El estallido nos mostró violencia en lugares donde había abandono. Tenemos que traer al Estado de vuelta. Hacer ciudad en los sitios vacíos”, reflexiona el arquitecto Iván Poduje. Esto no se le ocurrió recién. Hace ya un tiempo que viene dándole vuelta a cómo convertir los sitios eriazos en lugares con vida, con sombra, con […]

  • 19 diciembre, 2019

El estallido nos mostró violencia en lugares donde había abandono. Tenemos que traer al Estado de vuelta. Hacer ciudad en los sitios vacíos”, reflexiona el arquitecto Iván Poduje.

Esto no se le ocurrió recién. Hace ya un tiempo que viene dándole vuelta a cómo convertir los sitios eriazos en lugares con vida, con sombra, con verde. Él dice que no es solo un problema estético, sino que es un asunto de equidad. El cemento, la tierra, el polvo, el descampado, subrayan la marginalidad y la segmentación de la ciudad.

“Después de esta crisis tenemos que reconstruir, pero también resolver deudas antiguas de inequidad. Una de esas deudas tiene que ver con la introducción de áreas verdes en el territorio. El problema, además de construirlos, es mantenerlos. Eso es muy caro, por el riego y porque necesitas tener parques inmediatos. Para eso hay que tener árboles crecidos. Los chicos se rompen, se mueren. La gente los ve como una burla. Pero la diferencia es que un árbol grande cuesta 500 mil pesos. Uno pequeño vale 5 mil. ¿De dónde sacamos árboles que permitan un cambio real y rápido?”, sostiene.

Su propuesta es construir viveros gigantes en terrenos fiscales que están sin uso. Según sus cálculos, existen cerca de tres mil quinientas hectáreas -repartidas en diversas comunas vulnerables- que podrían destinarse a la plantación de árboles. En el fondo, es instalar una suerte de viveros gigantes. “La idea es ocupar esos terrenos vacíos que solo generan pobreza, basura y deterioro”.

La idea del arquitecto es ambiciosa. “En los terrenos fiscales -que hoy están en manos de las Fuerzas Armadas y del Serviu- podemos hacer un trazado previo para instalar estos viveros gigantes, pero el diseño debiera contemplar dejar espacios en el medio, tipo calles interiores, donde construir viviendas sociales o una red de servicios cívicos. En la medida que los árboles van creciendo, los vas trasladando para forestar grandes avenidas o construir parques inmediatos”, dice Poduje, quien en estas últimas semanas se ha dedicado a recorrer cada una de las comunas más golpeadas por el estallido social.

Así es como, mapa en mano, ha ido identificando paños abandonados que podrían servir. Por ejemplo, uno de 200 hectáreas que está en el ex aeródromo Cerrillos. Otro en Puente Alto, especialmente en las zonas de la Platina y Antumantu, que tiene 350 hectáreas. Y ahí extenderse a comunas como El Bosque, San Eugenio y Quilicura. “Vas trasladando esos árboles ya crecidos para vestir algunas grandes avenidas como Santa Rosa, San Francisco, Vicuña Mackenna, Los Morros, Lo Martínez y Pedro Aguirre Cerda, que conectan a las comunas más segregadas y donde la principal carencia son las áreas verdes. La gente no pide césped. Quiere sombra”, sostiene.

¿Pero por qué su obsesión por llenar el vacío? Poduje afirma que no tolera los sitios eriazos, por lo que estos representan. “Ahí se incuba la desesperanza, la inseguridad. Son lugares inhóspitos por definición. Por eso hay que transformarlos”, dice.

¿Y quién lo paga? El financiamiento correría por parte del Estado, léase, del Ministerio de Vivienda y de la Conaf. También plantea que podrían venir recursos de las mitigaciones ambientales de las grandes empresas para ayudar a financiar esa arborización.