El escritor y futurólogo estadounidense asegura que ni las Torres Gemelas ni la Guerra de Irak definirán la presente época de la humanidad. No, a su juicio el hito estará dado porque por primera vez en la historia la creación de riqueza ha superado los límites de la Tierra y proviene en una fracción no menor del espacio. ¿Qué tal?

  • 23 junio, 2009

 

El escritor y futurólogo estadounidense asegura que ni las Torres Gemelas ni la Guerra de Irak definirán la presente época de la humanidad. No, a su juicio el hito estará dado porque por primera vez en la historia la creación de riqueza ha superado los límites de la Tierra y proviene en una fracción no menor del espacio. ¿Qué tal? Desde Buenos Aires, por Jorge Abasolo Aravena.

El error más frecuente en la historia de la predicción ha sido la gran subestimación del impacto de las tecnologías.

En efecto, los futurólogos de principios del siglo XX, aunque acertaron previendo nuestro ingreso en el espacio, no anticiparon que el automóvil tendría tanto éxito y sólo hace unos años el reiterado mirar hacia el porvenir asumió que enfrentábamos un verdadero riesgo de destruir la vida de nuestro planeta mediante el uso de armas nucleares.

Nuestra actual moda apocalíptica se preocupa de la catástrofe ecológica, cuestión que probablemente es más un signo de los tiempos que una certera anticipación de futuro. Para ponerlo en perspectiva tal vez sea sano citar algunas irrisorias predicciones del pasado, como la de lord Kelvin, presidente de la Royal Society, quien aseguró en 1895 que el vuelo de máquinas más pesadas que el aire era imposible; o la de Harry Warner, de Warner Brothers, que en 1927 dijo: “¿quién diablos quiere escuchar hablar a los actores?”, o la de Thomas Watson, director de IBM, que en 1943 lanzó la siguiente perla: “creo que hay un mercado mundial para quizás cinco ordenadores. Nada más”.

Para Alvin Toffler, hoy vivimos una revolución económica que todavía no se entiende bien y que cruza muchas partes del mundo en forma simultánea. Una revolución que es encabezada por Estados Unidos, que hasta hace no mucho era un ejemplo de la Era Industrial, pero que en los últimos años ha sabido dejar atrás ese sello.

A su juicio, poco después de la Segunda Guerra Mundial, por ahí por mediados de los años 50, Estados Unidos comenzó sin darse cuenta a eliminar los sistemas productivos intrínsecamente propios de la Era Industrial. En lugar de ello, comenzó a tomar forma una “revolución”, cuyas consecuencias se están haciendo sentir hoy en todas partes del mundo.

Si los marcamos en la línea del tiempo, algunos de los cambios relevantes en los procesos de la humanidad no se pueden situar en forma exacta (tal vez para marcar la fase agrícola de la humanidad diríamos “por ahí por el 1600 antes de Cristo), pero si tuviésemos que elegir una fecha para el avance hacia la Tercera Ola, ahí sí se puede ser más precisos, al menos en el caso de Estados Unidos. En cierta forma, el hito se puede marcar en 1956, muy poco después del término de la Segunda Guerra, porque ese fue el primer año en que los trabajadores de servicio y los oficinistas superaron a los obreros. También en los 50 tomó forma más nítida la computación, se desarrolló la robótica industrial y se lanzó el Sputnik… claro que en otro hemisferio.

Y bueno, como era esperable, como resultado de estos cambios tecno-financieros ha estallado una expansión desatada del tamaño del poder del sector financiero. Se trata de un cambio que en sí podría llamarse revolucionario, pero que converge –y sigue convergiendo– con cambios igualmente revolucionarios en la producción, distribución y en la naturaleza del trabajo, cuestiones que han escarbado una huella profunda en el devenir de la humanidad.

Con todas estas reflexiones en la cabeza, nos acercamos a quien es probablemente una de las mayores autoridades planetarias en estos tópicos. Nos referimos a Alvin Toffler, quien mientras se disponía a firmar libros durante su reciente participación en la 35 Feria del Libro de Buenos Aires, accedió a conversar con Capital.

Con la afabilidad que le caracteriza, autor de La Tercera Ola y futurólogo estadounidense doctorado en Letras, Leyes y Ciencia, conocido por sus discusiones acerca de la revolución digital y la revolución de las comunicaciones, no puso condiciones para una conversación en que me advirtió llanamente que no me preo-cupara por el tiempo, pues de ese modo las preguntas suelen ser más distendidas y las respuestas mejor pensadas.

 

 

El conocimiento y más allá

-¿A qué alude usted con el concepto de segunda economía?

-Me refiero a esa economía mágica, que es la que está aquí, junto a nosotros. Tal vez, de manera invisible. Es lo que llamamos también el mundo de la economía informática, el famoso TI. Es esa economía que crece a niveles insospechados.

-¿Vivimos la etapa histórica más importante de la humanidad?

-No lo puedo asegurar. Pero vale la pena preguntarse qué cosas de esta época vamos a recordar en mil años más. De seguro no vamos a recordar el ataque a las Torres Gemelas ni la guerra de Irak. Pero hay una cosa que sí vamos a recordar siempre: que fuimos la primera generación que crea riqueza fuera del planeta Tierra. Creamos riqueza en el espacio. Formamos parte de la generación que fue capaz de viajar al espacio. Y ahora son ya muchos los países que están creando sus programas espaciales.

Los programas espaciales no son solamente militares, son planes cada vez más conectados al tema económico. Muchas
personas se olvidan de esto cuando hacen las cosas comunes de la vida diaria. Por ejemplo, cuando utilizan un cajero automático o cuando prenden el televisor, lo que están haciendo es dependiendo de un satélite. Es decir, dependiendo de actividad que se realiza fuera de este planeta.

Es la primera vez que en la historia del hombre ocurre algo así… y eso es lo que vamos a recordar en cientos de años más.

 

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-¿Hemos subestimado un hecho de esta magnitud?

-Claro que sí. Pero no sé si lo hemos subestimado por ignorancia o porque no alcanzamos a dimensionar los hechos que están tan encima de nosotros.

Prácticamente todos los sectores comerciales tradicionales tienen un mellizo virtual en Internet y, de una u otra manera, todos nosotros vamos a ser afectados por actividades en el espacio.

Esto nos lleva al tercer elemento fundamental profundo al que debemos prestar atención. Se trata del conocimiento. Todos hemos escuchado hablar de la economía del conocimiento, pero sabemos poco de su significado… o hasta dónde puede llegar ese significado.

Cuando pensamos en la era del conocimiento o en la economía del conocimiento, tendemos a pensar en la tecnología. Pero ocurre que la tecnología es una parte muy pequeña de un fenómeno mucho mayor. Lo que estamos viendo hoy es más que el desarrollo sorprendente de la tecnología informática de comunicación y medios. Creo que la especie humana está aprendiendo a crear riqueza revolucionaria basada en un recurso que –a diferencia del hierro, del carbón o del cobre– es inagotable.

El conocimiento no se agota. Es un recurso que todos podemos usar al mismo tiempo. Los economistas frecuentemente definen la economía como la ciencia de la asignación de los recursos escasos. Pero el conocimiento no es un recurso escaso. Claro, podemos crear una escasez a través de derechos de autor o de copyright, pero el conocimiento en sí no es escaso ni lo va a ser.

-Con el fin de la Guerra Fría se hace hincapié en desmantelar la industria de armamentos. ¿No es ello una candidez?

-He dicho en más de una ocasión que existe un pensamiento ampliamente extendido de que con el fin de la Guerra Fría todos deben salirse del negocio de las armas y reconvertir estas industrias en Rusia y los Estados Unidos, ya que eso va a hacer al mundo más pacífico. Pero lo que en realidad está sucediendo es que hay una creciente dependencia de los militares respecto de la tecnología civil. Ahora pueden comprar un cable por aquí, otro por allá, juntarlos y fabricar armamento a partir de la tecnología civil. Eso ya lo estamos viendo con la tecnología de satélites. Incluso muchos inventos diseñados para la industria de la recreación ya se usan en la guerra.

-Usted habla de nuevas armas, que no causan la muerte. ¿A qué tipo de armas alude?

-Actualmente se están diseñando armas para inmovilizar temporalmente. En el caso de secuestro de rehenes, ya es posible que en lugar de disparar a los captores se emita una onda electromagnética que los haga sentir náuseas y vomitar. Hay gran controversia respecto del uso de esas armas, sobre todo en problemas internos. Pero la idea es que el Pentágono formule una política coherente acerca de sus límites. Son varios los países que las están desarrollando. Sin ir más lejos, la OTAN firmó hace unos años un contrato con un laboratorio francés para el desarrollo de tecnología capaz de repeler aviones enemigos sin necesidad de derribarlos, sino que manipulando sus instrumentos electrónicos para alejarlos.

-En este mundo global, donde el conocimiento es prioritario, hay países que no juegan un papel relevante. ¿Cuáles diría usted son los nuevos actores de peso en el mapa?

-Están las corporaciones multinacionales, que en algunos casos son más grandes que pequeñas naciones y –por cierto– más poderosas. También están las religiones globales como el Islam y la Iglesia Católica. Además, hay otros grupos de poder, redes criminales como los carteles de narcotraficantes que actúan globalmente y que disponen de las mejores tecnologías de comunicaciones en el mundo, infraestructura de transporte y financiera. Están también las ONG, como Greenpeace. De hecho, el año 2005 había más de 4.000 asociaciones de este tipo. En consecuencia, hay que reestructurar la manera en que se representa a las fuerzas reales en el mundo.

La Comunidad Europea está organizada en el estilo de la segunda ola: tiene doce naciones con sus propias burocracias y se puso una burocracia central en la cima. Es exactamente lo opuesto de hacia donde otras organizaciones están yendo. Las organizaciones están tratando de eliminar la burocracia y horizontalizar la jerarquía.

-¿Cuán preparadas están las sociedades para esta revolución de la riqueza de que habla en su reciente libro?

-No se puede negar que hay países que se están movilizando raudamente hacia una economía revolucionaria basada en el conocimiento, pasando de una economía anclada en la agricultura a una en tecnología y manufacturera. Por ejemplo, China ha tomado la resolución de entender la primera y la segunda ola y también la tercera. La diferencia con el resto de los países es que China no se ha detenido en la primera o en la segunda, sino que está haciendo su transición de manera simultánea hacia la tercera.

Podemos ver que está poniendo una enorme cantidad de recursos a la investigación científica, programas espaciales y otras actividades para estar acorde con los tiempos. No sólo toma lo del mundo industrializado, sino que su aspiración es liderar el mundo entero en esta tercera ola, o lo que entendemos como la economía basada en el conocimiento.