Enrique Mujica es el único director de prensa de los canales de la televisión chilena que tiene doble rol: controla el switch del 13 y también aparece en pantalla. Esta es su historia.

Fotos: Verónica Ortíz

Mucho antes de ser director de prensa de Canal 13, Enrique Mujica (48) fue espía. Cuando tenía 14 años, a pasos de su casa en Providencia, un grupo de cuatro miristas ingresó a la Nunciatura buscando asilo. Todas las tardes de los 82 días que los revolucionarios estuvieron refugiados en el edificio católico, Mujica se instalaba afuera a mirar qué pasaba. “Había gente, periodistas, policías. Salía un auto de repente. Y me quedaba tres horas parado. Ahí me di cuenta de que me gustaba esto”, cuenta Mujica, quien todos los días, a las 8:30 am se pone los audífonos y comienza a hablar en la radio junto a Cristián Bofill en el programa Mesa Central, que conduce Iván Valenzuela en la estación T13, una de las emisoras de Andrónico Luksic (Sonar, Oasis y Play).

El programa radial se exportó a la televisión. Desde abril está todos los domingos de 10 a 12 en pantalla, junto a las periodistas Carolina Urrejola, Patricia Politzer, Iván Valenzuela y Bofill.
Enrique (Kike) Mujica hoy es rostro de televisión y “voztro”, aparece en avisos publicitarios de la radio y del programa, después de casi 30 años en “segunda línea”.

-En su entorno aseguran que siempre dijo que no sería rostro…

-Siempre he considerado que es mejor mantenerse detrás de cámara. Este paso de ser rostro no es tan brusco, porque yo he trabajado en la radio: partí en la Zero, de ahí me pasaron a la Duna a Hablemos en Off –durante seis años con Nicolás Vergara y Juan Manuel Astorga– y en la radio T13 llevo dos años. Lo que pasa es que ahora la radio mutó a streaming, entonces las caras son más conocidas, porque antes la típica pregunta era cómo será este gallo en persona.

De Carlos Slim a Camila Vallejos

Mujica creció leyendo las revistas Apsi, Hoy, Qué Pasa, Ercilla y Estadio –cuando cumplió ocho años pidió de regalo la suscripción a la revista de fútbol, que esperaba sagradamente que llegara por debajo de la reja los miércoles– y escuchando la radio Chilena a la hora de almuerzo.

Entró a Periodismo en la UDP junto a Pablo Morales, Ángel Carcavilla, Juan Cristóbal Guarello y Paula Walker, ex jefa de prensa de Michelle Bachelet. Fue presidente del centro de alumnos, en una lista independiente con algunos DC y de derecha. Les ganaron a los socialistas y PPD y a la lista del PC. “Veníamos saliendo de la dictadura. Yo fui presidente el 91, estábamos partiendo la transición. La escuela estaba en el centro, me tocaron los ejercicios de enlace ahí, el asesinato de Jaime Guzmán. Salíamos a caminar y a reportear esto”, cuenta.

En paralelo entró a colaborar a El Mercurio, hizo la práctica en Reportajes, que editaba Blanca Arthur, y se quedó ocho años. Hasta que el grupo Hites lo invitó a formar el diario El Metropolitano. Tras echar a andar el proyecto, un año después renunció por diferencias editoriales con los dueños.

No quería volver a los medios tradicionales. Entró al portal informativo Área Noticias, con oficinas en Bogotá, Lima, Buenos Aires y Santiago, que se estaba recién formando. El proyecto era controlado por Carlos Alberto Cartoni, Patricio Millas, y tenía de inversionistas al grupo Luksic, Ricardo Claro y José Patricio Daire. “Era plena época de la burbuja de las punto com: todos engrupidos, metiendo stock options, comprando acciones”, cuenta. La idea era armar algo grande para ser vendido. Y así fue. El empresario mexicano Carlos Slim –una de las mayores fortunas mundiales– compró la empresa. “Me acuerdo de que nos llamó Carlos Cartoni y nos dice ‘Slim va a ir en la noche a la oficina porque está en Chile. Lleven gente para que se vea lleno’. Y llegó Slim. Tuvimos una reunión con él, nos preguntó a cada uno qué hacíamos, y al terminar dijo: ‘Listo, lo compro’. Nosotros creíamos que éramos millonarios. Pero luego estalló todo, se fue a la porra, perdí un auto. Pasó un tiempo después y la propiedad empezó a diluirse y los stock options eran opciones chiquititas. Si hubiera aguantado hasta ahora, y esto fuera Amazon, claro, sería millonario. Pero no fue”, recuerda.

En 2002 lo llamó Cristián Bofill, director de La Tercera, para potenciar la página de internet del medio porque querían capturar suscriptores para el papel. De ahí le pidió que se integrara como subeditor general del diario.

-Nunca más se separaron con Bofill. ¿Cómo es su relación con él?

-Buena. Ahora no está acá… nos vemos en la radio dos veces a la semana y los domingos en la tele, y nos escribimos whatsapp si vamos a usar camisa blanca o celeste para no andar iguales. Una vez llegamos los dos de blanco y las mujeres de azul, entonces parecíamos Mocedades.

-¿Quién tuvo que ceder, él o usted?

-Yo traigo dos camisas.

-¿Es vanidoso? ¿Tiene un asesor de imagen?

-Nooo, nada. Es porque no todo funciona en la tele. Esta chaqueta, por ejemplo, no se puede usar, hay que andar con algo plano.

Con la misma idea de potenciar los suscriptores de Qué Pasa, Mujica se trasladó a la revista del holding de Álvaro Saieh como editor general, con Bofill como director. “Estaba naciendo este grupo de los Bellolio, Axel Christensen, Pancho Díaz, Óscar Landerretche, todos ellos empezaron a escribir en Qué Pasa”, recuerda.

En 2010 Mauro Valdés, director ejecutivo de TVN, le ofreció la dirección de prensa del canal público. Entró el viernes 9 de octubre, tres días antes del rescate de los mineros.

-¿Cuál era su aprensión hacia la televisión antes de entrar?

-Sabía lo que era por una cuestión de cultura general, no conocía la mecánica interna. Baltazar Sánchez me había ofrecido Mega antes dos veces, pero estaba bien en Qué Pasa. Pero cuando fue TVN, ya había estado en radio, diarios, revistas, web y lo único que me faltaba era televisión. La tele tiene mucho impacto, iba preparado para las presiones políticas. Todo lo público es una responsabilidad grande. Y sí, era difícil de administrar porque tiene un directorio político. Ahí partieron las marchas de HidroAysén, La Polar, apareció Boric, Jackson, la Camila Vallejos, se murió Camiroaga… pasó todo.

-Las noticias de la tele son totalmente distintas a las de la prensa escrita. Tienen mucha crónica roja y magazine…

-Sí, pero no tanto. Todos los medios tienen algo de eso, la ruta del completo, y esas cosas que se dicen: el NYT, la TV gringa –que la tienen aquí sacralizada– ponen la nota del oso que se escapó y anda por los barrios persiguiendo niños. Para mí lo más importante del periodismo es contar bien una historia, de lo que sea.

Newsletters y errores

Kike Mujica no para de moverse en la silla durante la hora y media de conversación: se estira, cruza las piernas, las suelta, las vuelve a cruzar y se echa para adelante y para atrás varias veces.

Su oficina de director de prensa de Canal 13, donde llegó en 2014, tiene seis pantallas con los distintos canales de TV, y otra más grande que transmite la señal de 13 Móvil: un canal de noticias que funciona solo por internet pensado para ser visto en celulares, que fusiona la parrilla informativa de la señal de TV y radio. Hace poco vino gente de la BBC a verlo, para armar algo similar en Rusia. El canal tiene un millón de visitas al mes, está siempre en vivo y por ahora no tiene publicidad. “No está en el cable, es solo web y móvil. La mayoría de las personas llega a través de redes sociales. Tenemos 700 mil mexicanos en la cuenta de Facebook que nos siguen, es una cosa muy rara”, cuenta.

La jornada empieza a las 6 am, antes aprovechaba de correr a esa hora –ahora prefiere hacerlo al almuerzo–, y comienza leyendo los casi 50 newsletters a los que está suscrito, que va desde Quartz y Axios, hasta The New York Times, El País y todas las noticias relacionadas al sistema laboral, donde reconoce tener una obsesión.

En la tarde ve el noticiero de Telecinco en España, reportea por teléfono (aunque también en almuerzos), y cuando tiene 10 minutos libres cierra la puerta de su oficina para leer un libro: en este momento tiene en su escritorio El Gen, de Siddhartha Mukherjee; Patria, de Fernando Aramburu, y Einstein para perplejos, de Andrés Gomberoff.

A las 7 pm se reúne con el equipo de Tele13 para ver la pauta del día siguiente –donde se corta el 80% de los temas– y de ahí está conectado hasta pasadas las 10 de la noche con el grupo de editores que están al aire del central para resolver lo que vaya pasando.

“Después de una buena nota siempre viene una buena conversación. Pero es difícil mantener la atención constante. Y en la radio es lo mismo: tiene una narrativa, que eso he aprendido de Iván Valenzuela, que es cómo cuentas la historia”.

-¿Qué ha aprendido de él?

-Todo, es un monstruo. Yo soy su jefe, pero él es mi jefe en la radio. He aprendido la sensibilidad de la voz para cuando algo es alegre y cuando es triste; la pausa; el lenguaje amplio, nutrido; el humor; la ironía; la tranquilidad para enfrentar a los entrevistados, tranquilidad que no es laxitud, es una conversación, por eso nosotros siempre decimos que es hora de escucharnos, conversaciones que aportan.

-¿Qué le gusta más, la televisión o la radio?

-Me gustan las dos. En la tele soy ejecutivo y en la radio soy periodista. En Mesa Central TV decidí yo ser uno más, y si la cago, me tienen que decir porque vamos todos en la misma. Más que lo que yo piense, que puede importar más o menos, es importante lo que uno puede aportar como dato.

-Estudió en el San Ignacio del Bosque, ¿cómo es su relación con los jesuitas? Hace un tiempo dijo que Cristián del Campo estaba al tanto de las fotos que se les sacaba a los alumnos sin ropa…

-Ahí yo me equivoqué, lo rectifiqué al aire. Lo que yo estaba diciendo es que como Cristián era estudiante del colegio, estas fotos que se ponían en el diario mural las conocía, pero no sabía qué pasaba atrás. Y me hizo la precisión de que todo el tema de las fotos fue después que él salió. En la radio pedí disculpas porque me equivoqué, no era mi intención decir que él sabía y se entendió así. Con los jesuitas tengo buena relación, periodísticamente la distancia que uno debe tener, pero conozco a Del Campo, a Delfau, a Berríos. Pero no soy demasiado ignaciano.

Del esplendor a la incertidumbre

Enrique Mujica recuerda claramente ese 6 de mayo de 2015: “Habíamos trabajado la entrevista de Don Francisco con Bachelet dos semanas antes, dos o tres horas diarias, varias veces a la semana. Pero no sabíamos lo que iba a pasar (la pedida de renuncia a todo el gabinete). Yo quería verla arriba con el editor y cuando esto pasó en el switch, todos gritaban. Ahí hay que mantener la mente fría, esto iba adentro del Tele13. Vamos con reacciones apenas termine la entrevista, transmisión en vivo, llamen, llamen, llamen. Y de ahí salimos con Bachelet al camarín, era un caos afuera. Ella estaba tranquila, estaba súper cansada en ese tiempo. Hubo un problema con una descoordinación, porque Heraldo estaba en La Haya y algo importante estaba pasando. Tuvimos que llamar a la Coni Santa María, que estaba allá, y nos dice que está la embarrada, que los periodistas bolivianos están diciendo que echaron al canciller. Bachelet tuvo que llamar a Heraldo para decirle que él no. Ése fue un momento heavy”, relata.

Otro momento intenso fue la muerte de Felipe Camiroaga, cuando Mujica estaba en TVN. La gente estaba muy afectada, los mismos periodistas que cubrían, y el canal no paró de transmitir durante días, con una logística complicada.

“Los en vivo son del terror. Yo me pongo en la oficina con el celular prendido, y empiezo sácala, no quiero ninguna vieja más llorando. ¡Pero el rating!, me dicen. Me da lo mismo. Todo es tenso, aunque igual es adrenalina rica si te va bien. Si te va mal, lo pasas mal. Si el rating está bajo, todos se ponen nerviosos, empiezan los directores ejecutivos a llamar, a preguntar por qué estamos cuartos, terceros…”

-¿Qué tanto se mete Max Luksic, director ejecutivo de Canal 13?

-Es súper respetuoso. Tengo una muy buena relación con él. Pregunta harto, apoya harto, tiene una cabeza muy moderna, muy digital, que es súper bueno.

-¿Qué opina de las gestiones anteriores, de Alejandra Pérez y de Cristián Bofill? Canal 13 está en un proceso de reestructuración producto de millonarias pérdidas.

-Todos los que hemos vivido en este tiempo, la Ale, Bofill, ni yo veníamos de la tele. Te toca una industria donde te cuentan que antes todo era esplendoroso, había mucha plata. Llegué a algo que no es lo que me contaron. Al final, todos estamos con problemas y creo que hay que trabajar en el presente pero con una pata en el futuro, aguantar hasta que eso se monetice, o cambie el modelo de negocios, que la TV abierta no exista más y sea una TV de pago constante, no sé. Y voy afuera, he estado en todos los países, y todos dicen no sé. Nadie sabe.

-¿Cómo ha sido el proceso de externalización de servicios a Sequoya, que implicó el despido de 300 personas?

-Lo dijo aquí el director ejecutivo, que siempre es lamentable tener que despedir gente, es un proceso muy doloroso, pero para hacer sustentable el canal es inevitable lo que hicimos. Fue terrible para la gente que se tuvo que ir, con una incertidumbre sobre su futuro que ahora se ha ido clarificando, porque lo que era una promesa está siendo más realidad, que los recontrataron, están trabajando en otra empresa.