Lee y escucha parte de la entrevista que el economista y y miembro del Grupo Tantauco dio a Capital

  • 10 diciembre, 2008

 

“El gran desafío es devolver el dinamismo a la economía"

“…y es que no se trata sólo de manejar adecuadamente la macroeconomía”, dice este profesor de la UC y macro coordinador de una de las comisiones que conforman Tantauco, el estratégico grupo de asesores de Sebastián Piñera. “En eso estamos trabajando”, agrega, confiado en un triunfo –“ojalá en primera vuelta”- del candidato presidencial de RN. Por Guillermo Turner.

 

Escucha la entrevista aquí.

A tablero vuelto. La agenda de Felipe Larraín se las ingenia para coordinar asesorías, viajes al exterior, clases universitarias y redacción de columnas y documentos, con los negocios personales (como la Viña Quintay, cuya propiedad comparte con Felipe Aldunate, Hernán y Pablo Gómez, Edmundo Eluchans, Jaime Charles, Felipe Morandé y la familia Rencoret) y su activa participación como asesor programático de Sebastián Piñera en el famoso grupo Tantauco, al punto que su nombre se menciona como futuro ministro de Hacienda si el candidato RN gana la carrera a La Moneda.

Hace pocas semanas llegó de Dubai, donde participó junto al Foro Económico Mundial (el mismo que organiza la cumbre de Davos, en la cual Larraín ha oficiado de panelista) en un encuentro convocado por el sheik Mohammed al-Maktoum. Con los análisis y conversaciones que allí presenció muy frescos en la memoria, Larraín tiene información de sobra para analizar la coyuntura económica mundial. Pero antes, se detiene unos instantes en las lecciones que Dubai puede enseñar a Chile: “es uno de los siete Emiratos árabes, generalmente vinculado al negocio petrolero, pero lo que ha hecho es diversificarse enormemente y hoy menos del 10% de sus ingresos provienen del crudo y se convirtió en el centro financiero y turístico del Medio Oriente”.


-Si la agenda de la reunión giraba en torno al futuro de la economía mundial, ¿cuánto condiciona ahora la crisis financiera ese análisis de largo plazo
?

-Hay una serie de lecciones relacionadas con esa pregunta. Algunas equivocadas, como toda esta discusión entre menos mercado o más mercado. Hay gente que se vale de esta coyuntura porque nunca le tuvo cariño ni creyó en el fondo en el mercado y ahora aprovechan para pegarle. Pero esa no es la disyuntiva. En primer lugar, las economías de mercado funcionan con ciclos económicos. Estudiando el fenómeno de los ciclos desde antes de esta crisis, hay 33 recesiones en Estados Unidos desde 1850 a 2008 y, a pesar de ello, el producto norteamericano per cápita aumentó de 2.700 dólares en plata de hoy en el año 1850 a 46.000 en la actualidad. Entonces, lo primero es entender que nunca nadie dijo que los sistemas de mercado garantizaban crecimiento parejo en el tiempo. Segunda cosa: no estamos ni cerca de la Gran Depresión. Tercero: la disyuntiva no está entre más o menos Estado o más o menos mercado, está en tener un mercado con las regulaciones adecuadas, no más o menos regulación, sino la regulación inteligente y adecuada. Cuarto: sobre los productos financieros tan sofisticados que se desarrollaron en los últimos años, la gente tiene que ser responsable a la hora de entender los productos que está comprando y el tipo de inversiones que está haciendo, especialmente cuando involucra el patrimonio de terceros. Agreguemos a esto todo lo relacionado con el sistema de incentivos para los ejecutivos. Está bien que haya incentivos, pero se estaban dando bajo fórmulas de muy corto plazo. Y, por último, la globalización de los mercados financieros tiene que ir en conjunto con una cierta globalización de la información y la regulación, algo así como lo que ha pasado con Basilea para el sector bancario. Todos los países emergentes han tendido a adoptar los estándares de Basilea, estamos yendo a sistemas de contabilidad que son más homogéneos para poder leer bien los balances de un lugar y de otro, dado que muchos activos financieros originados en un país se transan en todo el mundo.

-Es una visión, dentro de todo, bastante optimista…

-No es optimista, pero tampoco es catastrofista. Yo digo que esta es una crisis seria, profunda para lo que hemos vivido en la postguerra, pero que no tiene nada que ver con la Gran Depresión. La comparación con la Gran Depresión es un poquito suelta y puede llegar a ser irresponsable. Como que a alguien se le ocurrió decirlo y todo el mundo lo repite, pero hay que mirar los números. Por ejemplo, en Estados Unidos durante la Gran Depresión el producto bajó un 27%, el desempleo llegó a 25%, quebró casi el 50% de los bancos, el Dow Jones cayó un 90%.

-Pero da la impresión de que aún no disponemos de toda la información como para efectuar un balance definitivo…

-Efectivamente. Por ejemplo, nadie puede decir exactamente cuándo la bolsa tocó fondo. Warren Buffett hace no mucho dijo que era el momento de comprar americano. Buy american, I do, dijo en su columna y Buffet en 50 años no se ha equivocado nunca en decisiones importantes de inversión. Ahora, desde que lo dijo el Dow ha caído como un 15% más.

-También se valora el respaldo de los Estados más desarrollados a sus economías, pero cuesta pensar que todos esos miles de billones invertidos no tendrán una consecuencia en el largo plazo.

-En este momento los paquetes anunciados suman del orden de 1,5 billones de dólares o 1,5 trillones en la denominación sajona, que equivalen a un 11% del PIB americano. Tú tienes un punto, pero hay que entender que no todo es pérdida y que ésta dependerá de lo que cada Estado pueda recuperar por los activos que ha adquirido, como acciones preferentes del Citi. El salvataje ha sido necesario, aunque critico fuertemente la confusión de Paulson y la inacción en la que ha caído el gobierno de Bush esperando a que llegue el 20 de enero.

Superávit cero

-Respecto a Chile. Lo más usual es decir que estamos bien preparados para enfrentar la crisis. ¿Está de acuerdo?

-Chile está mejor preparado que el resto de América Latina, pero no está blindado. Creo que haber usado ese término fue un error. Estamos bien preparados, pero tenemos problemas que vienen de antes de la crisis, como el bajo crecimiento y el colapso de la productividad, porque vamos a completar el cuarto año consecutivo con caída de productividad.

-Y una cosa es resistir la tormenta y la otra es estar preparado para retomar el rumbo…

-Bien preparados, pero no blindados. Lo segundo es el consenso respecto al manejo responsable de los recursos fiscales. Porque antes de la crisis algunas voces disidentes llamaban a gastarnos los recursos y esas voces digamos que no venían de nuestro lado…

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-¿Cómo interpretar, entonces, cuando Piñera promovía en su campaña el superávit cero?

-Momento. Quiero recordar que en esa época el superávit estructural era del 1% del PIB. En el Grupo de los 20 publicamos un documento en la que propusimos llevarlo al equilibrio estructural, en las condiciones macroeconómicas que tenía Chile en 2006, y luego este gobierno lo redujo a 0,5% del PIB. Entonces, respecto del superávit estructural lo importante no es el número sino la regla, es el hecho de tener una regla contracíclica que permita expandirnos un poco más en períodos malos y ahorrar más en los períodos buenos.

-Pero analizado a la fecha, ¿hubiese sido buena o mala idea reducir el superávit estructural a cero?

-La idea era bajarlo en un cuarto de punto al año, por lo que simplemente se hubiera reducido en un cuarto punto hasta cero, pero es natural que se hubiese suspendido la baja ante cambios muy radicales en el escenario macroeconómico. El número no es tan importante pero, en todo caso, nadie dijo que íbamos a pasar de cero…

-¿Habríamos tenido una situación fiscal menos favorable para enfrentar la crisis?

-Mucho más allá del medio punto o cuarto de punto al año, lo que ha motivado el gran ahorro fiscal es el precio del cobre, muy por encima del contemplado en el presupuesto. En los fondos fiscales externos tenemos del orden de 25 mil millones de dólares acumulados.

-¿Cuánto cambiará, entonces, la situación fiscal si el cobre sigue cayendo?

-La situación fiscal cambió. Y es probable que en el actual escenario tengamos un déficit fiscal en 2009, lo que no es un hecho de la causa porque todo depende de a qué precio del cobre estemos haciendo esa estimación. Si es 1,60, 1,80 ó 2 dólares importa, ya que cada centavo de dólar equivale gruesamente a unos 60 millones de dólares de ingresos fiscales. Ahora, mirando hacia adelante, la gran ventaja de tener una política contracíclica es que el gasto público no necesita caer como habría ocurrido si no hubiéramos ahorrado. Lo segundo es la flotación cambiaria, la gran diferencia respecto a la crisis asiática. No nos desgastamos en tratar de defender el tipo de cambio con altas tasas de interés. Otra cosa es que no hemos podido bajar suficiente la tasa porque la inflación se le escapó al Banco Central –y esa es la verdad– pero lo importante es que no luchamos contra la depreciación y eso ayuda a muchos sectores productivos.

-A propósito del Banco Central, ¿debería bajar la tasa?

-Planteé hace tres o cuatro semanas que, aunque las noticias de inflación no han sido del todo buenas, junto al IPC negativo de noviembre debería venir una reducción de la tasa de 50 puntos base y tomar un pequeño riesgo, porque la inflación se moderará en forma significativa por la caída en los precios de los commodities y también por el propio enfriamiento de la economía. Entonces, es posible tomar riesgos, bajar la tasa ahora y luego, probablemente, reducirla otros dos puntos más en 2009.

-¿Cuáles son sus pronósticos de crecimiento el próximo año?

-Hoy los pronósticos se hacen bajo bastante incertidumbre. A pesar de la desaceleración y de que debería haber un efecto mayor en la inversión que en el consumo, porque viene de una tasa de crecimiento muy elevada, esta economía debería crecer entre 1,5% y 2,5%. Crecer al 1% o menos hablaría de que se están haciendo las cosas muy mal acá, incluso en un escenario externo complicado…

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-¿Qué se estaría haciendo mal si tenemos un Estado que maneja razonablemente los recursos, apuesta por una política contracíclica, se baja la tasa, etc.?

-Es que no se trata sólo de manejar adecuadamente la macroeconomía. Hay que ver qué podemos hacer para que la actividad económica, aun a un nivel muy reducido, no se estanque. En ese contexto es donde hay que pensar en ideas que puedan darle dinamismo a la economía en períodos más bajos. Por ejemplo: destrabar las concesiones o proyectos de inversión pública que estén debidamente evaluados, subsidiar la contratación de mano de obra, entre otras.

Un Tantauco man

-¿Eso están planificando en el grupo Tantauco?

-No puedo decirlo con exactitud. Son ideas preliminares y estoy hablando a título personal, pero sin duda estamos evaluando una serie de cosas porque, si ocurre lo que esperamos –que Sebastian Piñera gane las elecciones presidenciales–, queremos entrar con un programa de gobierno cuidadosamente estudiado y planificado hasta en los detalles. Llevamos ya un año trabajando los grupos Tantauco en estos temas, justamente porque estamos conscientes de que vamos a recibir una economía en una situación externa mucho más complicada y con cifras internas bastante pobres, en franca desaceleración. El gran desafío es devolverle el dinamismo. Necesitamos que vuelva el dinamismo afuera, pero también necesitamos destrabar los problemas aquí adentro.

-¿En ese sentido, la política contracíclica también es una bandera?

-Sin duda, por supuesto. Pero en el buen sentido de la política contracíclica, por ejemplo, en destrabar proyectos de inversión que estén bien evaluados, que tengan rentabilidad positiva y que hayan pasado por un filtro, en dinamizar las concesiones.

-En esta coyuntura fiscal, ¿hay espacio para cambios tributarios?

-Yo creo que sí y espero que sí. Lo que hemos observado en el pasado es que gran parte de los recursos permanentes de la bonanza del cobre se usaron en mayor gasto. De forma igualmente responsable se podrían haber usado para reducir impuestos. Algunos se han reducido, pero han sido movimientos tímidos al lado del incremento del gasto público. Entonces, perfectamente está dentro del principio que compartimos de responsabilidad fiscal el tener una reducción de impuestos como, por ejemplo, la eliminación completa del impuesto de timbres y estampillas, estudiar incentivos tributarios a la inversión, e incluso estudiar reducir el IVA como una medida no coyuntural. Esas son cosas que se pueden discutir y que deberían estar sobre la mesa desde un punto de vista de largo plazo.

-¿Hay que usar los fondos del cobre?

-Los recursos de los fondos del cobre están ahí para ser usados en la medida en que estemos en la parte baja del ciclo, pero tampoco se trata de decir que estamos planificando en base a esos recursos. Lo que nosotros estamos haciendo es un programa que tenga en cuenta los desafíos de fondo, como el crecimiento y el empleo. Desde una expansión en torno al 7,5% entre 1985 y 1997 pasamos a una del 3,8% entre 1998 y 2007 y, de paso, se nos desmoronó la productividad. Tenemos que tener medidas para trata de mejorar la productividad y estimular la inversión. Eso, en parte, viene por una inyección de optimismo y de expectativas, y yo siento en ese sentido que Sebastián Piñera provoca ese efecto porque es una persona que entiende los problemas y va a proponer al país un programa madurado y estudiado. Para que tengan en cuenta: hay treinta y cuatro comisiones trabajando, con más de 800 profesionales, y lo que estamos haciendo en este momento es mirar los diagnósticos y las propuestas que se han hecho en cada sector, para así tener claras las prioridades, qué se concretará en los primeros 100 días, qué en el primer año; qué requiere una ley, qué requiere un decreto, qué se puede hacer usando lo que existe para inyectarle dinamismo a esta economía sin ideologías; porque, además la idea es incorporar gente de todas partes y que no sigamos discutiendo del pasado, sino ponernos de acuerdo sobre lo que queremos hacer para adelante.

-¿Piñera los escucha? Lo pregunto porque siempre se repite –casi como mito urbano- que no es muy dado a escuchar sugerencias de terceros.

-Según mi experiencia –y también participé en la campaña anterior– él escucha harto, lo que pasa es que, a diferencia de otros, es una persona que lidera, que se mete en los temas y está al tanto de lo que está ocurriendo en cada una de sus comisiones. Se lee todos los papeles, los subraya con lápiz rojo y regla. Llega a las reuniones no para que le expongan el tema, porque ya se lo leyó. Participa activamente con críticas constructivas. Mi percepción es que él está escuchando muchísimo a la gente que tiene alrededor, lo que pasa es que entiende los temas y se involucra en todos.

-¿Y Felipe Larraín será el futuro ministro de Hacienda?

-Nooo… Yo estoy trabajando de manera muy entusiasta para que Sebastián Piñera sea presidente de Chile y él es quien debe designar a sus colaboradores. Cada día tiene su afán y, cuando corresponda, él tendrá que elegir a la persona que mejor lo pueda ayudar en los distintos asuntos.

 

 

Las cifras de la pobreza
El estudio titulado Cuatro millones de pobres: actualizando la línea de pobreza, publicado en la revista del Centro de Estudios Públicos, colocó a Felipe Larraín en el centro de una polémica con la ministra de Mideplan, Paula Quintana. Comprensible, considerando que vino a rebatir una de las proezas más ensalzadas por las autoridades: la disminución de la pobreza durante los gobiernos de la Concertación.

En términos simples, el estudio cuestiona la cifra oficial de 2,2 millones de pobres (13,7% de la población) para 2006, porque ésta se basa en la canasta de consumo elaborada a partir de la Encuesta de Presupuestos Familiares del año 1988. “Siempre tuve la duda de por qué seguíamos usando cifras obsoletas, porque en 20 años las prioridades de consumo han cambiado dramáticamente y la encuesta 1996-97 está disponible desde hace diez años”, dice Larraín.

Considerando esa canasta, el economista concluye en que los pobres eran el 29% de la población en 2006 y que los indigentes son el 6,2% en vez del 3,2% oficial. Es decir, en nuestro país habría unos cuatro millones y medio de pobres.

-¿Hay un manejo político de las cifras?

-Yo no llego a decir que exista un manejo político. Que la gente saque sus conclusiones. A mí me sorprende que teniendo la información disponible hace una década, sigamos calculando en base a la canasta del año 1988. Entiendo que, desde el punto de vista político, sea incómodo hacer la adecuación, pero lo importantes es decir la verdad sobre el número de pobres y no contarnos películas en colores cuando en realidad son en tonos sepias. No niego que ha existido una reducción en la pobreza, pero no al nivel de lo que dicen las cifras oficiales.

El llamado es a no engañarnos, por dos razones. Primero, porque con la idea del 13,7%, la pobreza puede perder prioridad en las discusiones públicas, pues pareciera que estamos ganando la batalla. Segundo, porque con el diagnóstico equivocado se deja a un número enorme de personas fuera de los programas de asistencia, dado que no se estarían considerando como pobres.