Por Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter, desde Berkeley Una decena de jóvenes, dos cargando trombones y otros con estuches para instrumentos de viento, avanzan por Piedmont Ave, hacia el sur. Un par lleva las poleras amarillas de los Golden Bears, lo permite deducir quiénes son y su destino: se trata de la banda encargada de […]

  • 12 noviembre, 2015

Por Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter, desde Berkeley

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Una decena de jóvenes, dos cargando trombones y otros con estuches para instrumentos de viento, avanzan por Piedmont Ave, hacia el sur. Un par lleva las poleras amarillas de los Golden Bears, lo permite deducir quiénes son y su destino: se trata de la banda encargada de animar los partidos del equipo de fútbol americano de Berkeley y se dirigen al California Memorial Stadium, ubicado a pocas cuadras de allí. Es la tarde del miércoles 28 de octubre y mientras en la cancha “los osos” realizan sus últimos entrenamientos antes de recibir a los Trojans, en el primer nivel del estadio –con capacidad para 63 mil personas y que en primer piso cuenta también con oficinas, salas de reunión y hasta un gimnasio– transcurre una actividad muy diferente: una delegación de académicos y emprendedores recorre una planta vacía de 30 metros de largo, donde se instalará un centro de innovación tecnológico chileno.

La multiplicidad de alternativas usadas por los estudiantes para recorrer las calles e ir a clases, sirven como primera aproximación a la Universidad de Berkeley. Jóvenes californianas trotando o en bicicleta, alumnos con pantalones pitillo zigzagueando en patines, y cada tanto, jóvenes desplazándose en Hovertrax –una especie de Segway de ruedas bajas que se controla sólo con los pies–, son parte usual del paisaje universitario. Una oferta –variada pero muy civilizada– de medios de transporte, que tiene como ausente a las tablas de skate, cuya prohibición es anunciada con letreros y amenazas de infracción a la norma 21113(a) de uso de vehículos en el campus.

Este entorno –en parte geek y en parte hipster– es el que está recibiendo a cada vez más emprendedores chilenos, varios de los cuales hoy eligen como centro de operaciones a esta ciudad californiana, que aunque geográficamente está fuera de Silicon Valley, ofrece buenas posibilidades para salir al competitivo mundo de las tecnologías de aspiración global, afirman quienes han tomado esta opción.

Los “Berkeley lovers” están llegando como estudiantes de posgrado o como emprendedores en busca de financiamiento para sus startups y, más recientemente, como ejecutivos de compañías chilenas como Falabella.

Cruzando Piedmont Ave, frente a la escultura del Oso que da la bienvenida al California Memorial Stadium, está el Walter A. Haas School of Business. Sólo en el primer año del programa de MBA de la escuela tiene a seis chilenos entre sus estudiantes, mientras que en el segundo hay siete. “Los 13 somos de la Católica”, cuenta Álvaro Silberstein, ingeniero civil industrial de 30 años y quien llegó hace tres meses a Berkeley.

El hermano menor del ex tenista Gabriel Silberstein –quien hace unos años sufrió un accidente que lo dejó tetrapléjico– avanza en su silla de ruedas por Bancroft Way, tras salir de clases. Cuenta que luego de egresar, se ha dedicado a “emprendimientos tecnológicos en Chile y, como quería hacer un MBA, me dije: tengo que venir a California y postulé a Stanford, a Berkeley y UCLA”.

De acuerdo al último QS Global 200 MBA Rankings, en su sección Norte América, Stanford ocupa el primer puesto del listado, UCLA está en el noveno y Berkeley está en el puesto 12.

“Son las universidades más prestigiosas y las que más porcentaje de alumnos terminan trabajando en tecnología. Así que dije: éste es el lugar en el que hay que estar y no me equivoqué, por la cantidad de oportunidades que se abren”, asegura. Precisa que “Chile es un buen lugar para probar ideas, porque es un mercado chico y con harta penetración de smartphones, por ejemplo. Pero, para ofrecer una aplicación o para entregar algún servicio para gente y ser exitoso, lo más seguro es que vas a tener que abrirte a otros mercado, porque sólo con Chile no da”.

 

Acá todos tienen ideas

Mientras la banda de los Golden Bears sigue ensayando canciones,  en el primer piso del California Memorial Stadium, el ingeniero chileno y doctor en biotecnología Ricardo San Martín habla de su diagnóstico de los emprendedores chilenos, del enclaustramiento en que considera se encuentran muchas veces sus proyectos y de la oficina de la Universidad Católica que encabezará en Berkeley, debido a un convenio alcanzado entre ambas casas de estudio.

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San Martín –quien vive hace tres años en Berkeley– encabezará en terreno la iniciativa, lo que implicará recibir a los grupos de cinco estudiantes que, al menos dos veces al año, la UC enviará por 10 semanas a la universidad estadounidense, con el propósito de que generen contactos locales y se expongan a un mercado más competitivo. Se trata de una iniciativa que también busca ampliarse a empresas interesadas en potenciar el emprendimiento entre sus ejecutivos, y que próximamente recibirá a un grupo proveniente de Falabella, luego de que una avanzada de la compañía ya visitara la ciudad.

“Para desarrollar un emprendimiento tecnológico de intención global tienes que estar acá. Puedes estar cuatro semanas y volver, pero tu CEO debe estar aquí y tu equipo de desarrolladores en Chile. Sin embargo, alguien tiene que estar acá”, dice San Martín.

Uno de los motivos, asegura, es que “estando acá los emprendedores salen a Silicon Valley a mostrar su idea, a contarla, y al mes se dan cuenta de que ya había cinco startups chinos que lo habían hecho hace tres años”.

“En Chile nos estamos saltando una etapa, que es jugar en un equipo chico, nunca pasar por Colo-Colo y llegar al Barcelona. No vas a sobrevivir, y no es porque seas malo, sino porque te enamoraste de la idea, y además te dieron plata, y es difícil que la cambies. Y acá todos tienen ideas”, recalca.

“Probando tu emprendimiento en un mercado competitivo, si eres capaz de levantar capital, estarás mostrando una capacidad de ejecución, que es valorada en Silicon Valley”, afirma. “Para un venture capital, que hayas ganado acá 30 mil o 40 mil dólares, es significativo, porque aprendiste a manejar stock, a hacer inventario y mantener una relación con los clientes. Pudiste lanzar al mercado algo”.

El decano de Ingeniería, Juan Carlos de la Llera, comparte esta opinión. Recalca que “la idea es que emprendedores chilenos y que ejecutivos chilenos, que miran hacia dentro de Chile, miren en cambio en forma global. Ése es un cambio fundamental que hay que lograr” y que es uno de los propósitos, asegura, del proyecto Ingeniería 2030.

Sobre por qué cerrar una alianza estratégica con Berkeley y no otra universidad, afirma que la clave fue que pudieron desarrollar una relación más igualitaria que con otros planteles: “No nos dijeron: nosotros somos los que sabemos de emprendimiento y te entreno y después vuelves a tu país, sino que al revés: fue desarrollar un partnership conjunto, de forma tremendamente horizontal, ya que, metodológicamente, la forma en que entrenan emprendedores en Berkeley, es bien distinto a lo que se hace, por ejemplo, en Stanford”.

 

Tecnología chilena

Su base de operaciones está desde hace unas semanas en Silicon Valley, pero también llegaron a Berkeley para la inauguración en el estadio. Son Eyal Shats y Álvaro Echeverría, dos ingenieros de la Universidad de Chile que recientemente fueron elegidos por la aceleradora estadounidense 500 Startups para hacer crecer su negocio SimpliRoute, que consiste en un sistema integral de gestión de rutas de vehículos, que puede servir, tanto para una empresa que requiere hacer despachos rápidos y ahorrando combustible, hasta por las ambulancias de una clínica u hospital.

Su caso sintetiza por qué muchos emprendedores están dejando Chile y llegando a Silicon Valley o Berkeley. Cuenta que primero tuvieron la idea, luego vino un early adopter –en su caso fue Sodexo– que confió en la visión que tenían de la compañía, más tarde Start Up Chile, con el que consiguieron 20 millones por seis meses, y luego un fondo adicional. Entonces entraron a lo que los emprendedores denominan “el valle de la muerte”, en que para crecer debían aumentar su gastos. “Los fondos de inversión con los que empezamos a hablar en Chile esperaban mucha más tracción. Tienen muy alta aversión al riesgo”, dice Shats.

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“Estábamos buscando levantar 125 mil dólares, que es lo que necesitábamos para seis meses para el plan comercial y en 500 Startups nos pidieron el 5% de la empresa. Por lo mismo, un fondo de inversión chileno nos pedía mucha más participación, mínimo 10%”, recalca Echeverría.

Experiencias como las de estos ingenieros son las que De la Llera busca incorporar en su alianza estratégica. “Nos interesa que esta plataforma pueda servir para proyectar el emprendimiento chileno en un ecosistema que es mucho más competitivo al que puedes encontrar en Chile. Si viene un emprendedor de la Universidad de Chile o de la Universidad de Concepción, bien podría utilizar la plataforma que tiene la UC con Berkeley para poder proyectar su emprendimiento (…) El único requisito es el uso de la ciencia y la tecnología como mecanismo para generar valor”, dice.

Berkeley, en todo caso, es sólo un primer paso en la generación de alianzas. Uno de un plan que se enmarca en el proyecto Ingeniería 2030, dice Pedro Bouchon, director académico de la iniciativa en que, además de la UC, también participa la Universidad Federico Santa María. “Después vendrán Boston, Londres y un proyecto en Asia”, enfatiza.  •••