Las buenas noticias abundan para la distribución de contenidos a través de Internet. Especialmente para la música, cuya industria aún mira con recelo la vorágine orgánica e indomable que resultan los cibernautas para ella. 

  • 17 abril, 2008

Las buenas noticias abundan para la distribución de contenidos a través de Internet. Especialmente para la música, cuya industria aún mira con recelo la vorágine orgánica e indomable que resultan los cibernautas para ella. Por Andrés Valdivia.

 

Hace algunos días apareció un estudio que confirma lo que muchos ya estábamos esperando hace algunos meses: iTunes, la tiendita de Apple, superó a WalMart en las ventas de música en los Estados Unidos, transformándose en el principal retailer musical de ese país (ya sean ventas físicas y/o digitales). Aunque se veía venir, el logro es significativo pues consolida una serie de interesantes fenómenos que se han estado observando en la red en los últimos años. iTunes, abrió sus “puertas” el 2003 y hasta la fecha ha vendido más de 4 billones de canciones. Una friolera. Lo que inicialmente parecía un pequeño negocio subsidiado por el iPod es hoy la disquería más grande y popular del imperio. Sus tentáculos ya han alcanzado a Europa y parte de Asia, donde se espera que los resultados sean similares. La plataforma que tiene a la industria contra las cuerdas y en un estado de paranoia inverosímil se ha transformado –al menos para los dispuestos a pagar– en una alternativa valiosísima para seguir haciendo negocios. Muchos auguraron que no era un modelo viable y aquí erraron.

La lógica detrás de iTunes –y de cualquiera de sus competidores online– es simple, pero genial, y está basada en las enormes oportunidades que el mundo digital genera: bajo costo de almacenamiento y distribución, gran capacidad de procesamiento de enormes cantidades de datos. Para salir de la abstracción hablemos en simple: un catálogo casi infinito de música, un canal de distribución marginalmente barato y herramientas muy eficientes para poder conectar la oferta con la demanda (recomendaciones y promociones inteligentes, así como sistemas de categorización y búsqueda innovadores). Es decir, long tail destilado (una cuasi-teoría propuesta por Chris Anderson en el libro del mismo nombre). La genialidad de iTunes pasa también por hacer un potente trabajo de creación de marca y de apalancamiento de contenido exclusivo. Quizás su gran problema sea que la música está codificada de manera que sólo es reproducible en computadores con iTunes (el software que sincroniza con iPod), pero dada la penetración del iPod entre los consumidores de música, el asunto pareciera importarle poco a Steve Jobs, responsable una vez más de un tremendo triunfo en las lides digitales.

 

 

¿Y a mí qué?

 

Muchos parecen aún impávidos frente a la profunda transformación que impone una cultura digital potente. Como si fuesen universos paralelos y no comunicantes, algunos creen que lo que está ocurriendo no rebalsa hacia el mundo real. Craso error. Por ejemplo: el modelo long tail implica, que la unidad de venta es la canción y no el disco. Este pequeño detalle –insignificante en un comienzo– ha generado un potente cambio en la forma en que la música se está marketeando. De alguna manera estamos volviendo al antiguo esquema del “single”, lo que le quita mucha grasa al imperante formato del disco, pero también remueve la posibilidad, fundada en los años 60, de concebir un LP como una obra de arte cerrada, con un principio y un fin. Es la canción la que manda hoy y tanta es la canción-manía que se especula con la idea de comenzar a crear playlists colaborativas, es decir, listas de canciones en las que todos podemos ayudar con canciones. Bote sus CDs y acuérdese de los singles, que están de vuelta.