Cousiño Macul lanzó un renovado Finis Terrae 2005, elección imperdible cuando quieran gastar 10 mil pesos por una botella. 

  • 18 abril, 2008

Cousiño Macul lanzó un renovado Finis Terrae 2005, elección imperdible cuando quieran gastar 10 mil pesos por una botella. Por Marcelo Soto

 

Salvo unas pocas excepciones –lo que están haciendo Undurraga, las líneas más exigentes de Valdivieso, el grupo Tarapacá o Miguel Torres y rarezas como Calyptra– el mapa de los espumantes chilenos es decepcionante. La mejor manera de graficar la inexistencia de cultura local sobre el tema sería imaginar esos vasos plásticos que suelen repartirse en celebraciones de oficina, con aquel líquido tibio, azucarado y efervescente, sobre el cual se desparrama una bola de helado de piña derritiéndose, cuya suma forma una amalgama indigesta.

El mundo al revés respecto a lo que sucede al otro lado de los Andes, donde hay una tradición de beber espumosos todo el año y en toda ocasión. En la elaboración de este tipo de vino los argentinos nos ganan por paliza. Y la última evidencia es Cruzat, una bodega mendocina que acaba de lanzar tres etiquetas: Brut, Nature y Rosé. Por mucho que sea una inversión principalmente de capitales chilenos (los socios Pedro Grand, Hernán Boher, Fernando Riera y Gastón Cruzat), la verdad es que se trata de espumantes con un origen y un saber hacer indudablemente argentinos.

No por nada detrás de ellos está Pedro Rosell –enólogo trasandino y también socio–, una de las personas que más conoce de burbujas en Sudamérica, un tipo afable y nada pretencioso que estuvo en el lanzamiento de la nueva marca en Santiago, durante un interminable almuerzo, cuya sofisticación exagerada le hizo recordar anécdotas de cuando estuvo en París en pleno auge de la nouvelle cuisine.

Nacidos en el valle de Uco, a mil metros de altura, los vinos que destacaron fueron Nature y Rosé. Elprimero posee un 60 % de pinot noir y 40% de chardonnay, lo que explica esa mixtura de frutas blancas y rojas, con una muy rica acidez y de largo y elegante final. El segundo lleva el protagonismo del pinot hasta un 90%, y así aparecen las frutas rojas, el cassis y algo de rosas, formando un conjunto levemente dulce y de buen cuerpo. Ambas opciones, que rondan los 10 mil pesos, son muy ventajosas en ese rango y más de alguien lo pensará dos veces antes de gastar el triple en botellas de mayor fama.

Para Rosell, que fue compañero en Burdeos de Michel Rolland, el momento definitivo es la cosecha, porque no hay espacio para el error. “Tienes que cuidar los aromas y un par de días pueden hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso”, dice Rosell, tratando de hacerse oír, en medio del bullicio, porque la acústica del sitio es fatal. Y en esa decisión, la altura y el clima de Uco son claves: si las zonas planas de Mendoza pueden ser un infierno, a medida que subimos hacia la cordillera y avanza la tarde las brisan andinas pueden helarnos.

Aparte de que ellos consumen 14 litros de espumantes al año por persona, contra 0,5 nuestros, quizá el dato que explica la diferencia de calidad de los ejemplares chilenos y argentinos sea que en el país trasandino los vinos que van a tener burbujas son diseñados con esa finalidad desde el origen, desde el viñedo, con el mismo cuidado y la misma devoción con que hacen, por ejemplo, sus grandes malbec. Eso rara vez pasa en Chile y ahí están los resultados.