Quiénes son los nuevos influyentes y cómo es la relación de amor-odio que los santiaguinos tienen con su ciudad. Esos son los temas eje de esta, la edición aniversario con que Capital conmemora sus primeros 16 años de vida.
POR ROBERTO SAPAG

Hace 16 años, a mediados de la década de los 90 y en momentos en que el país vivía procesos políticos y económicos especiales, Revista Capital vio la luz e hizo su estreno con una portada que pretendía no dejar dudas de su ADN. En ella, tres hombres de negocios en blanco y negro, entre ellos el hoy presidente de la república Sebastián Piñera, posaban confiados junto al título Tres balazos.

Hoy, a inicios de la segunda década del siglo XXI, la portada aniversario de Capital la hemos destinado nuevamente a símbolos de poder, aunque esta vez quisimos dar cuenta de unos muy distintos a los de entonces; no porque hayamos sufrido una mutación genética ni hayamos dejado de ser una revista con vocación de negocios y mundo, sino porque el tiempo ha probado que el poder se puede tener no sólo en función de una posición o patrimonio, sino también por la capacidad de influir de las personas en distintas dimensiones del devenir de una sociedad.

Este ejercicio que, como decimos, lo realizamos sin afán de hacer una declaración de principios, consistió en consultar a una amplia base de personas sobre quiénes, a su juicio, influyen hoy en Chile, ya sea en los negocios, la cultura, los movimientos sociales, el arte, la gastronomía: Se trató simplemente de buscar una aproximación distinta, que permitiera dejar registro de quiénes podrían calificarse como personajes influyentes o nuevos poderosos del país. Podrá tratarse de un ejercicio efímero, podrán dejar de tener esa influencia con el correr del tiempo, pero hoy los consultados por Capital los identifican como a personas a quienes hay que prestarles especial atención.

El otro tema estructural que da forma a la presente edición tiene que ver con Santiago: sus virtudes, defectos y posibles remedios. Quisimos adentrarnos en la relación amor-odio que existe entre la ciudad y sus habitantes, partiendo del supuesto de que desde hace un buen tiempo a esta parte Santiago ha pasado a estar bastante más presente en las rutinas de los santiaguinos, cargando la experiencia del día a día de neurosis y gozo.

La vida en la ciudad hoy comienza más temprano y termina más tarde. Las cosas que ocurren en ella nos importan y afectan. La congestión y la polución, por cierto, como también los nuevos espacios que han enriquecido la vida nocturna y cultural. Se trata de fenómenos desequilibrados, dirán algunos, con una carga más bien hacia lo negativo, pero la verdad es que al investigar comprobamos que todo depende. Depende de la vara con que se mida y depende de con qué nos comparemos.

Sin juicios preconcebidos, este bloque da cuenta de lo bueno y lo malo. De la congestión, del estrés de vivir en Santiago, pero también de las fuerzas correctivas y las de por sí virtuosas que buscan potenciar las cosas buenas de la ciudad. Expertos como Marcial Echenique y testimonios como el de María José Viera-Gallo permiten mirar con ojos menos crispados las luces y sombras de la ciudad.