Con motivo de los 25 años de su muerte, reaparece uno de los filmes menos conocidos de Orson Welles, pero acaso el más brillante: Fraude. Esta es su historia, tan extravagante como su genial creador. Por Christian Ramírez

 

  • 2 noviembre, 2010

 

Con motivo de los 25 años de su muerte, reaparece uno de los filmes menos conocidos de Orson Welles, pero acaso el más brillante: Fraude. Esta es su historia, tan extravagante como su genial creador. Por Christian Ramírez

 

 

"No quiero viajes al país del recuerdo”. Es lo que Orson Welles contestaba a extraños, conocidos y amigos, cada vez que le preguntaban por los días de Ciudadano Kane (1941), cuando el joven actor, productor y realizador estaba en el corazón de la farándula, especulaba con una eventual carrera política y era un rostro de importancia nacional.

Treinta años más tarde, a principios de los 70, su imagen era la contraria. Welles era un “caído”. Vivía de sus apariciones en talk shows y en deslucidos papeles secundarios. La barriga y la barba a lo Falstaff, ya no eran de utilería: se habían convertido en parte de él mismo y su voluntariosa e intensa mirada comenzaba a adquirir un indesmentible tinte trágico.

Basta ver en youtube las apariciones del gordo Orson en su “década perdida” para admitir que lucía enorme, pero más frágil que nunca. Eran los años de The deep (1967), Moby Dick (1971) y The other side of the wind (1974): proyectos interrumpidos a medio camino por imprevistos, acreedores y el propio cansancio de su autor, con toda seguridad agotado por tener que empujarlos a pulso, sin la ayuda de nadie; como si Welles, de pronto hubiera aceptado la desconfiguración de su yo creativo, dejando que la obesa caricatura tomase las riendas de todo.

No era el único cineasta en problemas. Ante la falta de ofertas muchos directores de la era clásica de Hollywood se enfrentaron al retiro anticipado (Frank Capra, Howard Hawks); o bien se convirtieron en escritores (Sam Fuller, Elia Kazan) o se autodestruyeron (Nicholas Ray, Alfred Hitchcock), pero Welles fue uno de los pocos –si no el único- que insistió en seguir filmando a como diera lugar: comprando película virgen por su cuenta, rodando con amigos y discípulos, montando el material en su casa, adelantándose cuarenta años a las decenas de cineastas independientes que hoy hacen lo mismo con notebooks, mini cámaras y hasta celulares. ¿Qué habría pensado Welles de estos realizadores “en solitario”? En realidad, la pregunta sobra si uno pone atención al producto que emergió de esos sufridos años de exilio: Fraude (F for Fake, 1973), la película que Orson sí alcanzó a terminar en el período.

Considerada por años como uno de los eslabones perdidos del cine contemporáneo e inspirada por las amarguras sufridas en sus tiempos de declive, Fraude solía circular en casetes y copias pirateadas que acentuaban su look artesanal. Es dudoso incluso que el propio director haya podido verla en una copia decente en los años anteriores a su muerte (en 1985), de modo que su rescate vía Janus Films, a mediados de la década pasada, y su reciente edición con subtítulos en español tienen carácter de descubrimiento, por decir lo menos.

De partida, demuestran que las habilidades narrativas del cineasta de Sed de mal sólo fueron acentuándose con los años. Si hoy se felicita a palurdos como Christopher Nolan por balancear en el aire más de tres líneas argumentales en El origen, hay que ver la forma en que el “viejo” Welles se lanza al vacío contando media docena de historias al mismo tiempo, haciéndolas avanzar, retroceder, virar a mitad de camino antes de que se desvanezcan frente a nuestros ojos. Vistiéndose de mago –con capa negra y sombrero de ala ancha- Orson parte indicando que todo lo que veremos en la próxima hora y media es real: un relato documental acerca de personajes que han convertido el engaño en una de las bellas artes.

Grandes falsificadores

Gente como Elmyr de Hory, un conocido falsificador de cuadros de arte moderno, y su biógrafo Clifford Irving, quien a su vez fue descubierto falseando una biografía de Howard Hughes. El punto es que no pasa mucho rato antes de que nos demos cuenta de que, por más creíble que esto parezca, es evidente que Welles compuso su historia usando material ajeno, fotos, descartes y desechos para componer una ficción sobre otra. Moldeando la realidad de la misma manera que Elmyr de Hory falsifica sus cuadros en la película.

Y va más lejos aún: tras ponerse en el centro del “cuento” al recordar sus días de engañador profesional –con la transmisión radial de La guerra de los mundos, que generó pánico en 1938 precisamente por lucir tan “real”-, Orson se planta “frente” a la catedral de Chartres. Sabemos que no está físicamente ahí, que se trata de imágenes compaginadas para crear una ilusión, pero la sensación de comunión ante esta obra maestra sin firma, creada por una multitud de hombres y al mismo tiempo por ninguno en especial, involucra a objeto, imagen, público y un director como pocas veces inspirado por su ficción:

“Saben, de entre todas las cosas de nuestro mundo, quizás sea esta anónima gloria, este fértil bosque de piedra, este cántico pétreo, esta alegría, este gigantesco coro de afirmación, lo que quede de pie y marque nuestras huellas cuando todas nuestras ciudades sean polvo. Nuestras obras en piedra, pintura y en tinta tal vez permanezcan por unas décadas, centurias o un par de milenios, pero todo finalmente desaparecerá, decaerá y disolverá en la ceniza universal. Los estafadores y sus fraudes. Los tesoros y el oropel. Un hecho de la causa. Tenemos que morir. Así que tengan buen corazón, lloren por los artistas y por su pasado muerto. Nuestras canciones serán silenciadas. ¿Y qué? Sigan cantando. Tal vez el nombre de una persona no importe demasiado, a fin de cuentas”.

Orson x 2
Orson Welles: The Paris Interview

Filmada en una habitación de hotel en 1960, el cineasta reflexiona sobre sus grandes cintas y acerca de los secretos de su trabajo, el arte de la dirección, la actuación y la escritura. Y, sobre todo, su afán por dejar un legado.

Fraude (F for fake)

Notable cinta sobre el arte y las armas del engaña. A partir de las vidas de famosos falsificadores, estructura un documental falso que termina retratando al propio Welles en su dimensión mistificadora. Incluye un libreto de 16 páginas.