Lea la entrevista que el nuevo timonel de la CPC dio a Capital un mes antes de su nombramiento

 

  • 31 octubre, 2008

“Se agotó la voluntad política para sacar adelante reformas”

“Tengo la sensación de que estamos más empantanados”, dice el vicepresidente de Sofofa y uno de los candidateables a encabezar la CPC. Y es que a Rafael Guilisasti le entusiasman los grandes acuerdos; en particular, si se trata de sacar adelante reformas clave para el crecimiento del país, como una mayor flexibilidad laboral. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Enrique Stindt.

No conocía personalmente a Rafael Guilisasti, cuyo apellido se identifica inmediatamente con el bouquet de la antigua pero renovada actividad vitivinícola chilena. Los empresarios lo respetan, tanto por sus evidentes logros encabezando Viñedos Emiliana y Concha y Toro, como por su trayectoria de dirigente gremial. Entre 1996 y 2003 fue presidente de Viñas de Chile y actualmente, como vicepresidente de la Sofofa, es uno de los nombres que “suenan” como posibles candidatos a dirigir la CPC.

Poco dado a mostrase en los medios de comunicación, me encontré con un hombre cálido y sencillo, con el cual uno podría pasar horas y horas conversando. Amante de la lectura y de la Historia –estudió esa carrera en la Universidad Católica– posee una amplia cultura y una visión equilibrada de los procesos que han marcado nuestro pasado. Su bien ordenada cabeza, disciplina la energía con que se aplica a todo lo que emprende y enfría esa enorme pasión que compromete en cada emprendimiento. En su ADN está la cepa vasca; amor al trabajo, fuerza, empuje y sobriedad. Solidario, abierto al diálogo y dueño de gran empatía y vocación de servicio, no cuesta imaginarlo dando todo de sí en la búsqueda de nuevas e innovadoras fórmulas que permitan que Chile crezca hacia metas más exigentes.


-Eres descendiente de inmigrantes. ¿Cuándo llegaron a Chile los Guilisasti y a qué se dedicaron?

-Somos de origen vasco, específicamente, de San Sebastián. Mis antepasados llegaron a fines del siglo XVIII y se establecieron en Los Andes. Pero la información está medio nebulosa, porque todos los hermanos de mi abuelo y sus padres murieron a raíz de la peste de cólera que afectó a Chile a comienzos del siglo XX. Fue una desgracia. Sólo mi abuelo sobrevivió en el vientre de mi bisabuela… El fue agricultor. Tenía un campo donde, al parecer, plantaba cáñamo. Se casó y tuvo siete hijos, entre los cuales estaba mi padre…

-Fuerte la historia. ¿La tradición agrícola continuó con tu padre?

-Lo curioso es que mi papá no fue agricultor. Empezó su vida laboral activa en la Bolsa de Comercio, en la oficina Irarrázaval
y Rodríguez. Lo que le gustaba era el mundo de las fi nanzas y el bursátil, y así llegó a Concha y Toro en 1960.

-¿Cómo fue ese proceso de integrarse a la viña?

-En esos tiempos, la viña era propiedad de distintas ramas de la familia Concha, pero algunas estaban interesadas en vender y, como tenían la estructura de sociedad anónima, colocaron sus acciones en la Bolsa. Mi papá, junto a un grupo de inversionistas entre los cuales estaban Sergio Calvo, Alfonso Larraín, Eduardo Morandé y Agustín Hunneus, compró acciones y fueron muy bien acogidos en la empresa. Hunneus terminó vendiendo y partió al exterior.

-A esas alturas, ya estabas en edad colegial. ¿Dónde estudiaste?

-En el Saint George…

-¿Generación “Machuca”?

-Antes de “Machuca”, pero el colegio me marcó mucho. Yo diría que el Saint George tenía tres virtudes muy grandes: primero, que era bastante plural, un colegio donde se debatía mucho; segundo, me tocó un período de mucho cambio educativo y realmente nos enseñaron a pensar. Vivimos un período de confusión, tanto de los sacerdotes como de nosotros, pero nos enseñaron buenos principios y capacidad de refl exión; por último, me inculcaron el valor de la autodisciplina, que sirve mucho en la vida.


-¿Qué te llevó a estudiar Historia en la Universidad Católica?

-Siempre me ha gustado la historia, leer, comprender los procesos. Pero también hubo algo de rebeldía, porque lo lógico hubiera sido que estudiara Derecho. Mi padre me lo exigía, pero yo –como era porfiado y me gustaba la historia– entré con bastante gusto a la carrera y no me arrepiento.


-¿Cuál fue el tema de tu tesis?

-La tesis de título fue sobre la inserción laboral femenina. El mercado laboral femenino en distintas etapas de la historia.

-En esos tiempos universitarios, la política llenaba la vida y todos quienes estudiamos en ella tomamos posiciones. ¿Tuviste problemas familiares por matricularte con el Mapu?

-Mi familia era más bien conservadora. Yo era el rebelde, el único que estaba en esas posiciones. Pero siempre hubo mucho respeto y jamás se perdió el cariño. Nunca sentí de mi papá o de mi mamá ningún juicio adverso, aunque yo creo que lo deben haber pasado mal en más de algún momento. Coincidió que el mismo año nos fuimos de la casa mi hermano mayor, Eduardo, y yo. El, a vivir a la casa del Opus Dei y yo, con los sacerdotes del colegio y un grupo de amigos a una población en Peñalolén, para hacer labor social. Pero lo importante es que mis padres formaron una familia muy unida.


-¿Cómo fue surgiendo tu espíritu emprendedor?

-Uno no se planifica ni traza rutas. Uno es uno y sus circunstancias y se va moldeando con nuevas experiencias. Yo empecé en Concha y Toro el año 76-77 y mi primer trabajo fue supervisor de ventas en el mercado doméstico. Muy poco tiempo después, en el año 80-81, estuve en exportaciones y del 83 para adelante fui gerente de exportación de la viña. Durante todo ese período me tocó viajar mucho, pasar largo tiempo fuera y conocer nuevos mundos. Pude conocer profundamente Estados Unidos, con todo lo que ello significa.


-¿Qué es lo que más te atrajo del mundo empresarial?

-La parte creadora, los posicionamientos estratégicos de las empresas. Cuando llegué, la viña Concha y Toro era chica. Nosotros en ese tiempo exportábamos muy poco, no llegábamos a los 10 millones de dólares. Los cambios que hizo mi papá fueron importantes y permitieron que sobresaliéramos en un momento en que las viñas eran relativamente iguales. El primer cambio que hizo fue en el mercado interno, impulsando la comercialización masiva del vino. Cometió “la herejía” de vender garrafas con la marca Concha y Toro en un momento en que las viñas de mayor prestigio sólo vendían vino embotellado. Luego hicimos la apuesta de seguir el camino de la exportación.

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-Para el común de los mortales, Casillero del Diablo es una especie de leyenda, porque se le encuentra hasta en los más lejanos lugares del mundo. Ustedes hicieron un camino tremendamente exitoso…

-Sí, nosotros nos anticipamos. Nos acompañó Undurraga, que es otra empresa muy activa en exportaciones, pero nosotros tomamos ese camino muy tempranamente. En el 83-84, en pleno boom, ya teníamos las redes comerciales, a pesar de que los montos eran muy pequeños. Estábamos con la base de distribución afuera y nos pilló muy bien parados cuando en la época de los 90 creció explosivamente la demanda. Tuvimos que hacer grandes ajustes productivos. Pasamos de 2 mil a 8 mil hectáreas.

-Algunos han sostenido que el boom exportador chileno es consecuencia de la reforma agraria. ¿Estás de acuerdo con esa afirmación?

-La pregunta me lleva a dos juicios primero, creo que la reforma agraria tuvo un impacto muy grande en el clima de polarización y violencia que hubo en Chile. O sea, mirando hacia atrás, fue un proceso que desencadenó un profundo malestar en la sociedad y que estuvo en los orígenes de la gran crisis política. En el plano económico, yo diría que a la actividad frutícola y, después, a la actividad vitivinícola, llegaron empresarios que no estaban tradicionalmente ligados a esa continuidad histórica-familiar de la propiedad de la tierra. Y lo hicieron utilizando los mecanismos de compra de tierras y suelo; o sea, los mecanismos del mercado. Éstos fueron los que efectivamente produjeron la empresarización del mundo agrario, sin que fuera necesario pasar por la reforma agraria.


-Dicho de otro modo, es la economía de libre mercado, implementada por el gobierno militar, la que está en la base de este desarrollo exportador…

-Sin duda. La economía de libre mercado entregó los espacios para hacer crecer las empresas agroindustriales, llevándolas al nivel en que están hoy y, por otra parte, produjo la apertura al comercio exterior. Por razones obvias, el gobierno militar no pudo firmar los acuerdos de libre comercio, pero las bases se establecieron ahí. Luego, con la llegada de la democracia, se produjo una oportunidad única que se tradujo en la consolidación del sistema.


CPC en el horizonte


-¿Qué te llevó a involucrarte en el ámbito gremial?

-A medida que pasa el tiempo, uno va tomando opciones. Mi primera opción fue trabajar en la empresa y, segundo, desarrollar
mi ámbito, mi labor de servicio desde lo gremial y poniendo claramente límites hacia lo político en el sentido partidista. Creo que es importante que esa frontera sea precisa. Yo tomé una decisión. La vocación de servicio es una de las influencias del Saint George. A mí siempre me ha importado la gente y tengo un fuerte arraigo a mi país. No me siento viviendo en un lugar neutro y pienso que buena parte del empresariado piensa así. He visto otras sociedades donde hay cierto desapego… y no las envidio en absoluto.


-Es importante para el país la labor gremial del empresariado…

-A mí me gusta, no me cuesta. Uno puede lograr muchas cosas positivas para el país desde este ámbito. He tenido la suerte, en los últimos quince o veinte años, de poder vincular lo gremial con ciertas visiones de país; es decir, poder empujar el carro, desde este lugar, con perspectivas de desarrollo.


-Se ha mencionado tu nombre como posible candidato a la presidencia de la CPC. ¿Qué hay de cierto?

-La CPC es una federación y aquí las cosas no dependen de uno. Existen dos alternativas: sus miembros se ponen de acuerdo en que uno de sus gremios lo encabece, o se va a elecciones competitivas. Ahora, en el caso de que hubiera acuerdo, que hubiera consenso, soy uno de los nombres que tiene la Sofofa para ese cargo y, claro está, yo estoy disponible. Pero esta no es una candidatura personal. Yo a esto le doy una visión totalmente institucional. La Sofofa es un gremio muy importante y creo que se ha ganado un espacio en el mundo gremial. Pienso que es el gremio que, por su misma naturaleza –abarca desde la agroindustria hasta la metalmecánica, con gran cantidad de federaciones adentro–, ha tenido que ir desarrollando una mirada muy dinámica respecto a las políticas públicas macro, generando mucha capacidad de proposiciones. Por ahora, todo lo de las candidaturas está por verse… pero en estas circunstancias, espero que logremos un acuerdo consensual y unitario.

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-Hace tiempo que está dando vueltas una crítica a la mesa directiva de la Sofofa, en el sentido de que sus dirigentes están un tanto ausentes en los grandes temas nacionales, que se les ve poco.

-Cada institución tiene su manera de ser. La Sofofa es más bien presidencialista; o sea, tiene una estructura –y la ha tenido
siempre– en la cual la figura del presidente determina el estilo y los ritmos. Felipe Lamarca era bien expresivo y marcaba agenda. Juan Claro tuvo la visión de producir un encuentro real, con mucho impacto mediático entre empresarios, gobierno y trabajadores. Bruno Philippi tiene otro estilo. El trabaja muchísimo, ha tomado con mucha fuerza temas con menos impacto mediático, pero que son muy importantes, como educación e innovación. Bruno está monitoreando permanentemente los diferentes asuntos, orientando las posiciones respecto a temas laborales y, en general, de políticas públicas. Un gran presidente de Sofofa, sin duda. Pero no es muy dado a la prensa… y eso es todo. No hay una estrategia comunicacional detrás de su actitud, sino un estilo, una personalidad y, como te acabo de decir, eso influye en la cara que muestra la institución.

Más reformas


-¿Qué ha pasado con la agenda pro crecimiento, que en su momento generó muchas expectativas, pero también reformas
pendientes?

-Una cosa son los contenidos de la agenda y otra, el momento en que aparece. Desde el punto de vista gremial, la agenda dio un vuelco muy significativo a las relaciones de colaboración entre el gobierno y los empresarios. Se abrió un camino de diálogo muy fluido, que motivó a los empresarios para dejar de mirar la coyuntura o la demanda inmediata y pensar el país con perspectiva. Hubo una primera fase encaminada a la corrección de algunos problemas graves, como el de la inversión en el sector eléctrico. Los acuerdos alcanzados ahí facilitaron enormemente la socialización de la agenda, porque asentaron un clima de confi anza, de servicio a una meta común, nacional. En esto, yo calificaría de esencial el criterioso manejo de la macroeconomía por parte de Hacienda, que es el marco indispensable para entender que una buena proyección económica es parte sustancial de un ambiente próspero, que posibilita iniciativas y emprendimientos. Eso se dio con Ricardo Lagos y en la primera parte de la actual presidencia, donde se mantuvo la regla del superávit fiscal y se normó por ley acerca del uso de los fondos extraordinarios que estaba recibiendo el país por el excepcional precio del cobre. O sea, se hicieron cosas muy importantes. Ahora tengo la sensación de estar más empantanados. Simplemente se agotó la voluntad política para sacar adelante las reformas necesarias para seguir avanzando. Y todo el mundo sabe cuáles son las medidas que habría que adoptar.


-Educación, flexibilidad laboral…

-Obvio, pero también otras cosas. Hemos podido avanzar en recursos destinados a la innovación, como la ley de incentivo
tributario que facilita a las empresas a invertir en ello, pero se puede hacer mucho más. Se están produciendo cambios en las
distintas universidades, en la estructuración de las carreras; o sea, el tema educacional es prioritario, pero envuelve innovación. En el tema laboral, es indispensable sincerar el diálogo. El fondo del asunto es cómo hacer que nuestra economía genere más empleo y revisar los incentivos y la estructura laboral que hay sobre esa materia, a fin de acercarnos a ese objetivo.


-¿Tienes la sensación de que el freno lo pone el ministerio del Trabajo?

-Creo que la visión de Andrade sobre el empleo se ancla en supuestos que no son aquellos que hacen funcionar la economía
de mercado. Busca aumentar la seguridad en el empleo, y el tema va más allá. No se trata sólo de discutir flexibilidad, sino capacitación. En otras sociedades la gente cambia de trabajo con mucha más facilidad. Yo creo que el gran acuerdo laboral tiene que venir por el lado de una discusión sobre el seguro de cesantía y el acortamiento de las indemnizaciones; es decir, una negociación en torno a esos dos ejes, porque muchos de los problemas se producen por la rigidez legal en esos puntos. A veces, las empresas no quieren contratar más porque saben que están asumiendo cargas de indemnización que son imposibles de pagar. Cada vez que uno toca estos temas, se encuentra con una contracultura que dice que nosotros somos los explotadores, que tenemos una visión no humana del trabajo, etc. Pero yo creo que es todo lo contrario. Hay que sacarse esos prejuicios y conversarlos. Para ser bien franco, ese diálogo no se ha dado. Se da con intensidad en los medios de comunicación, pero no ha sido posible armar un diálogo en que participen todos, en el que tomen parte las mujeres que necesitan trabajar partime o full time; donde participen la pequeña y la mediana empresa, que genera una enorme cantidad de empleos; donde participen los desempleados, los jóvenes… Si esto es necesario en el ámbito laboral, para qué decir pues en el área de la educación.

Analizando la crisis


-¿Cuál es tu visión de la crisis económica mundial?

-En lo inmediato, estamos como los jugadores de póker: nadie quiere mostrar sus cartas. Nadie sabe cuánto se debe; por
lo que no se han podido restablecer las confi anzas. El hecho de que los gobiernos estén inyectando dinero es algo básico para recuperar esos niveles de confianza y, por ahora, está claro que subirá el costo del dinero. En segundo lugar, la crisis impactará a la economía real, pero aún no se sabe en qué magnitud. Lo que sí está claro es que los consumidores en todas partes del mundo van a ajustar su consumo, pero no sabemos qué dejarán de comprar, porque ello depende de la cultura de cada país. Por ejemplo, en Argentina uno puede predecir que consumirán menos pero, por otra parte, no dejan de salir a comer fuera porque eso los alivia. En todo caso, se producirá una contracción en la economía que puede durar dos o tres años, no lo sé, lo que llevará a cierres y fusiones de empresas, aumento del desempleo y otras cosas. Y lo tercero es que esta situación puede aprovecharse para entrar en una discusión filosófico-política sobre los niveles de regulación que debe tener la economía de mercado…

-De hecho, ya surgieron varios agoreros pronosticando el fin de la economía de libre mercado…

-Ah, claro, hay algunos agoreros que dicen eso, pero sólo hay que pensar en la alternativa de la economía de libre mercado.
No creo que el mundo vaya hacia la economía centralizada desde el aparato estatal… Al ser humano no lo vamos a cambiar y está claro que se mueve por incentivos, quiere progresar, tener dinero para realizar un sueño, para educar a sus hijos. El hecho de que hoy día haya una capitalización por parte del Estado hacia la banca, debe tomarse como lo que es: una situación de emergencia. Pero después el sector real tendrá que seguir funcionando naturalmente, bajo los principios de una economía de mercado que asigna bien los recursos, que permite el libre emprendimiento, el crecimiento y el desarrollo. Yo creo que el libre mercado hace que la economía funcione, y la democracia hace ue las instituciones tengan legitimidad para regular lo indispensable a fin que el mercado funcione mejor.


-¿Cómo se ha llevado el problema a nivel de Hacienda?

-De manera positiva. Respeto al ministro Velasco y creo que ha mantenido una línea económica correcta. Hay algo no escrito en Chile –parte ya de una tradición y de la solidez institucional del país– que son la reconocida capacidad y la autonomía que han tenido los ministros de Hacienda en las últimas décadas. Con Sergio de Castro se inauguró esta tradición no escrita de ministros de Hacienda con mucha personalidad y prestigio. Uno podrá decir que unos están más arriba que otros pero en conjunto, han hecho muy bien su trabajo. Hacienda es aquí un ministerio que tiene peso institucional específico pero, además, un peso político por la calidad profesional de su gestión.

-¿Chile está preparado para lo que puede venir?

-Estamos en mejores condiciones que otros países, pero no sabemos la magnitud del terremoto. Hay que ser muy cautelosos; si la contracción es mayor, pueden venir situaciones preocupantes y habrá que recurrir a medidas de emergencia. Pero yo las definiría así: políticas de emergencia para enfrentar una crisis. En todo caso, me parece precipitado adoptar hoy líneas muy definitivas.