Eugenio García y Milena Pantoja hablan de su libro El sentido, que busca orientar a las personas para desenvolverse mejor en los ámbitos privado y laboral. Una mirada que surge desde la comunicación estratégica y que cobra especial relevancia en tiempos de crisis.

  • 23 junio, 2009


Eugenio García y Milena Pantoja hablan de su libro El sentido, que busca orientar a las personas para desenvolverse mejor en los ámbitos privado y laboral. Una mirada que surge desde la comunicación estratégica y que cobra especial relevancia en tiempos de crisis.

Eugenio García y Milena Pantoja hablan de su libro El sentido, que busca orientar a las personas para desenvolverse mejor en los ámbitos privado y laboral. Una mirada que surge desde la comunicación estratégica y que cobra especial relevancia en tiempos de crisis. Por Marcelo Soto.

A Eugenio García y Milena Pantoja, autores del libro El sentido, no les gusta que comparen su trabajo con El secreto, el súper éxito de Rhonda Byrne. “Los textos de autoayuda te dan recetas para ser feliz. Pero nosotros no damos ninguna receta” advierte García. Y Pantoja agrega: “El secreto tiene ciertos aspectos que pueden ser reales, como el hecho de conectarse con lo que quieres. Pero no me parece bien cuando invalida las sensaciones negativas, como estar triste o frustrado; esas experiencias también tienen su valor y forman parte del abanico humano”.

Por si quedan dudas, García concluye: “El secreto propone que te enfoques positivamente en una dirección. El principio es correcto, pero convertirlo en una especie de religión… no estamos de acuerdo”.

García y Pantoja son como el ying y el yang. Forman una rara y especial dualidad. El primero pone los puntos sobres las íes, acentúa ciertas ideas hasta llegar a la incorrección, mientras ella suaviza los conceptos, les pone matices. García es aventura; Pantoja, razón. El desparpajo y la prudencia. No por nada uno estudió filosofía y la otra, ingeniería comercial.

García tiene una amplia trayectoria en el marketing político y en la comunicación estratégica. Fue creativo de la campaña del No y participó en el diseño de la segunda vuelta de Lagos. Con su empresa El Otro Lado, en la que también trabaja Pantoja, asesora a varias compañías, entre ellas Lan, Consalud, Telefónica del Sur, Banco Santander y CorpBanca.

Precisamente, a partir de estas asesorías decidieron sistematizar lo que iban observando. “Más que de fuentes bibliográficas, nuestro análisis proviene de la observación metódica y consistente del comportamiento humano”, explica Pantoja.

El resultado se llama El sentido y es un libro breve, escrito en forma clara, que intenta demostrar que el individuo es parte del todo y que somos lo que los demás piensan de nosotros. Sin vender pomadas, los autores entregan herramientas –incluido un esquema bastante provechoso– para entendernos y entender el lugar que ocupamos en sistemas mayores, como la familia o la empresa.

-Una cosa que llama la atención es cuando ustedes afirman que la identidad son los opiniones de los otros. Suena paradojal.

-¿Cómo se evita caer en ese tipo de irrealidad?

EG: Primero, hay que tener conciencia de que el fenómeno funciona así. Es distinta la operación si tú sabes que los demás influyen en tu identidad a si piensas y miras el mundo a partir de ti mismo. Al cambiar eso, necesariamente debieras empezar a conversar con el otro, a considerar al otro, qué le pasa conmigo, en que parada está conmigo. Por eso las conversaciones de reporte entre subordinado y jefe son súper importantes. Que el tipo le pregunte a su jefe: “bueno, ¿cómo estoy?”.

-En tiempos de crisis, la gente se preocupa de blindar su empleo. El autor Stephen Viscussi plantea que la mejor fórmula es tener relaciones de amistad en el trabajo. ¿Están de acuerdo?

MP: Más que de amistad, lo importante es mantener relaciones de colaboración positiva, de intercambio recíproco, que generan un valor, creativo y nuevo. La relación de trabajo tiene que ser constructiva, positiva, pero no necesariamente amistad.

-Cuando no hay simpatía, ¿qué se puede hacer?

EG: Generalmente, la gente más hostil o menos simpática lo es porque tiene más miedo, porque se siente más amenazada. El primer paso en toda relación es ver desde dónde habla el otro. La pega también consiste en las relaciones dentro de la empresa, y en ese aspecto hay mucha política, se establecen alianzas y pactos. La forma de navegar en eso es entender a los demás, desde dónde hablan, cuáles son sus preocupaciones, por qué están en lo que están. No basta con ser un tipo brillante, uno está metido dentro de un sistema y tiene que aprender a moverse.

-La incertidumbre lleva a manejarse con temor. ¿Eso es perjudicial?

EG: En los tiempos de crisis se produce un miedo colectivo, por lo tanto tiendes a cerrarte y, en la medida en que te cierras en tu posición, eso es lo peor. Precisamente es en las crisis cuando necesitas tener más redes, más acuerdos alcanzados, más alianzas hechas. La posición defendida, asustada, es necesariamente débil. Los tipos que están más retraídos, más asustados, son los primeros a los que echan. En cambio los que participan, involucrados con el problema, al tanto de lo que pasa, tienen más posibilidades de ocupar posiciones nuevas o de mantener las que tienen. Retraerse es una pésima actitud.

MP: La misma crisis es producto de una red de especulaciones que se genera y después se expande a toda la economía. Cierta gente cree ciertas cosas, y las crisis son producto de eso, son producto de que todos en conjunto creemos que estamos mal y nos empezamos a retraer. Cuando hay sensación de bonanza económica pasa lo mismo, pero al revés: todos compartimos un sentimiento positivo y eso tiene externalidades positivas.

EG: Uno de los grandes efectos negativos de la crisis es que la gente se asusta y deja de comprar o de invertir, y ahí efectivamente la crisis tiene lugar.

-¿La crisis es un problema de percepción?

MP: Exactamente. Un problema de contagio, y eso te demuestra que funcionamos conectados. El tipo asustado en la pega se va a encerrar a hacer su trabajo, va a estar a la defensiva y no va estar involucrado en el drama general. Se desconecta de sus relaciones y es en las relaciones donde se genera valor. La persona desconectada se torna desechable.

-¿Qué recomendaciones darían a quien tiene temor ante su futuro?

EG: Que converse con todos sus actores, que vea posibilidades, que descubra cómo es él en la pega, de manera de saber cuál es la oferta que puede hacer si le toca buscar trabajo. Que en su currículo no ponga “trabajé como subgerente en tal parte tanto tiempo”, sino que “yo hice tal cosa y soy bueno para esto. Me reconocen por esto”. Hay que responder a la pregunta: ¿cuál es la gracia de uno? La mayoría de las veces uno no la sabe. Tú dices “yo fui subgerente de tal cosa”, pero subgerente de tal cosa hay miles. Es un cargo, no un talento. No es tu capacidad real, es una definición. Puede pasar que como subgerente realmente tu aporte a la empresa sea muy distinto a eso, y por eso es necesario que los demás te reporten.

-En su libro, presentan un esquema que permite ver el estado de nuestras relaciones, si están en equilibrio o agotadas. ¿En que se basa?

EG: Se basó en entender nuestras relaciones como flujo de energía, y la energía fluye de determinadas formas o no fluye, como un circuito eléctrico.

MP: Se sostiene en la idea de que nosotros somos en relación y todo lo que nos pasa sucede a través de las relaciones que mantenemos. En el fondo, nuestra experiencia de vida tiene que ver con nuestras relaciones.Eso pasa entre los seres humanos y también dentro de la empresa, o entre la empresa y sus clientes. Cuando las empresas se desconectan de sus clientes, dejan de producir valor. Muchas veces las empresas hacen la distinción hacia dentro y hacia fuera: hacia fuera con los clientes y hacia dentro con los empleados, como si fueran dos realidades distintas, separadas. Lo que hacemos en nuestro libro es conectar ambas perspectivas.

EG: Las empresas muchas veces están dedicadas a elaborar productos, pero no saben muy bien los efectos que esos productos tienen sobre la gente. Lan, por ejemplo, venden pasajes y carga, transporte… sin embargo, lo que produce esa oferta de Lan es mucho más que eso. Mucho más que llevar un tipo sentado de aquí para allá. Comprender eso hace que las empresas puedan ampliar su oferta, mejorarla, sintonizar mejor con el cliente y, por lo tanto competir mejor.

-¿Qué vende una línea aérea?

EG: Lan no vende pasajes, sino completación de historias. Se cumplen historias. Si tú por ejemplo fuiste de vacaciones a Medellín, fue porque tenías un relato, una idea de lo que ibas a encontrar y Lan hizo posible que eso ocurriera. Asimismo, puede hacer que no ocurra, porque se atrasó o sobrevendió, entonces interrumpe tu historia. Un tipo que exporta arándanos quiere llevar su producto en tal fecha porque tiene la historia de convertirse en exportador, hay un relato. La compañía aérea juega un papel crucial en eso, hace que sea posible. Había un tipo de Revlon que dijo “nosotros no vendemos lápiz labial, sino ilusión”. Cierto. Es la ilusión de verse bonita lo que estás vendiendo, no una barrita con grasa. Hay empresarios que no lo saben. La cantidad de cosas que vende un banco es mucho más que vender plata.

MP: Igual que en la identidad personal, el valor se produce en el otro. Lo que tú crees que das no necesariamente es el valor que entregas.

-En su libro, ustedes se preguntan si acaso es malo ir a ninguna parte. ¿Tienen una respuesta?

EG: La felicidad es muy popular, está sobrevalorada. Todos queremos ser felices, que nuestros hijos sean felices. Por otra parte está súper metido el tema del éxito, lograr algo, alcanzar algo. Nosotros decimos que la experiencia humana, sea fallida o infeliz, es igualmente valiosa. En la medida en que estás experimentándola y eres capaz de ser consciente y ganar conciencia para ti, si eso ocurre, tu vida es provechosa aunque seas un looser.

-Eso es duro de afrontar para un vagabundo, por ejemplo…

EG: Claro, pero la experiencia del vagabundo puede ser espiritualmente fenomenal.

-¿Y qué sucede con el fracaso empresarial?

EG: Si hablas con gallos que han fracasado así, probablemente su experiencia de vida sea mucho mejor que alguien que nació rico y lo que hizo fue hacer crecer su empresa, la fortuna familiar. Hipotéticamente, puede que su experiencia no sea tan rica como la de aquel que invirtió y perdió. Cada uno tiene su propia historia, ninguna vida es desdeñable.

MP: Mucha gente está desorientada, y esa misma sensación te puede llevar a buscar algo que te haga sentir pleno. Sin esa sensación de vacío probablemente hay búsquedas que no se harían, o cosas que nunca encontrarías si estuvieras siempre tranquilo y cómodo.

EG: La gente que siempre es feliz es medio liviana, poco profunda. No se cuestiona lo que le pasa, no hace introspección, no conoce los sentimientos más intensos del ser humano. Porque siempre está feliz. Y eso no es un modelo ideal. La vida sería como Un mundo feliz, de Huxley, donde le das una droga a la gente y la mantienes contenta. Sería una sociedad absolutamente idiota, sin riqueza. La experiencia humana hay que entenderla con toda su complejidad.