El plan es tener un banco ético funcionando el 2022. Una entidad financiera con ejecutivos, cuenta corriente, tarjetas bancarias, sitio web y sucursales, pero cuyas inversiones giren en torno al impacto social y la sustentabilidad. Detrás de este proyecto está la plataforma Doble Impacto, que funciona con un modelo de doble gobernanza junto a la […]

  • 19 diciembre, 2019

El plan es tener un banco ético funcionando el 2022. Una entidad financiera con ejecutivos, cuenta corriente, tarjetas bancarias, sitio web y sucursales, pero cuyas inversiones giren en torno al impacto social y la sustentabilidad. Detrás de este proyecto está la plataforma Doble Impacto, que funciona con un modelo de doble gobernanza junto a la fundación Dinero y Conciencia, cuyo director ejecutivo es Sebastián Cantuarias. Hoy son 40 personas las que vienen trabajando en esta plataforma de crowdfunding que nació en 2014, y aunque el rumbo se mantiene, el estallido social ha producido que el ritmo se acelere. Es más urgente que nunca, afirma Cantuarias, la existencia de una banca ética que se base en el paradigma de la fraternidad, es decir; llevar la relación natural de interdependencia de los seres humanos al plano financiero. Su director enfatiza en que este cambio de definición es totalmente compatible con un sistema capitalista, siempre y cuando la rentabilidad se entienda como consecuencia de un aporte a la sociedad.

“Entendemos al banco como el corazón de la economía porque tiene un rol fundamental en la construcción de la sociedad. No es inocuo: los créditos de consumo generan una sociedad de consumo, el sobreendeudamiento quiebra la paz social, que se financien plantas a carbón se traduce en energía sucia”, ejemplifica el encargado del proyecto. Al hablar de sustentabilidad es claro en diferenciarla de la simple acción de crear cartolas virtuales para no usar papel. Va mucho más allá. “La sustentabilidad del sistema financiero consiste en qué se financia, con qué criterio, y bajo qué medidas de transparencia. Hay un desafío muy grande que se puede empujar producto del  estallido social”, afirma.

Para echarlo a andar se requiere levantar 30 millones de dólares a 2021. La plataforma de crowfunding Doble Impacto ya cuenta con 1.500 inversionistas, entre capitales chilenos y extranjeros, y estos abarcan un amplio espectro de inversión: desde 100 mil pesos y hasta aportes de un millón de dólares. “Hay una especie de tsunami de conciencia por parte del inversionista que quiere poner su dinero en proyectos de impacto positivo”, explica el director ejecutivo. Y tienen buenas noticias para la creación del banco porque acaban de ganar un FIS Ameris, que bajo la figura de mutuo convertible, transformará la inversión en futuras acciones del banco: “Es un compromiso que demuestra confianza, invertir  en un banco que todavía no existe”.

En cuanto a masividad Cantuarias señala que ellos querrían que el millón 200 personas que se manifestaron en Plaza Italia hace algunas semanas fuesen inversionistas del banco ético: “Sería un acto de coherencia por parte de los ciudadanos, pero también aspiramos a inversionistas de alto patrimonio. La palanca finalmente se mueve si ellos transforman su inversión tradicional a  inversión de impacto”. Sostiene además que la nueva economía todavía está lejos de representar en punto del PIB y que esa debe ser la meta: “Necesitamos dejar de pegar post-it y empezar a preocuparnos de que las empresas vendan, ser realmente competitivos”.

Los referentes para crear este banco ético, cuyo marco jurídico está a cargo de los estudios Carey y Hermosilla, sigue referentes europeos como Triodos Bank (Holanda), GLS Bank (Alemania) y Alternative Bank (Suiza). Sus estudios demuestran que la experiencia es absolutamente replicable en Chile y en Latinoamérica. De hecho van a ofrecer al inversionista entre 7 y 10% de rentabilidad. “Esto es profundo y serio, por lo mismo hemos sido muy rigurosos en análisis de riesgo y hemos realizado estudios de mercados en Argentina, Uruguay, Brasil y Colombia. Estamos pensando en la transformación de la economía latinoamericana y desde ahí hacia afuera. Queremos cambiar la economía mundial, así de ambicioso”, sentencia Cantuarias.