Max Marambio recuerda su faceta guerrillera en Las armas de ayer, un texto que recrea desde una perspectiva personal –aunque marcada por la lealtad– un tiempo de pólvora y revolución. POR MARCELO SOTO En Chile, los libros periodísticos, las memorias o testimonios y las biografías suelen ser de un nivel bastante lamentable. Los textos con […]

  • 13 julio, 2007

Max Marambio recuerda su faceta guerrillera en Las armas de ayer, un texto que recrea desde una perspectiva personal –aunque marcada por la lealtad– un tiempo de pólvora y revolución.
POR MARCELO SOTO

En Chile, los libros periodísticos, las memorias o testimonios y las biografías suelen ser de un nivel bastante lamentable. Los textos con revelaciones no las traen, las confesiones son maquillajes para quedar bien, los capítulos ocultos hace rato que se conocen. Por eso es bienvenida la publicación de Las armas de ayer, emocionante y ágil recuento de las andanzas guerrilleras de Max Marambio a fines de los 60 y principios de los 70.

El hoy exitoso empresario fue revolucionario en su juventud, robó bancos y estuvo a cargo de peligrosos arsenales. Un pasado formidable, ante el cual el autor evita caer en explicaciones y simplemente narra sus aventuras como si se tratase de un relato de vaqueros o piratas. En este aspecto, Las armas de ayer es un libro que seduce desde el principio y va ganando en intensidad a medida que avanza. Se agradece la simplicidad y falta de pompa con que Marambio cuenta sus travesuras, algunas de las cuales tuvieron consecuencias trágicas. Esta es una historia de hombres, con olor a pólvora y sudor, y quien busque reflexión o distancia ante los hechos no la encontrará. Los tipos duros no se arrepienten.

Al mismo tiempo, el texto recorre una época violenta y fatal para Chile, y se pasea por al menos tres personajes históricos del siglo XX: Fidel Castro, Salvador Allende y Miguel Enríquez. Las páginas más notables probablemente sean las dedicadas a este último, dirigente del MIR, que murió en Santiago combatiendo contra agentes del régimen militar. Aquí, Marambio se permite por vez primera mostrarse contradictorio, sentimental, inseguro. Su relato es el relato de una amistad fracturada, cruzada por sospechas y recriminaciones, donde no está claro quién tiene la culpa, quién actuó correctamente y quién no.

En los pasajes donde el autor recuerda sus inicios en el MIR, las acciones armadas de fines de los 60 y los desacuerdos que lo distanciaron de sus camaradas están las mejores páginas de este libro. Un viaje alucinante, lleno de adrenalina y buenas intenciones, que sin embargo terminó muy mal. Cuando a Marambio, estando en Cuba en el hotel Habana Libre, una muchacha le cuenta que su viejo amigo ha muerto, escribe: “Sin poder articular palabra alguna, la dejé sola allí y subí a la habitación, donde lloré como nunca en mi vida lo había hecho”.

Menos interesante resulta el retrato que hace de Fidel Castro. No hay nada que no hayamos escuchado antes del comandante cubano. Por el contrario, el autor repite consignas y es incapaz de ir más allá del estereotipo del hombre brillante y genial, experto en agricultura y lector voraz.

De Allende, sin embargo, Marambio entrega una mirada más personal, aunque igualmente marcada por la lealtad. El autor fue miembro del GAP, grupo encargado de la seguridad del ex presidente, y como tal lo conoció de cerca. Caballerosamente, el ex guerrillero guarda silencio sobre los aspectos controversiales del mandatario que murió en La Moneda, pero aún así deja entrever el caos, la pasión y la intransigencia de esos días desde una perspectiva única, de la cual los historiadores deberán tomar nota.

El título no es gratuito. El texto da cuenta de esa obsesión por las armas que afectó a una gran parte de la izquierda continental; la de los llamados “cabezas de pistola”, impacientes por hacer la revolución. Sin embargo, en el texto no hay grandes bombas ni tiroteos ni atentados, porque Marambio lo que hace, quizá sin darse cuenta, es desnudar la fragilidad de los grupos revolucionarios chilenos, donde el discurso era tan desafiante como endeble la capacidad de respuesta.

El episodio central del libro transcurre inmediatamente después del golpe, cuando el narrador se queda en la embajada de Cuba, al cuidado de un importante arsenal que entregará al MIR. Luego de esa acción suicida, inútil, “las armas terminan en manos de la DINA y cuestan la vida de varios militantes”, Marambio parte al exilio, dejando muchas preguntas y muchos episodios sin aclarar. Ojalá escriba otro libro.