Gossip Girl y 90210 podrían pasar por un par de shows tontos, pero –ahí su gracia- leen la adolescencia como nadie. Por Federico Willoughby Olivos.

  • 28 mayo, 2009

 

Gossip Girl y 90210 podrían pasar por un par de shows tontos, pero –ahí su gracia- leen la adolescencia como nadie. Por Federico Willoughby Olivos.

Cada generación de adolescentes está condenada a su propia serie del cable con mocosos que tienen vidas fantásticas y que hablan con una precisión propia de alguien que ha vivido 100 años. La primera (y que coincidió con la masificación del cable y del gusto por ver series) fue Dawson´s Creek. El rubio y sus amigos convertían la miserable vida de tres chicos atrapados en un pueblo tipo Frutillar, en lo mejor que le pudo haber pasado a cualquier ser viviente. Romances, traiciones, chicas malas, chicas buenas, finales de antología, personajes entrañables, hicieron de esta serie la favorita entre toda una camada de espectadores que hizo sus primeras armas en el mundo del cable. Después vinieron The O.C., con una de las mejores primeras temporadas jamás trasmitidas, pero que a partir del segundo año decayó hasta volverse un verdadero bostezo (algo que, ojo, también le pasó a Smallville). Y Everwood, que también tuvo sus buenos momentos pero nada de antología.

Entonces, cuando uno ya pensaba que las historias de quinceañeros simplemente ya no cabían en las 525 líneas, aparecieron Gossip Girl y 90210, dos series que parecen tontas, pero no lo son.

La primera es nada menos que la revisión de la juventud acomodada que vive en Nueva York. Olvídese del Manhattan de Woddy Allen y salude un Central Park tan lleno de conspiraciones que parece la corte de Luis XVI. Aquí todos son guapos, inteligentes y con una preocupante habilidad para destruir la vida de la persona del lado. No estamos hablando de juegos de niños, sino de operaciones políticas que pondrían pálido y nervioso a cualquier jefe de Estado. La narración cuenta además con “Gossip Girl” un servicio en Internet donde los adolescentes publican fotos y secretos de sus compañeros de manera anónima; así, nadie en la ciudad está libre de que ventilen su intimidad. ¿La trama principal? Algo obvia: hijos talentosos ganan becas para estudiar en un colegio de gente millonaria y malvada. Tal cual. ¿Funciona? Sí. No hay nada como ver a adolescentes traicionándose con la Quinta Avenida de fondo.

La otra producción, 90210, es la revelación del año. El remake de Beverly Hills 90210 (el popular programa de principios de los 90) es mucho más que un recocido, y exhibe una visión bastante justa de lo difícil que es ser adolescente hoy. Más inocente que Gossip Girl pero también mucho más dramática, apela a temas como los problemas alimentarios, la obligación de ser exitoso, el no pertenecer, la fiesta de graduación… etc. Y lo hace con tal personalidad, que no resulta sosa. No por nada, detrás de este programa está la mayoría de los escritores que trabajó en Freaks & Geeks, la primera serie que Judd Apatow produjo para la televisión y que duró solo una temporada pero que es de culto.

 

 

Pantalla generacional
Tres series sobre adolescentes que bien vale la pena revisar
Young Americans. Estrenada en 2000, duró apenas 1 temporada pero era la obvia continuación de Dawson´s Creek. La vida de unos grupos de estudiantes en un internado en Connecticut. Hasta el día de hoy piden que regrese por Internet.
One Tree Hill. Se suponía ser la competencia a The O.C. y terminó siendo una serie que se mantiene hasta hoy. Los típicos clichés del género sumado al deporte favorito del los americanos: el básquetbol.
Smallvile. Nada menos que la adolescencia de Superman. Una de las mejores primeras temporadas jamás hechas. Ver a Superman como un tipo tímido que está descubriendo su lugar en el mundo es la perfecta metáfora sobre lo que es crecer. Además el Lex Luthor interpretado por Michael Rosenbaum es de antología.