El libro Conversaciones con la poesía chilena, obra de Juan Andrés Piña, no es solamente, como señala Jaime Quezada en la contraportada, “un aporte de primera fuente al estudio de la literatura nuestra del siglo XX”. También es una magnífica puerta de entrada a la obra de los mejores poetas nacionales de las últimas décadas. […]

  • 6 abril, 2007

El libro Conversaciones con la poesía chilena, obra de Juan Andrés Piña, no es solamente, como señala Jaime Quezada en la contraportada, “un aporte de primera fuente al estudio de la literatura nuestra del siglo XX”. También es una magnífica puerta de entrada a la obra de los mejores poetas nacionales de las últimas décadas.

Concebido a partir de exhaustivas entrevistas, este libro, originalmente editado por Pehuén el año 1990, cubría la obra de seis autores: Nicanor Parra, Eduardo Anguita, Gonzalo Rojas, Enrique Lihn, Oscar Hahn y Raúl Zurita. La nueva edición (Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2007, 285 páginas más un impecable cuadernillo de fotografías), al incorporar también a Armando Uribe, Claudio Bertoni y Gonzalo Millán, entrega un rico panorama de las experiencias, motivaciones, temas y planteamientos de trabajo donde las letras chilenas han sido más fértiles, según hay consenso en la cátedra. Parece ser cierto: Chile es efectivamente un país de poetas.

Juan Andrés Piña, el autor del libro, periodista, crítico teatral y editor de larga experiencia (suyas son también las Conversaciones con la narrativa chilena), responde a Capital algunas preguntas de rigor:

-Hay dos figuras colosales en la poesía chilena de las últimas décadas, Neruda y Parra. ¿Hay espacio para muchos poetas más? ¿Quiénes son más inmunes a sus influjos y magisterios?

-Una multitud de poetas –de distintas calidades y estilos– surgieron durante y después de Neruda y Parra y ellos forman parte de un mural amplio y diverso. En Chile, al menos, el espacio para los poetas parece ser infi nito. Ninguno puede sustraerse al influjo de estas dos voces: la poesía viene de la poesía y, por lo mismo, también de Huidobro, De Rokha, la Mistral, Teillier y los otros.

-Enrique Lihn, a quien el libro está dedicado, siempre se quejó de tener muy poco reconocimiento en Chile. ¿Somos un país ingrato con nuestros poetas?

-Chile es un mercado de libros escaso y mezquino. Si se exceptúa alguna seudoliteratura nacional que es difundida y reconocida a un cierto nivel masivo, el resto goza de una razonable ingratitud: no solo los poetas.

-¿Por qué se reedita “Conversaciones con la poesía chilena” siendo que la cátedra asegura que para la poesía prácticamente no hay mercado?

-Se reedita, ante todo, porque casi no quedaban ejemplares de las dos primeras ediciones y su temática sigue interesando. Porque este libro pretende ser más que entrevistas puntuales a poetas específicos: hay aquí la formulación de proyectos literarios personales, relaciones con escritores del pasado, vida personal y su conexión con la escritura, panorama político, social y cultural de más de 60 años de historia de Chile. Los tres nuevos entrevistados contribuyen notablemente a esto.

-¿Quién fue el más abierto o expansivo y quién el más reservado o defendido de tus entrevistados? ¿Con cuál te fue más fácil y con cuálmás difícil trabajar?

-Es conocido que el ya mítico Eduardo Anguita no daba entrevistas y no hablaba con desconocidos. La que aquí se incluye fue sacada con tirabuzones, donde se combinan fragmentos de sus artículos –que él me leía en voz alta–, con declaraciones entrecortadas en largas sesiones, que yo reproducía febrilmente en un papel cuando salía de su oficina, porque no estaban permitidas las grabadoras. La corrigió hasta la extenuación. Y de todos los entrevistados, fue quien quedó más satisfecho.

El más difícil, Claudio Bertoni: convertir su habla coloquial en una prosa comprensible, es una pequeña proeza periodística.