Una de las mayores críticas que ha recibido la presidenta Bachelet durante los casi dos años que lleva en el cargo se relaciona con su aparente falta de liderazgo y poder de gestión. Su estilo de “gobierno ciudadano” -idea que marcó fuertemente la campaña y que en buena medida determinó su acceso al poder- cruzado […]

  • 16 noviembre, 2007

Una de las mayores críticas que ha recibido la presidenta Bachelet durante los casi dos años que lleva en el cargo se relaciona con su aparente falta de liderazgo y poder de gestión. Su estilo de “gobierno ciudadano” -idea que marcó fuertemente la campaña y que en buena medida determinó su acceso al poder- cruzado por conceptos como empatía, diálogo, asambleas y transversalidad, fue percibido favorablemente por la ciudadanía. Sin embargo, los conflictos que ha debido enfrentar, partiendo por la “rebelión de los pingüinos” y luego en los temas laborales y, sobre todo, el Transantiago, además del objetivo escepticismo que despiertan las numerosas comisiones ad hoc que ha formado el gobierno para resolver distintos temas, han minado el concepto y lo han dejado como una simple declaración que dista mucho de producir efectos positivos para el país.

Lo curioso del tema es que gran parte de la prensa ha hecho de las encuestas públicas un verdadero bastión en la batalla por las ventas y la atención del lector. Es difícil que se sucedan un par de semanas sin que alguno de los diarios más importantes del país no titule su edición dominical con alguna encuesta de factura propia y que da cuenta del sentir de los chilenos sobre todo tipo de materias políticas, económicas y sociales. Está claro que una cosa es gobernar en base a la opinión del público y otra distinta es que la prensa trate de identificar el sentir popular, pero lo que cruza a ambos conceptos es la importancia de conectarse con la ciudadanía y en este punto, es un tanto paradójico demoler el concepto de gobierno ciudadano y luego tratar de mover la agenda en base a lo que esos mismos ciudadanos piensan.