Economista

Casi de no creer: representantes afiebrados de la nueva oposición, ya a los 10 días alegaban que el gobierno no había hecho nada. Otros ya delirantes dijeron justo lo contrario, que en pocas semanas se había retrocedido lo que el gobierno anterior hizo en cuatro años. En buena hora que hubiese sido así, pero la herencia dejada por Bachelet es realmente pesada. Un gobierno muy ejecutivo requiere un mínimo de 30 días para recibir cada institución, instalarse, hacer los nombramientos, adecuar las oficinas, subirse al ritmo de las contingencias, etc.

Con honrosas excepciones, la izquierda retomó el viejo estilo de negar la sal y el agua al gobierno, que se presenta al país no solo con una enorme mayoría electoral, sino con un espíritu de unidad nacional como parte de su programa. Lamentablemente, el tango se baila de a dos.

Los famosos “hechos” nunca son totalmente objetivos, ya que pueden ser vistos desde muchos ángulos posibles. Aun así, el gobierno ya en la primera semana puso fin a los escándalos de Carabineros. En el primer día se removió al director, salieron luego decenas de generales y coroneles. La reestructuración es a fondo. También se nombró por primera vez en la historia a una mujer como cabeza de gendarmería. Se detuvo la licitación del Transantiago (mal hecha y con signos de corrupción), lo que por cierto indignó a la oposición.

A pesar del rotundo éxito electoral de Chile Vamos, el Congreso fue mezquino y se apoderó de la cabeza de todas las comisiones, lo que hará más difícil gobernar.
A muy poco andar se replanteó completamente la ley antiterrorista: la oposición atacó al unísono y la trató de descalificar mezquinamente, diciendo que era una medida contra el pueblo mapuche. Difícil pensar que, por ejemplo, introducir la figura del ciberterrorismo sea contra los mapuches, pero en fin. Luego, junto con mejorar el presupuesto del Sename, se instaló una comisión para el tema de los niños y esa institución. Con la excepción de Boric y un DC, el portazo de la izquierda fue tremendo. Cosa similar con la comisión contra la delincuencia. Fue orden de partidos de izquierda no participar, solo porque la convocaba Piñera. Más aún, el PS doblegó y humilló públicamente a Insulza, que había aceptado y luego debió recular. Fueron un miembro del Frente Amplio (Jorge Sharp), quien sí aceptó, con grandes críticas internas, y un ex alcalde socialista, que defendió su derecho a participar en cualquier iniciativa de bien común.

Antes de que el Ministerio de Educación haya hecho una iniciativa, los jóvenes y niños convocaron a una protesta, más bien un calendario completo. No saben aún por qué, lo decidirán más adelante. El foco de discusión ahora son los condones que necesitan los hijos del ministro del ramo. En otro ámbito, antes de tres semanas de gestión, decidieron interpelar al ministro de Salud, que en el mismo plazo vacunó en forma récord contra la influenza y puso a andar los hospitales públicos los fines de semana. Sin olvidar que debe enfrentarse a una epidemia de sida, porque el gobierno anterior no hizo nada al respecto.

El mismo día que asumió Piñera, se constató que el déficit fiscal comunicado tres días antes por el ministro saliente era nada menos que U$1.200 millones más de lo anunciado. Hubo que revisar el presupuesto completo. En menos de 10 días hubo un plan de reducción de costos públicos, con detalles concretos, por U$ 500 millones en tres años. No es mucho, pero el presupuesto de este año fue hecho por la administración anterior. No obstante, en cuatro semanas se avanzó en gratuidad en educación técnica, llegando al 70%. También se retiraron 400 decretos del gobierno anterior que estaban en proceso en la Contraloría.

En las primeras dos semanas, la mayor energía fue tomada por el juicio de La Haya, cosa que a la oposición poco le importó, ya que varios diputados y un ex candidato a presidente dieron opiniones que contradecían la visión de Estado al respeto. Abiertamente se pronunciaron a favor del mar para Bolivia. También se estipuló la reforma al CAE y se presentó un proyecto para regular las migraciones masivas que han sorprendido al país. Asimismo, se echó a andar la Subsecretaría de la Infancia. La oposición, y casi para reír, se quejó de “sequía” legislativa a las tres semanas de gobierno. En fin, como vemos, los ánimos no se ven muy republicanos.

Las toxinas

El ex candidato J.A. Kast fue impedido de hacer una charla en una universidad del sur (manejada por la extrema izquierda); luego fue agredido al tratar de hacer una charla en una universidad estatal. Un departamento de “cultura” hizo una quema pública de un muñeco gigante del mismo político. Lo volvieron a tratar de agredir en otra universidad católica del sur. Lo más increíble es que académicos, políticos y rectores han avalado de alguna manera estas conductas poco académicas.

El Congreso, producto de una muy mala ley, se ha transformado en un verdadero reality, con figuras que están lejanas a un espíritu republicano. Un “honorable”, que se presenta disfrazado en el Parlamento, frente a un tema levanta la mano para opinar, dice que se opone, pero, de no creer, dice luego que no tiene argumentos para fundamentar, riéndose así de la racionalidad en las decisiones. Frente a una huelga de personal de la principal línea aérea nacional, un joven –y emblemático– diputado propone crear una compañía estatal, que no tenga interés en el lucro, lo que es absurdo. Estudiantes de otra universidad pública salieron a atacar con molotovs a un cuartel de la policía de investigaciones, nadie sabe el porqué.

Recientemente apareció un escándalo con relación a remuneraciones de los jefes de las Fuerzas Armadas, Carabineros y PDI. El tono de las descalificaciones ha subido en forma preocupante. Basta mirar las redes sociales y ver el odio que se acumula. Ese odio es una toxina para la sociedad. En el Congreso, un diputado de derecha hace duras declaraciones sobre terroristas de la época de Allende y una diputada del Frente Amplio, además de gritar como enloquecida, lo va a agredir físicamente. Los que somos más viejos sabemos que así mismo empezó todo a finales de los 60 y terminamos al borde de una guerra civil, evitada por las FF.AA., lo que devino en una larga dictadura. Lo mismo está pasando en Venezuela, con la misma ideología. Los resultados de esta tendencia, si sigue, no serán buenos al final.

El aparato público contrató a más de cien mil funcionarios en el último año, una parte considerable de los cuales son directamente operadores políticos que se rehúsan a dejar el gobierno. Esto va a generar enormes tensiones. La Anef, altamente politizada, ya anuncia manifestaciones. Por otro lado, la migración masiva y casi repentina que llegó al país ha desatado rabias y pasiones sombrías con brotes xenófobos complejos. Estos últimos son toxinas sociales que enredan el ambiente. Ya se detectó una banda que hacía tráfico de personas.

Las señales están ahí. Si los líderes no las leen y no detienen este proceso, la polarización seguirá creciendo.

Epílogo

Con el cambio en La Moneda, la economía tiene mejores expectativas y está lentamente retomando dinamismo, pero no es fácil porque se requiere inversión, y esta bajó demasiado en el gobierno anterior. El crecimiento siempre favorece a los gobiernos de turno y mejora la posibilidad de un nuevo período para el mismo sector. La oposición lo sabe muy bien y su gobierno fue especialmente malo en ese departamento, por lo que las comparaciones le perjudican de sobremanera. Por eso está negando la sal y el agua y aunque suene duro decirlo, hará lo que pueda para frenar estos avances. Y mucho menos colaborar en la unidad nacional. Espero estar equivocado.