Fue un viaje a Londres –cuando tenía 23 años– el que cambió para siempre la vida de José Manuel Barros. Hijo de un amante de la pintura del siglo XIX, este arquitecto de la UC acompañó a su padre a una subasta de cuadros antiguos en Sotheby’s. Pero como Barros Jr. es curioso, se puso […]

  • 28 enero, 2013
Jose Manuel Barros

Jose Manuel Barros

Fue un viaje a Londres –cuando tenía 23 años– el que cambió para siempre la vida de José Manuel Barros. Hijo de un amante de la pintura del siglo XIX, este arquitecto de la UC acompañó a su padre a una subasta de cuadros antiguos en Sotheby’s. Pero como Barros Jr. es curioso, se puso a dar vueltas por ahí, hasta que entró a una sala donde no se remataban cuadros sino marcos. Todos antiguos. Y lo maravillaron. Tanto, que en ese mismo instante decidió entrar a ese negocio.

Le pidió mil dólares en préstamo a su papá para comprar sus primeros cinco marcos antiguos, los que se trajo en el avión, incómodo y aterrorizado de que les pasara algo. “Eran marcos viejos no antiguos, de unos 200 dólares cada uno. Hoy compro marcos verdaderamente antiguos, de otros precios, que se traen a Chile bajo estrictas condiciones de seguridad y cuidado, y que son almacenados en Europa por especialistas”, recuerda hoy con humor este dueño de la única marquería antigua de Sudamérica. Los cinco marcos viejos se multiplicaron y hoy Barros cuenta mil marcos en stock –los más antiguos son de fines del siglo XVI y pueden costar sobre los 13 mil dólares–; una galería-taller en una antigua casona en el barrio Independencia; una tienda en Nueva Costanera, y un puñado de clientes amantes del arte con quienes ha hecho gran amistad.

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A ellos les ha enmarcado cuadros de Miró, Picasso, Basquiat, Modigliani, Matta, Van Goyen, Kandinsky y Tamara de Lempicka, entre otros. Cuadros que en su vida habría pensado que iban a llegar a Chile y que pueden costar por encima de los 15 millones de dólares. Por eso, cuando le toca trabajarlos no se los lleva a su taller. Lo hace directamente en la casa del propietario, con guantes blancos y una asesoría integral respecto del marco, la iluminación y dónde colocarlo.
Pero el negocio de Barros no se queda ahí. Varios de sus clientes estrella le encargan comprar pinturas, las que él busca por el mundo hasta dar con el apropiado. Sommerfeld, Rugendas, Lam, Matta, han pasado por estas manos.

Alto contraste

Llegar a estas cifras no fue fácil para José Manuel. De partida, tuvo que convencer a su padre que apostara por él en este negocio, pues dos años después de esos mil dólares en Londres, logró que le prestara 100 mil más para lanzarse de lleno con su empresa. Y lo logró.

Con ese primer capital comenzó a viajar al menos a dos subastas en Europa por año. El resto lo compraba por catálogo, desde un “cuchitril” que arrendaba en un segundo piso en la calle Presidente Riesco. Ahí recibió, con 25 años, los 500 marcos que llegaron en su primer embarque. Y si su idea era enmarcar obras antiguas, captó que lo que la llevaba entonces era otra cosa: obras modernas con marcos antiguos. Un contraste que le sirvió para dar un salto en su negocio.

Apretado en la pequeña oficina, puso ojo en una vieja casona de 400 metros en Independencia. Y la compró para instalar ahí su galería, además de su cama. Fue ahí donde realizó tres exitosas versiones de la exposición Obras Marcadas, a las que invitó a una veintena de artistas chilenos como Cienfuegos, Bororo, Lira o Benmayor, a una muestra colectiva.

“La inauguración de la primera exposición fue increíble, vinieron 500 personas, empresarios, políticos, gente que yo no conocía pero que seguía a estos artistas”, cuenta, y recuerda que uno de los cuadros que más llamó la atención fue un Félix Lazo muy abstracto, con un marco holandés del siglo XVIII.

“Todas las personas que tenían o querían buenos cuadros, venían obligadamente para acá, porque no había y todavía no hay en Chile algo similar”, dice orgulloso. Incluso, tiene clientes que compran primero el marco y luego el cuadro. Él se los guarda en la galería todo el tiempo que demoren en encontrar la obra precisa.

Vuelta a la modernidad

Ya consolidado en la marquería antigua, Barros decidió ampliar su negocio e importar molduras modernas de Europa y Estados Unidos. Abrió entonces su primera tienda, en Nueva Costanera. Y si es por proyectos, no se queda detenido. Además de estar preparando una exposición con Fernando Casasempere (ver Guía + Cultura) en el museo de Bellas Artes para el 2014, acaba de inaugurar Museo Store, la línea de objetos inspirada en las clásicas tiendas de museo. “Hicimos una curatoría y elegimos 800 imágenes de pintores desde el Renacimiento hasta el Arte Moderno, de puros poster con molduras más baratas”, cuenta. La idea es desarrollar también cortinas de baño, lápices, saleros y otros utensilios a partir de esas imágenes. Por doméstico que sea, todo en su vida tiene algo de arte. •••

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A estudiar a Sotheby’s

Aunque el negocio de los marcos iba bien, José Manuel se dio cuenta de que un servicio realmente sofisticado requería de estudio. Agarró entonces sus maletas y partió a Londres donde hizo un magíster en Fine Arts, en Sotheby’s, durante dos años y medio. Instalado en Europa, aprovechaba de viajar por distintas ciudades comprando muebles antiguos y grabados en las principales subastas y casas editoriales, para enviar a sus clientes en Chile.