Libertad y Desarrollo (LyD) se ha enfrentado con La Moneda por la reforma tributaria, este año va a dar la pelea por evitar un subsidio permanente al Transantiago y está dispuesto a asumir nuevas batallas si esta administración se aleja de los “principios” de la derecha que defienden. Y aunque al comienzo de la era Piñera este think tank pro UDI se declaró independiente, nunca pensó que tendría que dar tantas batallas: no le ha dejado pasar una al gobierno. O muy pocas, para ser justos.

  • 11 abril, 2012

 

Libertad y Desarrollo (LyD) se ha enfrentado con La Moneda por la reforma tributaria, este año va a dar la pelea por evitar un subsidio permanente al Transantiago y está dispuesto a asumir nuevas batallas si esta administración se aleja de los “principios” de la derecha que defienden. Y aunque al comienzo de la era Piñera este think tank pro UDI se declaró independiente, nunca pensó que tendría que dar tantas batallas: no le ha dejado pasar una al gobierno. O muy pocas, para ser justos. Por Catalina Allendes E.

A comienzos de marzo, el primer consejo del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), post columna del director ejecutivo Luis Larraín en El Mercurio, en la que tildó al gobierno de “ridículo” al poner el tema de la desigualdad como eje de su administración, la discusión entre los consejeros no se centró precisamente en eso. Hernán Büchi, Patricia Matte, Juan Andrés Fontaine, Juan Claro, Hernán Felipe Errázuriz, José Antonio Guzmán, Lily Ariztía, Rafael Vicuña, Lucía Santa Cruz y Carlos Cáceres se enfocaron en algo mucho más complejo: la “menor disposición” de los legisladores de derecha a buscar apoyo en el centro de estudios.

No era la primera vez que hablaban del tema. Hacía meses que los investigadores del think tank, de conocida afinidad UDI, lo venían palpando. Políticos de derecha les han advertido que no los pueden seguir, pues lo que ustedes proponen no tiene piso político. O mucho más directo aún: un diputado de la Alianza por Chile les dijo derechamente que sus mensajes son difíciles de sostener porque son impopulares.

Y era que no. Si hasta el propio gobierno les dijo que se pueden tener principios, pero gobernar es otra cosa, dando pie a crudos desencuentros en puntiagudos temas como la reforma tributaria, el subsidio permanente al Transantiago, la desigualdad de ingresos o la reforma binominal.

La tarea no está fácil para este centro de estudios, pero no van a claudicar en sus principios: estará en contra de cualquier proyecto que no respete la libertad económica, el derecho a elegir y se aleje del Estado subsidiario.

Fieles, por lo demás, a lo que acordaron hace poco más de dos años, el 19 de enero del 2010, tras la victoria de Sebastián Piñera.

Hace un par de semanas los ministros del interior, Rodrigo Hinzpeter, y de Gobierno, Andrés Chadwick, cerraron y abrieron el simposio que organizó LyD en el Hotel Intercontinental.
Hasta abrazos hubo y de a poco, dicen, se empiezan a entender los roles que tiene cada cual.

Ahí el propio consejo tomó la decisión de mantener independencia. “No queríamos el síndrome Cieplán”, reconoce el consejero Carlos Cáceres, refiriéndose al centro de estudios ligado a la Democracia Cristiana que perdió influencia y casi desapareció con la llegada de los gobiernos de la Concertación, a comienzos de los 90.

En esa calurosa reunión de enero, ratificada en otra de abril de 2010, acordaron “fiscalizar y opinar” cuando observaran “desviaciones en el camino”. Claro que, siendo honestos, nunca pensaron que habría tantas, pues ¡vaya que han opinado!

“No ha sido cómodo. Nos hubiera gustado que fuera un poco distinto”, reconoce el director ejecutivo, Luis Larraín, pero “vamos a seguir hinchando las veces que creamos que las cosas no se hacen bien”, señala.

Y algo de frustración en esas palabras hay, pues fueron más de 20 investigadores y directores de programas de LyD los que cambiaron su escritorio de la casona de Alcántara por uno en La Moneda. Los mismos que, junto al Instituto Libertad, ligado a RN, idearon parte importante del programa de gobierno con que Sebastián Piñera llegó a la presidencia.

No les hacen caso

Larraín se hace cargo de esto y lo pone de este modo: “nos buscan, pero no nos hacen caso”, dice medio en serio medio en broma. “Gobierno y algunos parlamentarios sienten que nuestras recomendaciones no son viables ni factibles”, sentencia.

Pero en LyD igual se sienten parte del proyecto de la administración Piñera. “Es cierto que discrepamos, pero también trabajamos juntos”, dice. Pone como ejemplo los temas de educación, donde creen que, pese a todas las presiones, el gobierno no se ha

La primera vez que el instituto se manifestó en contra del gobierno fue a propósito de la reconstrucción, cuando La Moneda anunció su financiamiento vía un alza de impuestos. Literalmente se agarraron la cabeza a dos manos.

alejado ni un ápice de los principios que defienden como derecha. Lo mismo con el sueldo ético familiar, en el que trabajaron codo a codo con expertos de gobierno, senadores y diputados.

La primera vez que el instituto se manifestó en contra del gobierno fue a propósito de la reconstrucción, cuando La Moneda anunció su financiamiento vía un alza de impuestos. Literalmente se agarraron la cabeza a dos manos. Y si hasta ese minuto había dudas sobre cómo sería la relación con el gobierno, con ese episodio se dieron cuenta de que no tenían otro camino que salir a defender lo que siempre habían defendido, aunque fuera “pegándoles” a los suyos. El “gabinete de excelencia que llevó Piñera al gobierno se merece un destino más glorioso que recurrir al simple expediente de subir los impuestos”, fue una de las tantas frases que dijo Luis Larraín esos días, criticando las medidas.

Es la pauta que han mantenido hasta ahora. En el centro de investigación creen que a veces, como gobierno, más vale perder batallas, que tener que sumarse a ideas ajenas.

Los intransables

En La Moneda no están contentos con las batallas que está dando LyD, obvio. Creen que el tono podría ser bastante menos beligerante y que muchas de las discrepancias podrían discutirse en privado y no por la prensa.

Larraín reconoce que a veces han sido palabras duras, pero “si algo he aprendido de políticas públicas es que las cosas que se dicen en privado no sirven de mucho”. Claro que reconoce que “hay un par de desencuentros que quizá podrían haber sido solucionados conversando”.

Para este año el escenario no viene fácil: Larraín está convencido de que el gobierno no saldrá bien parado con el proyecto de ley de reforma tributaria que se conocerá en estos días. “Lo van a acusar de favorecer a los más ricos, a los empresarios, etc.”, dice.

El otro gran hito en materia de discusión técnica este año será el subsidio permanente al Transantiago, y en LyD están convencidos que es una “tremenda aberración. No se puede dar un subsidio permanente a operadores que sabemos que son ineficientes. Entendemos la reticencia a subir tarifas, pero un subsidio permanente no es la solución. Hay fórmulas transitorias que serían harto más viables”, sostiene Larraín.

Ahí necesariamente vendrá otro enfrentamiento.

La nueva mirada

Y aunque los acusan de quedarse en la doctrina y no ampliar su mirada, el centro de estudios, que suma 20 años de reconocido trabajo internacional, ha comenzado –a su manera, silenciosamente– a subirse al carro del nuevo Chile.

Si hasta hace un par de años lo suyo era liderar políticas públicas en el marco de las libertades individuales a secas, eso ha empezado a cambiar. “Hay que hacerse cargo de que las políticas no se entienden por sí solas”, advierte un economista que conoce del trabajo del instituto.

Por eso es que en la práctica se han volcado hacia contextualizar las políticas públicas con ideas, principios y conceptos. “Estamos empeñados en dar un sustento conceptual a las ideas de derecha”, dice Larraín.

De ahí que hoy estén concentrados no sólo en mantener las históricas páginas amarillas semanales (Temas Públicos) y los Informes Económicos (dos veces al mes), sino que marcando mucho más presencia en los medios.

Luis Larraín y Hernán Büchi con sus columnas en medios como Diario Financiero (el primero) y El Mercurio (ambos), Luis Felipe Lagos en La Tercera y una creciente intervención de Susana Jiménez y Cecilia Cifuentes en esos mismos formatos.

El director ejecutivo, además, se lo ha tomado como una cruzada personal. Está todas las semanas en el Café de la Mañana en Cooperativa y en Terapia Chilensis de Radio Duna. Eso, sin dejar de lado su twitter, donde suma ya varias batallas cibernéticas en defensa de las ideas de derecha.

Hasta van a realizar un seminario centrado en la cultura, por primera vez en sus más de dos décadas.

Este año decidieron relanzar la Ediciones Libertad y Desarrollo, pero ya no para publicar libros, sino concentrándose en

Este año decidieron relanzar las Ediciones Libertad y Desarrollo, pero ya no para publicar libros, sino concentrándose en publicaciones cortas y conceptuales que expliquen el porqué de los principios que LyD defiende.

publicaciones cortas y conceptuales que expliquen el porqué de los principios que LyD defiende. El primero de estos libros fue La buena educación que, a través de hechos empíricos, tratan de demostrar que muchos de los lugares comunes que se repiten sobre la enseñanza no tienen sustento en la realidad.

Ahora están ad portas de lanzar otro: Gobernar con principios, que trata justamente de cómo la derecha puede gobernar en los nuevos tiempos sin ir en contra de sus principios… el tema de la última gran “pelea” de Luis Larraín con la administración Piñera el verano pasado.

Pero en toda historia hay un punto que nadie niega. Tan afiatada ha sido la relación histórica del LyD con las autoridades de gobierno, que podrá haber quiebres mediáticos y conceptuales; pero de personales, nada. Los ministros siguen acudiendo como invitados a los demandados talleres técnicos que realiza el centro de investigación.

Y es más, hace un par de semanas los ministros del interior, Rodrigo Hinzpeter, y de Gobierno, Andrés Chadwick, cerraron y abrieron el simposio que organizó LyD en el hotel Intercontinental.

Hasta abrazos hubo y, de a poco, dicen, se empiezan a entender los roles que tiene cada cual.

 

Savia nueva post Pinochet
La masiva salida de profesionales de LyD al Ejecutivo era un escenario más que previsible: todos habían trabajado en el programa de gobierno y estaban preparados para ello.

Pero la tarea de 20 años no podía perderse. Por eso es que rápidamente se tomó la decisión de reemplazar al director ejecutivo. El cargo obviamente recayó en el economista Luis Larraín quien como segundo de a bordo, era el sucesor natural del entonces director ejecutivo y hoy ministro secretario general de la Presidencia, Cristián Larroulet.

En menos de un año Larraín armó equipo… y de los buenos. Aplaudido por moros y cristianos, reclutó a prestigiados economistas como el profesor del Instituto de Economía de la Universidad Católica Luis Felipe Lagos o Susana Jiménez, la economista que trabajó por años con Patricio Rojas. También logró transmitir su mística a economistas y abogados recién egresados de masters o doctorados, lo que trajo savia nueva a este instituto que nació en 1990 para defender el principio de la libertad en economía, política y sociedad.

“Tenemos un equipo nuevo, con profesionales jóvenes que nacieron después del gobierno militar y no tienen ninguna carga política. Eso ya es un cambio tremendo”, advierte el propio Luis Larraín.

Pero no se queda ahí. Con este nuevo equipo y esta mirada más joven, Libertad y Desarrollo reconoce un “pequeño giro de timón” en su rumbo, como lo grafica Larraín. Desde hace un año han comenzado a tratar temas en los que antes jamás hubiesen estado: derechos humanos y minorías, por ejemplo. “Hemos tenido un aggiornamiento acorde con la nueva realidad chilena”, confiesa el director ejecutivo de LyD.