El Oscar para Una mujer fantástica reveló una faceta hasta entonces desconocida del animador de Canal 13. La producción de cine es una de las cinco áreas de negocio en las que el comunicador participa fuera de pantalla. Con ustedes, Martín Cárcamo, el empresario.

  • 15 marzo, 2018
Fotos: Verónica Ortíz

Jueves, 10:40 de la noche, Martín Cárcamo (42) hace la última arenga con Diana Bolocco. Él, con Coca-Cola Light, y ella, con champaña y cigarro. Se dan ánimo, se abrazan, se dan un beso. Cárcamo sale del backstage del estudio de Canal 13, siempre acompañado de Sergio Arias, su asesor de imagen, que no lo abandona ni un segundo; le arregla el pantalón blanco, la chaqueta negra, la camisa. El animador está serio.

Minutos antes, en el VIP de Vértigo, los animadores explican a los cinco invitados de esa noche –Daniela Vega, Claudio Borghi, Loreto Aravena, Mariela Montero y Matías Vega– qué esperar de la jornada. “Esto es como el Coliseo”, dice la conductora.

“Además, hemos vivido un momento histórico como país esta semana, y la Daniela, que aprovecho le demos un aplauso, es parte clave de algo que ya está en la historia de Chile y del mundo, y que es muy importante no solo por la parte artística, sino por el contexto político que ha generado…”, asegura él.
Daniela Vega, la actriz trans protagonista de la premiada Una mujer fantástica deja su cerveza Corona y hace una especie de reverencia ante el equipo.

“Así que más que nunca los van a recibir muy bien”, continúa Cárcamo. “Y lo que suceda hoy va a influir en las casas, va a generar conversación, es la gracia de Vértigo. ¡Llegó la hora! ¡Mierda, mierda, que lo pasen bien!”.

Los invitados y animadores del estelar que esa noche inaugura su sexta temporada apagan sus cigarros, dejan sus copas y se van al estudio tras bambalinas. El ruido y la música están a todo volumen, hay fuego, humo y cientos de luces.

“…Y con ustedes, la mejor dupla de la animación de la TV chilena: Diana Bolocco y Martín Cárcamo”, anuncia la voz en off del programa. La música sube a fondo. Cada animador sale de una esquina, se juntan al medio, saludan al público y desfilan hacia adelante del escenario, mientras un grupo de bailarines hace una coreografía a su alrededor. Se produce una ovación.

Ya en pantalla, Cárcamo se ve feliz y relajado. Como si estuviera en el lugar y momento perfecto. Más adelante, dirá que la gracia de un buen animador es hacer parecer todo improvisado, natural y fácil, cuando en realidad todo es parte de un guion y de horas de ensayo. Dirá también que todos estaban nerviosos esa noche, a pesar de que el público no lo haya notado.

Cerca de las 2 de la mañana, el programa, que estuvo especialmente largo, termina. Como era de esperar, Vega se corona como la ganadora de la noche. El equipo que lidera el productor ejecutivo, Carlos Montt, y el director, Felipe Morales, vuelve al VIP a comer las pizzas, sándwiches y chocolates que quedan, y tomarse uno que otro trago para analizar qué anduvo bien y qué hay que reforzar. A las 3 AM, Martín Cárcamo se sube a su Audi negro Q9 rumbo a su casa en Santa María de Manquehue. No puede dormir. Las luces, la adrenalina, el humo, la música le bombean la cabeza.

Ha sido una semana de emociones intensas. El domingo, Una mujer fantástica ganó el Oscar a la mejor película extranjera, algo inédito en la historia del cine chileno. Él, como productor asociado de la cinta, lo celebró doblemente. Aunque para sus adentros y solo: no pudo viajar con el equipo a Los Ángeles. Tampoco pudo hacerlo cuando la película fue premiada en Berlín el año pasado, ni cuando Gloria –el primer filme donde puso sus fichas como productor asociado– fue reconocida en el mismo festival europeo años antes. La cábala, dice hoy, es que él no esté en las premiaciones para que las cosas pasen. Pero la verdad es que su trabajo en el matinal de Canal 13, Bienvenidos, que conduce desde hace siete años con Tonka Tomicic, no le permite ausentarse ni siquiera para un Oscar. Ni tampoco trasnochar, porque todos los días debe estar en pie a las 6 de la mañana preparándose para rendir al aire durante 5 horas y media. Por eso Cárcamo tampoco fue a la fiesta de Fábula en un local en Av. Italia el martes de la semana pasada a celebrar el reconocimiento. “Ahora tomo remedios, así que me controlo”, bromea. Solo participó en la recepción que la presidenta Michelle Bachelet les dio en La Moneda ese mismo día.

A las 4 AM, cuando lleva 22 horas despierto, recién logra conciliar el sueño.

El bombazo

“La máquina de café”. El mensaje fue lo primero que Martín Cárcamo atinó a escribir a Sebastián Lelio la noche del 4 de marzo. Antes saltó, gritó y se emocionó en el set de Chilevisión en la transmisión en vivo de la ceremonia, con Angélica Castro y Julio César Rodríguez. La felicidad y el orgullo del momento son comparables solamente a que Chile gane el Mundial de Fútbol, sostiene.
La respuesta de Lelio no se dejó esperar: “#maquinadecafe #M&M”.

“Ahí se cerraba todo”, explica Cárcamo.

En el primer piso de CHV, los comunicadores viñamarinos se conocieron el año 2000. Cárcamo acababa de convertirse en animador del programa Extra Jóvenes –donde recibía un sueldo de 70 mil pesos, que lo obligó a vivir con una mesada de sus padres durante un año y otro financiado por un amigo– y Lelio trabajaba como realizador audiovisual de El futuro de Chile (que conducía Sergio Lagos), y recibía el mismo sueldo. En momentos de ansiedad, bajaban a la expendedora de café. Cuando esta era mucha, recurrían a la de chocolates M&M. Ahí empezaron a conversar de sus vidas, de sus sueños y se dieron cuenta de que ambas mamás habían sido vecinas en Viña del Mar desde los cinco años y que había algo más allá que los unía.

En la máquina, Lelio le comenta que va a hacer su primera película: La sagrada familia, que se va a rodar en Tunquén durante seis días. ¿Quieres ir como productor?, le pregunta. El animador estaba produciendo teatro para la compañía Under Blue, del director Rodrigo Achondo. Su labor iba desde generar la escenografía y el catering, hasta el lanzamiento y los afiches. Nadie sabía que él estaba detrás de las obras, hasta que su nombre empezó a salir. “Pero dije aquí hay que tener respaldo, hay que tener lucas, que no las tengo, y una credibilidad para levantar recursos en el mercado”, cuenta.
El teatro es una cuenta pendiente que tiene: siempre soñó con ser actor. Estuvo en talleres desde 5º básico hasta 4º medio. “Pienso que las cosas que uno quiere hacer, las puede hacer. Creo mucho en el aprendizaje práctico, la conversación”, reflexiona. Alcanzó a producir cuatro obras, hasta que lo llamaron de TVN para conducir El último pasajero, luego Rojo, y finalmente Calle 7. “Inventamos un programa que se vendió a nueve países y que es un fenómeno hasta el día de hoy en Sudamérica”, asegura. En eso lo llama David Belmar: “Vente a animar el matinal”, le dice. “La idea es que lo hagas con la Tonka”.

Entre medio, Cárcamo recibe dos ofertas más de Lelio: Navidad y El año del tigre. Hasta que llega Gloria. “Había conocido hacía poco a Juan de Dios Larraín porque estaba produciendo con el Rumpy, que estaba casado con mi prima. Lelio me dice que está trabajando con Fábula y que me quiere invitar a participar. Me mandó el guion, con mi nivel de intensidad me lo leí en una tarde, me emocionó, me lo imaginé. Justo tenía las ganas, la plata. ¿Vamos? ¡Vamos!”.

En su rol de productor asociado ayudó en las locaciones, ejecutó con Larraín la campaña, la difusión y participó en la gira en Chile con Paulina García. “Me di cuenta de que me quedaba muy cómodo el rol de productor asociado, porque a mí me interesaba estar ahí, pero era incapaz de producir solo. Soy animador, hago publicidad y otras actividades, no me da. Después decidí hacer 09 –el thriller protagonizado por Juanita Ringeling y Catalina Saavedra, grabado con celulares– y más me di cuenta de que no me daba”, cuenta.

Después de casi dos años de trabajo, llegó el momento de la distribución, hacer las copias, la negociación con los cines, un negocio que no entendía. Juan de Dios Larraín llegó a ayudarlo.
Cuando surgió Una mujer fantástica, Lelio había ganado Berlín con Gloria, iba con Fábula de productor y prácticamente no lo necesitaba. En honor a su amistad, le ofreció participar en la cinta. Cárcamo leyó el guion, vio un video de Daniela Vega, cerró los ojos e imaginó la escena de la presentación de la película en los festivales, con ella de protagonista. “Esto va a ser un bombazo”, pensó.

Entró en el negocio con un porcentaje “minoritario con respeto”. Su labor fue más que nada en marketing, difusión y generación de nuevas plataformas comerciales. La jugada de que Canal 13 transmitiera la cinta dos días antes de los Oscar –algo que era impensado hasta entonces para el ex canal católico– fue suya. Hace un año, cuando el filme aún no se estrenaba en Chile, Cárcamo se acercó a Sebastián Sánchez, director de programación del canal, y le propuso la idea de transmitirla por la señal abierta. Luego entró Larraín a la negoción final. “El 13 ha ido abriéndose, apostó pensando en una conexión con temas locales en la audiencia. No sé si fue intuición o nos vieron demasiado convencidos”, relata el comunicador.

La otra plataforma donde se exhibirá la película es en Claro Video, una especie de Netflix que está en toda Latinoamérica, donde él es responsable del contenido local para Chile a través de Pantalla Nacional. Producir contenido para distintas plataformas es una de las cinco áreas de negocio fuera de pantalla donde el animador participa.

Pequeño monstruo

A las 4 de la tarde del viernes, Martín Cárcamo se instala en su terraza con una botella de Coca-Cola light y una cajetilla de Kent 4. Trae tres tipos de galletas dulces que no tocará en toda la entrevista. Desde hace seis meses dejó de tomar alcohol y de comer gluten y azúcar. El resultado: 15 kilos menos.

“No dejé el trago por la dieta, sino porque quería dejarlo. Tengo un ritmo de vida muy intenso, mi personalidad es así. No podía hacerlas todas: fumo, tomo café, tomaba vino, y sentía que no me estaba aportando. Yo venía muchos años no portándome mal, pero… A ver, cómo te explico. Tienes que ser muy disciplinado para hacer un matinal, porque si no te pasa por arriba, porque debes estar cinco horas y media en la pantalla con una persona que te está hablando en la oreja, con la música, siguiendo instrucciones, entregando y agregando información, tienes que ser dinámico, culto, entretenido, generar una conversación con el resto. Si no estás físicamente bien, no te da”, cuenta.

Hace siete años se dio cuenta de que se estaba poniendo monotemático, monopensador, y poco atractivo tanto para él mismo como para su entorno. Su vida estaba convertida en una continuidad donde solo hablaba y respiraba televisión. “Yo tengo un problema: no tengo hobbies. No tengo capacidad, por ejemplo, de pintar, cocinar, tomar un curso de algo, o coleccionar estampillas. Mi hobby es mi pega, es lo que más me entretiene en la vida. A lo que yo jugaba de niño, lo profesionalicé y ahora me pagan por esto”, dice.

Desde que tiene uso de razón se recuerda jugando al Festival de Viña, grabando teleseries ficticias con sus primos y padres –siempre hacía el rol del galán maldito– y animando todos los festivales y actividades posibles en el colegio MacKay de Viña del Mar.

Pero tenía un problema: cada vez que se pasaba de revoluciones se desmayaba. Su mamá lo llevó al doctor y el diagnóstico después de muchos exámenes fue: pequeño monstruo. Le recetaron un remedio tipo ritalín –que en un porcentaje muy pequeño provoca más activación, y es lo que le pasó–, entonces sus padres decidieron llenarle las tardes con todo tipo de deportes (tenis, llegó a estar en el top 20 en la generación del Chino Ríos; hockey, rugby y fútbol) y talleres de teclado –estuvo durante siete años, y aunque le cargaba, todavía conserva el artefacto en su casa para que sus niños lo practiquen– y teatro.
Eran otros tiempos, dice, y prefirió estudiar una carrera tradicional. En siete años sacó Ingeniería Comercial en la Universidad de Viña del Mar –y 10 años después regresó a titularse–, al mismo tiempo que iniciaba su carrera de animador en UCV y Rock’n Pop.

Pero a los 35 años, la tele se convirtió en el centro y todo en su vida. Así que decidió parar. No fue el pánico de “dejar de existir” el día que la TV no lo necesitara más, cuenta, sino más bien tener otros temas de conversación, otras preocupaciones.

Siguiendo a Tinelli

Partió por el negocio inmobiliario. Comprando departamentos de entre una y tres piezas, en proyectos en verde. Hoy, aunque no quiere revelar cifras, tiene un número importante de propiedades, que van desde casas hasta estacionamientos, que son administradas por un tercero.

La segunda línea de negocios es la producción cinematográfica, brazo por donde invirtió en Gloria y Una mujer fantástica.

Hace un año y medio fundó Lateral, una creadora de contenido para plataformas multimedia. Uno de los negocios que depende de esa área es Pantalla Nacional, donde escoge la programación local de Claro Video. Lateral también tiene otro proyecto en carpeta: crear un estelar o programa de conversación, que podrá ser animado por él o por un tercero, para ser vendido a un canal. Del proyecto ha conversado varias veces con Mario Kreutzberger, quien es una especie de coach suyo: se conocen hace años y trabajan juntos en Qué dice el público. “No me interesa solo ser un animador. Me interesa poder explorar, hacer, producir, porque siento que ahí está el futuro, porque además para los canales cada vez es más difícil mantener estructuras pesadas”, dice. A mediados del año pasado, viajó a Buenos Aires a reunirse con el equipo de Marcelo Tinelli, el creador de Videomatch, uno de los programas más exitosos de la TV argentina. “Él tiene una forma de trabajar que va armando equipos que se van moviendo y van creciendo. Eso hace que vayan madurando los proyectos y que sean sustentables en el tiempo”. La idea es replicar ese modelo y lanzar en 2018 el próximo Sábado Gigante.

En otra línea de negocios tiene una panadería y pastelería en Reñaca con su cuñado, llamada Panqueque, que abrió su primer local en septiembre pasado y espera inaugurar otros dos en los próximos dos años.
Y, por último, en el sector de la tecnología participa en Fanatiz.com, un servicio global de streaming en vivo y on demand que transmite a todo el mundo las ligas de fútbol peruana, chilena, argentina y mexicana, además de la Copa Libertadores y Sudamericana. A través de suscripciones, las personas que no viven en su país de origen pueden seguir los campeonatos de sus equipos locales. El negocio lo lidera Matías Rivera, en sociedad con su padre Raúl Rivera, presidente de Foro Innovación, y el ex director ejecutivo de Canal 13, David Belmar. Cárcamo opera de inversionista.

Las cinco áreas de negocio las administra con un directorio donde participa su abogado, Rodrigo Elgueta; dos ingenieros comerciales; su papá, Guillermo Cárcamo –quien ostenta el cargo de presidente–, y él. La empresa, que lleva su nombre, funciona de manera independiente. Por ahí el animador recibe un sueldo, y antes de hacer cualquier inversión, los proyectos deben ser aprobados por el directorio.

Le han rechazado varios. Antes de hacer Panqueque, quiso hacer una panadería croata. Venía llegando de un viaje donde fue a conocer la casa de su abuelo materno que emigró de Supetar a los 16 años a Chile, y sentía que quería transmitir algo de sus antepasados. Pero el directorio encontró que una panadería debía tener una identidad local. Les presentó también un listado de series y películas chilenas donde invertir, se las rechazaron todas. “He llegado con negocios de bares y he tratado de dedicarme al vestuario que me gusta mucho, con Sergio Arias de socio: armar una línea de hombres de mi edad, ropa casual, chaquetas, pantalones, algo más moderno de lo que existe. Pero todavía no he llegado al concepto ni a los números para que sea lo suficientemente potente”, cuenta.

El futuro

-¿Te gustaría ser el próximo Don Francisco?

-Es que Don Francisco hay uno solo. Si empiezo a chocar con la pared, voy a tomar otro camino. No me quiero estancar por comodidad. El día que no pueda animar, me dedicaré a producir. Cuando no pueda producir, me dedicaré a hacerlo para otros, o a financiar, o jugaré en la radio. El día que esto deje de ser un juego y se convierta en un trabajo, independiente de que tiene una disciplina, me voy a ir para la casa, porque ahí empiezas a perder.

-¿Estás en el peak de tu carrera?

-No tengo idea porque me han pasado cosas fantásticas. Yo no buscaba ganarme un Oscar. Saca eso mejor porque suena pésimo, pero me tienes hablando hace dos horas y ya empiezo a cometer errores. Lo que quiero decir es que no pretendía ser parte del proceso de un Oscar, entonces no sé qué podría ser el día de mañana. Sí sé que tengo una obsesión por producir teatro, que algún día voy a retomar.

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“Ser progresista es lo políticamente correcto”

-¿Votaste Bachelet? En una entrevista dijiste estar a favor de la gratuidad en la educación…

-El voto es secreto. Y esos son lugares comunes. Tiene que ver con lo que hoy es políticamente correcto. Ser progresista hoy es lo políticamente correcto, pero estoy a favor del libre mercado, de las oportunidades, de que la gente pueda crecer, y creo que la educación es el único vehículo para crecer. Vengo de una familia súper conservadora, soy creyente, pero también soy muy avanzado en el tema de las libertades porque quién soy yo para imponerle a otros. Creo en el respeto a la diversidad porque creo que todos tenemos matices. Y por eso no me caso políticamente con nadie. Hay que tener una opinión más allá de los partidos políticos, porque es ahí donde se enfrascan los problemas y se cometen los errores. Es como lo que pasó ahora, mucha gente se sumó al tema de la Ley de Identidad de Género. Pero ahora.

-Pero tú también te sumaste ahora.

-Yo te digo ahora post Oscar.

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Cárcamo rubio y Cárcamo negro

Hace un mes, Martín Cárcamo se cambió de casa. Está prácticamente amoblada: solo le falta la mesa de centro del living y colgar algunos cuadros. Entre ellos, hay arte callejero que compró en Haití, un retrato de Jean Jacques Dessalines, el libertador de ese país, y fotos de sus tres hijos.

Mariano, el menor de ellos, es haitiano. Lo adoptó en 2012, cuando él tenía un año y medio. “En Chile, la decisión de adoptar es muy difícil y tengo una opinión muy mala del sistema. Cuando tienes hijos biológicos no eres prioridad para nadie, pero además el sistema está pésimamente ejecutado, es poco riguroso, hay pocas herramientas, etc. Así que decidimos adoptar en Haití”, cuenta.

El sistema allá no funcionaba mejor. Conocieron a Mariano cuando tenía un mes y medio, y tras un año y medio de visitas, pudieron traerlo a Chile.

-¿Chile es racista?

-Sí, pero está cambiando.

-¿Lo has sentido personalmente?

-Con mi hijo, no. Pero lo he visto. Y seguramente no lo vivo con mi hijo porque soy un personaje público.

-¿Por qué no lo metiste al Grange con tus otros dos hijos?

-No es que yo no haya querido, es porque no es el colegio para él. Él necesitaba uno más chico, con más expertise en el tema, pero me hubiera encantado que hubieran estado los tres juntos. La sociedad tiene que estar preparada para atender, entender las razas, pero también se tiene que hacer cargo de qué políticas públicas vamos a tener para recibir a esos inmigrantes. Hoy debieran ser prioridad la Ley de Identidad de Género y la Ley de Inmigrantes. Quizá podrían entrar menos, pero en mejores condiciones. Cuál es la visión del país que queremos construir, porque en 10 años más Chile va a ser distinto. Soy un vivo ejemplo de eso, soy Cárcamo y soy rubio.

-¿Rubio natural? Te apuesto a que te tiñes, porque a tu edad nadie conserva ese color de pelo…

-¡Cómo me voy a teñir, estoy lleno de canas! Nunca me he hecho nada. Lo que quiero decir es que los Cárcamo no somos rubios: es porque mi papá se casó con una mujer de origen croata. Y mi hijo es Cárcamo y es negro. Resulta que los Cárcamo no son ni rubios ni negros, son Cárcamo nomás.

-En Vértigo, Yerko Puchento llegó disfrazado de haitiano e hizo un número completo sobre la raza negra, ¿te molestó?

-En ningún caso, porque habló desde lo que vivo. Al principio me decían “oye, que a tu hijo no le digan negro”. ¡Pero si es negrito! ¿Por qué mí me dicen rubio y yo no me enojo? ¿Por qué tiene un valor positivo uno y negativo el otro?