Se presenta en el MAC la monumental obra del chileno Enrique Zañartu. La exposición recorre 50 años del trabajo de este artista (hermano de Nemesio Antúnez) que supo brillar por su talento y por su manera de hacer arte más que por su simple apellido. Por María Jesús Carvallo

  • 15 mayo, 2008


Se presenta en el MAC la monumental obra del chileno Enrique Zañartu. La exposición recorre 50 años del trabajo de este artista (hermano de Nemesio Antúnez) que supo brillar por su talento y por su manera de hacer arte más que por su simple apellido. Por María Jesús Carvallo

 

Se presenta en el MAC la monumental obra del chileno Enrique Zañartu. La exposición recorre 50 años del trabajo de este artista (hermano de Nemesio Antúnez) que supo brillar por su talento y por su manera de hacer arte más que por su simple apellido. Por María Jesús Carvallo

 

 

Es uno de los grandes artistas contemporáneos chilenos. Tan importante como Roberto Matta o incluso como Nemesio Antúnez. Dedicó su vida a las artes, pero muchos no lo conocen tanto o quizá nunca han sabido tomar el peso a su trayectoria.

Sí, porque aunque no vivió mucho tiempo en Chile y se paseó entre Estados Unidos, Cuba y Francia, es un destacado representante del arte contemporáneo nacional, con un gran legado a cuestas que, curiosamente, retrató mejor que muchos los espectaculares paisajes de nuestro país.

Un hombre que, de manera autodidacta, llegó a internacionalizar su carrera, compartió taller con Marcel Duchamp, ilustró con sus grabados las poesías de Pablo Neruda y Julio Cortázar e incluso se le llegó a comparar con el mismísimo Miró.

Un chileno callado –como cuentan su mujer y algunos de sus amigos–, pero alegre al mismo tiempo. Un eterno viajero que se nutría de los parajes en los que estaba y de las sensaciones que le producía observarlos para realizar sus creaciones.

Apasionado, rechazó becas y trabajos por seguir sus propios instintos. Sabía que la pintura era el centro de su vida, pero siempre se mantuvo alejado de cualquier oportunismo o moda. Tanto así, que decidió dejar su apellido paterno para diferenciarse de su hermano Nemesio y eligió Zañartu –que era el de su madre– para que fuera su distintivo. Quiso brillar por sí solo, por su obra, por su búsqueda interna y no por cosas exteriores.

Y como muchas veces pasa en Chile, durante años no se le rindió el reconocimiento que se merecía. Pero llegó el tiempo de cambiar la historia. Después de una retrospectiva realizada por la Fundación Telefónica en 2000, ahora es el turno del MAC, que vuelve a homenajearlo como corresponde. Una gran exposición con más de cien obras de toda su carrera artística, que incluye pinturas, dibujos, grabados y collages; muchos, inéditos en Chile. Un itinerario por sus inicios en Nueva York en los 40, por su etapa más brillante y llena de color en Cuba y también por la búsqueda en la profundidad de su ser durante su estancia en París hasta finales de los 90. Un recorrido por su vida en todo el sentido de la palabra, porque al final sus trabajos no reflejan más que su propia imagen, su interioridad, su manera de ser y su mirada del mundo que lo rodeaba. Esta muestra es un reencuentro con su patria, una exposición que vale la pena ver, para así conocer en vivo y en directo, y de verdad, quién era el auténtico Enrique Antúnez Zañartu.