Conversamos con Alan York, el norteamericano que ha hecho del biodinamismo una cruzada: la búsqueda del equilibro natural en el viñedo, incluso desde una perspectiva cósmica, permite según él hacer vinos únicos. Y en Chile lo está demostrando en Lapostolle.

  • 14 abril, 2009

 

Conversamos con Alan York, el norteamericano que ha hecho del biodinamismo una cruzada: la búsqueda del equilibro natural en el viñedo, incluso desde una perspectiva cósmica, permite según él hacer vinos únicos. Y en Chile lo está demostrando en Lapostolle. Por Marcelo Soto

Alan York es una eminencia en el mundo del vino. Responsable de la última revolución que está cambiando a la industria –el biodinamismo-, tiene tantos destractores como fanáticos. Los escépticos pueden tildarlo de hippie, de esotérico. Sin embargo, la palabra final reside en la botella y varios de los vinos que ha ayudado a elaborar, son soberbios. Memorables.

¿Qué diablos es el biodinamismo? La respuesta puede dejar a muchos marcando ocupado. Esta filosofía profundiza las prácticas orgánicas (que eliminan fungicidas, pesticidas y compuestos artificiales en el viñedo), para adentrarse en los equilibrios profundos de la naturaleza, incluido el cosmos. La idea es lograr sistemas autorregulados, donde las plantas se desarrollen sin forzar sus rendimientos, promoviendo un ambiente sustentable, diverso y balanceado.

Esto puede sonar a voladura, pero cuando se prueban sus vinos se entiende que fundamentos le sobran. En Chile lleva traba¬jando desde hace nueve años y ha sido un maestro para Alvaro Espinoza; sin mencionar que también asesoró a Errázuriz. Ahora está trabajando con Lapostolle y no es casualidad que Clos Apalta 2005, la mezcla tinta superior de la viña colchagüina, haya sido elegida la mejor del mundo por Wine Spectator en su recuento de 2008.

Quisimos saber qué había detrás de esta filosofía que está cambiando las pautas en torno al vino. Y descubrimos a un personaje, a un tipo que habla con la potencia de las palabras más simples.

-En forma sencilla, ¿qué es un vino biodinámico?

-El vino biodinámico es aquel que es un espejo de don¬de creció, fiel a su origen, que no ha sido manipulado para ser algo que no es, que no ha sido intervenido químicamente en la viña. En última instancia, es el reflejo del terroir.

-¿Cuál es la principal diferencia entre un vino orgánico y uno bio¬dinámico?

-En los vinos orgánicos es muy común usar levaduras de cultivo, intentar ajustar la acidez del vino y recurrir a técnicas específicas orientadas a hacer un vino “mejor”. En cambio, el vino biodinámico es aquel que es fiel a donde nació; entonces, esas prácticas que cambian la naturaleza del vino no son parte de la biodinámica.

-Se ha dicho que Chile es un paraíso para el vino. ¿Está de acuerdo?

-Sí, estoy de acuerdo. Me encantan los vinos chilenos. Creo que es un gran país, con un enorme potencial.

-¿Cuál ha sido su trabajo en Casa Lapostolle?

-La idea detrás de los vinos biodinámicos es que éstos representen el lugar donde crecen y nacen y, desde el punto de vista biodinámico, una gran parte de lo que haces es organizar tus recursos para establecer un programa de fertilización acorde con la capacidad de producción de la viña. En cuanto al trabajo que realizamos en Lapostolle, lo que hacemos primero es determinar cómo vamos a enfrentar las malas hierbas y las plagas de forma natural. Coordinamos las actividades, hacemos un timing de trabajo, siem¬pre orientado a la prevención de problemas. Buscamos proveer equilibrio a los viñedos. Parte del trabajo es también alinear a los trabajadores en torno a esta filosofía y acostumbrarlos a trabajar en esta forma.

-¿Cree que el calentamiento global está cambiando la calidad de los vinos alrededor del mundo?

-Ciertamente así parece. Creo que lo que está ocurriendo con la región de Champagne es un clarísimo ejemplo: el calentamiento global está impidiendo que se produzca champagne del nivel a la que la gente está acostumbrada y se está viendo hacia Inglaterra como potencial productor. Todas las variedades de uvas tienen requerimientos climáticos muy específicos. Por lo tanto con el aumento de las temperaturas su nivel óptimo va a cambiar, y esa es la principal preocupación hacia el futuro, porque plantar una viña es un compromiso a largo plazo.

-Michel Rolland, uno de los enólogos más famosos de hoy, ha señalado que a algunos vinos chilenos les falta madurez, que son verdes. ¿Está de acuerdo?

-No creo que eso sea sólo un problema de Chile, yo diría que es un problema general alrededor del mundo. Incluso, yendo un paso más allá, diría que ese problema es peor debido a los fertilizantes químicos. Estos estimulan a la planta a crecer más allá de su capacidad y no permiten que siga su desarrollo natural. Históricamente Chile es un productor a gran escala y es un factor cultural que los viñedos son presionados más allá de lo que pueden, lo que impide hacer vinos de clase mundial.

-¿Cuáles son los principales desafíos para el vino chileno?

-El mundo del vino está cambiando rápidamente. Tradicionalmente Chile es conocido como un productor masivo de vinos; entonces, creo que las nuevas viñas que han surgido deben abocarse a producir vinos de mejor calidad. Creo que el tema de los fertilizantes químicos es un gran problema para la calidad del vino, y Chile está comenzando a desarrollar la mentalidad de que los vinos producidos naturalmente son superiores.

-¿Qué piensa del carménère?

-Creo que es una de las cepas más interesantes que existe. Cultivada bajo las condiciones adecuadas, tiene excelentes características. Es más: creo que puede convertirse en la cepa insigne de Chile, porque no se está produciendo en otras partes del mundo. Le veo muchísimas posibilidades al carménère.

-De hecho la revista Wine Spectator eligió a Clos Apalta 2005 de Lapostolle como el mejor vino del año pasado en el mundo, y posee una proporción importante de carménère.

-Clos Apalta 2005 tiene todo lo que uno busca en un vino de clase mundial. Está excelentemente balanceado, su textura es increíble y mantie¬ne tu interés todo el tiempo que lo estás tomando, hasta al final de tu copa. Y esa es, a mi juicio, una de las grandes características de un vino de clase mundial: que la última copa que tomas sea mejor que la primera. Eso significa que el vino ha seguido evolucionando y se nota mientras lo tomas.