El mundo está cambiando vertiginosamente sus equilibrios y como cuando ello ocurre se mueve el piso, es bueno tener claro en qué parte de la balanza se quiere estar y cuán firmes hay que tener los pies sobre la tierra.
POR ROBERTO SAPAG

En un reciente encuentro que congregó a autoridades y expertos iberoamericanos, el economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), José Juan Ruiz, hizo el ejercicio de marcar lo que calificó como un hito significativo. Dijo que colegas suyos en el campo de la economía habían determinado que el pasado 28 de marzo el PIB de las naciones emergentes del mundo había superado por primera vez en la historia al producto de las naciones desarrolladas.

Ese día arbitrariamente establecido por los profesionales de la economía es de un simbolismo sustantivo porque, dijo, marca el fin de una era, algo así como el fin de la Ilustración y la inauguración de una nueva época en la humanidad, una época que promete progresar en forma vertiginosa.

Sí, porque con naciones emergentes que registran en promedio un PIB per cápita que más que duplica al de las naciones desarrolladas y tasas de crecimiento poblacional que superan holgadamente a las del primer mundo, no es descartable que esa ecuación 50/50 que se resolvió el pasado 28 de marzo derive a una nueva combinación de 60/40 o incluso de 70/30 en cosa de dos o tres décadas.

“El mundo va a cambiar”, remató Ruiz, aunque para ser más certeros habría que decir que el mundo ya cambió. Y cambió antes, cuando hace unas décadas se incubó el germen de las reformas que ha moldeado desde adentro a esas naciones emergentes. Cuando el modelo de mercado, el capitalismo, la globalización y las transformaciones sociales que han permitido engrosar las capas medias de las distintas sociedades se infiltraron en más y más naciones. Todo, en un proceso en que tal vez la imagen de la China moderna que ha explotado en los últimos años resume el proceso en forma icónica.

Chile, en este proceso de transformaciones de alcance histórico, también ha jugado un rol. Con otra escala, pero con el valor distintivo que confiere ser parte de la vanguardia, haber sido laboratorio, este país puso en marcha en forma pionera muchas de las políticas que hoy emulan sus vecinos en la región y que miran con interés desde la distancia quienes hoy sufren las consecuencias de haber desviado el rumbo.

Es de esperar que quienes tienen la responsabilidad de guiar las políticas públicas en el país valoren el activo desplegado por distintos gobiernos al cierre del siglo pasado y al inicio de este. Un activo que no tiene misterios y que básicamente consiste en preocuparse de tener en el bolsillo el dinero para pagar las cuentas.

Muchos de los problemas que viven otras naciones del mundo se originan en la práctica de gastar más de lo que se tiene, en endosar las cuentas a los que vendrán y, por qué no, hasta trampear contabilidades, un poco haciéndose los desinformados y otro poco engañando sin pudor.