Carmen Román, Gerente Legal y de Asuntos Corporativos de Walmart Chile

  • 16 agosto, 2019

Según los resultados de la última Encuesta Casen Mujer, una de cada cinco mujeres está fuera del mundo laboral por dedicarse al cuidado de sus hijos y otros quehaceres propios del hogar. Un dato estadístico que deja en evidencia una vez más las brechas que afectan al género femenino en la participación laboral. Pese a ser un tema conocido, y ampliamente debatido, resulta evidente la urgencia de seguir derribando las barreras que impiden que más mujeres salgan a la calle a forjar su propio empoderamiento económico y a la vez, sean un aporte sustancial para la productividad de nuestro país, entendiendo que, no podremos lograr el desarrollo económico sin la incorporación de la mujer al mercado laboral.

Parece complejo matricularse con una receta definitiva para propiciar un cambio de paradigma que nos permita dar un salto consistente en la materia. Sin embargo, hay desafíos regulatorios pendientes, que de materializarse podrían emparejar un poco más la cancha. No quiero decir con eso que sean necesarias leyes para cambiar conductas, pero sí creo que ayudan. Una de estas iniciativas –y que de concretarse representaría un hito muy significativo en la búsqueda de mayor equidad en el mundo laboral– es el proyecto de reforma al artículo 203 del código del trabajo que otorga, entre otras cosas, el derecho a sala cuna universal para padres y mujeres trabajadoras. Actualmente es un claro desincentivo a la contratación femenina ya que obliga a aquellas empresas con más de 20 mujeres contratadas a tener o pagar sala cuna. Por otra parte, tener resuelto el cuidado de los hijos entrega una tranquilidad que permite acceder a más oportunidades e ir acortando brechas. Otro cambio relevante podría darse al aprobar la ley de trabajo a distancia y teletrabajo, que nos permite sin duda ocupar todo el talento disponible en distintos lugares del país, bajo distintas modalidades utilizando las herramientas tecnológicas actuales.

Pero más allá del rol que debe jugar el Estado para asegurar las condiciones óptimas que permitan que más mujeres se incorporen al mundo del trabajo, es muy importante la contribución que podamos hacer desde el sector privado para lograr un mayor equilibrio. Conscientes de esta realidad y con la convicción de la necesidad de un cambio cultural en esta materia, hay empresas que han adaptado su estructura a jornadas de trabajo flexible para hombres y mujeres, han dispuesto la utilización de teletrabajo, se han hecho cargo de la revisión de brechas salariales y han dotado de herramientas para promover, y facilitar la corresponsabilidad parental entre otras iniciativas, todo con el objeto de propiciar una mejor conciliación entre la vida laboral y familiar. Complementariamente, han definido una serie de programas para desarrollar el talento femenino, destacar el rol que cumplen las mujeres al interior de la organización, incentivando a tener más representación femenina en los puestos de liderazgo y promoviendo de esta forma, mayor equidad de género en la toma de decisión.

Afortunadamente, somos cada vez más las empresas que tenemos el acento puesto en este aspecto. El rol que podemos desempeñar como gestores del cambio, promoviendo una sociedad donde la equidad de género esté presente en todos los niveles, es una invitación constante a desarrollar más y mejores iniciativas que faciliten incorporación de mujeres a la vida laboral.

En 2017 fui distinguida como Ejecutiva del Año por la organización Mujeres Empresarias y Revista Capital. Es un reconocimiento que valoro porque refuerza algo en lo que creo profundamente: la importancia de generar y multiplicar iniciativas que promuevan el rol de las mujeres al interior de las empresas. Afortunadamente los tiempos están cambiando, y aunque la cancha sigue desigual, cada vez son más las herramientas disponibles para emparejarla. Soy de las optimistas que cree, sobre todo, en que poco a poco las mujeres nos estamos creyendo el cuento, con convicción y con los hombres como aliados.