fue escenario de robo. El local es administrado por la madre del ex futbolista.

Una de sus facetas menos conocidas es el de las pulseras del poder. A mediados de año, Salas consiguió junto a otros socios la representación para Argentina de Biolectik, el mismo brazalete de iones que en Chile promocionaba su amigo, el actor y deportista Marko Zaror.

Hasta la fecha, los principales negocios de Marcelo Salas se agrupan bajo el paraguas de Salas Producciones, que desarrolla desde centros deportivos hasta escuelas de fútbol, venta de merchandising y programas en las radios locales del sur.

Dentro de este esquema figura M11 (la M por su nombre y el 11 por el número de la camiseta que vistió), encargada de eventos tan disímiles como servicios de marketing deportivo, apoyo a deportistas o el partido de exhibición en Chile del astro argentino del Barcelona, Luis Messi.

Esta área de producción de eventos es la menos importante dentro de su portafolio. El mal rato que le produjo la Copa Viña 2007, cuando un grupo de concejales lo acusó de irregularidades, lo ha mantenido reticente a emprender este tipo de iniciativas, pese a la fuerte demanda que existe; sobre todo, en las regiones.

Pero una de sus facetas menos conocidas es el de las pulseras del poder. A mediados de año, consiguió junto a otros socios la representación para Argentina de Biolectik, el mismo brazalete de iones que en Chile promocionaba su amigo, el actor y deportista Marko Zaror.

El lanzamiento fue en un hotel de Puerto Madero. Salas, el empresario, se fotografió con el brazalete.