Por Fernando Vega “Esperando a ver qué pasa”. En esa etérea frase podría resumirse el ánimo actual de los colegios privados frente a la reforma educacional. Aunque en principio estos establecimientos no están en el foco de los cambios que proyecta el Gobierno, sus autoridades y propietarios miran con atención las modificaciones que el Ejecutivo […]

  • 14 julio, 2014

Por Fernando Vega

colegios

“Esperando a ver qué pasa”. En esa etérea frase podría resumirse el ánimo actual de los colegios privados frente a la reforma educacional. Aunque en principio estos establecimientos no están en el foco de los cambios que proyecta el Gobierno, sus autoridades y propietarios miran con atención las modificaciones que el Ejecutivo está promoviendo. Saben que sólo si la calidad de la educación pública mejora sustancialmente, podrían producirse algunos cambios capaces de afectarles. Pero ya tomaron nota de que la sociedad les irá exigiendo cada vez más diversidad.

La última semana de junio, el Colegio Institución Teresiana de Las Condes fue el epicentro del Primer Congreso de Inclusión, al que asistió gran parte del mundo de la enseñanza privada de Santiago. Entre los invitados estaban el propio ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, y varios expertos en temas educacionales. La palabra que más se repitió durante las tres jornadas que duró la actividad fue integración. De niños con necesidades especiales, de los hijos de inmigrantes y, sobre todo, de los chilenos de distintos orígenes sociales. Varios de los exponentes dedicaron importantes minutos de sus intervenciones a hablar del problema y recordar ese verdadero puñetazo para el alma nacional, que significó el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de 2011, que situó a Chile como uno de los países con el sistema educativo más segregado del mundo. Una división entre ricos y pobres que las salas de clases nacionales no han hecho otra cosa que afianzar.
Citando numerosos estudios nacionales e internacionales, los exponentes coincidieron en la urgencia de disminuir la segregación educativa, en un sistema escolar que durante años ha desatendido las medidas integradoras, en favor de otras de carácter más mercantilista.

Aunque el informe OCDE data de hace tres años, a nadie le parece anacrónico, ni mucho menos, fuera de lugar. Los datos del estudio son duros, incómodos y muy actuales: la segregación atenta contra la igualdad de oportunidades. “El principal desafío del país –y no sólo es una tema socioeconómico, sino que un tema cultural– tiene que ver con el corazón, con incluir a todos, hasta los más diferentes, porque en el fondo somos todos hijos de Dios y aunque seamos diferentes, tenemos los mismos derechos”, dijo el ministro Eyzaguirre a la salida del encuentro en el Institución Teresiana.

Por esos días, aún resonaban en el ambiente las polémicas frases del siempre mediático sacerdote jesuita, Felipe Berríos, en el programa de TVN, El Informante del 25 de junio. “Lo que me llama la atención de la reforma educacional es que no toca un tema que para mí es central: el clasismo. Mientras haya clasismo en Chile, cualquier cosa que se haga saldrá mal”, dijo. Y después añadió: “Yo le pido a la Iglesia Católica, que tiene el 7% de los colegios de elite, hacer un esfuerzo. A los profesores y alumnos de esos colegios, reclamen. Hagamos un esfuerzo. Porque si esta reforma no parte de esos colegios, va a fracasar. Si esos colegios no abren sus puertas para mezclarse con el resto de la sociedad, esto va a fracasar. Lo que tiene que cambiar es que los colegios pagados privados dejen de discriminar a los alumnos”, afirmó el religioso, quien regresó a Chile después de permanecer cuatro años en África realizando labores sociales y pastorales.

La reforma educacional que impulsa el Gobierno busca evitar la segregación en los colegios que reciben aporte estatal, mediante el fin de la selección por razones académicas y el término del copago, para que la capacidad económica de las familias no determine el tipo de colegio al que pueden acceder los estudiantes.

Está claro que los colegios privados –que no reciben aporte del Estado– tienen la libertad de escoger a sus alumnos de acuerdo con sus proyectos educativos, pero como dice el rector de uno de estos institutos, lo cierto es que las críticas que recibe el sistema particular, por su carácter discriminatorio, es algo que desagrada a padres y dueños. Capital intentó recabar la opinión de nueve centros educativos, pero ninguno quiso hablar públicamente del tema. “Estamos mirando, esperando”, “hay que ver todavía qué pasa, cómo evoluciona todo esto”, fueron en general las dos respuestas más comunes. Otros colegios ya habían comenzado sus vacaciones de invierno, por lo que se excusaron de hablar.

 

El fantasma de Machuca

Ante ello, el secretario ejecutivo de la Federación de Instituciones de Educación particular (FIDE), Carlos Veas, que reúne a varios colegios privados, dijo que “sin duda que los colegios pagados debiesen incluir jóvenes de diferente procedencia sociocultural, porque enriquece la convivencia, proporciona una experiencia distinta y amplía la visión de mundo a sus alumnos, pero incluir no es lo mismo que amontonar. Hay que preparar a los colegios para que aprendan a educar en diversidad social. Esto significa modificar el proyecto educativo, preparar la cultura escolar del colegio, intervenir la convivencia diaria de los alumnos, preparar a los profesores y a los apoderados, etc.”

La directora del centro de liderazgo educativo de la fundación Educación 2020, Mirentxu Anaya, coincide con Veas: no es llegar y propiciar la mezcla. “Ninguna de estas políticas funciona si no tenemos profesores competentes que medien la diversidad en el aula, es decir, que gestionen la diversidad, para que los niños aprendan a convivir”, sostiene. Adelanta que Educación 2020 lanzará en agosto una campaña nacional que se llama, precisamente, “A mezclarse”.

A juicio de la socióloga, la falta de voluntad para asumir el tema se debe también a que no existen muchas experiencias al respecto. “Nadie sabe cómo hacerlo, ha habido algunos intentos, sobre todo en colegios religiosos, pero hacerlo supone un desafío muy grande. Nosotros, en Educación 2020, estamos convencidos de la gradualidad de los cambios y eso tiene que ver con que hay que hacer la integración con los cursos más pequeños, porque a los niños se les hace más fácil poder convivir sin prejuicios”, sostiene.

Según profesores que han trabajado en colegios que han abierto cupos para alumnos de familias de menores recursos, la tarea no es fácil para nadie. Ni para el niño que llega, ni para quienes lo reciben, ni muchos menos que para el mismo colegio.Todos recuerdan y mencionan la premiada película Machuca, de Andrés Wood, que narra el experimento de un colegio por integrar a diferentes clases sociales a través de la mirada de dos niños en el polarizado Chile de 1973. “Hay muchos “Machuca” que se retiran de los establecimientos escolares porque sólo comparten el aula y nada más”, reflexiona un profesor de un colegio católico.

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La desigualdad

Si bien entre los expertos existe consenso en que la educación es clave para nivelar la cancha, no hay certeza de que la desigualdad social que se halla en Chile se deba únicamente a la diferencia en la educación recibida. Distintas investigaciones han mostrado que el sistema escolar chileno presenta una segregación que fluctúa entre moderada y alta, pero difieren de su evolución en el tiempo.

“Posiblemente ha contribuido secundariamente al tema, pero no habiendo evidencia suficiente para afirmar ni negar aquello, creo que el principal problema no es ése, sino que nacer, criarse y funcionar en un grupo de iguales. Cualquiera sean esos iguales –de mucho o poco dinero–, esa situación no los prepara para un entendimiento razonable de la complejidad social creciente en la que vivimos”, aclara el investigador  Sebastián Donoso, experto en política educacional.

“Por lo tanto, sería importante preguntarnos en esta materia: ¿cuánta equidad social es necesaria para tener una sociedad de calidad? y ¿cómo debe contribuir la formación escolar a ello? En torno a estas preguntas los grupo sociales podrían reflexionar para situar su actuar y analizar el proyecto de sociedad a la que estamos contribuyendo”, añade Donoso.

Según sus numerosas investigaciones, la segregación empobrece la calidad de la experiencia formativa. Por ello, considera que es un tema que debiese estar dentro de las preocupaciones de la clase dirigente: “Es imprescindible para poder entenderse con los ‘no iguales’ comprender sus códigos de vida, a lo que ayuda mucho haber compartido en la etapa escolar con aquellos ‘no iguales’. El mundo de hoy, y con claridad el de mañana, camina hacia respetar y hacer valer las diferencias en todo plano, y quien no entienda esos códigos y sus matices tendrá una ‘carencia’ que el dinero u otros recursos no siempre podrán solucionar”, sostiene.

 

¿Para qué?

Según revelan los investigadores en la discusión sobre la inclusión, una de las preguntas más comunes –sobre todo en los padres–, es ¿qué se gana con mezclar a los niños? En especial, si lo que se busca al elegir un colegio es el éxito académico, una formación valórica especial o un proyecto educativo determinado.

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El diputado por Santiago centro y ex dirigente estudiantil, Giorgio Jackson, quien integra la Comisión de Educación de la Cámara Baja, ha debido responder varias veces a esa pregunta. Desde que partió el movimiento Revolución Democrática, del que forma parte, el tema de la segregación ha sido uno de sus principales emblemas. “Yo creo en un sistema donde los niños y jóvenes provenientes de distintos orígenes, se encuentran desde pequeños para romper los prejuicios y estigmas con los que nuestra sociedad nos divide permanentemente. Por eso, creo que sería interesante buscar formas para que todos los colegios deban tener espacios de inclusión y no discriminación. Eso enriquecería los procesos educativos”, sostiene.

En todo caso, existe abundante literatura del llamado “efecto par” o de cómo la inclusión afecta el rendimiento académico y otras variables de un mismo curso en el aula. Poner a un niño de otra realidad junto a un grupo diferente genera una ganancia general. El que sabe menos, por lo general, aprende más para nivelarse, o sus compañeros le ayudan; y quienes saben más desarrollan habilidades como la tolerancia, el respeto a la diversidad y conocen otras realidades. Sin embargo, hay harta discusión sobre sus reales alcances.

Cristián Bellei, del centro de investigación avanzada en educación de la Universidad de Chile, ha dedicado varios trabajos al respecto, demostrando sus ventajas. “La noción general detrás del efecto de los compañeros es que la composición de los alumnos que comparten un aula-escuela afecta los resultados educacionales obtenidos por dichos alumnos y, en consecuencia, que diferentes agrupaciones de estudiantes producirán logros educativos distintos”, señala y cita un estudio de la UNESCO que muestra que el aprendizaje mejora cuando los estudiantes se mezclan. De hecho, en Educación 2020, el “efecto par” es considerado clave para aumentar la calidad educativa.

 

Educación pública

El Gobierno sabe que el Estado no puede obligar hoy a los colegios particulares a abrir cupos especiales o a desarrollar políticas de integración. Hacerlo generaría otro ruido en la ya polémica reforma educacional. Por eso, la apuesta del Ejecutivo es mejorar la educación pública en el largo plazo de tal modo, que en algún momento su calidad logre equipararse a la de los colegios privados y así las familias opten por matricular a sus hijos en el sector.

Pero eso tardará al menos una generación, reconocen en el Ministerio. Nivelar la calidad exigirá enormes inversiones de todo tipo: desde infraestructura hasta formación de profesores. Y hacer que la gente vuelva a creer en un sistema que se ha deteriorado paulatinamente y que cada día pierde matrículas implicará, además, un cambio cultural gigantesco: en 2006 un estudio del ex ministro de Educación, Harald Beyer, sugirió que la segregación escolar en Chile se debía a que los padres prefieren enviar a sus hijos a establecimientos que acojan a familias con nivel socioeconómico parecido al suyo.

Dos años después otra investigación, esta vez de Francisco Gallego y Andrés Hernando, mostró que antes de elegir un colegio, los padres valoran no sólo la calidad, sino que la composición socioeconómica, el costo, la ubicación y las características de los pares. Por eso, la mayoría de los expertos añade que una opción para iniciar planes de integración es partir dentro de los municipios. •••