Dos momentos fundacionales: el modelo económico y la Concertación. La política puede ser objeto de la farándula, pero no puede vender farándula. Lo que vemos es una democracia paternalista, muy relacionada con el carácter de la presidenta. En el mercado de los ofertones, la izquierda siempre tiene ventajas. La Concertación no ha sido efi ciente […]

  • 13 julio, 2007

Dos momentos fundacionales: el modelo económico y la Concertación.
La política puede ser objeto de la farándula, pero no puede vender farándula.
Lo que vemos es una democracia paternalista, muy relacionada con el carácter de la presidenta.
En el mercado de los ofertones, la izquierda siempre tiene ventajas.
La Concertación no ha sido efi ciente con su propia clientela.
Más que en los tribunales de justicia, es en el Tribunal Constitucional donde hay riesgo de politización.
Es el mercado y no el gobierno el que ha levantado a la gente.
La derecha no tiene concepto, sino un puro voluntarismo de llegar al poder.
Por M.Angélica Zegers V.

Durante muchos años Enrique Barros (61, casado, cuatro hijos) se sintió cómodo con la Concertación, pero hoy mira hacia otro lado. Y aunque no es un animal político, las posiciones que toma en la esfera pública generan un respeto que ya se quisieran muchos de los que han hecho de la política un oficio.

El respeto por este abogado se alimenta de varias vertientes. Por de pronto, hay pocas dudas sobre su lucidez intelectual y su enorme preparación profesional. No solo está entre los profesionales más respetados del foro sino también de la cátedra. Su Tratado de responsabilidad extracontractual, un texto de más de mil páginas, que le demandó siete años de trabajo y lanzó el año pasado, para muchos tiene la estatura de un clásico.

Su oficina, Barros Letelier, también goza de gran prestigio. A esto se suma su vocación por los temas públicos. Hoy es secretario del Consejo Directivo y miembro del Comité Ejecutivo del CEP. Sus opiniones, como el mismo Barros afirma sin falsa modestia, son influyentes. Y si influye en el CEP, que a estas alturas es el gran puente de contacto entre los empresarios y el gobierno, es obvio que su nombre también despierta respeto en La Moneda. La presidenta Bachelet lo convocó a fines del año pasado para que integrara la comisión de probidad, instancia que nació a raíz de los casos de corrupción al interior de los organismos estatales. Barros tiene una marca registrada en términos de transversalidad y es capaz de moverse con igual soltura en el ámbito privado –ha sido director de empresas y actualmente asesora a importantes conglomerados, además de analista premium en foros empresariales e integrante del Comité de Autorregulación de la Bolsa de Comercio– como en el público. Y si bien se encuentra por estos días claramente identificado con una opción de gobierno alternativo a la Concertación –se le sindica como un muy probable ministro de justicia de un gobierno aliancista– no hay quien no destaque su moderación y apertura de mente.

Profesor de derecho civil de la Universidad de Chile, su alma mater, y doctor en derecho de la Universidad de Munich, Barros fue abogado integrante de la Corte Suprema (2000-2005) y de haber resultado las cosas como quería, habría optado sin duda por un puesto como titular en el máximo tribunal. No hay duda de que el derecho lo apasiona, pero es un intelectual aterrizado y tiene muy claro las cosas que están bien y las que hay que mejorar en la justicia. Por eso ahora está feliz con su reciente elección por dos años a la cabeza del Colegio de Abogados, desde donde intentará mejorar la tuición ética de los abogados, “que son órganos de la administración de justicia” y también prestar toda su ayuda para mejorar el accionar de las cortes.

Usar el capital

-¿Cuál es el mayor problema que enfrenta hoy el gobierno?
-En lo político coyuntural, es clarísimo que se ha perdido la asociatividad. La capacidad de la Concertación de tener un proyecto común se ha debilitado y los incentivos están desalineados. En esto el régimen presidencial ayuda poco, porque el gobierno carece de mazo para alinear a sus mayorías, a diferencia de los regímenes parlamentarios o semi presidenciales donde la amenaza de disolución del congreso es siempre eficaz.

-Pero en un régimen como el nuestro, donde el presidente tiene mucho poder, iniciativa de ley y, encima, mayoría parlamentaria, La Moneda debiera estar en condiciones de generar una agenda y hacerla cumplir.

-La historia reciente de Chile tiene dos momentos fundacionales: el primero es cuando se optó por el actual modelo económico, y el segundo es la propia Concertación, que logró hacer una transición inteligente, integradora, que le dio confi abilidad política al país y que creó un clima interno de entendimiento. Esos dos movimientos modernizadores, uno en lo económico y el otro en lo político, hay que repensarlos y revitalizarlos. Es ahí donde yo veo un gran défi cit de la Concertación, porque se le agotó su proyecto inicial de hacer una transición exitosa y no ha sido capaz de generar otro proyecto igual de potente. En este momento hay un problema político mayor.

-¿Qué pesa más en la falta de proyecto, el agotamiento propio de una coalición que lleva más de 17 años en el poder o el desorden de sus filas derivada también de ese desgaste?

-Si yo viera en los llamados parlamentarios díscolos o en los propios partidos de gobierno ideas potentes para enfrentar los problemas, el desalineamiento sería una virtud y no un defecto. Pero me parece que se trata de simple desorden y protagonismos personales. La discusión sobre temas públicos en Chile es extremadamente pobre. Cuando uno ve los países exitosos, incluso con gobiernos de centro izquierda –que son los que tienen mayores posibilidades de hacer reformas exitosas en el Estado– la comparación en que queda Chile es muy lamentable.

-¿Terminó entonces la renovación de la izquierda?
-No solo eso, sino que se ha retrocedido. Ha llegado el momento de repensar cuáles son las bases del éxito económico chileno y yo creo que están básicamente en entregar a la gente responsabilidades. Pero, en las antípodas de ese concepto, lo que vemos es una democracia paternalista, que se relaciona mucho con el carácter de la presidenta, que en vez de buscar soluciones, se queda en el proceso de buscar fórmulas consensuadas. Esa es una manera de pensar propia de los 60, cuando imperaban ideas colectivistas y lo importante era derribar reglas para favorecer la expresividad. Todos los países que hoy tienen un cierto vigor han roto con ese modelo, para pasar a otro donde se enfrentan los problemas con una lucidez analítica perfecta y se plantean incentivos concretos para solucionarlos, para luego poner al país completo detrás de la tarea.

-¿Por qué la popularidad de la presidenta no se traspasa a su gobierno?
-El liderazgo tiene que ver con usar el capital político y usarlo en contra probablemente de lo que piensa gente cercana. Jugarse en tareas de interés general y que pueden no ser valoradas así por el entorno, como por ejemplo, la profesionalización del Estado. Es demasiado importante que el Estado sea manejado por gente con los talentos adecuados, hay que pensar que hay una legión de jóvenes muy preparados y que encantados trabajarían en el sector público, pero que tienen la puerta cerrada por la oligarquía de los partidos.

-Pero el gobierno ha querido avanzar en transparencia y probidad.
– Este no es solo un asunto de personalidad, sino de decisión y capacidad para usar el capital político en el sentido correcto. Nosotros recomendamos en la comisión de probidad que el Consejo de Alta Dirección Pública califcara a los postulantes a cargos públicos y que si el presidente elegía al último de la terna todos supieran que no era el más calificado. Pero esas reglas ideales se topan con una realidad que va en sentido contrario, donde priman las lealtades de partido y una visión donde el Estado es un empleador de primera para los leales al gobierno. Hay que tener presente, además, que se dan vuelta entre la misma gente, porque nuestra democracia tiene grados bajísimos de participación. Es casi un sistema feudal.

-¿Anda mal el sistema político?
-No anda bien, pero todo lo demás es peor. Popper decía que el mayor mérito de la democracia no es garantizar buenos gobiernos, sino deshacerse de los malos. Es obvio que hay una práctica de ensayo error, pero uno echa de menos que haya conciencia de que la política puede ser objeto de la farándula, pero no puede vender farándula.{mospagebreak}

Corrupción y modelo

-¿Es Chile un país corrupto?
– Creo que los grados de corrupción que existen en Chile, en el sentido de lo que normalmente se entiende por corrupción, es decir ilícitos directos como el cohecho, son bajos, pero hay otra corrupción tal vez más importante, que está dada por una serie de prácticas regulares e ilícitas que se perciben como correctas. En la política hay situaciones que no soportan la prueba de la razón, como por ejemplo, que los Seremi sean leales al parlamentario de su partido e instrumentos para su reelección , en un círculo donde todos dependen de todos. Eso es corrupción en la fuente misma de la institución. Si no se corrige eso, tampoco se corregirá nada hacia arriba.

-Usted ha recordado una frase de Andrés Bello, “en Chile existe la costumbre que aquello que se hace simplemente se tiene por correcto”, que aplicó al dateo o amiguismo en la bolsa y a la corrupción del Estado ¿Cómo andamos en ética?
-Lo que no puede ocurrir es que haya un grupo importante de gente cuyo nivel de vida dependa tan sustancialmente del hecho de que la coalición de gobierno esté en el poder. Eso es sintomático de que algo anda mal, es el fenómeno del PRI mexicano y no tiene que ver solo con las costumbres o la ética. Los franceses son probablemente el pueblo más culto que existe en la tierra –un amigo alemán me decía que era porque tienen los mejores peores diarios del mundo– pero se le ahogó el alma con proteccionismo, paternalismo y restricciones. En Chile está pasando lo mismo. Las negociaciones sectoriales globales son una muy mala señal.

-¿No entran aquí las dos almas de la Concertación?
– El problema del país no está en la macroeconomía, que ha sido muy bien manejada hasta ahora, aunque no hay ninguna certeza de que lo siga siendo, porque a medida que se complique la cosa política van a haber muchos incentivos para que Hacienda sea más dispendiosa. El mayor problema está en las áreas más subterráneas, en qué hacemos para ser competitivos. El peligro de iniciativas como la negociación interempresas es que estas prácticas, de las cuales los países desarrollados han hecho esfuerzos desesperados por deshacerse, se hagan cada día más comunes y veo que vamos hacia allá.

-¿Es en la gestión donde más falla el gobierno?
-Si tomamos el ejemplo de Transantiago vemos que hay problemas en el diseño y en la gestión. Se cae en el error de diseñar políticas en el pizarrón, sin tomar en cuenta que la naturaleza humana se mueve por incentivos. No hay control ni buena gestión y existe la sensación de que las platas van a fondo perdido. Además, hay mucha incomunicación entre el sector público y el privado. Gordon Brown acaba de formar en Inglaterra un comité político empresarial de alto nivel que va a discutir sobre las orientaciones estratégicas del país y ¡esa es una de las primeras medidas de un gobernante socialdemócrata!

Lo más fregado es que esto no lo diga gente de 35 años, porque son ellos los que debieran estar inquietos y no nosotros.

-¿Volvemos a los tiempos del Chile “arranado”?
-No cabe duda que en cuanto a un manejo serio de las finanzas públicas o la internacionalización del país, donde los tratados de libre comercio son una reforma de marca mayor, la Concertación lo ha hecho muy bien, y los empresarios agradecen un marco de acción que les permite desarrollar sus negocios. Sin embargo, la Concertación no le ha cumplido a su propia clientela, porque no ha sido eficiente en sus políticas públicas enfocadas a los más pobres. Debemos preguntarnos cuánto de la derrota a la pobreza se debe al desarrollo de la economía privada y cuánto a gestión del gobierno y mi sensación es que se debe mucho más a lo primero. El mercado es lo que ha levantado a la gente.

-¿Falta emprendimiento?
-A diferencia de lo que se cree, lo que más incide en el emprendimiento no son las políticas focalizadas, sino la cultura. La Alemania de la post guerra era un país absolutamente destruido material, moral y políticamente, además de ocupado. Y salió adelante por pura convicción y gracias a una economía de mercado vigorosa, con una administración profesional del Estado y un liderazgo político formidable.

-¿Se desdibujó en Chile el principio de subsidariedad?
-Más que desdibujado en la práctica, porque por algo el país crece, está desdibujado en la cabeza. La base es la educación, enseñar a pensar, incentivar el atrevimiento, pero los colegios son un desastre. A los niños no se les enseña ni siquiera a hacer ensayos, no saben escribir ni exponer las ideas con orden y luego en la universidad hay que estar subsanando lagunas. En educación no se ha hecho prácticamente nada que marque una diferencia y el mayor problema de Chile son las enormes diferencias en capital social.

-Usted escribió hace años que éramos el niño perno del barrio, perno pero virtuoso y que generábamos envidia. ¿Cree que seguimos despertándola?
-Este es un país que no tiene mayor gracia, pero que al final del día hace la pega básica. Gonzalo Vial me enseñó que cambian muchas cosas, pero el carácter poco y ya lo dijo Andrés Bello hace 150 años, que este país era menos de lo que esperaba, pero era ordenado y respetuoso de la ley. El problema más serio es que la tendencia se frenó, el desafío no es volver a ser lo que fuimos, sino qué vamos a hacer para adelante. No sé si hoy escribiría ese artículo. Veo una progresiva erosión de lo que nos ha puesto en la buena ruta y no se hacen las reformas estructurales que el país necesita para avanzar.{mospagebreak}

Tiempos de cambio

-¿Se acabó la relación directa entre empresarios y derecha?
-Creo que sí y es un signo de madurez, porque los empresarios deben ayudar a generar ideas, crear riqueza y apoyar instituciones, pero no tienen que jugar el partido. Cuando Somerville dijo que los empresarios amaban a Lagos expresó un sentimiento que compartía mucha gente en su minuto, porque es cierto que reconocían un buen ambiente para desarrollar su actividad. Además, creo que el distanciamiento entre empresarios y derecha se ha visto favorecido por el aumento del populismo en las propuestas políticas de la Alianza, que es más peligroso que los populismos de izquierda, porque cuando el populismo llega a la derecha es casi imposible que venga la izquierda a poner orden.

-¿La Alianza tiene un proyecto?
-Su error es que no tiene un concepto y lo que deja ver es un puro voluntarismo por llegar al poder. El problema es que las ganas pueden ser muy intensas, pero para llegar al gobierno hay que convencer de que se tiene un proyecto que favorece al país.

-¿No basta con que a la Concertación le vaya mal?
-No basta, sobre todo, porque en el mercado de los ofertones, la izquierda siempre ganará. La ventaja de la derecha está en decirle a la gente que los van a ayudar a hacerse cargo de su destino y que van a crear instituciones que van a dar incentivos para que la gente lo haga mejor. Que los servicios públicos van a ser medidos por sus resultados y que así como operarán incentivos, también habrá sanciones cuando las cosas se hagan mal. La realidad hoy es que el problema de la educación se traduce en el bienestar de los profesores y no de los alumnos y el de la salud en el bienestar de los médicos y no de los pacientes.

-El PP español ganó por el desgaste y corrupción del gobierno socialista.
-Coincidió con eso. La política está llena de casualidades, pero en España se construyó una alternativa conservadora creíble. Si bien Aznar no es un genio, ni mucho menos, transmitía solvencia e hizo un gobierno muy exitoso. Mi impresión es que ese ciclo terminó por la soberbia de Aznar, porque le fue tan bien que quiso aislarse de Europa y se alió con los equivocados y eso le costó el gobierno.

-Hasta los atentados de Atocha las encuestas lo daban por ganador.
-Sin los atentados probablemente no habría perdido, pero sin esa política exterior, a pesar de los atentados, habría ganado.

-¿Hace falta también un recambio en los líderes políticos?
-Sin duda, pero tengo la impresión de que la derecha va a cambiar las personas cuando esté en el gobierno, porque en la oposición hay muy poco espacio para mostrar gente nueva y es difícil construir una personalidad política con la pura denuncia. Casi todos los líderes de la Concertación se han construido en el gobierno en base a su gestión.

 

El país de los justos

En un sentido contrario a la percepción ciudadana y al actual estado de efervescencia en relación a los jueces y la delincuencia, el balance de Enrique Barros sobre el actuar de la justicia es bastante positivo.

-¿Cuán independiente es el poder judicial del gobierno y de las presiones públicas?
-La gravitación del gobierno en la administración de justicia es menor y corporativamente es un poder muy independiente. En las designaciones de los jueces superiores participan los tres poderes del Estado y la aprobación por dos tercios que debe hacer el Senado de la propuesta del presidente disminuye mucho el riesgo de politización de la Corte Suprema. Sí creo que es importante crear un mecanismo en que se discuta sobre mérito y donde lo más importante sea la califi cación de los postulantes.

-¿No le preocupa la corporativización del poder judicial, la sensación de que se cuidan entre ellos?
-Creo que la clave aumentar el accountability de los tribunales, pero se están haciendo esfuerzos en materia de publicidad y transparencia. Ahora, salvo en casos excepcionales, los jueces hablan por sus fallos y cuando se empiezan a transformar en figuras públicas se vuelven vulnerables al juicio ciudadano y pierden independencia. Yo me preocuparía más del Tribunal Constitucional, que juega una función política muy relevante y que debe ponerse exigencias de autolimitación muy grandes para no excederse en su función. Es aquí donde sí hay un riesgo de politización.

-¿Cuál es el nivel de los jueces en su capacidad de conocer y fallar sobre materias complejas, como las económicas?
-Hay materias que requieren jurisdicciones especiales y el caso más típico es libre competencia, lo que funciona bastante bien. En lo demás, los jueces simplemente deben aplicar el derecho. Jurisdicción viene del latín juris dictio, decir el derecho. En este sentido una justicia profesional y limitada a sus funciones es la mejor garantía del Estado de Derecho.

-¿Es imprescindible una reforma a la justicia civil?
-Es muy importante, porque es una madeja muy compleja y tremendamente ineficiente. El hecho de que haya causas que se demoran cuatro años en la Corte de Apelaciones es muy cercano a denegación de justicia, ya que se suma a un promedio de dos años en primera instancia. Ahora, no hay que olvidar que en comerciales existe la justicia privada, que son los arbitrajes, y que en todo el mundo operan en sustitución de la justicia ordinaria.{mospagebreak}

-¿Por qué se califica mal al poder judicial?
-Yo creo que la gente lo siente como un poder lejano y lo que no se conoce se teme. Creo que habría que hacer una reforma profunda a los juzgados de policía local para que sean mucho más expeditos, cercanos y eficientes. También hay una mirada política, porque una parte del país piensa que el poder judicial no ha actuado con la misma vara en casos de derechos humanos, y que ha sido muy fuerte con los militares y no con los terroristas. Por último, se relaciona al poder judicial con impunidad respecto a la delincuencia común, pero no hay que olvidar que con el antiguo sistema de la sospecha la prisión preventiva se convertía en la efectiva, lo que es un atentado a los derechos humanos.

-¿Qué diferencia planea hacer en el Colegio de Abogados?
-Hay mucho por hacer en la tuición ética de los abogados y hay una infinidad de experiencia comparada de países en que la profesión es muy respetada, como Inglaterra u Holanda, donde se han codificado reglas a partir de la práctica. Estableceremos todos los incentivos para que sea un activo estar colegiado, lo que se da en la medida en que el Colegio cumpla con su misión de tutelar la buena práctica legal, ya que así los clientes preferirán a quienes estén alineados con nuestros códigos. También pondremos mucha fuerza en aspectos que a nuestro juicio no funcionan bien en el sistema judicial. Los abogados también somos órganos de la administración de justicia.

Al margen

Desigualdad social. Yo asumo que el estado natural es de pobreza, es no saber, no tener y el ser humano supera con su inteligencia y esfuerzo. La desigualdad indica que en Chile vivimos personas con capitales culturales muy distintos y también muestra que si hemos tenido buenos crecimientos económicos hay que empezar a analizar y ser más críticos con las políticas públicas destinadas a acortar esa brecha. La desigualdad no es per se un mal. Es más bien una tarea y cuando no se mira así y se pone el énfasis en la inmoralidad de los que tienen más, en impedir que se acumule, en el resentimiento, siempre se retrocede.

Educación e inglés. Singapur no sería lo que es hoy si durante 20 años no se hubiera hecho un esfuerzo gigantesco para que la gente hablara inglés y cuando nos comparamos con Irlanda o la India tampoco se toma en cuenta este factor. Creo que el mayor problema que tiene Chile es de capital social, las diferencias son enormes. Que la gente de la Pintana no sepa inglés, pase, pero que un chiquillo salga del Instituto Nacional con 730 puntos y no pueda leer un texto de inglés en primer año de universidad es inaceptable.

La razón y Ratzinger. Conocí a Ratzinger en Munich, es un portento intelectual. El diálogo que mantuvo hace dos años con Habermas es notable y puso de manifiesto que no hay ninguna incompatibilidad entre la racionalidad y la fe, como durante mucho tiempo asumió el laicismo. Además, la idea de persona y de su dignidad no viene de los griegos, sino del cristianismo, y no creo que el liberalismo hubiera sido posible sin esa contribución.

Piñera y el poder. Yo estuve durante muchos años muy confortable con la Concertación, pero creo que ha pasado a ser disfuncional para los propósitos que ella misma se fijó. Si la alternativa es Piñera que así sea, pero para eso no solo tiene que abandonar en serio sus negocios, sino que debe ser capaz de trabajar en equipo y crear confianzas, lo que es un desafío para su personalidad de winner. Un presidente de la República es director de orquesta y no necesariamente debe tocar todos los instrumentos.