La idea original era crear colegios sustentables en lugares vulnerables. Pero en el camino, Verónica Celis se dio cuenta de la desconfianza que existe a nivel mundial en cómo se gastan las donaciones. Así partió EnlightAid, una empresa que entrega tecnología para transparentar proyectos sociales y que hoy, alojada en Noruega, está valuada en medio millón de euros.

  • 27 diciembre, 2018

“Como arquitecto, soñaba construir espacios de calidad en las zonas más vulnerables de mi país”, recitaba a modo de práctica Verónica Celis con su coach el martes 10 de diciembre pasado, mientras caminaba entre el Hotel Icon y el edificio de CorpArtes. En ese lugar se realizó el evento Demand Solutions, organizado por el BID, donde Verónica presentó su pitch al día siguiente. EnlightAID, su emprendimiento, fue uno de los 11 seleccionados entre más de 300 postulantes y recibió el Premio al Emprendimiento entregado por la IE University en Segovia.

Cuando niña Verónica jugaba con el mapa del mundo y soñaba con los lugares que le gustaría visitar. Por eso, apenas renunció a Hatch, la empresa de ingeniería canadiense con sede en Chile en la que trabajó por cuatro años, decidió que era momento de emprender el rumbo. Así, en 2015 llegó a Ulm, Alemania, de la mano de su marido, quien trabaja en Liqui Moly, empresa de aditivos y lubricante para autos.

De su trabajo en la canadiense, Celis conoció al noruego Klaus Edvard Hatle, con quien entabló una amistad. Por eso, ya instalada en Alemania y buscando qué hacer, lo contactó para levantar un proyecto de casas sustentables en lugares de riesgo en Chile. Al emprendimiento se unió también Luis Patricio Infanta, ingeniero chileno con quien Verónica había trabajado en Hatch en un equipo de diseño sustentable.

Mientras intentaban levantar fondos para su iniciativa, los tres se dieron cuenta de que en general a las personas y empresas se les hacía difícil donar dinero, no por falta de éste sino más bien por la poca transparencia que existía en el mundo de las fundaciones o ONGs. De hecho, cayeron en cuenta de que ninguno de los tres donaba activamente a alguna organización porque no confiaban en que su dinero iba a ser usado efectivamente con el propósito por el que había sido pedido. Así entonces se lanzaron a armar un programa que permitiera transparentar las donaciones que se hicieran a su proyecto arquitectónico. Todavía no lo tenían listo cuando el ex cuñado de Klaus, que trabajaba en Humans Rights Foundation, organizadora la Conferencia de Derechos Humanos, Oslo Freedom Forum, les aconsejó que presentaran su idea en el evento. Así, en mayo de 2016, los tres se instalaron en un puesto solo con un flyer, un video y tarjetas de visitas. Verónica recuerda que en ese entonces no tenían inversionistas, ni dinero o tecnología, pero fueron varias las organizaciones que se les acercaron para pedirles usar su tecnología.

Ahí fue cuando decidiero dar un giro a su proyecto: desarrollarían el software para hacer más transparentes las donaciones y dejarían en stand by los colegios sustentables.

 

El primer enlightening

En 2017 EnlightAID ya era un emprendimiento consolidado. La herramienta se patentó primero en Noruega y luego comenzaron a presentar su proyecto a ONGs grandes locales, como la Cruz Roja. A las organizaciones sociales les parecía atractiva su tecnología, pero no querían ser los primeros en probarla.

A finales de ese año comenzaron a trabajar con NI EN MORE, un grupo de mujeres noruegas, estadounidenses y mexicanas que buscan crear un espacio de trabajo seguro para mujeres víctimas de violencia de género en Ciudad de Juárez, México, a través de la moda sustentable. El proceso partió con un periodo de campaña que recaudó más de 5 mil dólares. Luego, en la segunda etapa, la ONG gastó ese dinero para armar el espacio y publicó cada boleta con la hora, lugar y objeto que se compró. En la última etapa se les notificó a los donantes específicamente en qué habían contribuido los dólares donados para la causa.

De eso se trata EnlightAID, una herramienta que permite a los donantes saber con exactitud cómo y en qué se gastó cada dólar del dinero que entregan en tiempo real. De hecho, cuando lo recaudado excede el presupuesto, EnlightAID pregunta a los donantes si prefieren que se les devuelva el porcentaje que sobró o que la fundación u ONG se quede con el dinero.

Actualmente la empresa se ha probado en 7 países: Chile, Perú, México, Noruega, Kenia, Sierra Leona y Madagascar. Han trabajado con 20 ONG y en menos de 5 años EnlightAID ya está valuada en medio millón de euros.

Pero Verónica no ha olvidado a Chile, ya que la empresa también está registrada aquí. Sus planes son sumar al donante corporativo a EnlightAID y que además pueda incluir a los empleados. “Somos una generación que se cambia mucho de trabajo y eso tiene un costo para las empresas. Y una de las estrategias para retenerlos es a través de los valores, este proyecto permite eso”.

Mientras, Verónica no ha renunciado a su sueño. Espera, en un plazo de 5 años, retomar su proyecto arquitectónico para las zonas más vulnerables de Chile.