No se trata de un mecenas, ni mucho menos. Mirta Núñez (arquitecta, 2 hijos), con un capital ínfimo y muchas ganas ha dedicado su tiempo a emprender pequeños negocios gastronómicos, a través de los cuales mantiene vigente parte del patrimonio culinario que heredó el país de la época prehispánica. Hoy esta emprendedora posee dos restaurantes […]

  • 15 abril, 2009

No se trata de un mecenas, ni mucho menos. Mirta Núñez (arquitecta, 2 hijos), con un capital ínfimo y muchas ganas ha dedicado su tiempo a emprender pequeños negocios gastronómicos, a través de los cuales mantiene vigente parte del patrimonio culinario que heredó el país de la época prehispánica. Hoy esta emprendedora posee dos restaurantes y una tienda de alimentos que son referentes obligados en la ruta a Colchagua.

Sus comienzos en este negocio parten de la idea de crear un hotel pequeño en la zona huasa que la vio nacer, pero al poco tiempo se dio cuenta de que los números “no daban” y se decidió por montar un restaurante. “La inversión era mucho menor y el retorno más rápido, claro que esto también implicaba un esfuerzo y costo personal muy grande”, cuenta.

Fue así como nació Panpán Vinovino, una propuesta gastronómica inserta en una antigua panadería en ruinas, pero que con su habilidad y conocimiento la convirtió en uno de los mayores atractivos de orden histórico y patrimonial de la zona. Con esa misma determinación, esta arquitecta se trasladó a Colchagua y partió de cero no sólo en un nuevo proyecto laboral, sino en cuanto a la vida familiar, comodidades y amistades. El boom vitivinícola del lugar ayudó a impulsar el restaurante a tal nivel que Mirta Núñez decidió abrir otro local, que denominó Mistela.

En esta nueva propuesta no dejó nada al azar. Trabajó con la antropóloga Sonia Montecino y la chef Pilar Larraín, para elaborar una carta de comida chilena histórica, que se divide en períodos prehispánico, colonial y republicano. Todo un acierto, que complementó con la creación de un huerto frente a sus comedores, donde se cultivan las hortalizas que se consumen en cada uno de sus platos.

Pero faltaba un complemento a estas propuestas. Núñez vio que en los turistas cada vez era más frecuente la necesidad de llevar algo de la zona y no dudó en levantar una tienda denominada Cosas Ricas de Colchagua, donde vende dulces y vinos de sus alrededores.

Ahora su foco es trabajar en el área de turismo patrimonial. Para ello se puso en contacto con organismos públicos como Corfo, Conama y Codesser con el fin de fomentar y promover las construc¬ciones patrimoniales, sus fiestas religiosas, leyendas, gastronomía y tradiciones. “En Chile contamos con elementos patrimoniales que no hemos valorizado, ese es un tema cultural difícil de modificar y ya es hora de hacer algo”.