Por Guido Girardi, senador
Foto: Verónica Ortíz
Año: 2069

  • 18 agosto, 2019

La humanidad enfrenta la segunda mitad de este siglo con más optimismo y esperanzas que en su inicio. Chile jugó un rol fundamental para que el mundo pudiera llegar a este 2050 cargado de positivas expectativas.

En la década de los 20, una elite dirigente, rica y pensante se esforzaba en monopolizar las tecnologías y potenciar sus capacidades física e intelectuales para prolongar sus vidas y constituirse en una casta biológica. La automatización forzada y la robótica amenazaban con excluir del trabajo a millones de personas y transformarlo en económicamente inútiles, sometidos a la simplificación y supeditados a una renta básica universal.

Sin embargo, la estrategia de las plataformas –Facebook, Google, Amazon, Alibaba, Baidu, etc.– para dominar y manipular a los humanos fue boicoteada por un movimiento ciudadano global que recuperó internet como espacio de libertad y democratizó los datos.

Hoy, la Inteligencia Artificial (IA) está regida por estrictos protocolos para evitar que someta a la inteligencia humana y fue marginada la quimera transhumanista de Silicon Valley de superar al humano y de alcanzar la inmortalidad conectando nuestras mentes a una conciencia planetaria. Actualmente, los bienes y servicios, producidos por la IA y la robótica, se distribuyen equitativamente y las capacidades aumentadas son un derecho de todos. El futuro volvió a estar bajo el pilotaje humano.

El primer paso lo dio Chile al promulgar, en 2020, una Ley de Neuroderechos que prohíbe la lectura de pensamientos y emociones sin fines médicos, impulsada por el científico español Rafael Yuste.

En 2050 el planeta soporta con relativo éxito el impacto del cambio climático y Chile, pese a preverse que sería de los países más afectados, ha capeado sus efectos. Esto se le atribuye a la decisión –anunciada en la COP25 (Santiago 2019)– de reforestar 2,5 millones ha de bosque nativo y exóticos.

El mundo replicó la iniciativa, reforestó mil millones de hectáreas y recuperó la foresta amazónica, lo que generó “bombas bióticas” que desplazaron masas de aire desde la plataforma marina hacia los continentes e incrementó la pluviometría en lugares de escasez hídrica. Se capturaron más de 230 gigatoneladas de carbono.

En Chile, una corriente transversal y con visión de futuro alcanzó el gobierno en 2021 y de manera paulatina, pero constante, incrementó el presupuesto para Ciencia y Tecnología de un magro 0,38% a un 5% del PIB y donde 2/3 de esa cifra es aporte del mundo privado y empresarial.

Al mismo tiempo, se garantizó el acceso y la calidad de un modelo educacional basado en estimular –desde la primera edad– la curiosidad, la creatividad y la innovación. Se aplicó neurociencia, se capacitó al profesorado y se formaron técnicos, científicos y doctores en los mejores centros del mundo.

A partir de una alianza del mundo político, científico, académico y la sociedad civil, se impulsó un proyecto país basado en territorios para desarrollar un modelo de educación –y formación de profesionales– acorde con la vocación de uso, potencialidades y prioridades de cada territorio.

La inversión en ciencia permitió a Chile consolidar su liderazgo en la astronomía y desde los centros de observación instalados en el país se comprobó la existencia de universos paralelos, y se levantaron complejos tecnológicos para lanzar nano naves con velas solares impulsadas por rayos láser, que descubrieron planetas habitables y evidencia de vida más allá de la que conocemos.

El desarrollo de la tecnología del hidrógeno como acumulador de energía y de la nanotecnología y biotecnología para elaborar células fotovoltaicas eficientes y baratas convirtió al desierto de Atacama en el principal productor de energía solar para el mundo. En 2030 se terminó el uso de combustibles fósiles y se pasó a una era post carbónica que estabilizó en 1,5 grados el incremento de la temperatura planetaria. Y, además, Chile impulsó una minería verde –con casi cero huella de carbono– utilizando desalinizadores y fundiciones activados con energía solar.

En los años 20, el Senado propuso una estrategia espacial y satelital que transformó a Chile en un importante proveedor de nano satélites del mundo. Así como el desarrollo de la biotecnología transformó al país en potencia alimentaria saludable y líder en acuicultura produciendo, además de salmones, merluza, corvinas y meros.

Gracias a las políticas de conservación instauradas, Chile es hoy el principal destino de turismo naturaleza del planeta y la Patagonia Subantártica se trasformó en un observatorio climático que permite predecir hasta el día que florecen los cerezos en Japón.