Humberto Maturana, el autor de El árbol del conocimiento, fue uno de los intelectuales más destacados del Chile de la transición. En los 90, sus libros eran lectura obligada y su rostro de sabio bonachón, con anteojos y barba gris, era habitual en programas de TV. Fue un ícono del pensamiento crítico, pero en la siguiente década –aunque siguió muy activo en el mundo académico- se le perdió un poco de vista.

  • 19 junio, 2012

Humberto Maturana, el autor de El árbol del conocimiento, fue uno de los intelectuales más destacados del Chile de la transición. En los 90, sus libros eran lectura obligada y su rostro de sabio bonachón, con anteojos y barba gris, era habitual en programas de TV. Fue un ícono del pensamiento crítico, pero en la siguiente década –aunque siguió muy activo en el mundo académico- se le perdió un poco de vista.

Muchos que leyeron sus libros en la juventud se preguntan qué fue del Premio Nacional de Ciencias 1994. Pues bien, el distinguido profesor ha montado la Escuela Matríztica de Santiago (www.matriztica.cl), con la que, entre otras cosas, realiza seminarios y charlas en Chile y el extranjero. Uno de sus focos es el emprendimiento y las nuevas formas de gerencia; de hecho, organiza sesiones de coaching para ejecutivos.

Maturana, doctor por Harvard y con estudios posdoctorales en el MIT, se hizo conocido en los 70, cuando desarrolló -junto a Francisco Varela- la llamada Biología del Conocimiento, una teoría que ve a los seres vivos como fenómenos “en continua producción de sí mismos”. Hoy ha puesto parte de su interés en el mundo de la empresa y en las relaciones de comunicación que se dan al interior de ella. En esa perspectiva, postula la “gerencia co-inspirativa”, que cambia el paradigma del liderazgo por un modelo basado en el consenso y la colaboración.

Algunos de sus principios son: “la calidad del trabajo y su efectividad no dependen de una autoridad, sino de la disposición de las personas que lo realizan”; “si uno se apega a las planificaciones, no resultan. Porque las personas piensan, reflexionan, son seres cambiantes”; “hablamos para acordar procedimientos para desarrollar una tarea”; “hay que averiguar la raíz de un problema conversando hasta encontrar el error. Los errores no se castigan, porque hacerlo conduce a la mentira”. Sabios consejos del antiguo maestro.