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  • 25 noviembre, 2009

 

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Becas y créditos del Ministerio de Educación aqui.

   
 
 
 
 
 

 

 

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La reevolución universitaria

A casi tres de décadas de las reformas que permitieron el ingreso de universidades privadas autofinanciadas, nos propusimos realizar una radiografia del sistema chileno: el crecimiento explosivo de los 80, el impacto para el país, los avances, los problemas y los temas pendientes. Los invitamos a un recorrido no exento de sorpresas. Por Alejandra Rivera y Myriam Ruiz.

Si tuviéramos que identificar el momento preciso en que se gestó el actual sistema de universidades chilenas, habría que remontarse hasta 1981, año en que las reformas en materia de educación permitieron que entraran nuevos actores, pasando de las ocho universidades que había hasta 1980 –dos estatales y seis privadas– a 60 universidades en 1990. Desde esa fecha en adelante, el total de instituciones se ha mantenido estable.

“Algunas universidades han desaparecido, otras se han creado, y otras más se han fusionado. Ha habido cambios de propiedad y apertura de nuevas sedes. El cambio mayor se ha producido en la matrícula de pregrado, que se multiplicó por cuatro veces entre 1990 y 2008, pasando de 127 mil a 510 mil alumnos”, explica José Joaquín Brunner, director del Centro de Políticas Comparadas de la Universidad Diego Portales, UDP.

Para Pablo Eguiguren, investigador del Instituto Libertad y Desarrollo, este crecimiento explosivo se debió a que los estudiantes “se sintieron atraídos por la alta rentabilidad económica de los universitarios, que en promedio ganan cuatro veces más que los egresados de cuarto medio”.

Brunner estima que el impacto de esta rápida expansión se da en varios frentes: “primero, me parece que uno muy importante aparece al aumentar la matrícula cuando crece también el número de graduados y, con ello, se expande el capital humano avanzado del país, algo esencial para el crecimiento y la competitividad de la economía. Segundo, el ensanchamiento de la matrícula democratiza el acceso a la educación superior, la que así deja de ser un privilegio de la cuna y se transforma en un derecho de todos los jóvenes”.

El aumento de la oferta en educación –según Eguiguren– no sólo ha otorgado al país una población con más años de escolaridad y un recurso humano más capacitado, sino que también ha permitido que las instituciones aporten al desarrollo del país a través de la investigación y la extensión. “Temas cruciales como la reforma a la justicia, sólo por mencionar un ejemplo, se hicieron de la mano de las universidades”. También destaca el impacto social de la educación universitaria, al plantear que “en términos cuantitativos, Engel y Eberhard demostraron que uno de los efectos más importantes del mayor acceso a la educación superior ha sido disminuir las desigualdades salariales”.

 

 

     
 

 

Calidad, equidad y relevancia

 

Sally Bendersky

Desde la óptica del ministerio de Educación, Mineduc, las palabras claves para hablar de la evolución del sistema universitario chileno son calidad, equidad y relevancia. La jefa de la División de Educación Superior, Divesup, Sally Bendersky, diagnostica que se ha avanzado bastante en materia de equidad y acceso a la educación superior universitaria, y que si bien se han incrementado los índices de permanencia en las carreras gracias a los beneficios estudiantiles, aún queda mucho por recorrer. Gran punto, si consideramos que la meta de esta cartera es que en 2012 la mitad de los estudiantes tenga acceso a la educación superior, incluidos institutos profesionales y centros de formación. Es decir, un millón de nuevos alumnos en el sistema.

Bendersky es enfática al señalar que en términos de calidad se ha avanzado. Hoy, los estudiantes exigen que las instituciones que eligen estén acreditadas, y eso es un gran avance respecto de los primeros años de los 90. “Tenemos una gran diversidad de oferta y pensamos que es bueno y que es inevitable que exista. En lo que no se puede transar es en la calidad de esa oferta”.

Andrea Aedo

En este contexto, señala que ahora no sólo existe el Consejo Nacional de Educación para el Licenciamiento, sino también una Comisión Nacional de Acreditación (CNA) y agencias acreditadoras para asegurar la calidad de las carreras y programas, respectivamente. Y “estamos trabajando para crear en un futuro cercano un Marco Nacional de Cualificación de Competencias de las Personas”.

La relevancia –o pertinencia– es el tercero de los puntos que ronda en la mente de la cabeza oficial del sistema de educación superior. Es decir, el “para qué se estudia, donde la respuesta es: para generar satisfacción, bienestar en las familias y desarrollo para el país”. En esta línea, Bendersky comenta que se está discutiendo cuál es la proporción que debería invertirse en investigación en ciencias básicas en general, y en ciencia básica en los cluster definidos por el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad.

La discusión de la relevancia es de suma importancia, pues lo que se descubra se plasmará en los currículos. “Hay un gran desafío. Se está trabajando, pero falta”. Por ejemplo, las universidades del Consejo de Rectores tienen el compromiso para 2010 de incorporar el sistema de créditos transferibles, lo que va a significar que se homologuen créditos entre universidades nacionales y en el extranjero. Otro tema de relevancia es que el sector productivo se ponga de acuerdo con el educativo en materia de competencias y conocimientos, lo que permitirá adaptar los currículos a las necesidades reales del país.

José Joaquín Brunner

José Joaquín Brunner expresa que, en general, la calidad de las universidades ha mejorado, lo que se manifiesta en los progresos que las instituciones muestran a la hora de su acreditación, lo que atribuye a que está elevándose el perfil académico de los docentes, en el sentido de que hay cada vez más profesores con estudios de postgrado y con dedicación de media jornada y jornada completa.

Pero, por otro lado, advierte que “existe la imperiosa necesidad de revisar los objetivos curriculares, la estructura de los conocimientos transmitidos, los métodos pedagógicos empleados, la duración de las trayectorias formativas conducentes a un primer grado o título, las competencias que se busca desarrollar y ejercitar, los instrumentos evaluativos aplicados y de introducir mayor flexibilidad en esas trayectorias mediante créditos de aprendizaje, modularización de la formación y puentes entre disciplinas o carreras y entre instituciones nacionales y extranjeras”.

Más aún, subraya que, a pesar de la variedad de oferta y la diversidad de métodos, la pedagogía tradicional se mantiene intacta: “priman las clases lectivas, el profesor como agente transmisor, las tecnologías de transmisión oral, el soporte prestado por los textos de papel y el examen de contenidos de conocimiento como prueba del aprendizaje. La revolución digital no ha llegado aún a las aulas universitarias, si bien como complemento de las tecnologías tradicionales se usan el PowerPoint, las búsquedas en Internet y los documentos electrónicos”.

Pablo Eguiguren

Para Brunner, las universidades –tanto las tradicionales o derivadas de ellas y que cuentan con aporte fiscal directo como las nuevas, creadas con posterioridad a 1980 y que no reciben un subsidio del Estado– son hoy, sin contrapeso, el principal proveedor de enseñanza de pregrado en Chile. “Dos de cada 3 alumnos concurren hoy a una universidad privada, con y sin subsidio estatal. Entre las antiguas universidades privadas se cuentan, además, varios de los principales planteles de investigación del país y de los mayores proveedores de educación de postgrado”, explica.

A su turno, las universidades privadas nuevas en su mayoría se han consolidado; las instituciones, con pocas excepciones, se han acreditado y su oferta de pregrado se mueve entre el polo de la selectividad alta y el de la selectividad baja, lo cual les permite acoger a alumnos de diferentes clases y grupos sociales “desde más arriba de la cota 1.000 hasta el llano”.

Es más, varias de las nuevas universidades privadas están incursionando con éxito en la formación de postgrado, en la investigación, en la producción de bienes públicos como sellos editores y actividades de extensión cultural, o han comenzado a internacionalizarse rápidamente.

Para Pablo Eguiguren, el sector privado han jugado un rol clave, tanto por su aporte al desarrollo del país, como por la dinámica de crecimiento que se introdujo en el sistema, que permitió que las universidades del Consejo de Rectores también mejoraran su oferta educativa. Reconoce, sin embargo, que este crecimiento no ha sido igual en todas las universidades y que algunas han sabido capitalizar de mejor manera sus capacidades que otras.

 

 

     
 

 

 

Acreditacion universitaria

La Comisión Nacional de Acreditación (CNA), nació en 2006, en el marco de la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, como un organismo público, autónomo, que verifica y promueve la calidad de las universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica autónomos, y de las carreras y programas que ellos ofrecen.
Andrea Aedo, secretaria general de la CNA, anota que en Chile, actualmente un 96% de la matrícula de instituciones de educación superior autónomas participa en los procesos de acreditación. Afirma además que, junto con la entrada en vigencia de la acreditación universitaria, las instituciones de educación superior han ido mostrando paulatinamente un mayor compromiso con el aseguramiento de la calidad, lo que se ha reflejado en temas concretos. “Desde la aceptación e internalización de las poderosas señales para la gestión, hasta la concreción de acciones de mejoramiento continuo frente a los aspectos débiles detectados, así como el cierre gradual y sistemático de sedes de menor calidad, son todas expresiones concretas de una institucionalidad que funciona y que tiene impactos reales en el mejoramiento de la educación”.

 

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Pistas de carreras

Elegir una profesión puede ser un proceso complejo. Más allá de la vocación y las habilidades, hay que tener en cuenta también los costos y las expectativas de empleo, lo que varía a lo largo del país. Sin embargo, al analizar las cifras, la demanda por parte de los alumnos no necesariamente coincide con la rentabilidad de las carreras. Por Maria Jose Marinovic.

Hoy las carreras del área de la salud y las ingenierías son las que se perfilan como las más rentables. Y lo hacen porque, según las cifras más actuales, son las que tienen mejor empleabilidad y mayores ingresos, especialmente en las regiones extremas del país. Por eso no es raro que, en general, sean bastante apetecidas por los alumnos.

Pero hay otras profesiones, como Derecho, Psicología y Arquitectura, que si bien tienen un alto número de matriculados, su empleabilidad y sueldo promedio se encuentran en lugares secundarios.

Para hacerse una idea de cómo corre cada una de las carreras, confeccionamos el siguiente scanner a partir de las últimas cifras del Consejo Nacional de Educación sobre el desempeño desagregado de las profesiones.

 

Las mas demandadas

 

En los próximos días más de 250.000 jóvenes rendirán la PSU, luego de lo cual muchos de ellos deberán elegir una carrera. Hoy, las universidades chilenas ofrecen una amplia gama de especialidades y profesiones, no obstante lo cual las preferencias tienden a concentrarse en muy pocas alternativas.

Según las cifras del Consejo Nacional de Educación, durante el proceso de admisión 2009 las áreas preferidas por los alumnos fueron Tecnología (con un 25% de las preferencias), Administración y Comercio y Salud (empatadas con un 18% de las matrículas). Por otra parte, las áreas con menor concentración de postulantes fueron Humanidades, con apenas un 1% de las preferencias; Ciencias, con un 2% y Derecho, con un 5% (Ver gráfico).

En concreto, las carreras más demandadas para este año fueron Ingeniería Comercial, con 5.409 postulaciones; Enfermería, con 4.587, y Medicina, con 4.513 postulaciones. Las otras carreras que completan la lista de las favoritas son, Derecho, Ingeniería Civil, Ingeniería Civil Industrial, Kinesiología, Psicología, Odontología y Arquitectura. De esta forma, pese a que a nivel nacional las universidades ofrecen cerca de 500 carreras, sólo las diez mencionadas concentran el 41% de las postulaciones. Con todo, las preferencias no necesariamente están asociadas a la mayor rentabilidad de las carreras elegidas.

 

 

 

 

Las mejor pagadas

 

Las diferencias de ingresos según niveles educacionales son considerables, qué duda cabe, y a estas alturas es un dato que el ingreso promedio aumenta significativamente para quienes tienen estudios superiores.

De acuerdo con los últimos antecedentes disponibles, las carreras universitarias son mucho mejor remuneradas. En efecto, el ingreso medio de quienes cuentan con título técnico y de quienes tienen el de un instituto profesional es de 535.807 y 691.467 pesos, respectivamente, cifra que prácticamente se duplica para quienes cuentan con un título universitario, llegando a un promedio de 1.139.310 pesos.

Como es lógico, entre las distintas carreras también hay diferencias salariales importantes. De acuerdo a datos de Futuro Laboral (www.futurolaboral.cl), la carrera mejor pagada en Chile es Ingeniería Civil en Minas, cuyos titulados tienen un ingreso promedio de 1.888.559 pesos al primer año de titulación, lo que aumenta a 2.880.085 al quinto año. Sin embargo, estas cifras muestran notables diferencias a lo largo del país. El ingreso medio de estos profesionales es un 60% superior en la zona norte respecto de la remuneración media de la Región Metropolitana. (Ver gráfico)

En cuanto a ingresos, la segunda mejor opción es Geología con un ingreso promedio de 1.840.381 pesos al primer
año y de 2.448.944 al quinto año de egreso. Otras carreras con buenas expectativas salariales son Ingeniería Civil Industrial, Ingeniería Civil y Medicina. (Ver gráfico).

En el caso de Medicina, los mayores ingresos se producen en las zonas extremas norte y sur del país. Esto se explica por la relativa escasez de este tipo de profesionales en estas zonas, así como por las asignaciones especiales para incentivar a los médicos a trabajar en regiones lejanas. De esta forma, el ingreso promedio al primer año de titulación de un doctor en las regiones del norte es cercano al 1.500.000 pesos, mientras que en la Región Metropolitana es de 912.000 pesos, aproximadamente.
Las ingenierías, en general, presentan buenos niveles de ingresos, sobre todo en las regiones del norte, a excepción de Ingeniería Civil, cuyas remuneraciones son un 3% menor en esas regiones que en la zona centro. En general, casi todas las ingenierías ganan por sobre 1.500.000 pesos al quinto año de egreso.

Un poco más abajo en la escala se ubican Derecho, Odontología e Ingeniería Comercial.

Para los abogados, el ingreso promedio estimado al quinto año de egreso es de 1.726.665 pesos; claro que acá también hay diferencias a lo largo de Chile. Los mayores ingresos para estos profesionales se encuentran en el norte y en la Región Metropolitana, lo que se explica por la gran presencia minera allí y por la alta demanda de abogados en la capital. De esta forma, al primer año de titulación, un abogado trabajando en las regiones del norte puede ganar un promedio de 300.000 pesos más que uno trabajando en el sur.

Para los ingenieros comerciales, el sueldo medio esperado al primer año es de 926.763 pesos, aumentado a 1.370.080 luego de cinco años. Por su parte, para los odontólogos, el ingreso medio estimado es de 839.811 y de 1.381.642 pesos al primer y quinto años, respectivamente. En ambos casos, tanto para los ingenieros comerciales como para los odontólogos, en el norte hay mayores ingresos promedio. (Ver gráfico)

Todas estas carreras presentan una alta demanda por parte de los alumnos, lo que se entiende –en parte– por el futuro laboral que proyectan. Sin embargo, hay otras que, a pesar de ser muy demandadas también, presentan promedios de ingresos considerablemente menores. Tales son los casos de Arquitectura, Psicología, Enfermería o Periodismo, por nombrar algunas, en que los ingresos promedio para el primer año fluctúan entre 746.000 pesos en el caso de Enfermería y 499.000 pesos para Periodismo. (Ver gráfico)

 

 

 

Probabilidad de empleo

 

Otro factor relevante a la hora de estimar la rentabilidad de una carrera es la probabilidad de encontrar trabajo remunerado una vez finalizados los estudios. Según cifras del estudio de Mercado Laboral 2008 realizado por Trabajando.com, las carreras universitarias más buscadas por los empleadores son Ingeniería Comercial (7,49%), Ingeniería Civil Industrial (4,79%) e Ingeniería Civil (3,54%). En este caso, al igual como ocurre con los ingresos, las posibilidades varían en las distintas regiones del país (Ver gráfico).

Las dos carreras mejor pagadas, Ingeniería Civil en Minas y Geología, tienen excelentes tasas de empleabilidad, lo que se explica por la escasez de profesionales en estas áreas y se traduce en que tengan empleo incluso antes de terminar sus estudios. En el caso de Geología, esta probabilidad es de 99% al primer año. En cuanto a Ingeniería en Minas, la cifra es un poco menor: 96%, pero aumentando a 99% al segundo año (ver gráfico). En ambos casos, las posibilidades son mayores en la Región Metropolitana. La excelente probabilidad de empleo, sumada a las altas expectativas salariales, hace que estas dos carreras se perfilen como las más rentables. Como sea, en general, las carreras del área de la salud son las que tienen mayor probabilidad de empleo. En este sentido, destacan especialmente Enfermería y Fonoaudiología, ambas con una tasa del 100% de los egresados contratados al primer año. Sin embargo, en cuanto a ingreso promedio, estas carreras se quedan atrás. El sueldo medio de un egresado de Fonoaudiología es de 895.741 pesos y el de Enfermería es de 810.662. En el caso de Medicina, la empleabilidad promedio al primer año es de 90%. Sin embargo, las posibilidades son considerablemente más altas en el norte, donde la cifra alcanza al 100%, y es más baja en la Región Metropolitana, con un 82%.

Las ingenierías generalmente tienen altas tasas de empleabilidad, especialmente en la Región Metropolitana, donde el 90% de los egresados tiene posibilidades de encontrar trabajo remunerado al primer año de titulación. Para Derecho, los menores ingresos están en el sur. Del mismo modo, en estas regiones los abogados tienen la menor probabilidad de estar empleados, con una tasa del 66%, mientras que en el resto del país esa proporción está por sobre el 82%.

Entre las carreras más demandadas, hay algunas que se encuentran considerablemente más saturadas, lo que claramente afecta a su empleabilidad. En esto, los últimos lugares los ocupan Diseño (65%), Periodismo (75%), Psicología (77%) y Arquitectura (78%). Ello se traduce en que un profesional de estas áreas se demorará considerablemente más en pagar su carrera. En el caso de los periodistas, por ejemplo, el plazo estimado es de 20 años, y de 19 para los psicólogos.

 

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Revolución en el aula

Quisimos averiguar cuales son las nuevas tendencias de la enseñanza, como se trabaja en clases y que se espera de los profesores en un mundo globalizado. No hay un único modelo, pero si, coincidencias significativas. Varios rectores plantean que la tendencia actual es dar protagonismo a los alumnos con sesiones participativas, trabajos grupales, estudio de casos y relaciones tempranas con el mundo laboral. La flexibilización curricular es la tarea pendiente. Por Alejandra Rivera.

A comienzos de los 90 todavía era novedad el uso de transparencias o diapositivas en las salas de clases universitarias, y prácticamente la única concepción de aula era aquella en la cual los estudiantes, desde sus pupitres, tomaban nota de lo que decía el profesor. Hoy, tanto la forma de enseñar como el tipo de soportes tecnológicos han cambiando sustancialmente, y del sistema centrado en el docente se pasó a uno en que el alumno es el protagonista.

Las nuevas tendencias metodológicas en educación superior buscan que los estudiantes aprendan la disciplina en la que se están formando a través del desarrollo del pensamiento crítico, de la capacidad de discusión, de la participación en clases y de la práctica. Ya no es extraño que en varias carreras de pregrado la tónica sean los debates, los trabajos en grupo y las clases teórico-prácticas en talleres y laboratorios.

“Los estudiantes son impulsados a abandonar su rol tradicionalmente pasivo para transformarse en agentes protagónicos del proceso de construcción del conocimiento, lo que contribuye a que los alumnos estén capacitados para seguir su aprendizaje más allá del límite de la clase”, dice Andrés Benítez, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, UAI.

Para Benítez, las tendencias metodológicas actuales ponen énfasis en el aprendizaje efectivo del alumno: que los nuevos métodos fomenten su participación activa para que desarrollen un razonamiento que pueda ser puesto a prueba ante el profesor y los condiscípulos.

En esa línea, hay una serie de didácticas fundadas en el constructivismo pedagógico, explica Juan Manuel Zolezzi, rector de la Universidad de Santiago, USACH, que incluyen el método de proyectos, el estudio de casos y el aprendizaje colaborativo, que son –en general– las nuevas metodologías que se están aplicando en las aulas universitarias chilenas.

 

 

De la tiza al data-show

 

Las salas no sólo han cambiando de apariencia y agregado nuevos soportes informáticos –pizarras virtuales, data-show y computadores, por nombrar algunos–; también ha cambiado lo que se hace en ellas.

El profesor no es el único que maneja el conocimiento, sino que invita al estudiante a que lo descubra, sostiene Ernesto Silva, rector de la Universidad del Desarrollo, UDD, quien plantea que gracias a las nuevas metodologías llamadas “activas” se realizan clases en las que el alumno tiene un papel muy importante. El método genera muchas instancias de interacción que se manifiestan en trabajos grupales dentro de clases.

La incorporación de herramientas interactivas –indica Zolezzi– ha significado que las clases de tiza y pizarrón sean reemplazadas progresivamente por aulas en las que el profesor circula a través de los grupos, apoyando el trabajo de los alumnos.

 

 

Desafios y globalizacion

Las universidades han empezado además a entregar herramientas a sus estudiantes para que puedan desenvolverse en un mundo interconectado.

En la práctica, plantea Nicolás Cubillos, rector de la Universidad Finis Terrae, eso supone enseñarles a que desarrollen autonomía, “entrenarlos para la autogestión, el trabajo en equipos interdisciplinarios, la evaluación de alternativas y la solución de problemas”.

En palabras de Benítez, el gran desafío de la educación superior es “preparar alumnos capaces de actuar y desenvolverse con éxito en otras naciones y aptos para entender e incorporar las tendencias globales desde su propio país”.

La mayoría de las universidades tiene programas de intercambio y cursos de inglés. Y algunas, como la UDD, poseen programas de ampliación de conocimiento, a través de los cuales los alumnos deben cursar cinco asignaturas de una disciplina distinta a la de su profesión.

Si bien se ha avanzado en estos temas, María José Ramírez, directora general de Pregrado de la Universidad Diego Portales, UDP, dice que hay otros que aún están pendientes, como la flexibilidad curricular; es decir, la posibilidad de convalidar asignaturas equivalentes en universidades chilenas y extranjeras, y avanzar en una verdadera internacionalización de la educación superior, desde y hacia otros países, a través del intercambio de estudiantes y profesores.

 

 

 

Ernesto Silva, rector de la Universidad del Desarrollo
PROFESORES A CLASES


Desde 2005 la UDD ha implantado un nuevo modelo educativo en que no sólo definió una nueva estructura curricular para las carreras del pregrado, sino también metodologías que se debían implementar para lograr las competencias definidas en los perfiles de egreso. Para ello, creó el Centro de Desarrollo de la Docencia (CDD), que se encarga de capacitar y acompañar a los docentes en la implementación de estos cambios a través del Programa de Innovaciones Metodológicas (capacitación y seguimiento asociado a incentivos económicos); del Programa de Acompañamiento Docente y del Programa de Perfeccionamiento Docente.

“Hemos hecho evaluaciones para verificar el impacto en el aprendizaje de estas nuevas metodologías y hasta ahora han sido todas muy positivas. Los alumnos logran aprendizajes de mejor calidad. También los estudios se han focalizado en medir niveles de satisfacción y de clima de aula, y también hemos tenido muy buenos resultados”, cuenta Silva.

 

 

 

Andrés Benitez, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez
ALUMNOS TRABAJANDO


En los últimos años, la UAI ha implementando metodologías que ponen el énfasis en el aprendizaje efectivo del alumno, a través de una participación activa en la sala. Para ello creó un centro de desarrollo docente, a través del cual los académicos pueden participar en actividades como talleres, seminarios y capacitaciones. Una parte de este trabajo se ha realizado en conjunto con la Universidad de Harvard, donde un grupo de profesores se capacita cada año.

“Los resultados han sido positivos porque han permitido que nuestros alumnos se formen como personas que, junto con dominar los conocimientos propios de su disciplina, han desarrollado la capacidad de razonar críticamente; de elaborar ideas propias y defenderlas mediante argumentos debidamente fundados; de buscar, organizar y evaluar información con el fin de identificar problemas y dar respuestas eficaces e innovadoras”, explica Andrés Benítez.

 

 

 

Juan Manuel Zolezzi, rector de la Universidad de Santiago
CONSTRUCTIVISMO PEDAGOGICO


La USACH ha optado por las metodologías derivadas del constructivismo pedagógico para aplicarlas al aula. Conceptos como aprendizaje significativo, experiencias previas y contextualización de los contenidos han pasado a formar parte del lenguaje de los docentes, de los proyectos de innovación y de los requerimientos de perfeccionamiento de los académicos.

Si bien ésta es la base, las carreras humanistas y las pedagogías aplican modelos cognitivistas, mientras que las ingenierías se inclinan por modelos colaborativos y métodos de proyectos y la escuela de Medicina aplica métodos de estudio de casos y solución de problemas. El rector advierte que es muy temprano para evaluar los efectos de las nuevas tendencias, pero que determinadas áreas como la médica y las de tradición de laboratorios y talleres han empalmado muy bien con estas tendencias. “Lo que sí sabemos a partir de las encuestas de evaluación docente es que estas metodologías son bien recibidas por los estudiantes”, concluye Zolezzi.

 

 

 

María José Ramírez, directora de Pregrado, Universidad Diego Portales
ESTUDIANTES EN EL MUNDO LABORAL


La UDP ha innovado en ofrecer, además de la formación, oportunidades de trabajo práctico-profesional a sus estudiantes, desde temprano. María José Ramírez explica que los futuros profesores se forman trabajando en escuelas; los médicos, simulando la atención de pacientes; los sociólogos, arquitectos y periodistas, trabajando en proyectos profesionales reales bajo la supervisión de un tutor.

“Los alumnos están aprendiendo competencias profesionales claves que antes no tenían la oportunidad de conocer en la universidad, tales como trabajar en equipo, responsabilizarse por el producto de su trabajo y cumplir plazos”.

 

 

 

Nicolás Cubillos,rector de la Universidad Finis Terrae
NUEVOS METODOS AL AULA


Siguiendo las nuevas tendencias, esta universidad puso en marcha en 2006 un diplomado en Metodologías y Habilidades Docentes, que busca capacitar a los profesores en el uso de tres métodos: de caso, aprendizaje basado en problemas y metodología de proyectos, acciones que también se aplican en las aulas de la Finis Terrae.

El rector Nicolás Cubillos señala que los programas de capacitación han permitido que 350 académicos se hayan familiarizado con las nuevas metodologías de enseñanza. “Los resultados más evidentes son docentes mejor evaluados; un mejor rendimiento académico de los alumnos; reforzamiento del sentido de pertenencia de los profesores y una evaluación positiva de los pares evaluadores para nuestro modelo formativo”.

 

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De vuelta a clases

 

Son variadas las alternativas de capacitacion profesional que las universidades entregan a quienes buscan actualizar conocimientos, opciones en las que se da prioridad a quienes ya estuvieron en sus aulas. Asi, el ex alumno muchas veces vuelve al lugar que lo convirtio en un profesional. Por Nicolas Vial.

Fueron años de noches en vela, de transitar de sala en sala y de tratar de aprobar ramos para recibir el diploma que abría las puertas del mundo profesional. Y aunque tarde o temprano llega el momento de la graduación, lo cierto es que las distintas casas de estudios ven en sus ex alumnos no sólo la mejor carta de presentación para captar nuevas generaciones, sino también una potencial demanda por actualización de conocimientos.

En el dinámico mundo actual, el concepto de reentrenamiento profesional ha cobrado creciente fuerza. Y es que, sin importar la carrera que se haya estudiado, nunca se termina de aprender, realidad que estas instituciones tienen clara. En esta dinámica, en forma unánime las universidades consideran que lo primero es volver a estrechar lazos, haciendo presente a los antiguos alumnos que ellas aún pueden entregarles herramientas que les sirvan.

La oferta es variada y parte con los tradicionales cursos de postgrado. De acuerdo a cifras del Consejo Superior de Educación (CSE), actualmente existen alrededor de 1.200 programas de doctorado, magíster y especialidades médicas y odontológicas.

Y es que la especialización es un segmento que tiene su público, como lo muestran las cifras de la división de Educación Superior del ministerio de Educación, que calculan un universo de 268 mil titulados universitarios de carreras de pregrado entre 2000 y 2007. “Hoy no basta con la carrera de pregrado en mercados cada vez más competitivos. La diferenciación de los profesionales es clave para alcanzar el éxito. La formación debe convertirse en un proceso permanente, en que estar al día transforme a los profesionales en personas integrales, indispensables en la organización”, explica Daniel Pérez, director general de Egresados de la Universidad Andrés Bello.

A la posibilidad de optar a un postgrado se suman los diplomados y postítulos, los que exigen un tiempo menor y están apuntados a temas más específicos. En Chile, según cifras del CSE, las universidades suman alrededor de 5 mil programas dentro de esta oferta. Estas alternativas están abiertas a cualquiera que las quiera tomar, aunque beneficios como descuentos significativos en las matrículas, mayor flexibilidad en los procesos de ingreso y el hecho de ser “locales” hacen que los interesados opten por aquellas casas de estudios que los vieron partir.

 

 

Especializacion a la pizarra

 

El mercado laboral es un buen punto de partida para detectar el comportamiento dinámico que muchas profesiones experimentan, ya sea por los cambios en el consumidor, las nuevas tecnologías o innovaciones en los distintos procesos productivos. Estos elementos dirigen la brújula hacia donde debe estar enfocada la oferta para los ex alumnos.

Las universidades han tomado conciencia de que mantener una retroalimentación constante con sus egresados –quienes son los que están inmersos en esta vorágine de cambios– es clave al minuto de ofrecer otras alternativas. La Universidad de los Andes, por ejemplo, busca lo anterior a través de la especialización de la oferta. “Lo principal es llegar a los egresados con actividades de interés específico y no sólo llenarlos de mail. Buscamos ir al grano en sus intereses, entregando información segmentada a través de filtros específicos”, señala Francisco Lavín, director ejecutivo de Alumni, entidad a cargo de la relación con sus graduados.

Entre estas alternativas existen distintas instancias que van desde talleres de coaching, invitaciones a seminarios dentro y fuera de sus sedes, clases magistrales y programas de perfeccionamiento en distintos temas. Este es un elemento que finalmente marca la diferencia entre haber estudiado o no en la universidad que lo ofrece.

La planificación de tales actividades no es tomada a la ligera. Las facultades elaboran planes semestrales y anuales en que se toma en cuenta la opinión de los mismos ex alumnos y éstos encuentran tribuna a sus inquietudes. Los programas comienzan desde el minuto en que los nuevos profesionales salen de las aulas.

“Los alumnos no vuelven a la universidad a actualizar los principios básicos de sus disciplinas, sino los conocimientos específicos, los cuales están sujetos a muchos replanteamientos y avances”, puntualiza Sergio Hernández, vicedecano de Postgrado e Investigación de la Universidad del Desarrollo.

 

 

Reentrenamiento en evolucion

 

Una de las tendencias que ha ido surgiendo es la de la interdisciplinariedad de estos programas y actividades, cuyo objetivo es entregar nuevos conocimientos o reforzar otros de una manera más integral. Así, es posible encontrar para todas las especialidades cursos de perfeccionamiento en materias tributaria, administración y gestión de empresas, entre otras.

También las universidades están dando énfasis al entrenamiento o reentrenamiento de las llamadas habilidades blandas. Contenidos como liderazgo, trabajo en equipo e inteligencia emocional se imparten en cursos o seminarios de corta duración que apuntan a desarrollar estas destrezas.

Otro aspecto que ha ido aumentando en importancia es el de estrechar lazos con las empresas en las que trabajan sus egresados. Las organizaciones de ex alumnos y las facultades logran identificar las necesidades de reentrenamiento que éstas tienen en diferentes ámbitos, lo que se traduce en oportunidades de perfeccionamiento a través de formatos que acomoden a las organizaciones.

En otro plano, se ha ido potenciando la oferta a través de las relaciones internacionales con que cuentan las casas de estudios como, por ejemplo, organizando seminarios o clases magistrales con destacados exponentes, a los que muchas veces sólo pueden acceder los titulados. También existe la posibilidad de extender facilidades para que quien lo desee pueda acceder a los programas de postgrado que se ofrecen en planteles extranjeros.

Es así como volver a la sala de clases ya no suena a locura. Al contrario, la idea de reforzar potencialidades y obtener nuevos conocimientos y herramientas es un requisito para que los ex alumnos logren desenvolverse de mejor manera en sus trabajos.

 

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Diplomas sin fronteras

Hace tiempo que las universidades chilenas han estado implementando convenios con instituciones extranjeras para enviar y recibir alumnos en sus programas académicos. Hoy la difusión es fundamental y es una tarea que estas instituciones han emprendido con fuerza con ayuda del sector público. Por María José Marinovic y Nicolás Vial.

La movilidad de los estudiantes hacia otros países ha aumentado con los años. Cada vez hay más chilenos estudiando en el exterior y el número de extranjeros que eligen cursar algunos de los programas que ofrecen las universidades chilenas ha ido en aumento. En 2001 llegaron a nuestro país 3.477 alumnos de todo el mundo, cifra que hoy se empina a los 6 mil y que, en su mayoría, se concentran en la Universidad Católica, Universidad de Chile, Universidad de Viña del Mar, Universidad Adolfo Ibáñez y Universidad Mayor.

Este posicionamiento del intercambio universitario en Chile se ha dado con especial fuerza en América Latina. De acuerdo con cifras de ProChile, la mitad de los alumnos extranjeros proviene de Estados Unidos, un 25% de Perú; un 14,7% de países de la OCDE; 12% de Colombia y un 9% de Argentina. En su mayoría los universitarios norteamericanos y europeos ingresan a nuestro país para estudiar por períodos cortos de entre uno a seis meses, mientras los latinoamericanos cursan carreras o postgrados completos.

“En nuestro país existe una oferta educacional diversa y de alta calidad, que goza de un gran prestigio en Latinoamérica. A eso se suman las características del país, en cuanto a seguridad y buena calidad de vida, atributos que son valorados por los estudiantes”, afirma Alicia Frohmann, directora de ProChile.

La abundante variedad de alternativas académicas que existen hoy también es una ventaja al minuto de captar el interés de los extranjeros. Como explica Frohman, las universidades chilenas poseen una amplia oferta de pre y postgrado en áreas como Administración, Economía, Ciencias Sociales y Salud. Además, la mayor parte de estos programas se encuentra acreditada, lo que tiene dos beneficios para los estudiantes extranjeros: da cuenta de un nivel de cumplimiento de alto estándar de calidad y permite a los extranjeros postular a becas de organismos internacionales, como el BID o la OEA.

Este intercambio no sólo se reduce a las distintas carreras y postgrados que ofrecen las casas de estudio. El abanico de posibilidades generado a partir de los convenios entre las universidades chilenas y extranjeras es bastante amplio. Pasantías en las distintas sedes o en empresas, prácticas en el extranjero y cursos enfocados a la nivelación de lenguajes complementan la oferta.

También, para los alumnos extranjeros, conocer más sobre América latina es un aliciente para estudiar dentro de nuestras fronteras. Algunas instituciones universitarias llevan implementando desde hace un tiempo cursos de estudios sobre la región, ya sea a nivel cultural, económico y social. Un ejemplo es el Programa de Español y Cultura Latinoamericana impartido por la Universidad del Pacífico.

 

 

Salir a venderse

 

La difusión de las ventajas de estudiar en nuestro país ha sido fundamental para posicionar a Chile como un destino educacional. Desde hace un par de años, varias universidades, en conjunto con ProChile, comenzaron a participar en misiones comerciales y ferias de promoción en el exterior. Este año, 12 instituciones asistieron a la Feria Nafsa en Kansas, una de las más importantes de este rubro a nivel internacional y donde se concretaron acuerdos con Estados Unidos, Europa y Asia. Este no fue el único viaje de difusión. Costa Rica, Panamá y Ecuador también fueron los destinos de ocho delegaciones chilenas en el primer semestre.

Para promover esta creciente internacionalización, la mayoría de las universidades cuenta con oficinas dedicadas a las relaciones con el exterior. Según el último informe de la OCDE y el Banco Mundial sobre la educación superior chilena, desde 2003 cerca del 80% de las universidades del Consejo de Rectores contaba con una de estas entidades.

“Tener convenios con universidades extranjeras nos ha permitido transmitir una visión más amplia a nuestros alumnos y académicos, preparándolos así con mejores herramientas para enfrentar el mundo”, señala la directora de Relaciones Internacionales de la Universidad del Desarrollo, Bárbara Stengel, institución que posee convenios con 107 instituciones de 29 países y que registra una tasa de crecimiento en este segmento de 25%.

Pero la apuesta no va sólo por la difusión, la tendencia apunta a que la universidades se establezcan físicamente fuera de Chile, ya sea instalando sedes, como es el caso de la Universidad Técnica Federico Santa María en Ecuador, o dictando cursos, como la Universidad Católica en países como Guatemala y El Salvador. Además, esta última institución y la Universidad Finis Terrae han comenzado a ofrecer programas de dobles grados que permiten a los alumnos cursar una parte del programa en Chile y la otra en una universidad extranjera sin pagar matrícula y obteniendo ambos títulos. “Estamos fuertemente comprometidos con lograr una internacionalización efectiva de todos los aspectos de la formación integral de nuestros egresados”, explica Luz O`Shea, directora de Programas Internacionales de la Universidad Finis Terrae.

Las casas de estudios entienden que un gran plus de su oferta va por el lado de estrechar lazos con organismos extranjeros. Por ello, además de la asesoría constante que los departamentos de relaciones internacionales le entregan a los jóvenes, ya sea en puntos como estadía, papeleo e inducción al sistema de la universidad, también contemplan cursos de nivelación del idioma, actividades de esparcimiento y turismo, entre otras.

Lo que muchos destacan como la gran fortaleza de Chile en este plano, es que acá se ofrecen programas de calidad a un precio razonable. Estudiar en Chile puede costar un quinto que en Estados Unidos, a lo que se suma la estabilidad de nuestro país y el fuerte trabajo de difusión que se está haciendo en esta área.

 

 

Temas por avanzar

A pesar de los avances que ha experimentado la internacionalización de la educación superior chilena, aún hay aspectos que inhiben la movilidad de los alumnos y profesores chilenos a otros países. Según el informe de la OCDE, a Chile le falta aún un sistema de transferencia de créditos claro y comprensible que se aplique a todas las instituciones de educación terciaria.

Por otro lado, el informe habla de la necesidad de que las universidades se hagan parte de la Red Internacional de Centros de Información del Reconocimiento Académico Nacional, lo que permitiría mayor claridad a la hora de comparar calificaciones y estudios en los distintos países. También hace falta implementar sistemas de admisión más amigables, potenciando, por ejemplo, la postulación online.