“Y lo que pasa es que hay que exigir a los presidentes que gobiernen democráticamente”, sostiene este rostro emergente de la política boliviana, molesto porque –a su juicio- los organismos internacionales, UNASUR incluida, se limitan a escuchar a Evo Morales, el mismo que atropella sus derechos como parlamentario.

  • 2 octubre, 2008

 

“Algunos creen que respetar la democracia es sólo defender a los presidentes"

“Y lo que pasa es que hay que exigir a los presidentes que gobiernen democráticamente”, sostiene este rostro emergente de la política boliviana, molesto porque –a su juicio- los organismos internacionales, UNASUR incluida, se limitan a escuchar a Evo Morales, el mismo que atropella sus derechos como parlamentario. Por Guillermo Turner; fotos, Enrique Stindt.

Oscar Ortiz, el presidente del Senado boliviano, visitó Santiago durante los mismos días en que la cumbre de UNASUR trataba la crisis boliviana. Su objetivo era evitar que el punto de vista de Evo Morales terminara monopolizando el análisis de un conflicto donde el mandatario es parte interesada y, según sus opositores, quizás el origen del problema.

No consiguió tribuna en La Moneda y sus contactos se limitaron al Congreso, a su par en el Senado chileno y a dirigentes de partidos políticos. Quienes no lo conocieron se perdieron –en todo caso– la oportunidad de establecer contacto con un nuevo rostro de la contingencia boliviana, proveniente de Santa Cruz, con 38 años y sólo tres en la actividad política. Un personaje que reconoce la popularidad de Morales, pero que exige respeto por el resto de las instituciones democráticas.

-¿Qué tan grave es hoy el conflicto al interior de Bolivia?

-Es muy serio, porque la lucha ya es por definir la forma de vida más básica de los bolivianos. Estoy convencido de que el presidente Evo Morales encarnó en su momento una esperanza de cambio legítima, con gran apoyo popular, en un país que necesita luchar contra la pobreza, reivindicar a los pueblos indígenas y tener mayor inclusión social. Lamentablemente, su gobierno no ha hecho nada de eso, sino que se ha dedicado a copiar modelos como el de Hugo Chávez, fracasados y que buscan en realidad concentrar el poder, perpetuarse en el mismo y con una receta muy clara: aprovechando los procesos de desgaste de los sistemas políticos, compiten y ganan elecciones populares para –una vez en el poder– realizar asambleas constituyentes que, por decirlo de alguna forma, constitucionalicen el autoritarismo y un único sistema de partido y líderes.

-Usted ha alertado sobre la ruptura del proceso democrático. O sea, reconoce la legitimidad inicial de Evo, pero advierte un deterioro progresivo…

-No gobierna democráticamente. En las decisiones esenciales no lo hace democráticamente. Para leyes más superfluas van al Congreso, pero cuando no tienen mayoría –y eso nos ha pasado en tres ocasiones– ocurren situaciones como los cercos al Congreso. El primero, cuando en el Senado decidimos que no podíamos aceptar el convenio militar con Venezuela porque violaba nuestra soberanía. La solución del gobierno fue hacer un cerco al Senado, permitir que pasaran sólo los representantes del oficialismo, se consiguieron dos senadores suplentes que habilitaron ilegalmente y lograron la aprobación.

-El cerco al que se refiere, ¿es algo tan burdo como impedir que ingresen al recinto los senadores de oposición?

-Efectivamente. Es algo que cuando uno lo cuenta fuera de Bolivia parece increíble, pero es la forma como ha actuado el MAS y es la causa de los problemas. Hablo de ruptura del proceso democrático porque el gobierno ha golpeado a dos instituciones democráticas: al Tribunal Constitucional, que por no fallar a gusto del gobierno fue perseguido, calumniado, difamado y procesado. Bolivia hoy no tiene Tribunal Constitucional porque sus miembros renunciaron a causa de esta persecución; y al Congreso, donde hemos tenido en tres ocasiones cercos que arman en base de 3 mil a 5 mil personas entrenadas como grupos de choque y que rodean el recinto. El gran problema del conflicto es el proyecto de nueva Constitución. En la Asamblea Constituyente prácticamente no hubo sesiones plenarias para discutir qué debía tener un texto constitucional. El MAS, como no obtuvo los dos tercios de esa asamblea, no podía aprobar por sí mismo el proyecto, por lo que optó por hacer un cerco a la asamblea, llevarla a sesionar a un cuartel militar y aprobar un texto que, bajo esas circunstancias, no goza del más mínimo consenso ni aceptación, además de burlar las autonomías departamentales. Cuatro departamentos habían ganado el derecho a votar su autonomía bajo la nueva Constitución en función de un referéndum.

-De todas formas se realiza un referéndum revocatorio y Evo consigue el 67% del apoyo.

-Los resultados son discutibles, pero sí reconozco que recibió más del 50% de los votos, aunque con varias irregularidades.

-Pero hubo observadores extranjeros, de la OEA, etc.

-La misma OEA reconoce en su informe que es necesaria una auditoría al padrón electoral y, hace diez días, la corte nacional electoral emitió una resolución en que pide ayuda a la OEA, a la Unión Europea y a la ONU para efectuarla. Igual, no discuto que sacó más del 50%, como tampoco pongo en duda que el presidente es popular. Lo que no creo, y ese es el secreto de la democracia, es que el ser popular le dé derecho a atropellar en el país, a acomodar la Constitución como traje a la medida para concentrar todo el poder y perpetuarse en el mismo.

-La contraparte dirá que el presidente está pagando los costos de tocar intereses de sectores privilegiados.

-Pero cuando uno analiza el proyecto de Constitución, en realidad se utiliza una legítima bandera de reivindicación social y reforma del Estado, pero para diseñar un sistema que no es democrático. Para diseñar un sistema donde, por ejemplo, se podrá cambiar la Constitución en cualquier momento mediante una ley de simple mayoría, que además está asegurada para el partido de gobierno porque están rediseñando la composición del Congreso, del Tribunal Constitucional y de la Corte Suprema. Es decir, no se puede hacer un pacto de unidad de largo plazo, como requiere una constitución, sobre un documento que está sujeto a la arbitrariedad de la mayoría coyuntural.

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-Vuelvo a la pregunta inicial: ¿qué tan grave es la situación en Bolivia? Algunos hablan, incluso, de una posible guerra civil.

-Es muy grave. Hemos visto cómo hace pocas semanas murieron unas 30 personas en enfrentamientos entre civiles. Nosotros percibimos que desde el gobierno no se tiene el más mínimo reparo en enfrentar a la población civil en contra de la población civil, con tal de imponer su proyecto de Constitución. Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, dentro de todo, han sido prudentes y por eso Chávez les está reclamando hoy, porque no han disparado contra la gente. Entonces, copiando también a Chávez, se organiza a grupos de civiles que actúan como verdaderos paramilitares. El gran defecto de Evo Morales es que no ha entendido que el problema de Bolivia es de pobreza y no de raza. Que el problema no está en la Constitución, sino en hacer que el país se desarrolle y tenga un sistema democrático que le dé estabilidad.

-¿Quién representa esa promesa de estabilidad en un país que tiene una historia de inestabilidad? ¿No es esa, precisamente, la oportunidad de Evo Morales como representante de los grupos más desplazados?

-Es la oportunidad que tenía y perdió. Porque no ha hecho política social ni política económica: no hay gestión gubernamental. Simplemente, hay una lucha ideológica, en algunos casos tratando de imponer sistemas comunitarios supuestamente pre coloniales, que –obviamente– no tienen ninguna base de realidad. En lugar de seguir ejemplos como los del presidente Lula, ha seguido el de Chávez: un modelo de populismo estatista que lo único que busca es concentrar el poder y perpetuarse en el mismo.

-Hecho el diagnóstico, ¿cuáles son las vías de solución de la crisis en Bolivia?

-La solución pasa por lograr un acompañamiento internacional a un proceso de concertación de un nuevo texto constitucional que acepte las autonomías, asegure la inclusión social, garantice un sistema genuinamente democrático, con un sistema de economía mixta, pero no el regreso a un socialismo comunitario. La mayoría de los bolivianos ha demandado la nacionalización de los hidrocarburos y que haya sectores productivos en manos del Estado. Eso lo aceptamos, pero no creemos que el conjunto tenga que estar en manos del Estado.

-¿A qué le llaman un acompañamiento internacional?

-Personalmente, pienso que debería haber ya un proceso de mediación. Creo que Bolivia es un país que lo amerita. A nuestro gobierno le molesta mucho la palabra mediación, no la acepta.

-¿UNASUR les da confianza como organismo para intervenir en esa perspectiva?

-Como usted comprenderá, UNASUR es algo muy nuevo para todos nosotros.

-¿Chile puede hacer algo en la materia o las diferencias históricas con Bolivia le restan confianza como interlocutor?

-Chile tiene la secretaría pro tempore y es una sociedad que ha alcanzado una madurez democrática y ha consolidado una estabilidad y un respeto por las instituciones básicas de la democracia y, en ese sentido, ese compromiso debiera traducirse en acciones equilibradas, que reconozcan la legitimidad –y aquí tengo una crítica a las palabras del ministro Foxley– no sólo del presidente Morales, sino del conjunto de las autoridades electas democráticamente; por ejemplo, de la independencia del Congreso Nacional, por las autoridades departamentales, etc.

-¿Por qué la crítica?

-Porque pareciera que algunos países creen que cuando se habla de respetar la democracia se refi eren sólo a respetar a los presidentes. Y lo que pasa es que hay que exigir a los presidentes que gobiernen democráticamente. Es decir, el respaldo que merece un presidente como autoridad electa también es una exigencia para que éste respete a las otras autoridades democráticas. Lo que no queremos es que ese tipo de respaldo se transforme en una especie de licencia para atropellar a la democracia.

-¿Brasil podría asumir un rol más relevante?

-Necesitamos que Brasil lo asuma. Primero, hay que destacar la posición equilibrada que dicho país ha tomado, reconociendo la legitimidad de ambas posiciones y demandando la concertación. Brasil puede ser muy útil para neutralizar la pésima influencia de Chávez, que está distorsionando todos los procesos democráticos en América latina.

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-¿Brasil no es un país interesado por el suministro de combustible que recibe desde Bolivia?

-Obviamente, tiene un interés económico, pero todos nuestros países vecinos deben ver el peligro que implicaría que Bolivia se entregue totalmente al control de Chávez, porque desde ahí se exportarían inestabilidad, confrontación y, como ya se está haciendo en cierta medida, se brindaría apoyo a grupos radicales que generan problemas políticos y sociales.

-¿Los organismos internacionales han sido débiles? Menciono, por ejemplo, el caso de la OEA.

-Han sido absolutamente ineficaces y aquí tenemos un problema. La Carta Democrática Interamericana, aprobada en el marco de la OEA, garantiza en teoría un sistema democrático basado en la independencia y el equilibrio de los poderes del Estado. Pero, en los hechos, ponen sólo al Poder Ejecutivo como sinónimo de democracia. No están preparados para actuar cuando es ese gobierno electo democráticamente el que atropella los derechos ciudadanos o a los otros poderes. Como presidente del Senado, he conversado con el secretario general de la OEA para poder asistir al Consejo General a presentar nuestros planteamientos, pero la respuesta es que los embajadores –que representan al canciller del mismo gobierno– se niegan. Entonces, tenemos un vacío de cómo actuar frente a estas situaciones que, lamentablemente, en América latina cada vez las vemos más. Por ejemplo, en Ecuador se cerró el Congreso, se acabó con el Tribunal Constitucional, y estos residentes siguen siendo tratados como mandatarios democráticos. Aquí hay una doble moral que debemos acabar.

-¿Hay un mea culpa de la oposición respecto al estado del arte a que se llegó en Bolivia?

-Obviamente, tenemos que asumir que en el pasado no se supo dar las respuestas a las necesidades de una población con tantos niveles de pobreza y, segundo, que no hemos sido capaces de generar una propuesta alternativa que atraiga a la población. Tenemos que ser más atractivos que el populismo.

-¿Han sido intransigentes?

-Tengo mis dudas. Siempre se dice que en Bolivia los dos lados no ceden. Yo pregunto en qué cederíamos nosotros: en la democracia, la libertad, los equilibrios, el Estado de Derecho…

-Pero declarar la autonomía, aunque sea vía plebiscito, es una opción bastante extrema…

-Pero se había realizado el referéndum del 2006 que había dado el mandato a la Asamblea Constituyente de incluir las autonomías. ¿Qué hace uno como ciudadano y como región, cuando el gobierno encierra a la Constituyente en un cuartel? ¿Se puede reconocer ese proyecto como válido?

-¿No existe el riesgo de que las autonomías terminen con un país escindido territorialmente?

-No. Siempre hemos planteado las autonomías como un sistema de descentralización política, económica y administrativa, como lo ha hecho España; un sistema aún más limitado de lo que sería uno federal. Siempre se ha planteado esta demanda en el marco de la unidad nacional.


-¿Qué pasa si esa autonomía es entendida como una acción de los departamentos con mayores recursos que no quieren seguir contribuyendo al gobierno central?

-Primero, son recursos, en el caso de Santa Cruz, que están orientados al aprovechamiento de productos renovables. En el caso de otros departamentos, como Tarija, que tienen alta producción de hidrocarburos, en realidad lo que no se dice en la comunidad internacional es que el Estado se sigue llevando la mayor parte de los ingresos. Lo que se está pidiendo es que haya, como en todas partes, una distribución de recursos entre los niveles municipal, departamental y nacional. Hoy, el Estado central se lleva casi tres cuartas partes de los ingresos y el otro 25% está comenzando a confiscarlo porque responde a una visión en la cual sólo ellos quieren tener los recursos.

-¿Existe una alternativa real hoy a Evo Morales en Bolivia y, en ese caso, quién la representa?

-Una sola persona no creo que exista. Hay un movimiento que ha generado un discurso alternativo, que es el de la autonomía y que no sólo abarca a los procesos de descentralización, sino más amplio. Pero tenemos también que trabajar la unidad de las fuerzas de oposición.

-¿No hay un candidato?

-Es que ahora, en un país que está frente a un escenario de confrontación generalizada, peleando la supervivencia de un sistema democrático, la prioridad no es buscar un candidato, sino salvar primero la paz, la unidad y la democracia. Si hoy no somos capaces de equilibrar el escenario político en Bolivia, será irrelevante hablar de candidatos.

-¿Qué pasa hoy en la economía boliviana?

-La economía ha ido avanzando gracias a los altos precios internacionales de las materias primas, pero llevamos varios años sin inversión. Estamos viviendo una fantasía. Sin hacer más inversión, sin producir más y, en muchos rubros, exportando menos cantidad, tenemos más ingresos y eso es lo que ha permitido esta ausencia de gestión gubernamental, manteniendo un cierto status quo. Un buen ejemplo ocurre en el área de hidrocarburos. Hasta hace algunos años, en Bolivia hablábamos de un segundo gasoducto a Brasil, de un gran gasoducto a Argentina, de exportar al mercado de ultramar. Hoy no se habla de ninguna expansión y, además de ello, hemos incumplido. De los tres contratos que teníamos con Brasil, cumplimos el principal y dejamos de cumplir con otros dos, pequeños. A Argentina, en vez de los 10 millones de metros cúbicos diarios que debiéramos estar exportando, le enviamos con suerte uno y medio. Y no hay más gas ara nuevos proyectos de industrialización en Bolivia.

-¿Gas por mar? ¿Cuál es la opinión al respecto del presidente del Senado?

-No creo que esa sea una política adecuada. Me parece que fue un error plantearlo. El mar es una reivindicación histórica, un derecho que consideramos que debemos recuperar –nuestra cualidad de país marítimo– y que se debe negociar en el marco de una política internacional seria, con Chile y Perú.