Técnico, de cabeza fría, mateo como pocos y fanático del tenis. Así describen a Rodrigo Vergara quienes han tenido la oportunidad de trabajar, estudiar y aprender de él. ¿Llegará a la cartera de Hacienda? La apuesta está abierta, dicen en Chile Vamos, aunque la respuesta solo la tiene el presidente Piñera.

Ilustración: Ignacio Schiefelbein

En marzo, días antes de que Sebastián Piñera oficializara su candidatura presidencial, el hoy presidente electo llamó a Rodrigo Vergara para convidarlo a su equipo de campaña. El economista había dejado la presidencia del Banco Central hacía poco más de tres meses, y con ese argumento le habría dicho que prefería esperar a que pasara un tiempo “prudente”.

El 15 de mayo, cuando el candidato presentó a su equipo programático, Vergara oficializó su entrada como uno de los seis coordinadores del área de desarrollo económico. Pero como llegó tarde –el trabajo había comenzado meses antes–, su contribución fue en segunda línea, cuenta un miembro del comando. El liderazgo lo tenían Felipe Larraín, Juan Andrés Fontaine y Klaus Schmidt-Hebbel. Hasta la primera vuelta.

En noviembre, Vergara, por solicitud del propio ex mandatario participó en debates y dio entrevistas específicas en su representación. Su protagonismo creció al punto de que hoy su nombre suena –junto con el de Larraín– como probable para encabezar la cartera de Hacienda. A pesar de no estar en el círculo más cercano al presidente electo.

Un miembro de Chile Vamos así lo explica: “Rodrigo no es carismático. Es una persona técnica, correcta, que genera confianza. Es del tipo que le gustaría al presidente porque no busca las luces, entonces no le haría sombra. Larraín tiene más personalidad, pero en la práctica, Piñera igual tenía harta verticalidad con él”.

Por estos días, el ex presidente del BC pasa sus días en el CEP, donde se reincorporó en diciembre de 2016. Alejado de la prensa, combina su actividad investigativa con su rol de director de empresas en Moneda y Besalco. Según cuentan en su entorno, estaría próximo a partir de vacaciones al sur del país y luego a Las Brisas de Santo Domingo, donde tiene una casa, junto a su mujer y sus cuatro hijos.

Irrupción política

En febrero del año 2000, Rodrigo Vergara recibió una llamada de un asesor de Ricardo Lagos, quien acababa de ser electo presidente. Le ofrecía una subsecretaría en el área de Defensa. La del 99 había sido la primera campaña donde el economista había participado. Eso sí, en el bando opositor: apoyando la candidatura de Joaquín Lavín con Cristián Larroulet y Juan Andrés Fontaine. “Era muy difícil que trabajara para la otra coalición política”, cuenta un amigo suyo. “Además que tampoco era una cartera de su expertise”. Así que rechazó la oferta.

Cinco años después, para la elección de 2005, Vergara –que se desempeñaba como académico en la UC– se incorporó nuevamente al team económico de Lavín. Hasta que irrumpió Sebastián Piñera en la carrera presidencial, y se fue junto a Felipe Larraín, Felipe Morandé y Harald Beyer al equipo del empresario.
A pesar de nunca haber militado en un partido, se identificaba más con RN que con la UDI. En su entorno lo describen como una persona liberal “en todo sentido”: partidario de la despenalización del aborto en las tres causales y del matrimonio igualitario. Aunque jamás se inscribiría en un partido, con las ideas que más comulga hoy son las de Evópoli.

La campaña Piñera-Bachelet fue “cuesta arriba”, dice una persona que participó en ese equipo –donde también estaban Larraín y Morandé, además de Fontaine y Larroulet que se sumaron desde el equipo de Lavín a la segunda vuelta– “porque siempre se supo que la elección estaba perdida”. Pero fue clave para Vergara: le permitió entablar una relación con Piñera, a quien solo conocía como ex senador.

A fines de 2008, invitado por el propio candidato, se sumó a los grupos Tantauco en la etapa inicial de precampaña. Se le se asignó el cargo de macrocoordinador del área social del programa. Participó en el viaje que Piñera organizó a su parque en enero de 2009 –junto a políticos, empresarios, rectores de universidades y familiares– y trabajó codo a codo con Felipe Kast en la creación del ingreso ético familiar. Incluso, comentó en ese entonces su interés por alejarse de la macroeconomía y dedicarse al área social, como ministro de otra cartera, cuenta un ex Tantauco.

Pero la invitación de Andrés Velasco para integrar el consejo del Banco Central cambió el panorama. Cuenta un cercano a Vergara que el ministro de Hacienda de Bachelet le habría hecho el mismo ofrecimiento dos años antes. Sin embargo, el economista estaba recién llegado a la UC como profesor titular y habría preferido dejar pasar la oportunidad. En 2009, el escenario era otro y se sumaba la posibilidad de ser luego nombrado presidente del ente emisor en un eventual gobierno de Sebastián Piñera. “Eso coronaba su carrera”, asegura un ex ejecutivo de la institución.

Dos años más tarde, cuando terminó el período de José de Gregorio en la presidencia del Central, Piñera lo nombró en su reemplazo. Felipe Larraín lo tanteó un par de días antes de que los tres –Vergara, Piñera y él– se reunieran en La Moneda para hacer efectivo el nombramiento. Y a la salida, en un punto de prensa, dieron a conocer la noticia.

Tenis y whist

Quienes conocen a Vergara dicen que si no hubiese dejado el tenis a los 14 años –época en que entrenaba todas las tardes después del colegio y competía en torneos internacionales–, su nombre habría brillado en el deporte profesional. Pero la historia fue otra: se aburrió de ese ritmo, decidió dejar el tenis como un hobby, y dedicarse a los estudios.

Rodrigo Vergara (55) es el tercero de cinco hijos, de un matrimonio compuesto por un abogado y una profesora de castellano. Sobrino de segundo grado de Fernando Montes, estudió en el San Ignacio El Bosque, donde se hizo muy cercano al jesuita Poncho Vergara. Del colegio casi no conserva amigos, su círculo íntimo lo conforman sus compañeros de Ingeniería Comercial en la UC. Ahí no solo fue el mejor alumno de su generación cuando egresó en 1985 –donde estaban también Manuel José Balbontín, de Compass Group; Patricio Jottar, de CCU; Georges de Bourguignon, de Asset Chile; Bonifacio Bilbao, de Security, y Andrea Rotman, directora de AFP Cuprum–, además recibió el Premio Facultad por haber estudiado las dos menciones al mismo tiempo (administración y economía) y haber sido el mejor en ambas.

En su época universitaria nunca mostró interés por participar en política. Era bajo perfil, tranquilo y no ostentaba de sus conocimientos, dicen sus compañeros. “Su lado A es igual a su lado B. Nunca lo ves desordenado. No hay que buscar chascones donde no los hay”, comenta Jottar.

Entre clases, jugaba whist. “Se juntaban en Long beach, la cafetería al aire libre que estaba al lado de la facultad de esa época, y hacían campeonatos. A veces pasaban toda la mañana jugando”, recuerda Andrea Rotman.

En el campus conoció a su mujer, Loreto Lira, economista y miembro del Consejo de Alta Dirección Pública. Pololearon desde segundo año y seis meses después de graduarse, se casaron a los 22 años. Ella también estuvo en el top 5 de notas. “Estudiaban juntos en el mismo grupo, estaban juntos en los paseos. Me acuerdo de él siempre con ella”, agrega Rotman.

Alumno de Francisco Pérez Mackenna, Vittorio Corbo, Eduardo Aninat, Felipe Larraín, Jorge Desormeaux, Rolf Lüders, Juan Eduardo Coeymans y Ernesto Fontaine, Vergara estableció un especial vínculo con su profesor Francisco Rosende. Por él llegó al Banco Central recién titulado, al departamento de estudios, donde el académico era el jefe y Fontaine, el segundo.

Dicen que fue una decisión estratégica. Siempre había comentado sus ganas de estudiar afuera y sabía que el BC costeaba esos estudios. Así, con su hijo mayor nacido, partió a doctorarse en economía en Harvard. Y su mujer a hacer un magíster en la Boston University.

Coincidió en la ciudad con José de Gregorio, Patricio Rojas, Raúl Labán y Ricardo Caballero, que estudiaban en el MIT, y con Esteban Jadresic y Ángel Cabrera que estaban en Harvard. Fue alumno de Jonathan Gruber y ayudante de Robert Barro y Larry Summers. Con el ex secretario de Tesoro de Bill Clinton y asesor económico de Obama, tuvo una especial cercanía: Summers guió su tesis y juntos escribieron, en 1993, un paper sobre cómo la institucionalidad laboral determina las distintas tasas de impuestos entre países, que fue publicado en el prestigioso Quarterly Journal of Economics.

“Fue un excelente alumno y seguimos siendo buenos amigos”, dice Summers. “Es un reflexivo creador de políticas económicas, con un sólido conocimiento en asuntos fiscales y monetarios y respetado en todo el mundo”, agrega.

Dos años después, Vergara regresó a la división de estudios del Banco Central y a la UC como académico. En esa época les hizo clases a Andrea Repetto, Bernardita Piedrabuena, Pablo García y Andrea Tokman.
“Fue un excelente profesor, uno de los mejores que tuve en la universidad”, dice Repetto. “Dictaba un curso, entonces obligatorio, de Finanzas Públicas, tras haber trabajado con Lawrence Summers, una de las personas más influyentes en esta literatura. Era exigente y de trato amable a la vez. Nos hacía pensar”, señala.

La huella de Rosende

Cuando Vergara regresó al Central, en octubre del 90, Ricardo Ffrench-Davis era el director de estudios y Nicolás Eyzaguirre, el gerente. A los pocos meses Ffrench-Davis se fue, Eyzaguirre lo reemplazó, y Guillermo Le Fort a este último.

A pesar de ser un “cabro”, se transformó en el redactor oficial de los borradores de los discursos del presidente, Roberto Zahler, dice una persona que trabajó con él. “Era ordenado, preciso, conciso. Tenía una actitud muy profesional, rigurosa y criteriosa. Era muy maduro, a pesar de ser tan joven, algo que para el banco era súper importante”.

A los dos años, Eyzaguirre lo nombró gerente de la división, con el visto bueno de Zahler. El trío sigue en contacto. La última vez que almorzaron juntos fue cuando Vergara estaba en la presidencia del banco, durante el gobierno de Piñera.

Según un ex banquero, fue Vergara el que llevó al Central la idea de hacer informes de política monetaria tras un viaje al Bank of England, propuesta que se implementó finalmente años después. “Mucha de la institucionalidad estaba muy primitiva, porque el BC, en diciembre del 89 pasa a ser un organismo autónomo por primera vez en la historia de Chile. Hubo que partir de cero”, asegura la misma fuente.
El 95, Rosende lo llevó al CEP a cargo del área macro. Allí trabajaba durante las mañanas y por las tardes hacía consultoría desde una oficina que arrendó en la calle Padre Mariano con su mujer, principalmente a países de Europa del Este y África, la mayoría a través del FMI. Otras también a Centroamérica con Fontaine y Sebastián Edwards.

Tras ocho años en el centro de estudios, se fue a la UC –donde Rosende era decano– a llenar la vacante que dejaba Vittorio Corbo para asumir la presidencia del Central.

Un poco de Bikram

Vergara se metió a Bikram yoga, cuentan en su núcleo íntimo. Pero duró solo tres clases. A pesar de su temple tranquilo, el deporte es clave en su vida para liberar tensiones. Por eso va una o dos veces por semana al gimnasio y al menos otra juega tenis.

“Los problemas grandes no lo nublan”, asegura Sebastián Claro, ex consejero del BC. “Ante el estrés reacciona pausadamente”.

Claro trabajó con él durante siete años. Un período, donde “no hubo grandes crisis, pero eso no implica que no haya habido momentos de tensión. Las decisiones de subir o bajar la tasa no siempre son fáciles, hay tensiones también cuando el tipo de cambio tiene fluctuaciones muy marcadas. Hay períodos de tensión en los mercados financieros que requieren mucha atención del Banco Central”, agrega.

Al principio de su mandato, había mucha presión al BC por intervenir porque el tipo de cambio estaba bajo los 500 pesos. “Vergara resistió esas presiones y fue lo mejor al final”, dice un economista. El dólar comenzó a subir en 2013, y al mismo tiempo que se incrementaba la inflación, la actividad económica empezó a caer. El BC bajó la tasa de interés y la inflación estuvo dos años sobre la meta, “pero a la larga resultó ser la política correcta, porque la economía estaba muy débil”, agrega este experto.

“Es muy abierto intelectualmente. Sabiendo mucho, es muy receptivo de las opiniones, teniendo claridad de los puntos que quiere hacer”, señala Claro.

“Trabajaba mucho con todos los consejeros, los conducía. Tiene ese estilo de convencer, sumar, generar un espacio de trabajo cooperativo”, agrega otro miembro de la institución.

En lo que varios economistas coinciden, es que el mayor beneficio que le trajo la presidencia del BC es haber forjado una red de contactos internacionales, que abarca desde la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, y su antecesor, Ben Bernanke, hasta el presidente del BCE, Mario Draghi, y el del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

Lo que viene

A fines de noviembre, la generación del 85 de Ingeniería Comercial de la UC se reunió –como es tradición desde hace tres años– en la Viña Korta, propiedad de uno de los egresados. En el almuerzo, “estábamos expectantes de lo que iba a pasar. Todos sabíamos que Rodrigo era cercano a Piñera y le dijimos que se merecía estar en el gabinete”, cuenta un compañero.

A pesar de que en el círculo del presidente electo aseguran que solo él sabe quién reemplazará a Nicolás Eyzaguirre en Teatinos 120, el nombre de Vergara suena desde hace más de un año como candidato, a pesar de que él no lo ha querido reconocer públicamente.

El desafío no es menor. Con una estrechez fiscal significativa, el próximo ministro deberá no solo atacar ese problema, sino que también enfrentar diversas presiones para soltar la billetera. “Rodrigo tiene clara la problemática que enfrenta en términos de situación fiscal del país y es una persona de carácter, pero no en el sentido de que ande enojado por la vida”, dice Claro.

“Si lo nombran en Hacienda, va a necesitar hacer un trabajo relevante en cuanto a rebajar el gasto, y para eso va a ser clave contar con un buen asesor en el área política”, señala una ex funcionaria del gobierno de Piñera. En su opinión, un buen subsecretario podría haber sido Ernesto Silva, que partió esta semana a Estados Unidos por un año.

Otro miembro de Chile Vamos asegura que el subsecretario ideal para Hacienda sería Alfie Ulloa, encargado de Relaciones Internacionales de Felipe Larraín y ex asesor de Eyzaguirre durante el gobierno de Lagos.

Hasta ahora la relación de Vergara con el Congreso ha sido principalmente a través de la Comisión de Hacienda, donde le tocó acudir varias veces por su rol en el BC a responder inquietudes macro. En Hacienda, en cambio, el intercambio con los parlamentarios tiene otro fin: negociar y discutir, advierten. Por eso, “es él quien deberá desarrollar la habilidad política”, dice un ex ministro.
Un economista de Chile Vamos asegura: “El BC está sujeto a varias presiones, pero su autonomía y ámbito de acción, hacen que el tipo de presiones sea distinto a Hacienda. Nadie ha tenido la experiencia de ser ministro, hasta que lo es”.