El poder en las sombras, como algunos lo califican, sale a la luz para defender la obra de la Concertación y formular un urgente llamado para debatir y enfrentar los temas de largo plazo

  • 1 abril, 2009

“Lo que mejor asegura el desarrollo de las empresas privadas es un gobierno de la Concertación”

 

El poder en las sombras, como algunos lo califican, sale a la luz para defender la obra de la Concertación y formular un urgente llamado para debatir y enfrentar los temas de largo plazo. Porque dice que eso es lo que ahora le quita el sueño, y no la ramplonería que tiende a inundar el debate. Por Elena Martínez; fotos, Verónica Ortíz.

Definido por algunos como una estratega político. Con poder, hermético cuando la situación lo exige y conocedor de la política, sus vericuetos y personajes. Respetado y, también, con una buena cuota de detractores. Hace un tiempo optó por dejar la primera línea y sumergirse en su profesión de abogado y en el quehacer universitario. Coincidía con que su mujer, la senadora Soledad Alvear, se alzaba como posible carta presidencial de la Concertación.

Ahora viene saliendo de su silencio voluntario. Tras pasar por todos los cargos imaginables en el mundo partidario –presidente de la Democracia Cristiana, consejero nacional y parlamentario–, Gutenberg Martínez Ocamica, “el Gute” para sus cercanos, mira con cierta desafección a la coyuntura. La respeta, pero no le resulta particularmente atractiva. Lo suyo, dice, va por los temas de largo plazo, fundamentales para alcanzar el desarrollo.

De una probable candidatura suya no habla. No es tema por ahora. Sí detalla la que será su principal colaboración con la DC. Planea elaborar un plan estratégico para los próximos 10 años del partido, que abarque las bases doctrinarias, ideológicas y programáticas, y que pasa por fortalecer los centros de pensamiento, generar espacios de extensión y buscar sitios para expresar el servicio público.

“Estoy profundamente preocupado por el excesivo estatismo de los partidos políticos chilenos”, afirma. Cuestiona que las propuestas se centren ahí, cuando Coincide, además, con quienes sostienen que la crisis obligará a reformular el aparato fiscal y su gestión.

-¿La Concertación tiene que reperfilar su propuesta-país?

-Creo que sí, porque si no, no tan sólo puede ser riesgosa la elección presidencial, sino que puede ser muy pobre nuestra acción gubernamental siguiente. No cabe ninguna duda que la famosa crisis internacional genera una nueva realidad sobre las características de la economía por un par de décadas, al menos. Si no hay un planteamiento respecto de eso… y el rol del Estado. No tengo nada de estatista, pero es evidente que habrá cambios en regulación y eso producirá un impacto en nosotros, también. Todos son cambios demasiado gordos para pensar que no se van a reflexionar para una oferta programática. La Concertación tiene que iniciar un gran esfuerzo de creación programática.

-¿Las escasas propuestas no demuestran agotamiento de la Concertación?

-No. Lo que digo fue parte del debate en el congreso DC, que se tradujo en acuerdos y demuestra que no hay agotamiento. Hay que tener un gobierno para la metrópolis de Santiago, gobiernos regionales reales. Es una transformación netamente de la República. Decimos que ya no se justifican la Cámara de Diputados y el Senado, que basta con un solo parlamento. Se requiere un esquema más ágil. Las dos cámaras son parte del pasado y tienen una justificación de antaño. Estamos en el Chile del siglo XXI, en un comienzo de ciclo y se deben discutir estos temas más jurídico-político-institucionales, que es alta política, visión de país a largo plazo y que está más allá de las contingencias.

-Uno ve a muchos políticos preocupados de otros temas.

-En diciembre se hizo un seminario entre la DC y el PS donde sólo discutimos estos temas, y me impresionó la variedad de aportes creativos que surgieron. En algunos lugares esto se está trabajando. Es posible que el desafío de la política en el día a día no los pone en el primer lugar, pero debieran estar ahí. Vamos al área internacional. Ya hicimos la apertura y los TLC. Todos sabemos que no se aprovechan todo lo que se debiera. Pero más que eso: Chile en estos 20 años ha evitado roles estelares y ha buscado una labor más de diálogo y acompañamiento. Deberíamos articular una política internacional más activa, que dé para 10, 20 años y que no sea de un solo gobierno. Podemos agregar otros temas. Es evidente que hay mucho espacio para tener reformulación programática nueva.

-¿Y eso le interesa al chileno de hoy?

-Hay una mala utilización de las encuestas y políticos y partidos respondiendo a lo que dicen las encuestas. Así no se construye ninguna sociedad o país. Por eso, estaríamos todos metidos en farándula y cosas ramplonas. Los países y las sociedades requieren conducción y liderazgo. El rol de la política y de los políticos es ser vanguardia, no retaguardia. ¡Liderar procesos sobre objetivos, propuestas, por último, de sueños, pero que lleven la cosa para adelante!

-¿Qué opina de la estrategia de Eduardo Frei y Oceános Azules de escuchar primero a la gente y, a partir de eso, elaborar su programa?

-No, yo no lo veo así. Eduardo hizo una propuesta de reforma constitucional hace meses. Lo de Océanos Azules es la búsqueda de mayores ideas que permitan articularse y ser parte de la propuesta final programática. Es parte de un proceso político electoral. Junto con eso, deben haber participación y discusión programática-político-técnica que ayude a enriquecer la propuesta final.

Cuba, una gran frustración

-¿Sigue estando presente el toque de humanidad que sostenía como el gran aporte de la DC a los gobiernos de la Concertación?

-Si uno habla de visión humanista, ¿en qué ámbito se debe expresar? En derechos humanos. Y hemos sido profundamente humanistas en el tema de Cuba. Ese fue un viaje que no se justificó, ni antes, ni durante, ni menos después.

-¿Fue el gran “chasco” de la política exterior de Bachelet?

-Uno tiene que ser más cuidadoso en cómo califica las cosas. Pero para mí fue una gran frustración no haber tenido presente a los presos políticos democráticos en Cuba.

 

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-¿Ese es el error: una disidencia que no fue considerada?

-El partido formuló su opinión reiteradamente y con eso demostró su vocación humanista y su compromiso con los derechos humanos, cualquiera fuera la realidad. Creo que en el ámbito que he conocido últimamente de las políticas de educación o en vivienda –donde hay gente nuestra–, existe un intento muy serio de enriquecer el valor de la humanización de esas políticas. Ahora, un aporte DC al programa de la Concertación tiene que estar muy centrado en la lógica de preferir a las personas. Nuestra oferta de políticas públicas primero debe pensar en las personas y, después, en las estructuras.

-¿Eso se resolvió después del Transantiago?

-Para ser honesto, vino un poco antes. Proviene más de una reflexión en la filosofía política. Algunos autores que nos interpretan plantean que se generó una tecnoburocracia mundial, una sobredimensión de las estructuras públicas y privadas y que esa deshumanización exige como respuesta una fuerte centralidad en la persona.

-¿Tiene que ver con cambiar la estructura estatal?

-Mucho que ver. Nuestra visión es que se han generado dos grandes monstruos, que son el Estado y el mercado. Necesarios. Válidos. Pero hay que agregar los ejes de persona y comunidad. Y la trilogía virtuosa es Estado-mercado-persona y comunidad. El debate de filosofía política de mejor nivel ya no está en los estatismos ni en los neoliberalismos tontones.

“Salvadores y redentores”

-¿No cree que el debate en Chile está centrado en temas que mueren al corto tiempo?

-La calidad de nuestra política está a mucha distancia de buena parte de países de Europa y América latina. Seguimos teniendo una estabilidad política en términos comparados bastante buena. Es evidente que hay señales preocupantes, y cada vez más preocupantes…

-¿Como cuáles?

-Mucho protagonismo individual, mucha desafección de la importancia de la política organizada a través de los partidos, que es la única fórmula democrática, crecientes actitudes personalistas de creerse los salvadores y los redentores de la humanidad.

-¿Se refiere a los candidatos díscolos?

-No voy a entrar tanto todavía en la coyuntura. Quizás más adelante…Pero diría que es algo que se ve. Esta es una política más desorganizada. La comisión política de RN quiere plantear la inconstitucionalidad del nombramiento de Carolina Tohá como ministra y los diputados dicen que no están de acuerdo y no lo van a hacer. Hay situaciones similares en la Concertación. En la DC acusamos a un senador, se fueron cinco diputados. En el PS se fueron un ex presidente de partido y un senador y hay otro que no sabe si se queda. Es un proceso que cruza a todos. Hay cierto grado de atomización en el cuadro político, que es una de las cosas que más inviabiliza la posibilidad de que la derecha sea una verdadera alternativa de gobierno.

-¿Por qué?

-Porque un elemento sustancial en el crecimiento y en la posibilidad de pasar al desarrollo es la estabilidad político-social.Esto afecta al país, pero afectaría mucho más a un gobierno de derecha sin mayoría en ambas cámaras, lo que es muy complicado para un gobierno que no contaría ni con mayoría política ni con mayoría social. Pero eso es harina de otro costal…

 

-Volvamos, entonces, a las señales inquietantes.

-El cuadro se ha ido desordenando mucho. Es posible que con la elección presidencial y parlamentaria se reordene un poco más. Pero el ordenamiento no es sólo un tema disciplinario. La disciplina más real es un tema programático: ponerse de acuerdo en lo que hay que hacer, discutir ese nuevo programa, de la derecha y el nuestro, ser capaces de que todos participen y, sobre todo, los mejores. En la medida que generas un programa claro, eso compromete efectivamente a todo el mundo. Esa fue la gracia de los primeros gobiernos nuestros. De partida, el gobierno de Aylwin. Todos estábamos claros en lo que íbamos a hacer en materia económica y social en esos cuatro años. Todos sabíamos la limitante que teníamos en derechos humanos. Cuando Aylwin dijo su famosa teoría de “todo lo que era posible”, estaba haciendo una formulación que después demostró ser bastante programática e inteligente. Porque lo que sea posible no ha terminado…Estábamos todos de acuerdo en lo que había que hacer y el ordenamiento
y compromiso en la implementación era mucho más fácil.

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-¿Sigue orgulloso de los gobiernos concertacionistas, como dijo en un minuto de su vida política?

-Sí, plenamente. El creer que aquí se termina un ciclo histórico es valorar lo que hemos hecho; porque sino, no estaríamos terminando este ciclo. Este país ha progresado realmente. En el exterior nos alaban de un modo que uno se sonroja. Es un progreso de todos. Hemos tenido a buena parte del empresariado, muy dinámico, progresista y competitivo; muy buenos ejecutivos del sector público; hay ministros nuestros que son ejemplo de probidad, austeridad y calidad técnica. A Chile le ha ido bien por obra
de los chilenos y los gobiernos democráticos. Tengo la impresión –no por pequeñez– que si la derecha fuera una alternativa real de gobierno, que le ofreciera estabilidad a este país y un compromiso social efectivo, quizás la alternancia sería hasta necesaria. Pero cuando uno ve la derecha que tenemos, la oferta que representa y su incapacidad congénita de asumir de verdad y estructuralmente el tema social, y de no asegurarle estabilidad a este país –condición necesaria para el crecimiento económico– el convencimiento es todo lo contrario: que necesitamos, literalmente, sin ser pretenciosos, por el bien de los chilenos, un gobierno de una coalición que sea capaz de encauzar centro e izquierda de este país.

-¿A qué apunta su crítica de que la oposición no asegura la estabilidad?

-No son mayoría. Las encuestas indican que a Piñera le ha ido bien, pero nadie discute que lo más probable es que serán minoría en el Senado y la Cámara. Si no tengo una propuesta social legitimizada, el mundo de las organizaciones será muy antagónico a un eventual gobierno de derecha. Eso me conduce a la inestabilidad. Desafiaría a cualquier departamento de estudios de un grupo empresarial con la siguiente afirmación: lo que mejor asegura el desarrollo de las empresas privadas es un gobierno de la Concertación. Porque si mañana se da inestabilidad política y social, eso repercutirá en la economía, los negocios y la empresa.

Bienvenido el debate valórico

– La DC ha mantenido como baluarte su posición valórica, pero hoy su candidato presidencial se abre a discutir el aborto terapéutico y el matrimonio entre homosexuales. ¿Tensiona esto al partido?

-Frei ha dicho que está abierto al debate sobre estos temas. Todo debate, de ideas o programático, bienvenido sea. Cuando uno está muy convencido de lo propio es cuando menos tiene que temerle al debate. Cuando siente debilidades en lo propio, cae en la ortodoxia o integrismos mal entendidos y se encierra en catacumbas que se convierten en ghettos y, al final, no dialoga con el resto. Ahora, creo que el aborto terapéutico es un gran cuento. Así de simple. Porque no tiene respaldo médico ni teórico. Simplemente no se justifica como tal. Además, la ley, por su naturaleza, se dicta para efectos generales. No puede caer en la casuística particularista. El aborto terapéutico en ese esquema no existe.

-¿Y respecto del matrimonio entre homosexuales?

-A partir de nuestro concepto como DC de persona humana, ese individuo homosexual es persona humana. Eso crea derechos y obligaciones. Es ciudadano. Lo que tenemos que combatir es el individualismo. Desde ese concepto nos debe parecer bien que si dos personas quieren vivir juntas, cualquiera sea su condición sexual, así lo hagan, porque es una relación de afecto o social. Es absolutamente necesaria una legislación que le otorgue derecho a esa relación por un vínculo que han calificado de sentimientos y que no me corresponde calificar.

-¿Habla de matrimonio?

-Estoy hablando de unión civil, porque todos sabemos que el matrimonio, por razones históricas, implica un grado de sacralizad que, al menos para los creyentes del mundo cristiano, representa cosas muy importantes.

“In crescendo”

-Hay lecturas de que esto tiene afán electoralista de mostrar un candidato más aperturista para acercarse a nuevos sectores.

-No quiero ser peyorativo, pero nosotros somos auténticamente más democráticos que buena parte de la derecha chilena. Creemos en el diálogo y la mejor demostración es que tenemos una coalición donde hay personas de tan distintos pensamientos y que, a partir del diálogo, generamos programas comunes y hemos hecho 20 años de buen gobierno. Me da la impresión de que lo que está pasando con Piñera y la derecha es que han ido perdiendo iniciativa política. Desde hace tres o cuatro meses están a la defensiva. Pasaron de una etapa de mucha confianza, creyeron que las cosas estaban dadas, recibieron el golpe de las municipales y hoy ven que la presidenta Bachelet, inesperadamente para muchos de ellos, tiene una aprobación ciudadana cada vez más creciente y el gobierno se ha prestigiado por su manejo económico. Y en vez de lo que pensaban, de un gobierno a la baja por la crisis y una Concertación en peleas intestinas hasta muy al borde de la elección sin tener candidato, se encuentran con una candidatura presidencial “in crescendo”, un gobierno también “in crescendo”, y ellos son los verdaderamente estancados.

-¿Ve un quinto presidente de la Concertación y DC?

-Me parece cada día más posible.

-¿Carrera ganada?

-¡No, no! Digo que me parece cada día más posible. Las encuestas uno también tiene que mirarlas, reconocerlas e indican que estamos abajo, pero indican que vamos subiendo.

 

 

¿Pactar con el PC?
-“Es bueno que el PC entre al parlamento. El pluralismo es un concepto básico de la democracia. Con su 7% a 10% del electorado, el movimiento Juntos Podemos y el Partido Comunista tienen que estar en el parlamento. Si no, ese parlamento es 10% menos representativo de lo que debiera. Segundo, es evidente que el sistema binominal impide tener mayorías que se expresen, y un pacto con el PC pudiera facilitar que estas mayorías sean más respetadas y logren expresarse de mejor modo en el resultado electoral. Está claro que nuestras diferencias son muy fuertes. No vamos a transar nada en aquello. De lograrse, será un pacto instrumental. Como todo acuerdo, tiene que ser conveniente para todos”.

-“No tengo una evaluación muy clara de cuál fue el resultado del pacto por omisión en las municipales. Quizá lo más provechoso fue desmitificar de una vez un tema y mostrarle a la derecha que perseverar hasta el infinito en el absurdo del binominal puede transformarse en un boomerang para ellos. Eso puede ser un resultado políticamente positivo”.