El contexto

Marzo es el real inicio de cada año operativo y es interesante echar una mirada para saber qué esperar. El eje del año serán naturalmente las elecciones presidenciales y parlamentarias, que presentan al menos cuatro novedades importantes. Primero, la enorme incertidumbre sobre quiénes y cuántos serán los votantes. Segundo, que habrá primarias en ambos tipos de elecciones, de una manera novedosa y regulada, lo que ya ha causado el retiro de viejos dinosaurios de la política y traerá muchas sorpresas. Tercero, la oposición pasa de cuatro partidos a ocho, tratando de unirse, lo que supone enormes complejidades para ese conglomerado. Y, finamente, después de 20 años de Concertación y cuatro de derecha, las ideologías de la polaridad derecha/izquierda se han desdibujado mucho. Ya nadie entiende muy bien cuáles son las diferencias. Lagos era amado por los empresarios, Piñera es acusado por Novoa de concertacionista, Lavín era bacheletista-aliancista, MEO critica el duopolio, pero espera los votos de la Concertación y la izquierda, Velasco critica a Bachelet, Parisi, que es de derecha, es caracterizado como populista, el PC entra a la Concertación, en fin. Es un nuevo escenario después de 30 años.

Los candidatos

Hoy tenemos cinco precandidatos con algún grado de fuerza y competitividad en la carrera; Bachelet, Allamand, Golborne, Velasco y MEO. También hay algunos laterales como Claude, de extrema izquierda, que será patrocinado por el Partido Humanista; Gómez, que es básicamente una negociación de poder dentro de su conglomerado; Parisi, que es interesante pero es básicamente un ruido electoral que no llegará muy lejos. En otra pista está Orrego, que es quizás la mejor carta de la Concertación en todo sentido, pero que será arrasado por la izquierda en las primarias. También está Jocelyn-Holt, pero desvanecido. Cornejo que postula a la presidencia de la DC es un declarado bacheletista, lo que hace difícil la posición de su partido.

La trama

Para las bases de la derecha, es más o menos indiferente si es uno u otro y eso representa un enorme desafío para el sector, ya que podría tener una convocatoria muy magra en la primaria y eso le restará fuerza a su candidato en términos relativos. Allamand tiene efectivamente mucha experiencia política, y Golborne tiene el carisma que toca las emociones. Las tendencias de los últimos años señalan que probablemente ganarán las emociones sobre las reflexiones, pero eso está abierto aún. A estas alturas yo ya no sé si eso es bueno o malo en la política moderna. En la última elección, la derecha se presentó como la Coalición por el Cambio, con destacadas ex figuras de la Concertación en Chile Primero. Ahora es nuevamente sólo la Alianza, y esa es una pérdida de valor, a mi juicio no menor, para convocar a la idea de centroderecha. Haber perdido a Chile Primero ha sido un error histórico de la derecha.

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Para las bases de la oposición, que ahora tiene 8 partidos, la cosa es más o menos compleja. La DC y el PC no tienen nada, pero absolutamente nada, en común más allá del amor al poder. El PRSD es apenas un sobreviviente de la historia que se aferra a su pasado pero no tiene muchas ideas sobre el futuro; un partido que no muestra mujeres y jóvenes como dirigentes y candidatos. El PRO de Ominami es lejos lo más novedoso en la política y un real dolor de cabeza para la oposición. El MAS, PRI, y la IC son más bien simbólicos, pero emiten opinión y representan a los díscolos, y la oposición los necesita por los votos marginales. El PS y el PPD son de raíces similares, pero el PPD representa el lado oscuro y los vicios del poder simbolizado por su figura dominante que es Girardi. Sin duda hay PPD muy notables, pero al final del día el que pone la música es Girardi que de alguna manera se asocia a formas de corrupción, al clientelismo, a las amenazas, a los operadores políticos y otras prácticas que han desprestigiado a nuestra clase política.

Factor Bachelet

La indecisión clásica de Bachelet ya la ha puesto en una situación irreversible. No puede ahora decir que no será candidata porque eso sería una irresponsabilidad enorme para su sector. Pero ya ha dado muchas muestras de esa irresponsabilidad en su mandato, como el manejo económico en que hizo añicos el equilibrio fiscal, el 27F, el Transantiago, y otras tantas políticas de su gobierno. Ahora deberá hablar, opinar, debatir, y ser debatida y es una real incógnita qué podrá decir que satisfaga a estos ocho partidos de la oposición. Ella no tiene ideas conocidas del futuro y deberá esperar que le propongan algún programa. Yo aún creo que podría dar una sorpresa producto de sus indecisiones atávicas.

La economía y el factor Piñera

En la economía, todo indica que el precio del cobre seguirá alto, la inflación razonablemente controlada, una sostenida alza de consumo, y por ende se mantendrá el dinamismo. La situación internacional ha pasado su peor momento y a pesar de que está aún muy débil, lentamente empieza a regularizarse, con una China dinámica y un EEUU un poco mejor de lo esperado. Probablemente, entonces, estaremos creciendo en torno a 5%.
Eso significa inversión, empleo y margen para mejorar políticas sociales o dar nuevos bonos. De ser así, Piñera terminará un gobierno sobresaliente, con popularidad al alza y una sensación térmica muy positiva. A pesar de lo obstructiva que ha sido la oposición, no podrán negar sus logros objetivos. Eso será la plataforma de apoyo al candidato de la Alianza, que además podrá hacer un análisis comparativo con Bachelet realmente doloroso para ella, ya que su gobierno fue muy magro en resultados.

Piñera, con toda probabilidad, va a terminar su gobierno con técnicamente pleno empleo, un alto consumo de bienestar para las personas, exportaciones récord, inversiones récord, cuentas fiscales ordenadas, fondo del cobre en más de 20.000 millones de dólares, sin campamentos, total éxito en la reconstrucción, disminución de la pobreza, mejores índices de distribución que la Concertación, sin colas Auge y más patologías, nuevos hospitales públicos, muchos estadios deportivos y, en fin, una larga lista de logros, incluso mejores estadísticas que la Concertación en seguridad y delincuencia. La oposición no se puede refugiar mucho en su pasado, ya que ahora lo critican por haberse movido a la izquierda.

La sal y la pimienta para el resumen

El nuevo cliché de los “movimientos sociales”, que es la regla de la izquierda, tratará de manifestarse en las calles, tratando de poner en jaque la gobernabilidad y polarizar a la política. Es probable que en este novel escenario aumenten los díscolos como nunca.

En suma, será un año muy movido, bueno para la economía, y altamente competitivo electoralmente. Quienes creen que Bachelet es una apuesta segura se equivocan de plano y hasta podría ser una enorme decepción. Los más radicales tratarán de usar sus pequeños porcentajes como árbitros y obligarán a la oposición a considerar ideas muy extremas como una asamblea constituyente, nuevas empresas estatales, nacionalización de recursos, cierre de universidades, etc.
Será un año en que los columnistas tendremos demasiados temas abiertos y punzantes para opinar. •••