Por Francisco Ortega El detalle no es menor. Los organizadores del World Fantasy Award, el galardón anual más importante para la literatura fantástica, convocaron a autores y fanáticos a elegir la obra de género más importante de la historia. En la lista hubo anillos, dragones, condes vampíricos y cronistas marcianos, pero el absoluto triunfador fue […]

  • 30 mayo, 2014

Por Francisco Ortega

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El detalle no es menor. Los organizadores del World Fantasy Award, el galardón anual más importante para la literatura fantástica, convocaron a autores y fanáticos a elegir la obra de género más importante de la historia. En la lista hubo anillos, dragones, condes vampíricos y cronistas marcianos, pero el absoluto triunfador fue ese engendro hecho con cadáveres por un científico gótico obsesionado con desafiar a Dios. Frankenstein: el moderno Prometeo, ganó como mejor pieza de fantasía, ciencia ficción y horror (sí, en las tres categorías). ¿Cuál es el detalle? Que su autora es Mary Shelley, una mujer que apenas se estiraba sobre los 20 años cuando inventó esta historia.

M. Shelley creó un clásico contemporáneo, delineó lo que hoy comprendemos como horror gótico e inventó un nuevo género: la ciencia ficción, aunque por supuesto faltaba poco más de un siglo para que alguien le otorgara ese nombre. A pesar del tremendo hito, las plumas femeninas estuvieron más bien ausentes de esta corriente narrativa. De hecho, salvo el impresionante trabajo de la norteamericana Ursula K Le Guin, la ciencia ficción, fantasía y terror han sido tradicionalmente terreno masculino. Por supuesto ha habido excepciones notables, como Shirley Jackson, responsable del subgénero de la casa embrujada; la británica Tanith Lee, quien supo trabajar la fantasía oscura y el mito del hombre lobo con una violencia exquisita; o la más conocida, Anne Rice y sus vampiros románticos. En Chile, aparece Elena Aldunate, autora de ciencia ficción que debiera estar a la par de Hugo Correa, como pilar clave del desarrollo fantástico local. Grandes todas, pero mínimas en cantidad si se les sitúa en un universo donde abundan nombres como Stephen King, Philip K. Dick, H.P. Lovecraft, Ray Bradbury, J.R.R. Tolkien y un largo etcétera. De postre un dato muy decidor: en la muy recomendable Encyclopedia of Science Fiction, de Robert Holdstock, en la que aparecen enlistados 250 autores, apenas 13 son mujeres.

Mucho de ese panorama empezó a cambiar en 1997, cuando la inglesa J.K. Rowling publicó Harry Potter y la Piedra Filosofal, la primera parte de la serie de novelas más exitosa de la historia, traducida a 65 idiomas y con ventas que se elevan por sobre los 400 millones de ejemplares. Más allá de sus virtudes literarias (que las tiene y hartas), Rowling desató un fenómeno. No sólo llevó a la llamada LIJ (Literatura Infantil Juvenil) a la primera línea; le dio, además, un empujón al género fantástico y gatilló una escuela de continuadoras, herederas y también copias, como suele ocurrir.

De un momento a otro, todos los editores del planeta estaban a la cacería de su propia J.K. Rowling. Querían fantasía, querían sagas y querían escritoras. Un giro curioso, considerando que Bloomsbury, sus publicadores originales en Inglaterra, le sugirieron a la autora (en 1996) firmar sus libros como J.K. precisamente para dar la idea de que era un hombre.

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Tras Harry Potter, llegaron los vampiros de la norteamericana Stephenie Meyer. Se abrió una caja de pandora: prácticamente en cada país de Occidente debutó una autora joven con un libro protagonizado por chicos con colmillos y amores trágicos. La mayoría quedó en el camino, pero unas pocas lograron encontrar su espacio, como le ocurrió a la también norteamericana E.L. James, que a sugerencia de su editor cambió el vampírico secreto de su protagonista por el cuero y las cadenas del sexo sadomasoquista, llevó el romance a las arenas del erotismo suave y quitó todo lo fantástico del cóctel, impulsando con su trilogía de Las 50 sombras de Grey otro fenómeno literario femenino que marcó la década.

 

ABAJO LAS UTOPÍAS
Es en la ciencia ficción distópica (que imagina una antiutopía, una sociedad indeseable) donde las plumas femeninas han encontrado una especial acogida. La vanguardia la tiene la norteamericana Suzanne Collins, una guionista y autora de libros para niños que decidió apuntar al público adolescente con Los juegos del hambre, una épica ambientada en unos Estados Unidos postapocalípticos donde gobiernan los más fuertes, y los quinceañeros deben enfrentarse cada año en unos sangrientos juegos que, básicamente, reemplazan guerras y disputas territoriales. La carismática heroína de Collins, Katniss Everdeen, se ha transformado en todo un símbolo para la nueva generación de jovencitas. A su lado, Harry Potter es un nerd tonto.

Con sólo 25 años de edad, la joven Verónica Roth es la nueva maravilla de este movimiento. Suya es la autoría de la trilogía Divergente, ambientada en una Chicago dominada por castas que representan diversos valores y a cuya dictadura se enfrenta un grupo de muchachos que se ven a sí mismos como una “nueva especie”. Por supuesto, Roth no es excepción y la también muy joven Marie Lou, de origen chino, con su trilogía Legend sube en las listas de más vendidos, con una historia de quinceañeros supervivientes en lo que alguna vez fue Estados Unidos.

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“El problema es que son apuntadas como las salvadoras de la ciencia ficción”, apunta el español Alonso Esteban, uno de los responsables de la colección de literatura fantástica La Factoría de Ideas del grupo Océano. “Es exactamente lo mismo que sucedió hace años con Crepúsculo. Stephenie Meyer y sus clones no escribían novelas de vampiros, sino relatos románticos para niñas preadolescentes que tenían el detalle de que uno de sus protagonistas, generalmente el héroe, era vampiro. Acá sucede lo mismo. Divergente, Legend, Los juegos del hambre y todas las copias son novelas rosa quinceañeras que tienen lo novedoso de estar ambientadas en mundos distópicos similares a los que Philip K. Dick ideó hace cincuenta años y que continuadores suyos, como William Gibson, modelaron en los ochenta. Es marketing editorial, mal que mal hay más lectoras que lectores y éstas son las historias que ellas piden”.

“Aunque no me gustan las distinciones de género, no hay que dudar en la certeza de que las mujeres se han tomado la literatura juvenil fantástica”, sostiene Catalina Infante, editora de Catalonia. “Desde que J.K. Rowling presentó a Harry Potter, comenzaron a aparecer sagas escritas por mujeres que han fanatizado masivamente al mundo juvenil de una manera asombrosa, y que además, se han convertido en películas taquilleras. Benditas sean estas escritoras que hicieron posible el acto más fantástico y mágico de todos: que los adolescentes del siglo XXI se volcaran a leer libracos de 500 páginas a pesar de todos los estímulos de la tecnología… ¿Cuál es su origen? Me gustaría creer lo siguiente: los primeros indicios del género fantástico están en la mitología de los pueblos, en esas historias que permanecieron en nuestra memoria, porque las mujeres, quienes estaban en la casa, se las contaban a sus hijos y nietos allí junto al fogón, desde pequeños”.

LA ARMADA CHILENA
Francisca Solar es el primer nombre que aparece al momento de armar un mapa femenino de la literatura fantástica chilena. Mal que mal fue ella la responsable de que la atención editorial se volcara hacia estos géneros en el país. Solar es también uno de los pocos escritores locales que ha sabido sacar real provecho de las ventajas de la publicación electrónica, haciendo del e-book no sólo un soporte, sino una nueva forma narrativa.

“Soy muy reacia a dividir las aguas y hablar desde una trinchera”, acota la escritora. “Creo que la buena literatura no tiene género, y que las modas son eso, tendencias cortas, ciclos, donde en un momento tenemos un boom de escritores neoyorkinos y al otro mes quienes la llevan son tres mujeres del Reino Unido. Cosas que pasan y que muchas veces no tienen explicación alguna. No sé si podría decir que las escritoras hoy le ‘dan forma’ al panorama fantástico: sólo sé que hay al menos tres o cuatro que se están llevando todas los aplausos recientes y me parece maravilloso. ¿Eso significa que es una ‘tendencia’ y que las editoriales están prefiriendo escritoras que escritores? Lo dudo. Hay muy buena literatura gestándose por hombres y mujeres en todos lados del mundo, y cualquiera de ellos puede ser el próximo best-seller”.

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Pero Solar, que empezó con una exitosa relectura de Harry Potter (El ocaso de los altos elfos) para luego pasar al thriller (La séptima M, El hada de las cadenas) y la narrativa propiamente LIJ (La asombrosa historia del espejo roto, Igual a mí, distinto a ti, Sobre ruedas), no está sola en esta carrera y hoy otras autoras locales, también jóvenes, han sabido ganar su espacio. Destacado es el nombre de Camila Valenzuela, licenciada en Literatura Creativa y magister en Edición que en 2013 debutó con Zahorí: El legado, primera parte de una trilogía protagonizada por cuatro hermanas que se ven involucradas en un oscuro secreto familiar en el sur de Chile.

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“Durante siglos, la sociedad occidental fue regida por una hegemonía masculina, mientras que los últimos cincuenta años han sido fundamentales en la incorporación de la mujer en diversos aspectos, entre ellos, la literatura. Hoy, las mujeres podemos ser agentes culturales del mismo modo que los hombres; ocupar espacios que, como la literatura fantástica, eran delineados principalmente por ellos. Concluyo que este “auge” de mujeres en la literatura –sin apellido– es producto de un devenir histórico sociocultural”, explica Camila.

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“No creo que las mujeres tengan un talento especial para escribir literatura fantástica, pero sí quizá lo potencian más por el contexto literario tanto nacional como internacional”, dice Sascha Hanning, autora de Misterios y revelaciones de Allasneda, novela ambientada en un mundo steampunk, es decir, alta tecnología en la era victoriana, con vapor en lugar de electricidad como fuente de energía. “Me parece que las mujeres tienden a escribir más sobre aventuras y fantasía, y hay cierta sensibilidad, o una capacidad de llevar con empatía los sueños del público juvenil a las letras”, agrega Sascha, quien se encuentra trabajando en la segunda parte de su saga fantástica, que espera publicar en los próximos meses mediante crowdfounding de sus propios lectores, que pueden ingresar a su proyecto a través de https://www.facebook.com/allasnedalive

A 30 segundos del Paraíso es una historia de amor entre una estudiante de periodismo de Nuevo México y el vocalista de la banda ficticia Messengers from the Past. La novela incorpora letras, música e imágenes para crear un universo entero, coherente para sus lectores. Ésa fue la idea de Cristina Mars, publicista y autora del libro, quien además compuso junto a la banda independiente chilena L1bera 2.0 las canciones de Messenger…  A 30 segundos del Paraíso transcurre en una realidad paralela ligeramente futurista, donde no es difícil reconocer los elementos que han hecho exitosa esta nueva forma de “narrativa femenina”: acción, drama, conflicto y un romance imposible.

“Creo que las mujeres nos estamos haciendo más espacio en la literatura en general, porque nos hemos ido atreviendo, cada vez más, a expresar lo que sentimos sin miedo a la crítica”, acota Mars. “Es decir, nos hemos ido dando la libertad de plasmar esas fantasías en el papel para compartirlas con los lectores. Las estadísticas dicen que las mujeres leen más que los hombres, y quizás por una cosa de género, nos hemos ido apoyando entre nosotras haciendo valer nuestro espacio dentro de la letras, pero no creo que sea exclusivamente por eso que actualmente somos las protagonistas en cuanto a dar forma al panorama actual de la literatura juvenil. También siento que la brecha entre lectoras v/s lectores, se está achicando cada vez más y los hombres igualmente están abriéndose a leer lo que tenemos que decir. Ellos también están disfrutando de las fantasías de las nuevas escritoras y eso es magnífico”.  •••