Personaje decisivo del expresionismo abstracto, Roberto Matta Echaurren es, sin duda, el artista plástico más reconocido de Chile. Este 2011 se cumplen cien años desde su natalicio y en el país y en el mundo se organizan exposiciones en su honor. Dando inicio a los festejos en Santiago, durante marzo la galería Artium presentará una muestra como homenaje a su enorme legado. Por María Jesús Carvallo

 

 

  • 22 febrero, 2011

 

Personaje decisivo del expresionismo abstracto, Roberto Matta Echaurren es, sin duda, el artista plástico más reconocido de Chile. Este 2011 se cumplen cien años desde su natalicio y en el país y en el mundo se organizan exposiciones en su honor. Dando inicio a los festejos en Santiago, durante marzo la galería Artium presentará una muestra como homenaje a su enorme legado. Por María Jesús Carvallo

 

Tenía un cierto aire renacentista. Arquitecto, pintor, escultor, ceramista, ilustrador, escritor reflexivo y hasta poeta, todo lo que pasaba por las manos de Roberto Matta Echaurren se convertía en una pieza de arte. Calificado como el último pintor surrealista, este creador fue uno de los mayores artistas nacionales, figura indiscutida del panorama plástico del siglo pasado y pieza clave a la hora de entender el movimiento expresionista. Ciudadano del mundo, dejó Chile a muy temprana edad y vivió en diferentes países de Europa, consolidando su carrera en el extranjero y llegando a tener pasaportes italiano, español, francés y hasta cubano.

Casi como si lo hubiera planeado, Roberto Sebastián Antonio Matta nació el 11 del 11 de 1911. Incluso, a veces bromeaba diciendo que había llegado a este mundo a las 11 de la mañana. Así era Matta. Alegre, sarcástico, con un humor negro y un talento inmenso, un hombre de origen vasco-francés que conquistó al ambiente artístico con sus pinturas y llegó a ser inspiración de muchos otros grandes creadores que siguieron sus pasos.

Vecino de Nemesio Antúnez, su niñez la pasó en Santiago. Asistió al colegio Sagrado Corazón de Jesús y María, para luego hacer el servicio militar en el regimiento Coraceros de Viña del Mar. Desde siempre tuvo facilidad con lo manual y siendo muy joven comenzó a destacarse por sus dibujos y su perfecta caligrafía. Venía de una familia de creativos, en la cual el sentido de la estética era prioritario. Esa cercanía con las artes hizo que los tres hermanos Matta Echaurren dedicaran sus vidas a la creación y llegaran a destacar a nivel internacional. Mario se hizo conocido por sus muebles y, en especial, por sus sofás, y Sergio fue bailarín de ballet del Marqués de Cuevas y diseñador de modas. Por lo mismo, a la hora de elegir una carrera universitaria, Roberto escogió Arquitectura, porque era la disciplina tradicional más cercana al arte. A sus estudios en la Universidad Católica sumó otros paralelos, como unos talleres libres de la escuela de Bellas Artes, donde fue alumno de Hernán Gazmuri –un pintor cubista que había estado en Francia y conocía los movimientos en boga–, y también trabajó como ilustrador en la revista Topaze. Tenía hambre de aprender y de desplegar toda esa fuerza creativa que guardaba en su cabeza.

En 1933 y una vez titulado, decidió que era tiempo de emprender vuelo. Disconforme con la política nacional de la época –la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo–, decidió romper relaciones con Chile y partir a Europa sin fecha de vuelta ni pasaje de regreso. Una vez en el viejo continente quiso ampliar sus horizontes y conoció diferentes culturas. Recorrió Yugoslavia, Grecia e Italia, hasta que llegó a París un año más tarde. Allí tuvo la suerte de encontrarse con el arquitecto y diseñador Le Corbusier y éste le ofreció trabajar como su aprendiz. En 1937 conoció a Gordon Onslow-Ford, un joven oficial de la marina inglesa, quien fue un personaje decisivo en su carrera. Y durante ese tiempo también se hizo amigo de Salvador Dalí y de Picasso, cuyas obras influyeron para que dejara el dibujo y se atreviera con la pintura al óleo. Este paso lo llevó a ser parte del movimiento surrealista gracias a una invitación de uno de sus líderes, André Breton. Comenzó a participar en importantes muestras, como la Exposición del Surrealismo en la galería de Bellas Artes de París. Sus primeros óleos los llamó Morfologías Sicológicas y luego Inscapes, en los cuales las imágenes abstractas se apoderaron de las figurativas. La profundidad metafísica se transformó en el sello de su producción artística hasta sus últimos días.

Más tarde conoció a Marcel Duchamp en París, vivó un breve tiempo con el poeta Pablo Neruda en La Roche-Guyon y posteriormente decidió escapar de la guerra en Europa y partió a Nueva York. Instalado con un taller en la 9º Avenida, tuvo tiempo para apreciar a fondo la obra de los surrealistas estadounidenses. En 1940 inauguró su primera exposición en la galería Julien Levy Coin y luego fue invitado a participar junto a otros artistas -como Max Ernst, Fernand Léger, Yves Tanguy, Marc Chagall y André Breton- en una muestra colectiva en la galería Pierre Matisse. Sus obras, plasmadas con humor, erotismo, reflexión y pensamientos, inspiraron fuertemente a jóvenes artistas como Jackson Pollock y Arshile Gorky.

Lentamente su trabajo, enfocado en el mundo exterior y en la representación, comenzó a alejarse del postulado de los creadores en EEUU y finalmente fue expulsado del grupo surrealista. Este hecho y sus permanentes ansias de cambio y de descubrir nuevos horizontes lo llevaron a volver a Europa. La segunda guerra mundial y los horrores de los campos de concentración provocaron un vuelco en su temática, imprimiendo un enfoque político a sus pinturas. Sus obras se transformaron en una denuncia de los poderes que esclavizan al hombre en la sociedad contemporánea, reflejándolos a través de máquinas eléctricas y personajes atormentados. En 1949 encontró en Italia un hogar y su destino final de residencia. Por esos años se presentaron retrospectivas en el mundo entero con lo mejor de su carrera, siendo una de las más importantes una realizada en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, además de otra en el Centro Pompidou de París, en el Moderna Museet de Estocolmo y en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile. También comenzó a ser ampliamente reconocido, recibiendo premios como la Medalla de Oro de las Bellas Artes Españolas -entregada por el Rey Juan Carlos, en 1985, en el Museo del Prado- y el Premio Nacional de Arte en 1992.

Desde los 90 en adelante su vida la centró en Tarquinia, un pueblito al norte de Roma. Allí instaló su último taller, una escuela de cerámica y una sala de exposiciones. Su espíritu inquieto lo llevó a investigar el arte digital, aunque continuó paralelamente con soportes más tradicionales. “Me interesan los ordenadores porque en el cuadro la pintura está cerrada, tiene límites. En el ordenador tiene futuro, crece”, dijo por esa época.

Matta trabajó hasta el último minuto de su vida. El 6 de noviembre de 2002 presentó una exposición en la Galería Ulisse de Roma, 17 días antes de su muerte. “Todos ustedes han venido más que nada a mi funeral…La muerte no existe. Son los otros los que mueren. Yo no puedo decir que me morí”, fueron sus palabras durante la inauguración de la muestra.

A lo largo de su trayectoria Matta experimentó diversas formas de expresión artística que fueron muchísimo más allá de las pinturas y dibujos. Produjo videos –como Système 88–, fotografías, grabados, litografías, esculturas, cerámicas y más. Su trabajo estuvo en constante experimentación y migración, conectándose con espacios indescifrables del inconsciente, con la mitología de pueblos ancestrales americanos, la filosofía, la ciencia y también la contingencia política.

A cien años de su nacimiento, diversos países han organizado homenajes. Todos, bajo el alero de su viuda, Germana Matta, quien desde hace un tiempo viene planeando junto a un comité especial esta importantísima fecha. Entre las tantas conmemoraciones, la Maison de l’Amérique Latine de París exhibirá una serie de esculturas de los diferentes momentos de su carrera. En Roma se organizará una retrospectiva auspiciada por la embajada chilena. Y en Guanajuato, México, se darán a conocer ilustraciones sobre el Quijote de La Mancha en el Festival Cultural de Cervantes.

En Chile las celebraciones ya comenzaron. Durante los primeros días de enero y en el marco del Festival de las Artes de Valparaíso, se dio la partida oficial a los homenajes con la muestra Hom’Mere, 50 grabados sobre La Odisea, de Homero. Durante marzo, la galería Artium y la APECH –la Asociación de Pintores y Escultores de Chile– presentarán una exposición con más de 70 artistas locales, que exhibirán creaciones inéditas inspiradas en la vida y obra de este maestro surrealista. Entre los invitados se cuenta a José Balmes, Omar Gatica y Carmen Aldunate. A esto se le sumará una muestra paralela, en otro sector de este centro de arte, con grabados de distintas series y etapas representativas de Matta (desde el 10 al 31 de marzo, en Alonso de Córdova 3102, Vitacura).

Pero no es todo. El mismo 11 de noviembre el Centro Cultural Palacio de la Moneda dará inicio a una de las muestras más grandes e importantes hechas en el país en torno a este artista. Se espera poder exhibir más de cien obras no vistas antes en Chile de diversos museos, coleccionistas y galerías internacionales.

Quizá la mejor definición de su arte la haya dado él mismo: “cuando comienzas con un elemento en blanco –una tela, un papel, una pantalla- proyectarás en él cosas que ya sabes. Por eso hay que ensuciarlo, ya que sólo así comenzarás a tener alucinaciones. Y estas alucinaciones son simplemente el poder de la imaginación. Como cuando uno ve un elefante en una nube… Somos nosotros los que hacemos nuestras propias realidades y el arte es esa expresión de transformar lo oculto en visible”.

Otras exposiciones
En marzo la escena local comienza a renovar su oferta. Estos son algunos de los destacados.

Ximena Mandiola. Campos cifrados es el nombre de la muestra que esta artista nacional estará presentando desde el 9 de marzo en la galería Patricia Ready. Son obras trabajadas con técnica mixta, como tintas, lápices e hilos, además de óleos y acrílicos sobre telas, cartones y también maderas. Inspirándose en el concepto de los números –como signos representativos y medidores de la realidad–, Mandiola hace un ejercicio visual que alude a una relación muy próxima al pensamiento religioso y espiritual. Abierta al público hasta el 9 de abril, en Espoz 3125, Vitacura.

Benjamin Ossa y Clemente del Rio. En el Salón Tudor –espacio de arte ubicado en el Cerro San Cristóbal– estos dos jóvenes artistas presentarán su última puesta en escena. Se trata de una muestra pensada específicamente para el lugar, y su gran objetivo fue integrar el pensamiento gráfico con los detalles arquitectónicos. Benjamín preparó una serie de 15 dibujos de corte sobre papel que instalará en las ventanas y Clemente, por su parte, presentará un site specific en el piso del salón, puntos de acrílico plateado formando una trama especial. Desde el 10 de marzo, en Pío Nono 445, Bellavista.

Arman. Pintor, escultor y grabador francés, Armand Pierre Fernández –más conocido como Arman– fue uno de los artistas franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Cofundador junto a Yves Klein del grupo Nouveau Réalisme y pionero del arte del Assemblage, su obra influyó en casi todas las corrientes contemporáneas. La galería Isabel Aninat organizó una exposición con parte de sus mejores trabajos. Entre las obras más importantes estarán sus característicos violines de bronce intervenidos. Desde el 15 de marzo y hasta el 23 de abril, en Espoz 3100, Vitacura.

Colectiva de esculturas. Para abrir su temporada 2011, la galería Artespacio organizó una colectiva con importantes exponentes de la escena escultórica nacional. Federico Assler, Mario Irarrázabal, Francisco Gazitúa, Benjamín Lira, Osvaldo Peña y Keka Ruiz-Tagle son algunos de los artistas convocados que darán a conocer obras recientes e inéditas. A partir del 15 de marzo en Alonso de Córdova 2600, Vitacura.