No tenían idea de moda, ni diseño. Para qué hablar de hilos y telas. Sin embargo, entraron de lleno al negocio de los trajes a medida, nada menos que importándolos desde Vietnam. Rafael Concha (29) y Matías Sjogren (28) –amigos de la infancia–, después de trabajar un par de años en el sector de la […]

  • 9 julio, 2008

No tenían idea de moda, ni diseño. Para qué hablar de hilos y telas. Sin embargo, entraron de lleno al negocio de los trajes a medida, nada menos que importándolos desde Vietnam. Rafael Concha (29) y Matías Sjogren (28) –amigos de la infancia–, después de trabajar un par de años en el sector de la construcción, decidieron ingresar a este rubro casi por casualidad.

Sjogren cuenta que durante un viaje a Asia se encontró con un pueblo vietnamita donde había cientos de sastrerías y negocios familiares de varias generaciones, que definitivamente lo cautivaron. “La verdad es que era bien impresionante, y mi señora y yo nos mandamos a hacer algunos trajes. Un día nos tomaron las medidas a las 7 de la tarde y al otro día en la mañana estaban listos, en sólo cuestión de horas y sin errores”.

El pueblo y su actividad lo marcaron y de hecho no dudó en tomarlos datos de un par de sastrerías con la idea de mandar a hacer sus propios trajes. Pero fue su amigo y actual socio Rafael Concha quien vio en esta anécdota un gran negocio, el que a los pocos meses se transformó en Fit on It (www.fitonit.cl).

El emprendimiento se veía simple en teoría. Se trataba de montar una sastrería, con un par de personas que se encargaran de tomar las medidas, las que luego se mandaban a Vietnam para su ejecución y en cuestión de 20 a 25 días estaría el traje en Santiago. Y con precios absolutamente competitivos: un traje de Fit on It puede costar entre $110.000 y $220.000.

Comenzaron en agosto de 2006. Durante los primeros 6 meses pusieron esta sastrería a la medida y a domicilio en marcha blanca, contactaron amigos y familiares y, a precios de costo, comenzaron el negocio. Un sastre mostraba las telas y tomaba las medidas de los distintos clientes, en sus casas u oficinas.

Estos jóvenes aclaran que la oferta no sólo está limitada al público masculino. “De hecho, en nuestros catálogos tenemos trajes para mujeres. Pero también es el rubro que nos trae más desafíos para seguir creciendo, por ser una línea más compleja. Es más, estamos buscando una diseñadora para que se encargue de esa área”, explica Concha.

De más está decir que estos emprendedores son bien optimistas respecto de este negocio. A la fecha han confeccionado más de 150 trajes y sus metas para fin de año son llegar a vender unos 100 trajes al mes. Mientras tanto, ya piensan en la expansión, y en septiembre –adelantan– abrirán sus operaciones en