Bueno por partida doble. Así es que en Chile se estén creando empresas y forjando emprendedores que, con empuje privado y apoyo público, puedan re-equilibrar el mapa productivo del país.
POR ROBERTO SAPAG

Un dato, entre los varios que perfilan al 2011 como un año más optimista que el que reflejan las páginas políticas de los diarios, es el que tiene que ver con la tasa de creación de empresas, que en dicho lapso duplicó el promedio observado en los 14 años anteriores y que superó en más de 30% al dato acumulado de 2010.
Casi 60.000 fueron las empresas que se conformaron en el país en 2011. Un dato potente que además se dio en un año en el que se anotó una importante mejoría en la tasa de empleo. Esta última es una cuestión relevante, que mencionamos porque permitiría inferir que muchos de los nuevos emprendedores no son personas que se lanzaron a emprender desesperadas por no encontrar una fuente de subsistencia, sino sujetos confiados en su capacidad de desarrollar una actividad rentable.
Son muchas las explicaciones que se pueden mencionar para entender por qué este saludable fenómeno económico y social se dio con tanta fuerza. Una economía que creció al 6% por segundo año consecutivo y la serie de facilidades burocráticas que se dispusieron para simplificar los procedimientos de creación de empresas son dos infaltables en esa enumeración.
Sin embargo, un salto de la magnitud señalada debe tener otras explicaciones. Fuerzas virtuosas como un mayor espíritu aventurero, una mayor vocación creativa, la ambición de desarrollarse con menos limitaciones y las ganas de innovar son, probablemente, parte de esa otra lista sin la cual, por más facilidades que se hayan establecido por ley, no habría ocurrido lo que sucedió el año pasado.
Hacen bien el gobierno, las universidades y las asociaciones de emprendedores en seguir impulsando una agenda pro emprendimiento, pro innovación y pro competitividad. Más allá de los records o metas cuantitativas en materia de nuevas empresas, que son relevantes porque se traducen en empleo y dinamismo económico, es esencial que se consolide el cambio de actitud que se está expresando. Decenas de miles o cientos de miles de chilenos atreviéndose a soñar con una actividad propia, que supone tomar riesgos con miras a crear riqueza, pueden ser el cambio que se necesita a mediano y largo plazo.
El mapa de negocios de Chile necesita expandir sus fronteras en todos los ejes cardinales. Si se mira una foto del perfil productivo de Chile de hace años y otra de hoy se observará que tienen un mortal parecido en términos de que las actividades ligadas a materias primas son las que se roban la película.
Que la tasa de natalidad de empresas se acerque a las 60.000 en un solo año no puede sino hacer una contribución en esa dirección. Independiente de la tasa de mortalidad que puedan tener esos emprendimientos o de si un porcentaje de esas nuevas empresas depende críticamente de sectores como los mencionados, lo cierto es que el salto emprendedor promete ser doblemente bueno en términos cualitativos: por lo que dice sobre el espíritu del chileno y por lo que promete en cuanto al tipo de economía que estamos construyendo.