Educación Superior en Chile Los desafios de un sistema consolidado Universitarios en el extranjero Jóvenes de exportación Programas de Bachillerato El “quinto medio” Investigación académica Más que un lujo una necesidad   UNIVERSIDAD DE LOS ANDES PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE VALPARAISO UNIVERSIDAD DE LAS AMERICAS UNIVERSIDAD DEL DESARROLLO UNIVERSIDAD SANTO TOMAS UNIVERSIDAD ADOLFO IBAÑEZ […]

  • 17 septiembre, 2008

 

Educación Superior en Chile
Los desafios de un sistema consolidado

Universitarios en el extranjero
Jóvenes de exportación

Programas de Bachillerato
El “quinto medio”

Investigación académica
Más que un lujo una necesidad

 
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE VALPARAISO
UNIVERSIDAD DE LAS AMERICAS
UNIVERSIDAD DEL DESARROLLO
UNIVERSIDAD SANTO TOMAS
UNIVERSIDAD ADOLFO IBAÑEZ
UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO

 

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Educación Superior en Chile

Los desafios de un sistema consolidado

 

"La línea histórica ya no se va a torcer. Las bases de la institucionalidad y del sistema de educación superior en Chile ya están consolidadas”, señala de partida el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, resumiendo el “sistema” como uno de provisión mixta –pública y privada–, cada día más masificado y que por tanto está abandonando su característica de ser homogéneo y para la elite.

Con un universo de 61 universidades, 43 institutos profesionales y 105 centros de formación técnica, el sistema ofrece hoy una amplia y diversificada oferta a lo largo de todo el país. Más de 700 mil alumnos se reparten en estas instituciones, en programas que van desde los dos años de estudio hasta los 10 o más (con las especializaciones). Si se compara con los apenas 250 mil estudiantes que había en 1990, el salto cuantitativo es importante y, según todos los entendidos, el número continuará creciendo hasta acercarse al millón.

Hoy, sobre el 40% de los jóvenes de rango de edad entre 18 y 24 accede a la educación superior, porcentaje que ubica a Chile en la media entre los países del mundo y acorde con su nivel de desarrollo económico. Pero en esto casi no hay límite. Los países que lideran en cobertura son Corea y Finlandia, con más del 75%.

 

Carlos Peña

La amplia oferta de programas y la existencia de universidades cuya misión es ser masivas y orientadas a jóvenes de menores recursos relativos (privadas, pero con aranceles más bajos), así como la existencia de nuevas ayudas en forma de becas y créditos ha permitido la llegada masiva a la educación superior de jóvenes pertenecientes a los quintiles 3, 2 e incluso 1. Si en 1990 la proporción de jóvenes estudiantes de los quintiles más pobres y más ricos era de 1:8,6 hoy esa brecha se redujo a 1:4,6. De igual forma, mientras en el quintil de menores ingresos el 17,3% de los jóvenes en edad de estudiar lo hace, en el quintil de mayores ingresos ese porcentaje llega al 80.

“Si estamos de acuerdo en que la educación es clave para el desarrollo del país y para el fortalecimiento de nuestro proyecto nacional, es fundamental que el Estado ayude a remover las barreras de entrada al sistema de los jóvenes de los tres primeros quintiles” agrega Carlos Peña, quien presidiera el Comité Asesor Presidencial de Educación Superior, indicando que no se trata de gratuidad sino de “proveerles de créditos igualitarios y con prescindencia de las instituciones a las que vayan estos jóvenes”.

De acuerdo con este punto está Ernesto Silva, rector de la Universidad del Desarrollo, quien aboga para que el Estado financie la demanda con créditos en iguales condiciones para todos. “Sólo de esta forma se acabará con el absurdo de que los créditos más blandos se focalicen en familias de clase media y no en las que de verdad se ven en apuros para financiar la educación de sus hijos”.

Alto “privatismo”

Hoy, la gran mayoría de las instituciones (88%) pertenece a la categoría de “privada independiente” (según clasificación de la OECD); en su mayor parte, también, gozando de plena autonomía en su operación.

 

 
Ernesto Silva

Actualmente, la parte más importante del financiamiento de los estudios debe salir de los ingresos autónomos de las familias. De hecho, y según varios estudios, Chile tiene uno de los sistemas más “privados” del mundo –junto a Corea y Japón–, lo que se refleja tanto en el porcentaje de alumnos que atienden instituciones de carácter privado como en el financiamiento total de la educación superior. Según los indicadores, Chile invierte un porcentaje importante del PIB en educación superior, 2%, pero un 1,7% corresponde a inversión de fuentes privadas (de las familias, de empresas, donaciones, etc.) y sólo 0,3% del PIB, a gasto público. Y éste se destina en 35% a gasto directo en instituciones públicas, 30% en instituciones privadas y 35% en transferencias indirectas y asignaciones.

Para el director del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la UDP y reconocido experto con decenas de publicaciones, José Joaquín Brunner, esta “industria” en la que participan cientos de miles de jóvenes chilenos, miles de académicos y que es tan decisiva para el futuro del país, necesita urgentemente un aumento de la inversión pública, pero a través del “uso de instrumentos más sofisticados e inteligentes que acompañen y orienten el desarrollo del sistema. El crecimiento se ha puesto en las familias y si bien éstas, de todos los estratos, han respondido en forma excepcional, pienso que el sistema ha llegado al límite de lo que puede dar. Si queremos tener un desarrollo más equilibrado, el Estado tiene que asumir una responsabilidad mayor. Lo ha ido haciendo con más inversión en ciencia, tecnología e innovación, pero falta en mejorar la calidad de la docencia, bibliotecas… Hay mucho por hacer”.

José Joaquín Brunner

Las instituciones privadas, casi todas, tienen sus propios mecanismos para fomentar, en la medida de sus posibilidades, una mayor equidad; por ejemplo, con becas y créditos propios. El rector Peña relata que en su plantel, la UDP, existe un proyecto que acoge actualmente –en las carreras más top– a un centenar de los mejores alumnos de establecimientos municipalizados y subvencionados, con gratuidad absoluta. “Ellos han respondido estupendamente bien, con deserción cero y excelente rendimiento”, afirma.


Masificación y/o calidad

Con el fuerte crecimiento de la oferta de programas universitarios, lo cierto es que independiente del puntaje que se obtenga en la PSU, actualmente prácticamente todos los que deseen y puedan solventar estudios superiores pueden hacerlo. “Mientras más amplia y diversa la oferta, mejor, pero respetando ciertos niveles de calidad”, señala el rector de la Universidad Andrés Bello, Rolando Kelly. Hoy esos “ciertos niveles de calidad” están siendo medidos por la Comisión Nacional de Acreditación (ver recuadro), sistema que en general está validado y es respetado por las instituciones. Lo importante entre tanto programa distinto, señalan, es que las evaluaciones se hagan en relación a los proyectos y no comparativamente. “No se pueden comparar Ingeniería Civil en la Chile o Medicina en la Católica con un programa equis en la universidad zeta”, señala Ernesto Silva, de la UDD. Según Brunner, el avance en la acreditación de programas –en Chile existen más de tres mil– ha sido más lento de lo esperable. “Hay una experiencia mundial para acreditar programas estableciendo ciertos estándares: hay que aprovecharla”, indica.

 

 
Rolando Kelly

Agrega que el sistema continuará expandiéndose y que en este nuevo esquema es natural que la calidad de los profesionales no sea tan homogénea, lo que es absolutamente normal en un período de transición. Esto lo reafirma Carlos Peña: “es inevitable que, al pasar de un sistema de minoría a uno de masas, la calidad en su conjunto tienda a decrecer; no se puede aspirar a la misma calidad de cuando se educaba al 4% de la elite. Recién se está universalizando la educación secundaria, por es lo que estos cambios suponen una verdadera revolución en la sociedad. Pero es deseable y hay que alegrarse y hacer esfuerzos porque las instituciones –tanto universidades, como institutos profesionales o centros de formación técnica– sean capaces de enseñar bien”.

Al respecto, Brunner puntualiza que hay universidades con criterios más masivos o que recogen “también con un sentido nacional” a estudiantes de menor capital cultural, a las cuales con mayor razón el Estado debe apoyar. “Hay un nuevo tipo de alumno para el cual quizá haya que diseñar nuevos currículos, los profesores deben tener ciertas competencias extra, hay que estudiar cuáles son sus capacidades, sus fortalezas y debilidades. Todos tienen derecho a acceder a estudios superiores”.


El desafío de la flexibilidad

En este escenario de fuerte crecimiento, otro de los grandes retos pendientes es el de la readecuación de programas y mallas curriculares para propender a carreras más cortas o egreso con un magíster, en la línea de lo que se está haciendo en la mayoría de los países desarrollados y que en Europa ha significado una verdadera revolución. Por ejemplo, en Alemania, Francia y España.

Acá los cambios no han sido rápidos y en general han sido impulsados por las universidades privadas. Por ejemplo la UDD está ofreciendo varios programas con un “magíster de continuidad” que se obtiene a los 6 años (con una licenciatura a los 4 y título profesional un año después); con la “gracia”, además, de que este tipo del magíster en algunos casos puede realizarse en una carrera distinta a la licenciatura.

“Esto lo estamos realizando con mucha seriedad y porque creemos que cada vez más, precisamente por la masificación de la educación superior, hay que diferenciarse. Y esta diferenciación puede darse tanto recién egresado de la universidad como si se vuelve a estudiar años después”, explica Ernesto Silva, rector de la UDD. A esto se agrega la amplia oferta que las universidades tienen actualmente en programas de diplomado, magísteres profesionales, cursos cerrados para empresas… todo, enmarcado en la necesidad de educación continua o aprendizaje a lo largo de la vida.

“La tendencia en países desarrollados es asumir que las personas tienen un horizonte laboral de 40 ó 50 años y que en ese lapso necesitan hacer distintos tipos de estudios para ir adquiriendo nuevas competencias”, explica Brunner. “Y esto lo debe ofrecer un sistema altamente flexible, que permita articular distintas modalidades de estudio, donde la gente se pueda mover dentro del sistema para ir trazando su propia trayectoria. En Chile estamos muy lejos de esto, pero es un desafío importante. Hoy es muy difícil cambiarse dentro de una universidad; mucho más, entre universidades y más, hacia otro país; nuestro sistema es extremadamente rígido, profesionalizante, con carreras largas y tubulares, donde se entra por una punta y no se puede sino salir por la otra tras 5, 6, 7 ú 8 años. Y tampoco se ha avanzado mucho en la estructuración de la ʻmoneda de cambioʼ que habría que usar, el crédito de aprendizaje”.

El experto de la UDP sostiene que en otras partes se ha avanzado con mayor rapidez y decisión; que urge dar más oportunidades de movilidad a los estudiantes sin que pierdan lo aprendido; que vayan acumulando competencias y que éstas sean validadas. “Falta mayor decisión política en este aspecto, que me parece crucial para enfrentar los cambios que vienen”.

Carlos Peña, agrega que las instituciones chilenas tienden a ser ineficientes en su capacidad para graduar a los estudiantes en los tiempos preestablecidos para una carrera. “Son pocos los que entran a una carrera de cinco años de duración y se gradúan en ese lapso. Las instituciones deberían trabajar más sobre el punto, con programas remediales y más incentivos, porque es muy costoso desde todo punto de vista para el alumno permanecer estudiando uno o dos años extra”.

Los estudios superiores no tienen porqué circunscribirse a los universitarios, aunque la tendencia en Chile –sobre todo, en las familias que por primera vez tienen la posibilidad de tener un miembro en la educación superior– es a preferir a aquéllas a la educación técnica. Aparte, las ayudas –becas, créditos– también se centran en las instituciones de carácter universitario, generando un incentivo perverso. Todo ello, pese a que hay estudios que señalan que algunas carreras técnicas en instituciones de prestigio tienen un retorno monetario mayor y más rápido que carreras universitarias.

La Universidad Andrés Bello con 20 años de vida y que hoy cuenta con 28 mil alumnos en Santiago, Viña del Mar y Concepción–, acumula una interesante experiencia en integración vertical, pues también es propietaria del Instituto AIEP. Aunque son proyectos ndependientes, cada año más de un centenar de estudiantes del Instituto se “pasan” a la UNAB cancelando los mismos aranceles a los que están acostumbrados, para continuar con una carrera universitaria. “Pero lo bueno es que la integración opera también al revés: si un joven por problemas familiares no puede seguir estudiando en la universidad, puede continuar en el instituto y terminar rápidamente una carrera técnica, convalidando ramos y así no pierde lo invertido”, explica el rector Kelly.

En un escenario con tantas instituciones, con proyectos tan diversos, la información sigue siendo un gran tema. Las nuevas tecnologías sin duda acercan oferta y demanda pero, según Carlos Peña, sigue existiendo una fuerte asimetría entre la información que manejan los (futuros) estudiantes y las instituciones. Sobre todo en temas tan importantes como la empleabilidad de los egresados de las instituciones. “Hay un déficit de información que esperamos se vaya corrigiendo con el tiempo”, señala, optimista.

Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior
La acreditación institucional certifica calidad en el desarrollo de ciertas funciones (gestión institucional, docencia conducente a título, entre otras). El proceso es dirigido por la Comisión Nacional de Acreditación (CNA Chile) o agencias acreditadoras autorizadas. La acreditación de carreras/programas certifica la calidad de todos los elementos asociados al diseño curricular, recursos comprometidos y resultados del proceso. Los criterios de acreditación son, esencialmente, el cumplimiento del proyecto institucional y los objetivos de una carrera o programa, más un conjunto de estándares de calidad que expertos y especialistas han defi nido previamente.

Las etapas del proceso de acreditación son:

Autoevaluación o evaluación interna:
la institución solicita formalmente su incorporación al proceso; realiza una auto-evaluación en base a la información de que dispone, identifiando fortalezas y debilidades, y posteriormente elabora un informe

Evaluación externa: un comité de expertos revisa los informes de auto-evaluación, verifica en terreno la información declarada y la factibilidad de sus metas. La institución tiene la posibilidad de revisar el informe de estos expertos y realizar observaciones o
complementar antecedentes.

Pronunciamiento de la CNA:
la Comisión o la Agencia Acreditadora aprueba o rechazan la acreditación; si la aprueban, puede ser por un período de 2 a 7 años. Si es rechazada, la institución puede postular nuevamente en dos años.

Mejoramiento continuo:
se mantiene un permanente control sobre las acciones de mejoramiento previsto para el mejoramiento permanente de la calidad.

Fuente: cnachile.cl

Algunos instrumentos de recursos para las universidades
Aporte Fiscal Directo (AFD): subsidio de libre disponibilidad asignado casi exclusivamente conforme a criterios históricos y un pequeño porcentaje de acuerdo a indicadores de eficiencia anuales (proporción de académicos con postgrado, número de proyectos y número de publicaciones).

Aporte Fiscal Indirecto (AFI): subsidio indirecto a la demanda que busca incentivar la captación de los 27 mil mejores puntajes en la PSU. Beneficia a instituciones públicas o privadas que reclutan a los mejores puntajes.

Crédito Universitario: destinado a estudiantes de escasos recursos que estudien en instituciones pertenecientes al Consejo de Rectores. Los fondos se canalizan mediante el Fondo Solidario de Crédito que administra el Mineduc. Los recursos recuperados por las propias instituciones se suman a los fondos disponibles en ellas para estos fines.

Crédito con aval del Estado: fondo creado el 2005 que avala créditos bancarios con recursos de las instituciones y del Estado. Pueden acceder a él estudiantes tanto de entidades públicas como privadas.

Becas: existen varias que entregan distinto tipo de financiamiento: Bicentenario, Juan Gómez Millas, para estudiantes destacados que ingresen a Pedagogía, para hijos de profesionales de la educación etc.

Fondos Competitivos y de Fomento a la Calidad:
El Programa MECESUP (Mejoramiento de la Calidad de la Educación Superior) financia, con recursos estatales y de un crédito del Banco Mundial, mejoras en infraestructura y docencia en las instituciones, mediante concurso de proyectos, algunos abiertos a entidades privadas. Otros son el Fondo de Desarrollo Institucional, Fondecyt, Fondef, FNDR, Fondart, Fontec, FIA y otros que apoyan la investigación, innovación y la creación artística en los planteles.

En Bellavista
Un nuevo barrio universitario

Ya no será sólo el barrio del carrete nocturno: Bellavista está cambiando su cara para transformarse en un nuevo y potente barrio universitario, como en su momento nació el Barrio República, ya consolidado como tal. Donde hasta ahora reinaba la facultad de
Derecho de la Universidad de Chile se instalarán próximamente dos nuevas sedes universitarias, con nada menos que 37 mil metros cuadrados de edificaciones destinadas a recibir a miles de alumnos.

La nueva sede de la Universidad de San Sebastián se construye precisamente en la esquina enfrentada de Derecho: donde por decenios funcionó el Liceo Alemán. La inversión prevista es de 43 millones de dólares y albergará las carreras de Arquitectura,
Derecho, Diseño, Arte, Pedagogía, Sociología y Sicología, con un total de 4 mil alumnos cuando estén en régimen todas ellas. El nuevo edificio se inaugurará en 2010. El proyecto incluye abrir la capilla del ex Liceo, un Centro de Extensión y una sala de cine, además de apoyo para la reestructuración de la plaza.

El otro gran proyecto del sector es la facultad de Ciencias Jurídicas de la U. Andrés Bello, que se ubica al oriente de Derecho de la Chile, en terrenos de la antigua imprenta Universo. Allí se espera albergar a unos 2500 alumnos, cifra similar a los que actualmente
recibe la tradicional sede de la Chile. También incluye áreas verdes; específicamente, una plazoleta abierta que unirá Bellavista con Santa María.

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Universitarios en el extranjero

Jóvenes de exportación

 

En las últimas décadas, los viajes de intercambio de estudiantes chilenos a universidades extranjeras han aumentado considerablemente; en parte, gracias a la amplia gama de posibilidades disponible tanto de destinos como de instituciones de educación superior. Por María Gracia Paúl

Los años en la universidad son, sin duda, una época llena de novedosas experiencias que marcan la vida de los estudiantes. Nuevas amistades, más responsabilidades y la toma de decisiones importantes son algunas de las características que definen este período académico.

En ese contexto, los programas de intercambio con universidades extranjeras son los que literalmente “se roban la película” como experiencia vital, ya que dejan un sello imborrable entre quienes tienen el privilegio de gozar de esa vivencia. En ellos, los estudiantes optan por continuar sus estudios de pregrado durante un semestre o un año en una institución de educación superior fuera del país.

Sebastían Aldunate no lo dudo. Juntó a su familia, armó su maleta y
partió a Australia donde, además de sus estudios convencionales,
ha fortalecido su inglés.

Una alternativa que cada vez se torna más seductora, y que pese a que inicialmente comenzó dentro de las universidades tradicionales, hoy es posible observarla en casi todos los planteles privados, con un número significativo de intercambios de alumnos y convenios con importantes universidades a nivel mundial.

Según sostiene René Lara, director de Relaciones Internacionales de la Universidad Mayor, actualmente 2,5 millones de estudiantes en todo el mundo se encuentran realizando un programa de intercambio en algún país determinado, y para el año 2020 se espera que esta tendencia aumente a un total de 8 millones de alumnos, cifras que no dejan de impresionar.

Cabe destacar que el mayor porcentaje de esta movilidad se concentra en los países del hemisferio norte y Asia, correspondiendo sólo el 1% a Latinoamérica. De esta manera, como explica Lara, anualmente 600 mil estudiantes arriban a Estados Unidos, 200 mil a Australia y 100 mil a Nueva Zelanda, por mencionar algunos de los ejemplos más emblemáticos.

A juicio de Alejandra Aranda, head hunter y socia de Humanitas Executive Search, la influencia que ejercen los programas de intercambio en los procesos de selección es clara: “esta experiencia se ve reflejada en una mayor madurez que, incluso, puede percibirse en la entrevista, al demostrar más dinamismo, proactividad, autonomía, comunicación, criterio y responsabilidad”, asegura.

 

Mejor formación profesional

En términos profesionales, la experiencia fuera del país aporta al aprendizaje o perfeccionamiento de un segundo idioma y al mejor desarrollo de la carrera universitaria, al cursar materias complementarias y tener la oportunidad de comparar distintos puntos de vista. No obstante, existen también otros factores que animan a irse a estudiar fuera.

Sostiene Agustina Errázuriz, directora de Relaciones Internacionales de la Universidad de los Andes, que “entrar en contacto con otra cultura, conocer a su gente y sus costumbres” es algo que también atrae a los alumnos.

Buen ejemplo de ello es el de José Ignacio Reid, alumno de Derecho de esa universidad, que regresó hace algunas semanas de Estados Unidos, donde estudió un semestre en la prestigiosa Northwestern University de Chicago.

“Estudiar afuera no te sirve sólo para agregarlo en el currículum, sino que te permite tener una nueva perspectiva de lo que has visto en los años de carrera”, sintetiza este joven de 24 años, quien compartió ramos con estudiantes de distintas partes del mundo; algunos, incluso, con experiencia laboral, lo que permitía que en clases se generaran discusiones fundadas en casos concretos y ya llevados a la práctica.

En la Universidad Santo Tomás, en tanto, dentro de sus políticas institucionales está el incentivar la elección de intercambio estudiantil con naciones de habla inglesa. Así lo explica Carolina España –coordinadora nacional del Programa Experiencia Internacional de dicha entidad–, quien afirma que aprender inglés es un factor importante, tanto para los alumnos de la misma universidad como para los que integran el instituto profesional y centro de formación técnica de la Corporación Santo Tomás.


Nunca es tarde

Sebastián Aldunate, que cursa cuarto año de Ingeniería Comercial en la Universidad Gabriela Mistral, está en estos momentos en Australia, participando en un programa de intercambio hasta finales de este año. Su caso es bastante particular, ya que si bien el grueso de los alumnos que optan por estos programas tiene poco más de 20 años y son solteros, a sus 31 él está acompañado de su señora y dos hijos.

Es que si bien en Chile trabajaba y estudiaba a la vez, cuando surgió esta oportunidad no quiso desaprovecharla, y rápidamente armó maletas para partir junto a toda su familia. Y si hay algo que valora enormemente de todo esto, más allá de la experiencia personal, es el aprendizaje del idioma, llegando incluso a entender e interactuar satisfactoriamente, pese a las distintas pronunciaciones que en este país coexisten. “Hoy el inglés es una necesidad y una herramienta básica para subsistir”, afirma categóricamente.

Montserrat Brandan, por su parte, que estudia Artes Plásticas con mención en Pintura en la Universidad Finis Terrae, acaba de regresar de Baltimore, Estados Unidos, donde efectuó un intercambio en el Maryland Institute College of Art. “Artísticamente aprendí mucho, escogí ramos muy interesantes y por estar a sólo tres horas de Nueva York, muchas veces tuvimos clases dentro de las mismas galerías de arte”, relata esta alumna de 24 años, quien cuenta además que la misma universidad le facilitó un amplio taller para desarrollar todas sus creaciones artísticas.

Abanico de posibilidades

Un total de 280 convenios con importantes universidades de 43 países del mundo es lo que ofrece actualmente la Universidad Mayor. Según René Lara, académico del plantel, las carreras que presentan más tasas de intercambio son Ingeniería Comercial, Arquitectura, Educación, Danza, Agronomía, Medicina Veterinaria, Enfermería, Psicología y Comunicaciones, con preferencia hacia lugares como España, Alemania, México, Estados Unidos, Argentina y Cuba.

 
José Ignacio Reid fue de intercambio a estados Unidos. Cuenta
que lo heterogéneo del curso en que participó hizo que las clases
fueran muy ricas en contenido y experiencias.

 

Agustina Errázuriz, de la Universidad de los Andes, señala que los alumnos de ese establecimiento tienen como objetivo primordial el mejorar su nivel de inglés, por lo que países como Estados Unidos y Australia resultan ser los más atractivos y con mayor demanda. Sin embargo, advierte la profesional, también existe bastante interés por entidades de gran tradición y reconocimiento, situadas especialmente en países como España y Alemania.

Entre los convenios con que cuenta la Universidad de los Andes destaca el que desde hace tres años mantiene su facultad de Derecho con la Northwestern University, en Estados Unidos, que figura entre las 20 mejores de ese país. Además, como subraya Agustina Errázuriz, la facultad de Ingeniería también posee hace varios años un acuerdo con la empresa norteamericana Bekaert, por medio del cual se otorgan becas para los mejores alumnos de la carrera de Ingeniería Civil Industrial, para que realicen la práctica profesional.

Según Carolina Ducci, coordinadora de Relaciones Internacionales de la Universidad Gabriela Mistral, uno de los destinos preferidos de sus estudiantes es la Universidad La Trobe, en Australia, que se caracteriza por impartir cursos con pocos alumnos y haberse especializado en recibir a extranjeros. Además, se entregan todas las facilidades necesarias para poder trabajar en el campus al mismo tiempo, y tomar cursos previos de inglés.

En la Universidad Finis Terrae, en tanto, las carreras con más destinos de intercambio son Ingeniería Comercial, Arquitectura y Artes Visuales, según afirma Luz O!Shea, directora de la oficina de Programas Internacionales. Explica que entre los nuevos convenios que han suscrito con planteles educacionales a lo largo del mundo destacan los acordados con la University of South Carolina Upstate, Estados Unidos; con la Victoria University en Melbourne, Australia; y la Ramón Llull en España. Además, explica, esta casa de estudios es parte de la red Anáhuac, conformada por una lista de 17 universidades presentes en México, Estados Unidos, Francia, Italia y España, cuyos estudiantes tienen la oportunidad de optar entre un total de 35 planteles repartidos en diferentes continentes.

Con todo, O`Shea explica que hay países que son más atractivos para determinados alumnos, y un buen ejemplo de esto se da en la carrera de Literatura: aquellos que la cursan tienen la posibilidad de aprender más a fondo acerca de la cultura literaria de Brasil, por ejemplo, a través de una estadía en la Universidad Estadual De Campinas, en Sao Paulo. “Europa, por su parte, tiene una oferta cultural maravillosa y permite viajar mucho dentro del continente, por lo que también es un destino muy valorado por los estudiantes”, asegura.

En la Universidad Santo Tomás tienen también una mirada particular al respecto. Según cuenta Carolina España, coordinadora del área, la experiencia de alumnos que han vivido un intercambio revela que países como España y México son considerados “más acogedores”, lo que facilita la adaptación en el lugar de destino.

La Universidad Santo Tomás tiene convenios con 34 universidades distribuidas en más de 20 países del mundo, como parte de la red estudiantil del Consejo Internacional de Universidades Santo Tomás de Aquino, que se estableció en 1993 con el fin de promover la cooperación y el intercambio académico entre alumnos, profesores e investigadores. De esta forma, los destinos más escogidos para realizar intercambios son España, con la Universidad de Málaga; la Universidad de Santiago de Compostela y la Universidad San Pablo; Estados Unidos, con University of Saint Thomas, Houston y Oregon State University; Canadá, con St. Thomas University, Fredericton, New Brunswick & UST y, por último, México, con la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

Otro tanto pasa en la Universidad Católica de Valparaíso, cuya dirección de Programas Internacionales nos cuenta que mantienen convenios de intercambio –bilaterales o multilaterales– con más de 300 universidades en todo el mundo. Es más, añaden que este año recibieron a 800 estudiantes de 15 países; en su mayoría, de Estados Unidos, Francia y Alemania.

La idea es seguir avanzando en esta dirección y, de hecho, el próximo año más de 150 alumnos de la UCV asistirán a universidades en el exterior, principalmente en Estados Unidos, España y Francia. De ellos, el 70% podrá hacerlo gracias a becas entregadas por la universidad, que destina anualmente más de 300.000 dólares para estos efectos.

Más allá de lo académico

Bien es sabido que la experiencia de un intercambio en otro país –más allá de lo académico– repercute en lo personal en múltiples aspectos. Tal como indica Alejandra Aranda, de Humanitas Executive Search, una decisión de este tipo en la etapa universitaria “ayuda a desarrollar autonomía, capacidad de entender otras culturas y expone a los estudiantes a la toma de decisiones fuera de su país, por lo que claramente es una oportunidad para madurar”.

Monserrat Brandan, una estudiante de Artes Plásticas que acaba de
regresar de Baltimore, cuenta que fue un privilegio haber tenido
clases dentro de las mejores galerias de arte
 

Algo que en definitiva se descubre con sólo conversar un rato con personas que han tenido esta oportunidad: la mayoría coincide en que como vivencia resulta ser algo único.

Así, el menos, lo cree Montserrat Brandan, quien al término de su estadía se dio cuenta de que el intercambio había resultado una experiencia muy enriquecedora y una instancia de crecimiento personal. “Pero no solamente por haber conocido lugares, ciudades y museos, sino por el hecho de haberme introducido en un mundo distinto, donde hay que abrirse, conocer y ser tolerante a lo diferente”, afirma la joven.

La misma opinión tiene José Ignacio Reid, quien hoy se sorprende con los alcances de su decisión. “Es impresionante cómo el vivir solo y el estar obligado a desenvolverte en un ambiente distinto, con gente desconocida, te exige ponerte a prueba y te hace crecer. Haber vivido en una ciudad como Chicago, pese a su terrible clima, fue una experiencia espectacular”, recuerda el estudiante.

Y para demostrar que los programas de intercambio son mucho más que ir a “estudiar” fuera, Ried es un claro exponente de ello. Durante su estadía en Estados Unidos no sólo debió demostrar sus conocimientos académicos, sino también su ingenio y habilidad culinaria. En efecto, en un evento que participó llamado Global Village, donde todos los alumnos extranjeros debían preparar platos típicos de la cocina de sus países, y como el presupuesto no le dio para hacer un asado y le fue imposible conseguir lo necesario para preparar un pastel de choclo, decidió optar por algo verdaderamente criollo: hot dog con palta chilena. El resultado, un éxito total. De seguro el nombre de Chile quedó bien puesto por esos lados.

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Programas de Bachillerato

 

El “quinto medio”

 

Si bien en un comienzo fueron concebidos para estudiantes que no estaban seguros de qué carrera seguir, los expertos coinciden en que se han convertido en una excelente instancia para madurar aspectos tanto emocionales como académicos. Además, y dada la formación integral que ofrecen, hoy marcan pauta en lo que a educación de calidad se refiere. Por Carmen Paz Calvo.

Los llaman –algunos, irónicamente– el “quinto medio”. Y es que con un énfasis en la formación multidisciplinaria, los programas de bachillerato no constituyen una carrera en sí mismos; sin embargo, durante la última década han pasado a ser una alternativa cada vez más demandada por los jóvenes. De hecho, si bien a mediados de los 90 sólo algunas universidades los impartían, hoy son alrededor de 20 las instituciones que los han incorporado a su oferta a lo largo de todo el país (ver recuadro).

¿La razón? A juicio de los especialistas existe una serie de factores involucrados en esta suerte de boom de los bachilleratos; entre ellos, un cambio en la mentalidad de los jóvenes y un diagnóstico “implícito” de que la educación universitaria en Chile estaría falta de una visión más integradora del conocimiento. Sobre todo, en lo que respecta a la primera base de formación.

En términos generales, la mayor parte de los programas se estructura en base a cursos formativos de varias disciplinas, y a partir del segundo año pueden comenzar a tomarse ramos de distintas carreras. Así, al término de este proceso –y según los intereses, rendimiento y cupos que existan–, el alumno puede optar por la carrera de su preferencia.

La Universidad Católica de Chile fue una de las pioneras en lanzar en 1993 un programa de este tipo, cuyo principal objetivo es posibilitar una decisión vocacional más segura e informada, luego de conocer y experimentar la vida universitaria y familiarizarse con las diferentes disciplinas que ahí se imparten.

“Lo que se buscó desde un principio era que los jóvenes pudieran decidir su vocación estando ya dentro de la universidad, tomándose más tiempo para ello. En ese entonces, constituyó una nueva forma de educarlos –de un modo más integral–, ya que se daba la opción de tomar asignaturas que quizás, estando en una carrera ya definida, no habrían tenido la oportunidad de conocer”, sostiene Leslie Yates, director del programa de bachillerato de esa casa de estudios.

Fueron tales el impacto y la favorable acogida que tuvo este nuevo “sistema” dentro de la Católica, que la institución decidió luego modificar todas las mallas curriculares de sus carreras de pregrado, para entregar una formación general más amplia e integral. “Lo que fue particular al bachillerato en su origen, hoy es una realidad en todas las otras carreras”, agrega el académico.

Una tónica que ciertamente vino a mitigar una de las principales críticas que se hacen a la formación académica en nuestro país, en el sentido de que tiende a “encasillar” a los estudiantes en temáticas demasiado puntuales y concretas. “La formación multidisciplinaria es lo mejor que le puede ocurrir a un estudiante, porque el nivel cultural de los jóvenes que salen del colegio –sea público o privado– es muy bajo”, sostiene Francisco Javier Gil, director del bachillerato de la Universidad de Santiago de Chile, uno de los más antiguos del país.

 

Quiénes sí y quiénes no

En estos 15 años de historia de los programas de bachillerato, las universidades no sólo se han interesado en comenzar a ofrecer este tipo de estudios, sino también –en la mayoría de los casos– han tenido que ampliar el número de vacantes ofrecidas, dada la creciente demanda que registran.

En el caso de la Universidad Católica, por ejemplo, si bien en un comienzo se ofrecían 150 vacantes, éstas ahora llegan a 250, y se estima que en el próximo año podrían alcanzar las 290. Un aumento bastante considerable. Más aún, si tomamos en cuenta que los puntajes que ingresan son cada vez más altos.

Pero, ¿cómo es este grupo de alumnos que opta por entrar a esta “primera fase” de estudios de pregrado? De acuerdo a lo que sostiene la psicóloga Virginia Seyler, jefa del Departamento de Orientación del preuniversitario Pedro de Valdivia y académica de la facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, el perfil de los estudiantes que ingresan a los programas de bachillerato se divide en tres tipos: “primero, aquellos que han demostrado un buen nivel académico, pero que no tienen claridad respecto de sus preferencias; en segundo lugar están quienes obtuvieron un buen resultado en la prueba y están claros respecto
de una carrera a seguir, pero no alcanzaron el puntaje suficiente para ingresar a la universidad esperada; por último, aquellos que perciben ciertos vacíos en su formación académica, por lo que –en forma bastante madura– deciden tomar un programa de este tipo, para luego entrar a una carrera definitiva en mejor posición”, destaca.

En ese sentido, la profesional asegura que, cualquiera sea el motivo, se trata de alumnos dispuestos a tomarse un tiempo con tal de adoptar una decisión más acertada. Sin duda, una nueva forma de plantearse de cara al futuro. “A los 17 ó 18 años, los jóvenes están obligados a tomar una decisión tremenda y bastante vital, que tiene que ver con su identidad y satisfacción personal, y que va a determinar los próximos 40 años de sus vidas. Sin embargo, no necesariamente están preparados para ello; incluso, considero que lo más natural es que sufran cierto grado de ansiedad respecto de si una opción es la correcta o no. Son muy pocos los que pueden asumir una decisión así de clara, sin estar influidos por lo que les dicen el medio o la familia”, aclara Seyler.

No obstante, la psicóloga advierte que en ciertos casos la opción del aconsejable. “Para quienes están focalizados en una sola carrera, que además ofrece muy pocos cupos y que requiere un altísimo rendimiento –como es el caso de Medicina, por ejemplo– no es la mejor alternativa, porque en términos de probabilidades va a ser muy difícil ingresar. Tampoco es recomendable para aquellos que son más cortoplacistas, o que tal vez no van a soportar la ambiguedad de no estar todavía en nada definido”, recalca.

La estampa del bachiller

Pese a que en un comienzo pudieron existir ciertas aprensiones de parte de las autoridades de las carreras más top que recibirían a alumnos de bachillerato –especialmente, en lo que dice relación a universidades tradicionales–, Paulina Volz, subdirectora del programa de bachillerato de la Universidad Católica, asegura que, dado el excelente nivel de los estudiantes, éstos no tardaron en contar con la absoluta aprobación de los académicos.

“Nuestros primeros egresados rápidamente pasaron a formar parte de los centros de alumnos de sus carreras, aun cuando no habían ingresado con sus compañeros de generación. Las autoridades de Medicina o Ingeniería –por nombrar algunas– pronto se dieron cuenta de la excelencia de nuestros estudiantes. Y es que más allá de lo buenos alumnos que son, el estar en contacto con personas que tienen distintos intereses les otorga un cierto grado de liderazgo que los identifica plenamente”, sostiene.

Algo en lo que coincide Virginia Seyler. “Yo he conversado con varios profesores de la Universidad de Chile, y en todos ellos es común la apreciación de que se trata de alumnos que están más claros respecto del esfuerzo que deben realizar, del tiempo que deben invertir y de las estrategias que deben seguir. Están más orientados a aprender y responden mejor en términos de exigencias académicas e interpersonales”, puntualiza.

Y si bien, dado el sistema de cupos, se habla mucho de la supuesta competitividad –a ratos, desleal– de parte de los bachilleres, Leslie Yates, de la UC, es enfático en descartar tal teoría. “Acá se desarrolla un tremendo espíritu de grupo y sensación de pertenencia. Es cierto que compiten, pero la competencia nunca es desleal. Yo te diría que todo lo contrario, es algo que fortalece, capacita. Nuestros alumnos son verdaderos hijos del rigor, y cuando se van a otras partes así lo demuestran”.

Paulina Volz apoya lo anterior. “En bachillerato hay más competencia que en una carrera donde sabes que vas a permanecer por seis años, pero el espíritu de cohesión y mística que acá tenemos no existiría si hubiera una competencia tan descarnada como se dice. Es cierto que compiten y que hay un cierto grado de estrés, pero eso también tiene su lado positivo, porque la vida es así. Nuestros egresados maduran antes y tienen mejores herramientas para aprender a competir sanamente”, asevera.

 

Con sello propio

Si bien la mayor parte de los programas de bachillerato que se imparten en nuestro país tiene mallas curriculares y orientaciones similares, algunos destacan por sus novedosas iniciativas.

Es así como la Universidad de Santiago de Chile (USACh), por ejemplo, incorporó a partir de 2008 un sistema de admisión mixto, que ofrece 150 vacantes para quienes postulen por el sistema tradicional de admisión –con la exigencia adicional de haber finalizado la educación media con un promedio de notas en el 20% superior de su respectivo establecimiento– y 45 vacantes a los estudiantes que hayan finalizado su educación media con notas en el 5% superior de su curso, en algunos de los cinco establecimientos vinculados al plantel –Centro Educacional Amador Negme, Centro Polivalente Guillermo Feliú Cruz, Complejo Educacional Pedro Prado, Centro Educacional Pudahuel y Liceo Industrial Pedro Aguirre Cerda, de Rancagua–, quienes ingresan eximidos de los puntajes de la PSU. “Este sistema forma parte de un proyecto piloto patrocinado y auspiciado por la UNESCO, Fundación Equitas y Fundación Ford”, sostiene Francisco Javier Gil, director del bachillerato de la USACh.

Cabe destacar que todas las carreras de ésta ofrecen vacantes a los egresados del bachillerato en un número equivalente al 20% de las vacantes del año respectivo. Así, por ejemplo, si las vacantes de una carrera en un año fueron 100, las ofrecidas a los estudiantes del programa serán 20.

Además, otros cambios en el plan de estudios incluyen la asignatura de Apreciación Musical como requisito obligatorio –de modo que las artes entren oficialmente al currículum–, tratamiento especial al ramo de Pensamiento Matemático –una de las más graves deficiencia de la educación media chilena–, y una ampliación de la oferta de asignaturas complementarias que pueden ser elegidas por los alumnos.

“Nosotros no separamos a nuestros alumnos en áreas científica y humanista, porque creemos que es fundamental que profundicen en ambos campos. Todos tienen Matemáticas, Filosofía, Comunicación, Inglés y Artes. Por eso hay muchos que bromean diciendo que esto se asemeja a un quinto año de enseñanza media, pero eso a mí no me resulta ofensivo. Hay muchos estudios que indican que quienes pasan por programas de bachillerato tienen gran éxito en sus carreras de destino y presentan menos índices de deserción. Creo que en diez años más los bachilleratos van a ser el sistema habitual de ingreso a las universidades”, vaticina Gil.

La Universidad del Desarrollo, a su vez, a partir de 2009 impartirá un nuevo programa de bachillerato, focalizado en cuatro carreras específicas: Psicología, Derecho, Ingeniería Comercial e Ingeniería Civil. “Buscamos alumnos que ya sepan qué carrera van a seguir, por lo que nos convertiremos en la única universidad que asegure un cupo en la especialidad escogida. En el fondo, es para aquellos estudiantes que tienen una intención declarada, pero que por un tema de puntaje no pudieron ingresar a lo que querían. Por eso, vamos a cortar un poco más abajo que los últimos puntajes de las carreras antes mencionadas, y en ese sentido deja de ser un incentivo pensar en otras carreras que requieren puntaje más bajo”, sostiene Alvaro Muñoz, director del programa.

A juicio del académico, tomar alumnos de buen rendimiento es consecuente con la excelencia académica que hoy distingue a su plantel. “Este bachillerato durará un año, durante el cual el alumno podrá estar en contacto con personas que tienen otros intereses, pero al mismo tiempo ir formándose en una carrera en concreto. Queremos prepararlos para que salgan en forma óptima a las mejores carreras de nuestra universidad, y pese a que no se va a dar la instancia de competir por cupos –que fomenta el alto rendimiento– estamos seguros de que acá se va a dar el fenómeno de los pares, donde los mejores alumnos empujan a sus compañeros a la excelencia”.

 

 

 

Universidades chilenas que ofrecen programas de bachillerato
• Universidad Andrés Bello: Bachillerato en Artes (RM)/ Bachillerato en Ciencias (V, VIII, RM) / Bachillerato en Humanidades (V, RM)
• Universidad de Antofagasta: Bachillerato en Ciencias (II)
• Universidad de los Andes: Bachillerato en Ciencias / Ciencias Sociales y Humanidades (RM)
• Universidad del Desarrollo: Bachillerato (VIII, RM)
• Universidad Santo Tomás: Bachillerato en Ciencias / Bachillerato en Ciencias Sociales (RM)
• Universidad Tecnológica Metropolitana: Bachillerato en Ciencias de la Ingeniería (RM)
• Universidad Católica del Norte: Bachillerato en Ciencias de la Salud (IV)
• Universidad del Bio Bío: Bachillerato en Ciencias Naturales y Exactas (VIII)
• Universidad Diego Portales: Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades (RM)
• Universidad de Santiago de Chile: Bachillerato en Ciencias y Humanidades (RM)
• Universidad Alberto Hurtado: Bachillerato en Humanidades (RM)
• Universidad de Concepción: Bachillerato en Humanidades (VIII)
• Universidad Gabriela Mistral: Bachillerato en Humanidades y Ciencias Sociales (RM)
• Universidad de Valparaíso: Bachillerato Ingreso común (V)
• Pontificia Universidad Católica de Chile: Bachillerato y Licenciatura en Artes y Humanidades / Bachillerato y Licenciatura en Ciencias Naturales y Matemáticas / Bachillerato y Licenciatura en Ciencias Sociales (RM)
• Universidad Católica de Valparaíso: Bachillerato en Ciencias / Pedagogía en Religión y Moral y/o Bachillerato y Lic. en Ciencias Religiosas (V)
• Universidad de Chile: Programa Académico de Bachillerato (RM)

Fuente: Universia.cl

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Inicio

Investigación académica

 

Más que un lujo una necesidad

 

En silencio y a paso lento, progresivamente crece la investigación en las universidades chilenas. Hoy los planteles que la desarrollan tienen claro que es una vía que, a largo plazo, los llevará a consolidarse dentro del mercado de la educación superior. Por María José de la Barra.

Pese a que la investigación académica en Chile no es un tema que habitualmente aparezca en las portadas, en la actualidad existe mayor conciencia sobre su importancia y trascendencia a largo plazo. Lo anterior, porque junto con ser un pilar esencial para el progreso y desarrollo de un país, es –ajuicio de los especialistas– una herramienta primordial para alcanzar los objetivos económicos y sociales planteados.

Según Patricio Velasco, director ejecutivo de Investigación de la Universidad de Chile, las casas de estudio, tanto públicas como privadas, son la matriz desde la cual se genera y construye el conocimiento. “Hoy en día, aproximadamente 80% de las investigaciones científicas y tecnológicas que se realizan en el país proviene de las universidades”, afirma el profesional.

Sin embargo, la falta de financiamiento y los escasos recursos que se destinan a esta materia parecen ser la piedra de tope, a diferencia de otros países, como Estados Unidos o China. En este sentido, Velasco indica que en Chile el gasto total en investigación y desarrollo es cercano a 0,7% del PIB, una cifra bastante inferior a lo que se invierte, por ejemplo, en Finlandia, donde esta inversión alcanza 3,5% del PIB: brecha que no deja de ser preocupante.

Pero, ¿qué ocurre con el apoyo de las empresas en este tema? Según Carlos Vio, vicerrector adjunto de Investigación de la Universidad Católica, sólo 30% de la inversión privada se destina a investigación y desarrollo, mientras que en países industrializados este porcentaje supera el 65%. Por esta razón, el gobierno de Chile decidió promulgar a principios de año la ley de Incentivo Tributario a la Inversión Privada en Investigación y Desarrollo, beneficiando a aquellas empresas que contraten actividades de investigación académica junto a universidades.

A juicio de Vio, las alianzas entre universidades y empresas privadas son necesarias para potenciar la investigación en nuestro país, ya que constituyen el punto de encuentro entre la oferta de conocimiento y tecnología por parte de las instituciones educacionales y las demandas de los privados. De esta forma –sostiene el profesional–, se crea un círculo virtuoso que no debiera restringirse a las empresas privadas, sino también a las públicas y organismos del Estado.

Por otra parte, el factor cultural es otro elemento que afecta al desarrollo del ámbito de la investigación. Marcela Perticara, PhD en Economía y directora de Investigación y Publicaciones de la Universidad Alberto Hurtado –que indaga principalmente temas sobre políticas públicas, sociedad y educación–, cree que en Chile y Latinoamérica “existe una sociedad que teme y castiga fuertemente el fracaso. Algo que no deja de llamar la atención, ya que los esfuerzos innovadores tienen una probabilidad de éxito baja y los emprendedores deben estar dispuestos a caer y volverse a levantar”.

Un interés que crece

Ser innovador en un mercado tan competitivo como el de las universidades resulta una necesidad, y una forma de hacerlo es ingresando al selecto mundo de la investigación. Según Rodrigo Troncoso, académico de a facultad de Ingeniería de la Universidad Diego Portales, “Chile debe dejar atrás la etapa dependiente de los conocimientos y tecnologías desarrolladas por otros países. Ahora la creación de nociones propias es indispensable para alcanzar el desarrollo y el nivel actual de los académicos”.

Es tal la importancia que ha adquirido este tema, que los recientes resultados del Fondecyt 2008 dan cuenta de una nueva realidad: a través de uno de sus concursos –Nacional Regular 2008–, donde hubo una gran participación de las universidades de Chile y Católica, los proyectos aprobados registraron un aumento de 10% en comparación con 2007.

Pero los planteles educacionales no sólo dependen de estos fondos concursables para llevar a cabo sus proyectos, sino que también han decidido utilizar sus propios medios para tener mayor participación. En la actualidad, varias universidades –tanto públicas como privadas– han logrado desarrollar y llevar a cabo exitosos proyectos de investigación en este ámbito. “Los incentivos en las universidades han cambiado radicalmente, comparados con cinco o diez años atrás, y hoy la producción académica es un ítem importante para lograr la acreditación”, explica Troncoso.

En el caso de la vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, por ejemplo, cabe destacar que ésta no sólo posee gran infraestructura y un sólido equipo de investigadores, sino también dispone de un Fondo Central de Investigación, que financia proyectos y otras actividades en este ámbito. Otro ejemplo es el que detalla Roberto Bulgarini, coordinador ejecutivo del centro de Innovación y Emprendimiento de la Universidad Adolfo Ibáñez, cuya escuela de Negocios creó un centro llamado Ventur@Lab. Se trata de un espacio de offshoring en innovación, investigación y desarrollo, donde las empresas privadas se instalan utilizando recursos propios, públicos y de la misma universidad, con el objetivo de buscar soluciones empresariales a problemas relevantes.

Por otra parte, las instituciones académicas están también destinando recursos para atraer a investigadores de trayectoria, sean nacionales o extranjeros. Un ejemplo claro de esta situación es la destacada docente Andrea Repetto, quien dejó el centro de Economía Aplicada del departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile para integrar el plantel de la Adolfo Ibáñez.

Haciendo la diferencia

En la actualidad, un área que ha destacado a nivel nacional en términos de investigación es la de la salud, donde los conocimientos avanzan de modo sorprendente.

Como botón de muestra, la Universidad Católica recientemente hizo noticia por el desarrollo de la que podría ser primera vacuna contra el virus sincicial, enfermedad respiratoria que ataca agresivamente a los niños y que causa miles de muertes al año en todo el planeta. Esta investigación estuvo liderada por el doctor en Microbiología e Inmunología Alexis Kalergis, quien junto a su equipo ha recorrido un largo camino para revelar el extraño comportamiento de este agente. La vacuna se encuentra en etapa de prueba para realizar los primeros ensayos clínicos en humanos en un corto plazo.

En la Universidad de Chile, por su parte, gracias a la labor desempeñada por el profesor titular del programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la facultad de Medicina, doctor Miguel O’Ryan –quien fue invitado por el reconocido laboratorio GlaxoSmithKline–, se desarrolló una vacuna contra el Rotavirus, a través de un estudio clínico a nivel latinoamericano. Los resultados obtenidos fueron excelentes, ya que hoy la vacuna tiene licencia y está autorizada para usarse en nuestro país.

Pero los planteles educaciones no sólo han logrado grandes avances en materia de salud. En la Universidad Católica, por ejemplo, la investigación realizada por el profesor Juan Carlos de la Llera, de la escuela de Ingeniería, consistió en el diseño de disipadores de energía para situaciones sísmicas, a través de equipos especiales de reducción de vibraciones para edificación en altura.

Es que según Roberto Bulgarini, profesional de la Adolfo Ibáñez, la idea de la investigación “es interesarse en problemas que no solamente nos afecten a nosotros”. En este sentido, destacó la investigación del empresario y químico Fernando Fischmann, quien desarrolló un nuevo sistema de tratamiento de aguas cristalinas para piscinas en el innovador proyecto inmobiliario San Alfonso del Mar, que hoy incluso está siendo exportado a diversos países del mundo.

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