• 12 agosto, 2011



¿Existe el voto verde en Chile? ¿Será la cuestión ambiental capaz de generar alineamientos políticos similares a los que en su tiempo generó la cuestión religiosa o la cuestión social? Habrá que ver si el ecologismo local logra dar el salto hacia un movimiento de mayor relevancia.


Por momentos, pareciera que Chile estuviera lejos todavía de contar con una alternativa ecologista de alto impacto electoral, como en cambio ocurre en muchos países de Europa o, sin ir tan lejos, con el fenómeno de Antanas Mockus en Colombia. Pero es también cierto que la causa ambientalista gana más y más adeptos entre los jóvenes y pareciera ser cosa de tiempo (y sabemos que con las redes sociales el tiempo político corre más rápido) para que éstos comiencen a tener expresión política.


El surgimiento del voto verde en el mundo no ha sido fácil ni uniforme. Hacia mediados de los años 70 nacieron en Europa los primeros movimientos políticos de plataforma ecologista, muchos de ellos con fuerte influencia de la causa pacifista y antinuclear. Tuvieron un fuerte desarrollo en países de tradición multipartidista como Alemania, aunque en otros, como Inglaterra o España, la causa verde tendió a ser incorporada (no sin dificultad) en los partidos tradicionales de izquierda. Con todo, la lógica del surgimiento de la causa verde parecía obedecer a lo que en su momento se caracterizó como la aparición y auge de los valores postmodernistas. Sociólogos y cientistas políticos constataban que, alcanzado un alto nivel de bienestar y consumo en aquellas sociedades, los ciudadanos dejaban de lado las preocupaciones materiales como eje alineador del voto y pasaban a tener importancia otras inquietudes, esta vez valóricas o postmateriales.


En América latina, en cambio, estas preocupaciones han tardado en llegar. La región todavía presenta problemas materiales profundos en pobreza, en salud, en vivienda, en educación. Ni hablar de la desigualdad y la violencia. Pero a pesar de ello, el discurso medioambiental poco a poco ha ido ganando terreno, especialmente entre los más jóvenes.


En Chile existe desde 1987 el Partido Humanista (PH) y desde 1988, el Partido Verde, los que formaron por muchos años la alianza Humanista-Verde. Su votación promedió en las cuatro primeras elecciones nacionales (1989-1992-1993-1996) el 1,1%. Dicho porcentaje comenzó a subir levemente a partir de 1997, promediando 1,8%. A eso se le sumó la creación del Partido Ecologista en 2008, de bajísima votación (0,07%).


La causa se ha presentado también en elecciones presidenciales. En 1993, un sorprendente Manfred Max-Neef obtuvo un 5,55%, lo que se sumó al 1,17% que logró el candidato del PH, Cristián Reitze. En 1999, el turno fue de la candidata ecologista Sara Larraín, quien obtuvo 0,44%, y el del humanista Tomás Hirsch, quien sacó 0,51%. En 2005, Tomás Hirsh compitió nuevamente, claro que esta vez apoyado también por el Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda, reuniendo un 5,4%. En 2009, los ambientalistas no presentaron candidato a la presidencia, aunque el PH apoyó oficialmente a Marco Enríquez-Ominami. En la elección de diputados de ese año, el PH logró 1,44%.


¿Indican estas bajas votaciones que para el electorado chileno era totalmente indiferente al tema medioambiental? Totalmente no, pero es claro que no se trataba de una materia central a la hora de definir el voto. Diversas encuestas muestran cómo la población ubica el tema claramente por debajo de otros asuntos “materiales”, como seguridad ciudadana, empleo, educación o pobreza (o en su tiempo, Transantiago). Pero consultada por temas específicos (por ejemplo, opinión respecto de proyectos concretos), la opinión pública ha mostrado una cierta sensibilidad ambiental, la que ha ido creciendo en el tiempo y que es particularmente popular entre los más jóvenes. Paradigmático es el caso HidroAysén: de una inicial indiferencia cuando se comenzó a preguntar sobre dicho proyecto en las encuestas hace cuatro años, hoy se pasa a un mayoritario rechazo al proyecto.


¿Cómo se desenvolverá el argumento verde en la política chilena? Es difícil pronosticarlo. Una alternativa es que el tema sea incorporado de manera central y protagónica en la plataforma de los partidos tradicionales y, muy especialmente, en el PS y el PPD. Estos dos partidos han cultivado ciertos lazos con el movimiento ambientalista pero, sobre todo, han ido construyendo una suerte de “relato verde” que erige la causa ambiental como un exceso más del modelo neoliberal. Sin embargo, ambos partidos cargan con un lastre de credibilidad derivado de su central participación en los últimos dos gobiernos de la Concertación, gestiones que son cuestionadas fuertemente por parte del movimiento ambientalista.


La otra alternativa es que el movimiento ambiental, de manera autónoma o a través de terceros candidatos, logre aunar diversas causas que existen en la sociedad chilena. Por ejemplo, si logra creíblemente canalizar el descontento para con la clase política y vincularlo a demandas sociales y a exigencias de participación ciudadana, podría llegar a generar un movimiento político de mayor relevancia que lo que ha sido hasta ahora. Sin embargo, aquello huele más a alineamientos para una elección coyuntural que a la constitución de un movimiento político perdurable en el tiempo. Habrá que esperar para ver si el ecologismo es capaz de dar con el palo al gato. Gato verde, en todo caso.