• 24 julio, 2008

Sería hermoso que los gerentes de las empresas pusieran en su puerta una frase de este tipo: “para ustedes soy gerente, pero antes que nada y al igual que ustedes soy un ser humano”. Por Fernando Chomali.

Pasando por un edificio junto a un grupo de ingenieros, uno me dijo: "estas canas y el preinfarto se los debo a este edificio". El edificio se veía hermoso, bien hecho y lleno de familias habitándolo, pero el ingeniero a cargo de la obra terminó enfermo. Dicho de otra manera: la materia se ennobleció y el artífice de la obra, el hombre, se embruteció. Otra persona me decía que su matrimonio se lo había regalado a la empresa. Eran tan grandes las exigencias al interior de ella que la relación matrimonial se perjudicó considerablemente. Al conversar con más detalle con estas personas descubrí que el tema de fondo no habían sido las exigencias laborales en sí, sino que los malos tratos, el modo de pedir las cosas y la manera de exigir. Además este trato los hizo perder la calma y los buenos modales y ellos, a su vez, trataban mal a sus subalternos.

Creo que si queremos más productividad, más eficiencia y mejores metas cuantitativas tenemos que mirar seriamente el ambiente laboral y el trato que se da a las personas al interior de la empresa. Estas actitudes son difíciles de cuantificar, pero son reales y hacen mucho daño. Uno no puede dejar de preguntarse si vale la pena tener empresas exitosas en lo económico si ese éxito se logra con la infelicidad de quienes son sus autores, los hombres y las mujeres que dan largas horas de sus vidas a la compañía.

¿No resulta absurdo que por ser leales a los clientes, a los proveedores y a los accionistas, las personas que trabajan en la empresa se sientan menoscabadas o heridas en su dignidad? ¿Qué sentido tendría obtener, por ejemplo, un reconocimiento en materia de responsabilidad social empresarial, con gran publicidad en los medios, y al mismo tiempo tener al interior de la propia firma empleados y ejecutivos con familias que se destruyen o que muchos de esos colaboradores recurran a la droga o al alcohol? Si esto acontece, estamos tergiversando de manera radical el sentido mismo de la empresa que es, ante todo, una comunidad de personas; y el sentido mismo del trabajo, que es, ante todo, un lugar y una experiencia de crecimiento en humanidad y no de frustración.

Si hay algo que hemos de hacer es preocuparnos con mucha prolijidad de lo que acontece al interior de nuestra propia comunidad laboral. Crear puestos de trabajo es una muy buena cosa, y animo a los empresarios a que sigan en esa senda, porque constituye un canal fundamental para el desarrollo del país. Sin embargo, eso no basta. Los empleos han de ser acordes a la dignidad de la persona humana. Y ello significa que no pueden dar motivos para abusos de ningún tipo. Aprovecharse de una posición de privilegio en una organización para ejercer poder de manera destructiva al interior de ella es grave. A mayor responsabilidad dentro de la empresa u organización se ha de exigir mayor cuidado a la hora de tratar a las personas. Independiente del trabajo que cada persona realice o la posición que tenga dentro de la organización, somos en primer lugar seres humanos. sería hermoso que los gerentes de las empresas pusieran en su puerta una frase de este tipo: “para ustedes soy gerente, pero antes que nada y al igual que ustedes soy un ser humano”.

Los trabajos deben diseñarse para que la persona extraiga lo mejor de sí al servicio del proyecto y no lo debilite. Desde tal punto de vista, el respeto por la creatividad de las personas es muy importante. Pero también es fundamental cuidar aspectos al interior de la propia empresa que no son menores y que son, en último término, la manifestación visible de la preocupación por las personas como, por ejemplo las condiciones laborales, los horarios de trabajo, el respeto por el descanso, los períodos de vacaciones, el derecho a sindicalizarse y un salario justo. En definitiva, poner al hombre como el centro de la organización. Así, el gran desafío de la era que nos ha tocado vivir es que la materia salga ennoblecida para procurar buenos y mejores bienes y servicios para los hombres; pero que, sobre todo, el hombre que colaboró para su realización salga ennoblecido.