Todo partió como una idea de mejorar el mercado ovino chileno. Hace unos cuatro años la familia Berckemeyer –con 50 años de tradición ovejera– decidió buscar una raza que proporcionara mayores y mejores frutos al negocio que desarrollan a través de su empresa Southlamb. Como el cordero local tiene poca carne y su lana llegó […]

  • 4 marzo, 2009

Todo partió como una idea de mejorar el mercado ovino chileno. Hace unos cuatro años la familia Berckemeyer –con 50 años de tradición ovejera– decidió buscar una raza que proporcionara mayores y mejores frutos al negocio que desarrollan a través de su empresa Southlamb. Como el cordero local tiene poca carne y su lana llegó a comercializarse a muy bajos precios, la idea era mejorar las perspectivas de la empresa en el mediano plazo.

Así, salieron a la búsqueda de todas las oportunidades disponibles en Internet, hasta que dieron con la que más les atrajo: la raza neozelandesa Highlander, caracterizada por tener menos lana y más y mejor carne, con menos grasa y, de paso, menos colesterol. Con el apoyo de Innova Bío Bío y la Universidad de Concepción, importaron en 2005 embriones congelados para implantarlos en ovejas chilenas y utilizarlas como incubadoras. La idea fue todo un éxito, porque la carne ya está siendo comercializada en la zona sur del país y resulta económicamente más atractiva que otras alternativas, como el vacuno. Lo mejor es que sus cualidades como negocio son muy apetecidas, pues tienen un crecimiento muy acelerado y en apenas 80 días ya llegan a pesar unos 35 kilos.

Por eso, decidieron iniciar una segunda etapa en esto de mejorar la raza. Lo que comenzaron a hacer fue cruzar carneros importados con ovejas nacionales, obteniendo un cordero con carga genética 50% y 50% de cada progenitor. A estos se les denominó F1 y luego los volvieron a cruzar con ejemplares importados sucesivas veces (incluso hasta el nivel F4), cuando finalmente el cordero tiene un 94% de carga genética neozelandesa. La estimación es que en la Región del Bío Bío ya existen aproximadamente unos 300 mil descendientes de estos ovinos.

Lo que viene ahora es masificar todavía más la nueva especie en Chile. El gerente comercial de Southlamb, Eduardo Soto, explica que aunque han vendido carneros reproductores de San Fernando a Osorno, el volumen crítico aún es bajo para abarcar el mercado nacional a plenitud. Por eso, entre sus desafíos futuros está encontrar empresarios que quieran criar razas finas o mejorar la genética de sus razas actuales. Sólo así podrán aspirar a mejorar el consumo nacional de cordero y llegar al mercado principal, Santiago, donde hoy sólo venden tímidamente parte de su producción.