Por: Marcelo Soto Fotos: Verónica Ortíz Mariana Aylwin, hija del presidente que lideró la transición, ministra de Educación del gobierno de Lagos y diputada por La Florida entre 1994 y 1998, ha estado dedicada el último tiempo a la Corporación Aprender, que administra dos colegios particulares subvencionados. Pero no deja de participar en política. Y […]

  • 17 septiembre, 2015

Por: Marcelo Soto
Fotos: Verónica Ortíz

mariana

Mariana Aylwin, hija del presidente que lideró la transición, ministra de Educación del gobierno de Lagos y diputada por La Florida entre 1994 y 1998, ha estado dedicada el último tiempo a la Corporación Aprender, que administra dos colegios particulares subvencionados. Pero no deja de participar en política. Y aunque reconoce que no le agradan algunas de las actividades que demanda una campaña (como conseguir financiamiento y el tono extremadamente agresivo que alcanzan los debates), ha estudiado la opción de postular al Senado.

“Me han sondeado instancias partidarias de Iquique para ser candidata. Manejan encuestas en que estoy arriba de Fulvio Rossi, incluso antes de que se destapara el escándalo por sus vinculaciones con platas de SQM”, afirma en su oficina en calle Miraflores. Sobre esto último, tiene una opinión que se sale de lo políticamente correcto.

“El tema no se puede dejar sólo en manos de los fiscales y la justicia. Es más complejo que eso, lo cual no significa impunidad. Hay que buscar un acuerdo político y parar esta sangría. Porque puede ser infinita. El deterioro de la clase política conduce al derrumbe de las instituciones democráticas, las que no pueden seguir desangrándose así. Debiéramos mirar el caso de Italia, donde la política terminó absolutamente desprestigiada, dominada por los fiscales y llegamos a un Berlusconi”.

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-Algunos han criticado el protagonismo de los fiscales. ¿Le parece adecuado?

-Me parece que están cumpliendo su rol, pero da la impresión de que les gusta el protagonismo. Por lo demás, no pueden ser los únicos protagonistas, mientras la clase política está cruzada de brazos. Para encontrar una salida, hay que despachar las leyes políticas rápido, ojalá con el mayor respaldo a las propuestas de la comisión Engel.

-¿Usted pidió fondos a empresarios para sus campañas?

-Nunca me acerqué a SQM. Por suerte, no soy candidata hace muchos años. La última vez fue el 98. Pero reconozco que era muy denigrante andar pidiendo plata a los empresarios. Y eso es parte de algo que me hace dudar de ser candidata.

-¿Le sorprendió el caso de Rossi, que aseguró no tener nada que ver con dineros de SQM?

-Ésa es la parte peor, que haya mentido, pero no me llama la atención porque muchos lo hacían igual. Creo que la clase política entera sabe que esto se hacía así. Y que esto era una práctica generalizada. Entonces decir: “No, esto es inaceptable”, no tiene mucho sentido.

 

Realismo en educación

-¿Qué piensa del mea culpa de Nicolás Eyzaguirre?

-Para ser franca, él no hizo un mea culpa. No dijo “disculpen, nos equivocamos”, sino que más bien hizo un análisis como si él no tuviera arte ni parte en lo que pasó. Pero igual lo tomo como un signo esperanzador. Porque muchos pensábamos desde un comienzo que hacer tantas reformas estructurales al mismo tiempo era imposible. Se abrían muchos frentes y existían muchas posibilidades de hacer reformas improvisadas, sin los estudios técnicos adecuados y sin lograr los acuerdos necesarios para que fueran estables. Es de esperar que después de este reconocimiento, bueno, actúen en consecuencia.

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-Se critica el secretismo del Gobierno. No se conocen o han sido contradictorias las señales sobre muchas reformas. ¿Usted ha hablado, por ejemplo, con el ministro Eyzaguirre?

-He hablado una vez con él formalmente, cuando nos invitó a conversar a los ex ministros democratacristianos. Fue al principio de la reforma, en mayo del año pasado y nosotros le dijimos: por qué no parte por la educación municipal y por la carrera docente; es imposible hacer todo a la vez, el tema de la educación superior hay que pensarlo mucho más.

-En ese sentido, ¿le llama la atención que la autocrítica la haga un ministro que insistió en la urgencia de los cambios?

-No me llama la atención porque es lo que piensa la mayoría de los chilenos, entonces el Gobierno de alguna manera tiene que empezar a sintonizar con la gente. Los chilenos querían reformas, incluida yo. Desgraciadamente, hasta el momento la evidencia muestra que se han hecho muy mal. La reforma que llaman de inclusión, empezó con un no, no, no (al lucro, el copago y la selección), peleándose con los padres. Fue cero motivadora. Y ahora están redactando ¡20 reglamentos! O sea, explíquenme cómo una reforma requiere de 20 reglamentos para poder implementarse. Mientras tanto, la incertidumbre se mantiene. Dicen: “Muchos colegios van a pasar a la gratuidad”, pero en Chile hay 11 mil colegios; que 700 pasen a la gratuidad, perdóneme, pero no es una gran transformación. Está por verse si el Gobierno va a seguir implementando las reformas a mata caballo, o va tomarse el tiempo necesario para hacerlas. Y los signos que hay no son positivos.

-Usted el año pasado, pese a sus críticas al ministro, dijo que prefería que Eyzaguirre siguiera en Educación. ¿Fue razonable el cambio?

-Tengo la mejor impresión de la ministra Adriana Delpiano, creo que es una persona dialogante, que sabe, etc. Pero pienso que ella tiene el mandato de sacar las leyes muy rápido. Y eso viene de la necesidad que el Gobierno se ha autoimpuesto, de cumplir con este programa que es una especie de dogma sacramental, a como dé lugar. Me parece muy equivocado que la implementación se la estén dejando al próximo gobierno. Partir por la gratuidad universal de la educación superior, en la ley de presupuesto, es un mal signo.

-Pero era una promesa de campaña, dicen sus partidarios.

-Es imposible hacerlo bien. La gratuidad es fácil decirla, pero implica muchas precisiones. De partida quiénes van a ser los primeros beneficiados, y cómo va a ir ampliándose. En segundo lugar, qué aranceles se van a pagar. En tercer lugar, qué exigencias se van a poner a las instituciones. Y eso no se legisla en la ley de presupuesto. Están proponiendo una glosa presupuestaria para pagar cierta gratuidad, pero todos los otros temas tienen que discutirse y son complejos. El Gobierno no tiene claridad de cómo hacerlo.

-¿Esto de incluirlo en el presupuesto es una manera de subir la aprobación?

-Creo que sí. Claramente aquí se está pensando: “200 mil familias van a tener gratuita su educación, esa gente va a estar contenta y van a valorar al Gobierno”. Es una medida muy equivocada, populista. Cuando las cosas no se hacen bien, aun si algunos grupos reciben la gratuidad, van a quedar muchos más descontentos porque no la recibieron, mientras no existan reglas claras. Pienso que el Gobierno aún está a tiempo de resolver ese problema de otra manera.

-¿Cómo podría hacerlo?

-Por ejemplo, hoy día hay miles de jóvenes que reciben becas, pero la beca no les cubre el arancel total. En los centros de formación técnica les cubre la mitad. ¿Por qué no ocupar esos recursos para quienes ya tienen becas y completarlas al 100%? Sería un inicio de la gratuidad que permitiría legislar bien el próximo año.

-Hay un asunto ideológico, porque el sistema de becas sigue siendo subsidiar algo que para otros es un derecho.

-El debate de fondo es ése. Los que quieren gratuidad universal argumentan que es un derecho social, y por lo tanto, hay que cambiar el sistema de financiamiento de subsidio a la demanda a subsidio a la oferta. Yo, de verdad, soy mucho más pragmática. A la gratuidad se puede llegar de distintas maneras. Financiar a las universidades directamente es muy complejo y varias van a quedar descontentas. Se va a crear un grupo de presión muy fuerte, porque los criterios para acceder a los fondos van a ser opacos. En cambio, el subsidio a la demanda es mucho más transparente. Es: alumno vulnerable recibe un subsidio. ¿A cuáles instituciones? Las que cumplan ciertos requisitos. ¿Cuánta plata? Tanta. La fórmula del Gobierno se presta para que el que grita más obtenga más.

-¿Cómo define la reforma hasta ahora: regular, mala, desastrosa?

-El primer proyecto que envió no va a tener ningún impacto, ni en la calidad ni en la inclusión. Desastrosa no es, pero efectos positivos no va a tener. Creamos una situación muy conflictiva con mucha incertidumbre, para algo que no va a tener impacto, porque no es una reforma realista, que se haga cargo de los problemas en educación.

 

Los profesores y el PC

-¿Es un avance, al menos, el proyecto de carrera docente?

-En principio, porque debiera significar que jóvenes con mejores resultados en las pruebas, se interesen, en vez de estudiar ingeniería, en estudiar pedagogía en matemáticas. Los profesores tendrán más tiempo para trabajar, se sentirán más valorados, si tienen sueldos equivalentes a otras profesiones. Pero me parece que el nivel de la exigencia que se les está poniendo para subir de tramo es insuficiente. No puede ser que se permita que lleguen a un rango avanzado de sueldo, maestros del nivel competente y destacado. Lo lógico sería que sólo llegaran los destacados. Tengo la impresión de que, finalmente, los incentivos económico por el desempeño profesional van a terminar siendo mucho menores que el crecimiento de las remuneraciones por antigüedad, como es hoy día.

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-¿Qué le parece el comportamiento del gremio?

-Los principales destructores de la educación pública han terminado siendo los profesores del sector público, con los paros. Un paro de dos meses es un desastre en cualquier colegio. Por otra parte, ha surgido un ala más radical dentro del Colegio de Profesores, que se está oponiendo a todo. Al menos los dirigentes comunistas han tenido una mayor flexibilidad. Aún así, es obvio que el Gobierno tiene que negociar con el gremio, siempre hay que hacerlo. Y a veces te tocan dirigentes más sensatos que otros. Yo negocié con Jorge Pavez, que era un gran dirigente, comunista, y pudimos llegar a acuerdos bastante importantes, entre ellos implementar la evaluación docente.

-¿Ahora faltó destreza política para manejar el conflicto?

-El ministro Eyzarguirre tiene poca destreza política, no es una persona que posea capacidad de dialogar. Por otra parte, la ministra lo primero que dijo fue “no voy a negociar con profesores en paro”. Y yo pensé: “¡Cómo dijo eso, cuando va a tener justamente que llegar a un acuerdo con ellos!”. Todas estas declaraciones altisonantes, como “los camioneros no entrarán a Santiago”, no hay que hacerlas. Por supuesto, el Colegio de Profesores también tiene que entender que ellos son un actor, muy importante, pero no el único. El Parlamento debe buscar el bien común, no sólo el de los profesores.

-¿Qué cambios habría que hacer para salvar la reforma?

-Primero, me parece muy importante dividir los temas, porque discutir un cambio total al sistema de educación superior es un error. No alcanza ni el tiempo ni está el clima para hacerlo. Yo discutiría sobre aquellos puntos en los cuales hay más consenso. Por ejemplo el sistema de acreditación, crear una superintendencia. En segundo lugar, hay que tomarse todo el tiempo del mundo, aunque no termine en este gobierno, para hacer una buena ley para la educación pública. Ahí hay todavía mucha improvisación, nadie conoce bien en qué va a consistir, cómo va a funcionar, con qué recursos. Debió haber sido la primera reforma.

 

El desplome

-La presidenta Bachelet ha llegado a grados históricos de desaprobación. ¿Esto se debe a las reformas o principalmente al caso Caval?

-Son las dos cosas. Ciertamente el caso Caval fue muy duro, pero tengo la impresión de que la gente cree que ella no sabía, que éste era un tema de su hijo y nuera y no de ella. Por otra parte, el nivel de desaprobación del Gobierno ha caído, al igual que los atributos de ella, lo que revela que hay un problema de cómo se han hecho las reformas. A mí me da mucha pena, y creo que la presidenta no se merece este grado de desaprobación.

-El caso Caval cada vez se pone más complicado. ¿Tiene el temor, como han dicho algunos columnistas, de que la polémica escale y ponga en duda la permanencia de la misma presidenta?

-Los que plantean esa tesis le hacen mucho daño al país. Creo que sería lo peor que nos podría pasar.

-¿Cómo evalúa la manera en que ha actuado la presidenta frente a su hijo?

-No quisiera emitir juicio, porque es una situación tan difícil. Quién soy yo para hacerlo. Y como madre, justamente pienso que uno tiene el corazón muy dividido y hay que tener comprensión.

-Pero si un hijo suyo estuviera inmerso en algo así, ¿cómo habría reaccionado? ¿Lo encontraría reprobable?

-Por cierto que lo encuentro reprobable, y ella también lo ha dicho. Pero tendría que estar en su cuerpo, en su alma, para juzgar. No sé si habría sido más dura.

 

El tercer tiempo

-¿Está conforme con el desempeño del ministro Burgos? ¿Cree que ha sido escuchado?

-Lejos, es el ministro con más personalidad dentro del Gobierno. Me gusta cuando Jorge Burgos dice lo que piensa, como en el tema de Venezuela, y que haya sido capaz de negociar con los camioneros en contra de la opinión no sólo del subsecretario, sino que de muchos más. Siento que es un ministro que se la está jugando por ejercer un rol con mucha libertad y que contribuya a que el Gobierno mejore.

-Usted ha dicho sentirse incómoda en la Nueva Mayoría. Pensando en su cercanía con Fuerza Pública, ¿no hay ninguna posibilidad de que evalúe su permanencia en la DC?

-Fuerza Pública se va a convertir en un partido político y yo no voy a participar en ese proceso. Pero quiero decir que la DC debe tender puentes hacia movimientos nuevos que se están creando. Un espacio que desgraciadamente la DC ha desprotegido. Hay mucho complejo izquierdista dentro de la DC (golpea la mesa) y hay muchos sectores que no tienen ninguna diferencia con las exposiciones de Camila Vallejo. Yo de verdad siento que la DC tiene que fortalecer su identidad de ser un partido de centroizquierda, que le brinda equilibrio a esta alianza tan amplia, pero que deja su impronta y no se pone a la cola sin dejarla.

-Ya se está adelantando la carrera presidencial. ¿Lagos le parece buena opción?

-(Silencio). Yo tengo gran admiración por él y creo que es un tremendo líder y este país requiere liderazgo. Es ciertamente una opción, pero si tú me preguntas, preferiría una opción más renovada.

-¿Más joven?

-Fíjate que el tema de la edad me importa menos que el hecho de tener dirigentes que vienen desde hace 40 años. El país no está en esa sintonía. Lagos es más bien un candidato de la elite y no de la ciudadanía, pero podría llegar a serlo. Creo que puede ser –como ya fue– un buen presidente.

-¿A Ignacio Walker le ve alguna posibilidad?

-Si en la DC hay un candidato considero que él debiera ser, pero le veo muy pocas posibilidades, menos dentro de la Nueva Mayoría. Creo que dentro de ese bloqu, si vamos a primarias, la DC nuevamente no va a ganar. La candidatura demócrata cristiana en ese escenario tiene muy pocas posibilidades.

-¿Y si la Nueva Mayoría incluye a Marco Enríquez como planteó Francisco Vidal?

-Yo ahí no participaría de ninguna manera.

-¿Romper la Nueva Mayoría sería una opción?

-En esa alternativa, la Nueva Mayoría se rompe. Soy escéptica de la continuación de esta alianza, porque no veo ningún liderazgo que pueda unir a todos los partidos que están hoy allí: ni Ignacio Walker, ni ME-O –si se suma– ni Lagos van poder aunar y comandar a este buque tan amplio. •••

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Los mails y la Iglesia

-¿Qué le parece la difusión de los correos entre el arzobispo Ezzati y Errázuriz?

-Es lamentable, me da mucha pena. Creo que los obispos no pueden ni aún en privado hablar de esa manera. Pienso también que hay una pasión desmedida, poca ecuanimidad y falta de altura de miras. Incluso se evidencia muy poca o nada de misericordia respecto de cómo se trata a una persona. De todos modos, encuentro terrible que mails privados salgan a la luz pública.

-Se ha dicho que habrían sido sectores internos de la Iglesia los que entregaron esos mails, y que delatan una lucha de facciones…

-Es brutal. Estuve en Osorno hace poco y el obispo Barros no tiene ningún apoyo de la feligresía, ni siquiera del clero, entonces uno dice ¿cómo la Iglesia comete estas equivocaciones? Perjudica y debilita mucho su rol.

-Eduardo Frei insinuó que Ezzati debiera renunciar. ¿Cree que debería salir?

-Lo voy a decir de una manera distinta: pienso que los obispos deben ser factores de unión, personas que tengan el respeto de los feligreses, del clero y que busquen la unidad de sus rebaños.

-¿Ezzati no es factor de unión?

-Por eso te digo: hay que buscar que lo sea. Y que el Papa tome decisiones buscando personas que sean capaces de unir y de defender los principios del cristianismo, en una sociedad abierta que tiene que respetar a todas las creencias.

-A usted como católica, ¿Ezzati la representa?

-En estas cosas no me representa en absoluto.