¿En qué se basa Marcel Granier, el presidente de RCTV, el canal confiscado de hecho por el gobierno de Hugo Chávez, para creer que no todo está perdido en su patria?

  • 21 septiembre, 2007

¿En qué se basa Marcel Granier, el presidente de RCTV, el canal confiscado de hecho por el gobierno de Hugo Chávez, para creer que no todo está perdido en su patria?

 

Aunque cuando recibe a Capital ha hablado sin parar durante varias horas, desde el almuerzo que tuvo con directores de medios hasta la agotadora seguidilla de entrevistas que ha concedido hasta antes de partir a la cena anual de la Asociación Nacional de la Prensa, Marcel Granier disimula bien la fatiga. “No estoy acostumbrado a estos trotes, pero estoy aprendiendo”, dice resignado.

 

Sin embargo, expropiado y atacado por el gobierno venezolano, sobreexpuesto donde vaya y exhausto de tanta entrevista, Marcel Granier, el presidente ejecutivo de Radio Caracas Televisión, RCTV, el canal cuya licencia el chavismo caducó en mayo pasado, mantiene la serenidad, la fe en la palabra racional y argumentada y, lo que es mucho más difícil en estos tiempos, su optimismo. O, más que optimismo, su confianza en que la vieja y vapuleada causa de la libertad de expresión finalmente se impondrá. Granier, a pesar de todo, todavía tiene esperanzas.

 

En un país donde el poder de Hugo Chávez no tiene contrapeso institucional alguno –ni en el parlamento ni en los tribunales de justicia, ni en la corte electoral ni en el ejército, ni en el poder contralor ni tampoco en otras instituciones– hay dos pequeñas llamas que lo hacen pensar que no todo está perdido. Hoy son pequeñas, pero el día de mañana, a juicio suyo, podrían convertirse en dos grandes fuegos. “El primero –dice– son las encuestas de opinión, según las cuales la mayoría desaprueba el rumbo que Chávez le está imprimiendo al país. El segundo es la juventud, que el comandante no ha logrado capturar con su ideología totalitaria ni ha logrado capitalizar para sí. Las protestas que hemos estado viendo en los últimos días –agrega– son muy esperanzadoras”.

 

Fuera de eso, nada. Nada de nada, en realidad. Granier no lo dice en términos tan rotundos porque es mesurado, porque no ha venido a Chile a formular acusaciones contra quienes se están “arreglando los bigotes” con el chavismo y porque tampoco quiere echarse más enemigos encima. Con tener toda la máquina del chavismo en contra las 24 horas del día le basta. Pero no se necesita conversar mucho rato con este abogado postgraduado en Inglaterra y con casi 40 años de trayectoria en la radio y televisión venezolanas para dimensionar las decepciones que debe haberse tragado con la reacción que han tenido varios estamentos frente a la creciente radicalización del régimen y frente al cierre de RCTV en particular. Decepción, de partida, con el empresariado oportunista que prefirió transar con Chávez y que hoy día es otro de los grandes cómplices del régimen. También, con los mismos medios de comunicación que han tomado palco en la pelea que RCTV dio hasta el último día ante el gobierno de Chávez para evitar la clausura y expropiación de facto de sus instalaciones.

 

-Yo no los juzgo –dice–. No soy quién para hacerlo. Nadie puede exigir heroísmo en momentos como estos en Venezuela. Los medios, las empresas, las organizaciones, solo están tratando de sobrevivir y sería absurdo exigirles asumir riesgos mayores a los que ya están corriendo. Me consta, sin embargo, que hay empresarios que miran solo el lado rentable de la Venezuela de hoy. Nunca antes la banca venezolana, por ejemplo, había ganado tanto dinero como en estos años. Nunca el país había sido tan dependiente de las importaciones. Nunca los niveles de maridaje y corrupción entre el sector público y el sector privado llegaron a estos extremos.

 

Como no es ningún iluso y sabe perfectamente qué terreno pisa, Granier sabe que esto no basta para dirimir el conflicto político actual de la sociedad venezolana, más todavía cuando Chávez logra ganar todas las elecciones.

 

-Sí, es cierto, y las gana además con la bendición del señor Carter, para quien pareciera que hay derechos humanos de primera y derechos humanos de segunda. Por lo visto, Venezuela está dentro de los países que no pueden aspirar sino a derechos humanos de segunda. Y en mi país hay un sistema electoral absoluta y totalmente desconfiable, que no refleja ni interpreta la voluntad de los venezolanos. Se necesitará mucha presión internacional, de parte de organismos y personalidades mundiales, para que sus trampas se corrijan, y digo esto descontando que en la actualidad el padrón electoral está abultado y completamente manipulado por los funcionarios cubanos que Chávez puso a su cargo.

 

RCTV, que era por lejos del canal de televisión de mayor rating y más masivo de Venezuela, fue acusado por el chavismo de amparar el frustrado golpe de Estado de abril de 2002. Pero, curiosamente, el régimen nunca llevó esa acusación a los tribunales y esperó a que se cumpliera ese año el plazo de renovación de la concesión para caducársela, en una flagrante violación a la libertad de expresión.

 

El presidente de RCTV no es de los que crea que el fenómeno Hugo Chávez surgió de la nada o es producto de la pura ambición de poder de un coronel de antecedentes golpistas. “No, el tema es más complejo –admite–. Venezuela tuvo 50 años gloriosos y de crecimiento sostenido que dieron lugar a una profunda modernización social, al surgimiento de un gran clase media y a un fuerte crecimiento del Estado. Desgraciadamente, ese modelo ya en el segundo mandato del presidente Carlos Andrés Pérez estaba agotado y no tuvo energías para reinventarse. Por el contrario, el Estado fue cooptado por intereses partidistas y sectoriales, los cuales, en un contexto de creciente corrupción, excluyeron a las grandes mayorías, llevando al país a un callejón sin salida. Chávez se ganó con promesas populistas esos sectores y, convirtiéndolos en su principal base de apoyo, ahora los ha instrumentalizado para la conquista del poder total”.

 

Aunque RCTV ahora está transmitiendo a través de una señal de cable desde Miami que los operadores hacen llegar a su patria, Granier sigue viviendo en Caracas y no tiene intención alguna de trasladarse. Su familia fundó la empresa que preside y él invirtió la mayor parte de su patrimonio en ella. A él todavía le quedan radios, una productora de televisión y algunas filiales en Venezuela, entre otras empresas. De suerte que no se irá. Su trinchera está ahí. Pero todo indica que la pelea será larga. Muy larga.